Cuna de Héroes: Un Repaso al Reparto y la Historia de un Clásico de John Ford
Basada en hechos reales, Cuna de héroes narra la historia de un oficial del ejército norteamericano que pasó cincuenta años como instructor en una academia militar. El sargento Marthy Maher (Tyrone Power) ha pasado toda su vida sirviendo al Ejército de los Estados Unidos de América. Cuando era joven, lo hizo sirviendo en la guerra; cuando creció, entrenando a los nuevos reclutas.
Tras cincuenta años como instructor en la Academia Militar de West Point, se ha convertido en un hombre querido, amigo de varias generaciones de cadetes y considerado incluso como un padre para algunos de ellos. Pero toda su vida amenaza con cambiar cuando el ejército intenta jubilarle. Marthy, sintiéndose incapaz de abandonar su forma de vida, comienza una lucha para poder proseguir sirviendo a su país como instructor.
Un Vistazo a la Trama
El argumento se centra en la vida de Marty Maher, un emigrante irlandés que ingresó en West Point como ayudante de cocina y se convirtió en una verdadera institución de la academia. Cuando el ejército de Estados Unidos, dada su avanzada edad, intentó jubilarlo, Marthy presentó una contundente protesta al Presidente de la nación.
Elenco Principal
Tyrone Power, uno de los galanes por excelencia de la década de los 40, encabeza el reparto encarnando al sargento Maher. Su 'partenaire' en esta ocasión fue Maureen O'Hara, una de las actrices predilectas de John Ford. Secundándoles, aparecen algunos de los secundarios habituales del cine del director, como Ward Bond, Harry Carey Jr. y Donald Crisp.
Las razones por las que el capitán Kohler (Ward Bond) llega a confiar en Maher para que vaya asumiendo responsabilidades como instructor de los cadetes de la prestigiosa academia militar quedan en el olvido, el instructor sin instrucción aprende al mismo tiempo que sus cadetes ganándose un respeto basado en la confianza y la cercanía.
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La Dirección de John Ford
En cualquier lista donde se solicite nombrar a los diez más grandes directores de la historia del cine, John Ford ocupará uno de esos lugares. El listado de obras del director es tan importante, no sólo por su número, sino por su calidad, que cuanto más de su cine se vuelve fácilmente accesible, más razones hay para admirarlo, apartándose de significados y significantes políticos, sociales o culturales.
Es muy diferente retratar un hecho histórico a reivindicarlo propagandísticamente sin fundamento; y el cine de Ford podrá analizarse ideológicamente, pero se correrá el error de valorar el arte por lo anecdótico y no se será capaz de aislarse del envoltorio político coyuntural y apreciar su forma, su historia, sus personajes, la indudable transmisión de una emoción en la que “The long gray line” es uno de los más bellos representantes de su cine, porque el “crescendo” emocional al que Ford somete a sus protagonistas, y al mismo tiempo, al espectador, en muy pocas ocasiones se ha logrado de esta manera progresiva, constante, masticable hasta que la lágrima asoma entre los párpados de manera espontánea, natural, sin falsas trampas para engañar al espectador.
Es la vida de un matrimonio la que nos lleva desde momentos que nos acercan al “slapstick” más alocado (esa llegada de Tyrone Power a West Point parecida al personaje del pueblerino que llega a la gran ciudad y todo le sobrepasa, como le ocurría a Gene Kelly cuando se cruza con Cyd Charisse en Bailando bajo la lluvia), que hace de Power una especie de Keaton apuesto, hasta que Marty Maher contrae matrimonio y “sienta la cabeza” con la bella irlandesa procedente de la añorada isla, Mary O,Donell (Maureen O,Hara) y la película se hace más madura, como lo es el fín de la juventud y la llegada de responsabilidades que nos restan alegría. Es la historia de Marty Maher, pero es la historia de la vida con mayúsculas.
Esa hora inicial puede resultar la más divertida en su conjunto de la filmografía fordiana, al nivel de excelencia, sobreentendidos, jocosidad de “The quiet man”, un humor que nos desarma, que nos deja indefensos, ante el torrente emocional que nos espera en su segunda parte, esperable pero a la que no queremos enfrentarnos, cuando esos chicos criados para la guerra pero sin la guerra, empiezan a desfilar hacia los campos de batalla del siglo XX. Es posible que esa relajación de la risa, y hasta la carcajada, de su planteamiento nos haga confiarnos, y cuando empieza el drama, que no es sino el lento transcurrir de una vida, con sus alegrías y sus tristezas, el cambio de tono, previsible porque somos conscientes del calendario, y hasta anunciado, produzca, con la misma naturalidad, el nudo en la garganta.
A través de elipsis, cada vez más prolongadas en las que la mayor será la que casi abarca el periodo de entreguerras, que Ford aborda sin mayores explicaciones porque sabemos que la vida de Marthy y Mary goza de la estabilidad de la monotonía y el afecto, y que la Academia siempre funciona bajo la estricta uniformidad de hacer cotidiano lo que siempre se ha hecho de esa manera tradicional, porque 20 años no son nada en la vida de una institución aunque para una persona sea un tercio de vida activa. 20 años sin guerras son un bálsamo para quien prepara oficiales para la guerra, pero los momentos dolorosos del instructor se reavivan en las trincheras del Somme o en la batalla del Pacífico. No necesitamos escenas bélicas porque Maher tampoco sabrá lo que es el combate, sólo, como nosotros, sufrirá las consecuencias de los listados de bajas colgados en el tablón de anuncios y su metódica dedicación colocando cintas negras en las páginas de los anuarios académicos para recordar a los caídos. Cada vez que su ánimo flaquee, será Mary O,Donell la que le recuerde dónde debe permanecer.
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El reflejo visual de la vida militar edulcora los problemas exaltando la camaradería y la fraternidad; la discrepancia se ahoga bajo el peso de la disciplina, el orden y el mando; la visión de las paradas militares es, sin duda, hagiográfica; pero en ningún momento se percibe un alarde reclutador ni manipulador.
No hay que olvidar que la película se rueda justo después de la guerra de Corea, que el código Hays y el anticomunismo estaban en pleno apogeo en los años de Eisenhower (presidente de 1953 a 1961 y alumno también de Maher) y pese a ello Ford no pretende hacer, o no me lo parece, un lavado publicitario del ejército, ni un discurso ideológico en un país donde bandera y patria son aceptados sin mucha discusión.
Ficha Técnica
- Título original: The Long Gray Line
- Dirección: John Ford
- País: Estados Unidos
- Año: 1955
- Duración: 138 min
- Guión: Edward Hope
- Música: George Duning
- Fotografía: Charles Lang, Charles Lawton Jr.
Reparto Completo
- Tyrone Power como Marthy Maher
- Maureen O'Hara como Mary O'Donnell
- Ward Bond como Capt. Kohler
- Donald Crisp
- Betsy Palmer
- William Leslie
- Harry Carey Jr.
- Sean McClory
- Peter Graves
- Milburn Stone
- Walter D. Ehlers
- Willis Bouchey
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