David Guerrero: La Biografía del Niño Pintor Desaparecido en Málaga
Han pasado treinta y tres años desde que David Guerrero Guevara, un niño de trece años, salió de su casa de Málaga. Desde aquel 6 de abril de 1987, nadie ha vuelto a ver a David, un chaval con unas prometedoras dotes artísticas, que ha pasado a la historia como el niño pintor.
Su desaparición es una de las más misteriosas ocurridas en España, tanto que la Policía de Málaga ha decidido retomar la investigación, pese a que judicialmente el caso está definitivamente archivado. Aun así, la Policía no se resigna a saber qué le pasó a David Guerrero, es lo que se denomina en Estados Unidos un cold case, un caso frío.
Lo que se hace para abordar estos cold cases es empezar la investigación desde el principio, como si el crimen o la desaparición hubiese ocurrido el día anterior. Se toman declaraciones a personas que ya hablaron en su día, que a veces eran menores de edad, se visitan los escenarios clave y se procesan, con los nuevos avances en ciencia forense, pruebas y evidencias. Se trata de ver el caso con una perspectiva totalmente distinta, por eso lo más importante es que el caso caiga en manos de agentes que no hayan tenido nada que ver con la investigación.
Y eso es lo que se ha hecho con el niño pintor, lo investigan policías que nada sabían del caso. Desde el pasado mes de abril, un grupo de la Unidad Adscrita a los Juzgados se ha puesto manos a la obra para arrojar luz sobre el paradero de David Guerrero. Es un grupo pequeño de policías, que no han tocado nunca el tema. Los mandos de la comisaría provincial de Málaga decidieron encargárselo a ellos, en parte empujados por la presión de una familia que no se ha rendido nunca en estos 33 años.
En el caso del niño pintor lo primero que han hecho los agentes encargados del caso ha sido recomponer el sumario, las diligencias policiales, que estaban en viejos legajos, a veces incompletos. Hay que tener en cuenta que el caso se archivó definitivamente el 16 de julio de 1996, según un auto del juzgado de instrucción número 10 de Málaga. La falta de avances en la investigación y la prescripción de los posibles delitos que acarrease la desaparición convirtieron el caso en un caso definitivamente cerrado para la justicia, pero no para la Policía.
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Aquel 6 de abril de 1987, David, que entonces tenía trece años, estaba más nervioso que de costumbre, seguramente porque esa tarde iba a ser entrevistado por una emisora local de radio, ya que exponía alguna de sus obras -tenía un gran talento para la pintura- en una importante exposición llamada “Recorriendo la Semana Santa”, en la galería La Maison.
Ese 6 de abril de hace 33 años, David salió de su casa rumbo a la galería de arte. Salió de su casa de la barriada malagueña 25 años de Paz, hacia las seis y media de la tarde. Le dijo a su madre que no hacía falta que le acompañase. Tenía que subirse a un autobús en una parada que quedaba a unos cien metros de su domicilio. Su padre le había hecho un plano para que supiese dónde bajarse y cómo ir a la galería La Maison, en la calle Duquesa de Parecnt, en pleno centro de Málaga. Solo llevaba un bonobús, su maletín de pinturas y ese plano pintado por su padre. Después de la galería, David tenía pensado ir a la peña el Cenachero, donde recibía clases de pintura.
Y nunca nadie más volvió a verle. Porque no llegó a la exposición ni a la peña a la que iba a clase. Eso está contrastado, no llegó a la sala donde exponían sus cuadros. Las calles de la barriada donde vivía David estaban aquel día más concurridas que de costumbre, ya que la Reina Sofía visitaba Málaga para inaugurar el Teatro Cervantes y, en su recorrido desde el aeropuerto, cruzaba 25 Años de Paz. Sin embargo, la policía no encontró testigos que se cruzaran con él de camino a la parada de autobús. Tampoco lo reconocieron los conductores del autobús que debía haberlo llevado al centro.
Desde entonces, la Policía ha seguido el posible rastro de David, un rastro que les ha llevado a varios países. En todo este tiempo la pista más fiable la proporcionó una camarera de un hotel de Málaga en 1990. La mujer contó que poco después de la desaparición de David halló en una habitación una servilleta en la que se leía: “David Guerrero. Huelin”. Huelin era el barrio en el que residía el chaval. Cuando la policía supo de ese hallazgo, identificaron al huésped de esa habitación: se trataba de un fotógrafo profesional suizo de 70 años, casado y con hijos, que solía retratar a niños.
La Policía averiguó que el sospechoso tenía un barco atracado en el puerto de Málaga que zarpó rumbo a Marruecos al día siguiente de la desaparición, y que había estado alojado en un hotel de la capital pese a tener una casa de su propiedad en Rincón de la Victoria, muy cerca de la capital malagueña. Los investigadores viajaron a Suiza, pero cuando llegaron allí, el fotógrafo ya había muerto. Su viuda autorizó a la policía a que inspeccionara el laboratorio de su marido. Los agentes revisaron cada foto, incluso los negativos. No había ni una sola de David Guerrero.
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Poco antes de desaparecer, David dibujó una caricatura y se la regaló a Gema, una chica de su edad, compañera de pupitre en las actividades extraescolares. Cuando el niño pintor desapareció, la chica se la entregó a la Policía por si podía servirles de ayuda en sus pesquisas. Pues bien, el pasado mes de octubre la caricatura apareció en el buzón de Gema. La Policía Científica está realizando ahora todo tipo de pruebas a esa caricatura para comprobar si, como parece, es la original, la que estaba en el atestado, de donde llevaba tiempo desaparecida. Gema asegura que sí, que reconoce en el reverso su letra -puso un 87, el año que David se la regaló, y hasta los agujeros de las chinchetas con las que la colgó en la pared de su cuarto.
Ese dibujo y, sobre todo, su vuelta a la destinataria original, es una de las pistas que estará siguiendo este equipo de cold case. Hay varias pistas. Algunas llegaron en forma de anónimo a la familia de David; otras las consiguieron Jorge Guerrero, el hermano mayor de David, y el periodista Daniel Carretero, que se dedicaron a revisar el caso durante meses. Localizaron y entrevistaron a diversas personas de distintos entornos del niño pintor. Ellos, por ejemplo, dieron con un testigo que situaría a David en La Maison -la galería donde tenía que acudir para la entrevista- y otros dos que hablaban de que el niño fue visto en las escaleras del edificio de la peña El Cenachero.
Pero la investigación oficial sostiene que el rastro del niño pintor se pierde en la misma puerta de su casa. Hasta ahora nadie había situado a David ni en la galería ni en la peña. Sin embargo, la investigación del periodista Daniel Carretero localizó otros dos testimonios que situaban al niño pintor en algunos puntos del recorrido que tenía previsto: una nota del Gobierno Civil de Málaga que indicaba que el niño fue visto en la parada del autobús y un testigo que aseguró haberle visto de pie, dentro del autocar que debía llevarle hasta la sala de exposiciones.
No hay nada sólido aún, da la impresión de que la Policía está ante muchas piezas de un puzle que no encajan y que falta ese hilo, esa lógica que vaya encadenando unas cosas con otras. Por ejemplo, ya hace meses que hay un nombre que obsesiona a la familia de David: Gervasio. Incluso pidieron ayuda al diario Sur para intentar identificarle y localizarle. Lo poco que se sabe de él, además de este nombre de pila, es que estaba relacionado de alguna forma con la peña El Cenachero y que estaría implicado en la desaparición de David Guerrero. Así se lo hicieron llegar a sus familiares varios informadores anónimos.
Y esa línea de investigación, que apunta a ese tal Gervasio, está entre las que sigue la Policía en esta reapertura. La Policía sigue la pista de un grupo de pedófilos que hace años frecuentaba el barrio malagueño de El Perchel. En esas informaciones sobre ese siniestro grupo aparece también el nombre de Gervasio y se llegaba a decir que se recochineaban que el tal Gervasio había estado implicado en la desaparición de David.
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Y se ha identificado a ese grupo de pedófilos. Se sabe quiénes son. En este tiempo la Policía ha identificado a tres hombres que rondan los sesenta años. Ya no tienen ninguna relación entre ellos, pero los agentes sí han encontrado antiguos vínculos que los unieron hace años. No colaboraron demasiado y todos ellos negaron conocer al tal Gervasio y haber tenido algo que ver con la desaparición de David.
En 2015, el padre de David murió víctima de un cáncer fulminante. Tras la muerte del hombre, automáticamente, el banco bloqueó la mitad del dinero que había en la cartilla de ahorros que compartía el matrimonio. Si no se pedía una declaración de fallecimiento de David, ni su madre ni ninguno de sus hermanos, que ahora podrían disponer del dinero ni del piso familiar. Así que para la administración, el niño pintor está muerto; para la justicia es un caso cerrado, pero para la Policía y su familia sigue siendo un caso abierto.
Jorge y Raúl Guerrero eran unos niños cuando la vida los cambió. Ahora, más de tres décadas después, el mayor trabaja en una tienda de ropa de Málaga y el pequeño ha sido profesor de arte y de español en Londres. Ninguno es detective, aunque podrían parecerlo. Porque en verano de 2018, los dos hermanos Guerrero decidieron aunar fuerzas y ponerse a investigar junto a un periodista. Su objetivo: resolver uno de los grandes misterios de la crónica negra española, que a ellos les tocó tan cerca: la desaparición de su hermano David.
Allí nos cita el tercer implicado en esta investigación que -calculan- en un año se convertirá en libro: el periodista malagueño Daniel Carretero. El esqueleto de sus averiguaciones lo forman dos hipótesis: los testimonios que señalan que el edificio fue el último lugar donde estuvo en realidad el niño pintor, y la difusa figura de un individuo supuestamente relacionado con una peña flamenca a la que estaba vinculada la academia y al que nadie encuentra. Unos indicios que les llevan a pensar que David pudo ser víctima de una red de pederastia.
Las indagaciones dieron sentido a una carta que poco antes llegó a la casa de la madre, Antonia Guevara, que la familia entregó a la policía y que Jorge rescató. Escrita a ordenador, incluía aseveraciones contundentes, en la que se hablaba de dos cosas: de una peña llamada El Cenachero y de un individuo llamado Gervasio. «Olvídense de la pista Suiza, de Portugal, Marruecos, de todo lo demás. La Policía tiene que investigar, pero a fondo, a la gente que en su momento formaba parte de esa peña», aconsejaba el informante anónimo en su misiva. Y después aseguraba: «Fue planeado, Antonia. Le estaban esperando y él los conocía».
Jorge y Daniel encontraron detalles que los impulsaron a seguir esta pista. Lo primero que les llamó la atención fue la peña: no sólo salía en la carta anónima, sino que también aparecía mencionada en el sumario del caso, aunque sólo de soslayo, pese a su proximidad con la academia de pintura. Fue a raíz del testimonio de una mujer que declaró que había visto a David en compañía de un adulto durante un viaje en tren a Barcelona, y la descripción de ese hombre llevó a los policías hasta uno de los socios de El Cenachero, A.P.A. Los agentes le pincharon el teléfono. Sin resultados. Y las averiguaciones en torno a la peña quedaron ahí.
Pero, además, han localizado a testigos que desmontan la tesis oficial de que el niño pintor se evaporó en el trayecto desde su casa a una parada de autobús. La primera sorpresa es que existen referencias en diversos periódicos de la época de una nota de prensa enviada por el Gobierno Civil a los medios de comunicación el 7 de abril de 1987, un día después de la desaparición, en la que se señalaba que el niño había sido visto en la parada del bus del mercado de Huelin a las 18.45 horas, por lo que sí llegó a su primer destino. No es el único testigo que contradice la versión oficial: un antiguo delegado de la UGT nos reconoció que lo vio en el interior de un autobús y el pintor Rafael Jaime Calderón afirma que posteriormente estuvo en la galería de arte La Maison. Este testimonio presuntamente era conocido por la Policía, pero no lo tuvo en cuenta.
Los últimos testimonios que han recabado sitúan al pequeño, que por aquel entonces tenía 13 años, en el número 1 de la calle Ángel, el auténtico lugar donde sus hermanos creen que desapareció. El punto en el que confluyen la peña El Cenachero y la academia donde el niño aprendía a pintar. Así lo han corroborado los familiares de F.R y F.S., números uno y dos de la última junta directiva de la peña. Según su relato, aquel día David fue visto en el edificio, aunque nunca llegara a pisar la academia.
Los hermanos del niño, por «descarte» del resto de teorías, consideran que se debe profundizar en la hipótesis de que David fuese víctima de una red de pederastas. Esta posibilidad cobró fuerza a finales del pasado año, cuando un ciudadano apuntó a un supuesto grupo de pedófilos que eran vecinos de la barriada malagueña de El Perchel y que supuestamente comentó hace años que un tal Gervasio se jactaba de estar implicado en la desaparición del pequeño. La Policía lo investigó. No obstante, según informó el Diario Sur, esta línea de investigación se ha ido difuminando.
Los Guerrero, sin embargo, insisten: quieren que se investigue la figura del misterioso Gervasio, debido a que hasta seis testimonios diferentes los sitúan en el entorno de la peña El Cenachero.
«Nuestra investigación es una rendición de cuentas de todo lo que se ha hecho mal», dice Jorge. También una llave para abrir otras líneas de trabajo policial que la familia considera que deben explorarse. «Hemos recopilado una importante cantidad de información susceptible de ser investigada», subraya el hermano mayor. Aunque no puede esconder un cierto pesar por la escasa atención que, dice, les han prestado los responsables policiales hasta el momento: «Nos han dicho que no se quieren contaminar».
Al analizar este caso, en Voluta Oculta nos hemos formulado las preguntas más significativas de este caso que, hasta 2024, siguen sin respuesta.
Preguntas sin respuesta sobre la desaparición de David Guerrero
- ¿Qué sucedió realmente con el famoso ‘niño pintor de Málaga’?
- ¿Existe alguna relación entre su desaparición y su talento artístico?
- ¿Quién es el misterioso «Gervasio»?
- ¿Por qué desapareció el día que iba a exponer su cuadro en una galería de arte?
- ¿Había motivos ocultos más allá de un secuestro o asesinato?
- ¿Quién robó la caricatura del sumario de la desaparición y la dejó en el buzón de Gema?
Estas son solo algunas de las preguntas que siguen sin respuesta en este caso que ha conmocionado a la ciudad de Málaga y a toda España. David Guerrero tenía solo 13 años cuando empezó a destacar como un verdadero talento de la pintura.
El cuadro que lo llevó a la fama fue una pintura del Cristo de la Buena Muerte. Gracias a esa obra, logró exponer en una galería de arte, algo poco común para alguien de su edad. Su historia interesó tanto que varios medios de comunicación se fijaron en él.
Durante la inauguración de la exposición, un periodista se acercó a él para pedirle una entrevista. David aceptó. "El 3 de abril estuvimos en la inauguración y un periodista le preguntó si podía pasarse en unos días porque le iba a hacer una pequeña entrevista. Él respondió que sí y el día 6, tras merendar, se fue y a partir de ahí, ya…", cuenta con emoción contenida su madre, Antonia Guevara.
Pasaron los años y no hubo noticias de David. Cuando se cumplieron 29 años de su desaparición, su familia se vio obligada a tomar una decisión muy difícil: declararlo oficialmente fallecido. "Me siento muy nerviosa por tener que dar este paso, que es muy desagradable. Sin embargo, la ley es la ley", explicó entonces Antonia.
El abogado de la familia, José Javier Gallardo, explicó a Equipo de Investigación por qué tuvieron que hacerlo: "Era hacer esto, o tener que dejar la herencia del padre sin adjudicar… sin la declaración del fallecimiento de David Guerrero no se podía repartir la herencia del marido. Legalmente, sigue siendo un heredero más y tenía que comparecer con los demás hermanos y la viuda para firmar la aceptación de la herencia. Como, por desgracia, eso no podía hacerse, el único paso previo para hacer todo esto era hacer esta declaración. No se puede dar por fallecida a una persona hasta que transcurren diez años desde las últimas noticias".
En la sección "Se ha escrito un crimen" recordaremos una de las desapariciones más inquietantes de los años 80, la del niño pintor de Málaga David Guerrero, que desapareció el 6 de abril de 1987. David Guerrero, de 13 años, y con un futuro prometedor como pintor, salió de su casa situada en la barriada malagueña de 25 años de Paz con destino a la galería de arte La Maison, donde tenía prevista una entrevista con el periodista de Radio Popular, Paco Fadón, debido a que tres días antes David había expuesto unos cuadros encuadrados dentro de una muestra de Semana Santa.
Seguidamente, el joven tenía previsto dirigirse a la peña El Cenachero, donde desde hacía algo menos de dos años recibía clases en una academia de pintura, a cargo de, la mayor parte de las veces, un primo de su madre, el pintor malagueño José Guevara Castro. El día de su desaparición el primero en percatarse de ésta fue su padre, Jorge Guerrero, cuando fue a recogerlo a la peña. Allí le dijeron que no había acudido.
La policía desechó el secuestro por motivos económicos porque la familia no recibió nunca una petición de rescate y Jorge Guerrero era mecánico de una empresa de confección, por lo que tenía recursos económicos limitados. Los investigadores siguieron varias pistas a lo largo de los años. La pista más creíble apareció en 1990, cuando se descubrió que un ciudadano suizo de 70 años tenía en su casa un dibujo con rasgos muy parecidos a los del niño. Este hombre había estado en Málaga entre marzo y abril de 1987 y podría haber entrado en contacto con David unos diez días antes de su desaparición, como declaró la camarera de un hotel, aunque finalmente la pista de la camarera no pudo comprobarse, ya que no declaró esto mismo en sede judicial.
En 2018 la madre de David, Antonia Guevara, recibió en su domicilio una carta anónima y en esa carta se hacía mención a un tal "Gervasio". "Los culpables están allí (...) en la calle Granada se esconde la verdad", avanzaba la carta. El anónimo le pedía a la familia que siguiesen esa pista: "Fue planeado, Antonia. A partir de ese momento, el hermano mayor de David, Jorge, empezó a investigar esta pista. Con la ayuda de su amigo y periodista Daniel Carretero certificaron la existencia de Gervasio gracias a los testimonios de algunos supervivientes de la peña, que había cerrado hacía 25 años.
Sin embargo, en el caso hubo testimonios y personas que la policía no tuvo en cuenta y que han descubierto Jorge Guerrero y Daniel Carretero. Aseguran que han tenido conocimiento de la versión del pintor malagueño Rafael Jaime Calderón, que de acuerdo a su testimonio, coincidió con David Guerrero en la galería de arte La Maison la tarde del 6 de abril de 1987, y que les indicó que sustituyó a José Guevara el día que desapareció el niño y en los días posteriores, ya que éste se encontraba de viaje en Madrid. Un testimonio que sostienen no fue tenido en cuenta por los investigadores, pese a que el pintor asegura que se lo comunicó a uno de los policías tras la desaparición de David.
Por otro lado, el segundo lugar donde se ubicó a David Guerrero fue en la peña flamenca. Estos dos testimonios recabados contradicen la versión policial que mantenía que David Guerrero no llegó a estar el día de su desaparición ni en la galería ni en la peña El Cenachero. A esto se une la existencia de otro escrito, también anónimo, que situaba a David en esa peña. Esta carta o anónimo se encuentra en la Comisaría Provincial de Málaga.
En septiembre de 2016, Antonia tuvo que realizar el trámite de dar por muerto a su hijo a raíz de la muerte de su esposo y a efectos de herencia. En diferentes medios impresos, Antonia, la madre de David ha expresado que no quiere hacerse ilusiones, pero se encuentra esperanzada porque las últimas pistas podrían reabrir de nuevo el caso. Ella resalta que la Policía se esforzó mucho aunque es cierto que se perdieron varias horas cuando su marido quiso poner la denuncia de desaparición porque en la comisaría le dijeron que era muy pronto. Antonia considera que en las desapariciones, los primeros momentos siempre son claves.
Ocho meses después de su desaparición, su hermano Raúl, hace 42 años, hizo el primer llamamiento público a través de los micrófonos de la cadena SER Málaga durante las navidades de 1987 para que volviese a casa. Esta aparición pública la recogió el programa La Tarde Aquí y Ahora de Canal Sur.
El rastro de David se perdió una tarde en la que se dirigía a una galería donde se exponía un dibujo suyo dedicado al Cristo de la Buena Muerte. Concretamente en los 150 metros que separaban su casa de una parada de un autobús, que nunca llegó a coger.
Juan Antonio O’ Donnell, entonces inspector jefe destinado en la Comisaría del aeropuerto, ha reconocido en multitud de ocasiones la frustración que la falta de pruebas sólidas supuso a los agentes implicados en aquella época. Trabajaban a destajo, pero sin los medios que hay ahora. Ahora, con los avances técnicos, la familia vuelve a ver renacer su esperanza de encontrar alguna respuesta a las muchas preguntas que se han hecho durante estas décadas. Y para ello es fundamental el laboratorio de ADN de la Guardia Civil.
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