¿De Dónde Nace el Feminismo? Una Mirada a la Historia del Movimiento
El feminismo no es una moda pasajera ni una ocurrencia reciente, sino un movimiento con raíces profundas en la historia, la cultura y el pensamiento. La defensa de la igualdad de género tiene bases jurídicas, ideológicas y filosóficas que se han ido construyendo a lo largo de muchos años, con la participación activa de numerosas personas.
Protofeminismo: Las Semillas del Movimiento
El feminismo actual se enraíza en un proceso histórico, cultural e intelectual cuyas bases emergen en lo que denominamos protofeminismo, sustentado en obras como El libro de la ciudad de las damas, terminado en 1405 por la poeta francesa Christine de Pizan. En esta obra, Pizan esboza una ciudad creada y sustentada por mujeres, sin el caos de la guerra de los hombres, con la intención de concienciar a las mujeres como colectivo para crecer y fortalecerse.
Otra obra paradigmática de estos orígenes del feminismo es La igualdad de los sexos del cartesiano Poullain de La Barre, que aparece en 1673 para contribuir a la idea de que la mente no tiene sexo. Tras ellos, y ya en 1791, a nivel europeo y en el contexto previo a la primera ola feminista, Olympe de Gouges publicará su obra la Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana, en 1791, en contraposición con la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, de 1789 y con la Declaración de Derechos de Virginia, de 1776, que no incluía a las mujeres.
Primera Ola Feminista: La Lucha por la Educación y los Derechos Civiles
Tras el protofeminismo y puestas las bases del movimiento, emergerá la primera gran ola feminista que globalizó por primera vez el movimiento en Europa. En este período sí existía una cierta educación para la mujer, pero estaba basada en la idea de que la mujer era un ser emocional, sentimental, incapaz de tener un razonamiento racional.
Una obra fundamental de esta ola es Vindicación de los derechos de la mujer de Mary Wollstonecraft, publicada en 1792. Esta obra reclama una educación racional para las mujeres, planteando que no tienen las mismas oportunidades que los hombres debido a las diferencias educativas y promoviendo medidas para transformar esta realidad.
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Habrá que esperar otros 75 años para que un John Stuart Mill, influido por la vida y muerte de su mujer, publique otra de las grandes obras de esta ola en 1869, el ensayo La esclavitud de las mujeres. Stuart Mill sostiene en ella que el contrato del matrimonio es un contrato a presencia desigual y algo a combatir por esa desigualdad de posiciones, en la que la mujer no puede hacer prácticamente nada sin el consentimiento del marido.
La relevancia de esta primera ola se explica en la quiebra de la idea de las diferencias entre sexos, pero sobre todo en el armazón intelectual que las obras que emergen aportarán a la lucha por la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer.
Segunda Ola Feminista: El Movimiento Sufragista
Tras ella, emerge la gran segunda ola del feminismo que irá mucho más allá de la reclamación de una ciudadanía y de la construcción filosófica de la igualdad de derechos. En este momento, las y los defensores del feminismo entienden que la igualdad entre el hombre y la mujer se alcanzaría en el momento en el que la mujer pudiera votar, por eso se gesta el movimiento sufragista.
El sufragismo emerge marcado por dos hechos: la lucha contra la abolición de la esclavitud, en la que se embarcaron muchas mujeres, y el carácter crítico de la reforma luterana estadounidense que pedía más participación de la mujer en la iglesia a la hora de interpretar las escrituras. Lucrecia Mott y Elisabeth Cady Staton fueron a una convención antiesclavista que hubo en 1840 en Londres y no les dejaron entrar por ser mujeres.
Cuando volvieron a EEUU decidieron abrazar la causa sufragista en primer lugar y organizaron la Convención de Seneca Falls en julio de 1848 de la que se dice que fue el lugar en el que nació el movimiento feminista. A partir de ahí, en 1918, Inglaterra reconocía el derecho al voto limitado de la mujer y en 1920 EEUU reconocía el voto femenino.
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A principios del SXX, las sufragistas, entre las que destaca Emily Panchurst comienzan a realizar discursos, paradas, a manifestarse, boicot del correo con el fin de llamar la atención sobre esa solicitud del voto para la mujer. Pero tras ello, comienza una etapa de cierta desmovilización porque parecía que se había conseguido lo ansiado.
Tercera Ola Feminista: Cuestionando los Roles de Género y la Identidad Femenina
Aun así, en este inmovilismo aparecen todavía voces críticas desde el punto de vista feminista como la de Virginia Woolf pone de relieve la dificultad que tienen las mujeres de la idea del ‘ángel de la casa’ y esa idea que las propias mujeres tenían de sí mismas vigente en la sociedad victoriana. Como ella, «en los EEUU surgieron modelos de mujeres que no encajaban con la idea de ángel, por ejemplo las mujeres negras norteamericanas que trabajaban y estaban siendo explotadas. Reclamar derechos para ellas también formaba parte del movimiento feminista y eso no era matar a ningún ángel, porque ni siquiera estaban consideradas como ángel».
Entre las mujeres trabajadoras emergen un nutrido número de autoras desde el comunismo, desde el marxismo, que reivindican con sus obras los derechos de las mujeres. Destaca Clara Zetkin a la que le debemos el Día Internacional de la Mujer, alemana, del partido socialdemócrata alemán. También Flora Tristán, francesa peruana y que desde el socialismo denunció la situación de los obreros y de las mujeres. Otra autora relevante fue la rusa Alexandra Kollontay, que desde los postulados comunistas reclama no solo la idea de un hombre nuevo, sino también de una mujer nueva, la socialización de la crianza, la liberalización del matrimonio, la posibilidad de la independencia económica o el aborto.
Después de todas ellas, llegó una de las autoras que más ha aportado a la teoría feminista y que no sabemos si colocar en la segunda o ya en la tercera ola: Simone de Beauvoir. Ella escribió su libro porque se preguntó cómo había influido en su vida ser una mujer y fue preguntando en diferentes disciplinas hasta que ella misma concluye en El Segundo Sexo publicado en 1949 que la idea de género se superpone a la idea de sexo biológico y que, por tanto, se ha construido socialmente, se ha impuesto.
Y es que fue Beauvoir quien señaló la frase que dice que «no se nace mujer, sino que se deviene mujer». Al terminar la Segunda Guerra Mundial las mujeres han vuelto a sus casas, después de haber estado trabajando toda la Guerra y se produce un completo desacuerdo entre lo que ellas son capaces de hacer y lo que el sistema preveía todavía para ellas.
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Cuarta Ola Feminista: Desafíos Contemporáneos y Nuevas Perspectivas
Entre las obras claves de esta tercera ola destaca la escrita por la estadounidense Betty Friedan en 1963 titulada la Mística de la Feminidad. Este libro se convirtió en un bestseller y generó una identidad colectiva de reclamo de derechos y oportunidades para las mujeres, a las que jurídicamente se les reconocían sus derechos, pero que estaban confinadas igualmente.
Otra obra fundamental es Sexual Politics de Kate Millet de 1969 cuya principal contribución fue definir el patriarcado, se habla de él como un régimen político de determinación y opresión de las mujeres en el que mediante la subordinación económica se establece el poder de ellos sobre ellas. Posteriormente y ya en los años 80 emerge amparado por el auge del estructuralismo y la postmodernidad aparecen relatos en base a la subjetividad y la falta de validez de los grandes relatos, que habían tenido validez hasta ese momento, y se pone en relieve la interpretación de la realidad de manera individual según las vivencias de cada uno, lo que lleva a plantearse en gran parte el sujeto del feminismo.
La obra paradigma de este momento es El Género en Disputa, de Julie Butler en los 90. Su teoría es que el género y el sexo son un constructo social y que en realidad es lo que cada uno pueda evidenciar, es lo que uno es y como se comporta en un momento determinado en un lugar determinado. Hoy seguimos en estos debates y con múltiples autores que continúan construyendo ese armazón intelectual de la historia del feminismo del que hablábamos al principio.
Mujeres en la Ciencia
No obstante, las mujeres, aunque sus nombres no hayan sido citados como los de sus colegas masculinos, no solo se dedicarían a las tertulias literarias, sino que dejarían su impronta en el mundo de la ciencia:
- Margaret Cavendish (1623-1674), científica y escritora fue la primera mujer que entró en la Royal Society de Londres. Participó en las discusiones sobre la materia y el movimiento, la existencia del vacío, la percepción y el conocimiento.
- Maria Margarethe Winkelmann-Kirch (1670-1720), perteneciente al grupo de astrónomas que proliferó en Alemania. Participó en la creación de la Academia de Ciencias de Berlín que posteriormente le ne-garía una plaza.
- Émilie du Châtelet (1706-1749), matemática y física francesa, traductora de la obra de Newton.
- María Gaetana Agnesi (1718-1799), matemática italiana autora del primer libro de texto que trata conjuntamente el cálculo diferencial e integral.
- Marie Anne Pierrette Paulze (1758-1836), química francesa que trabajó conjuntamente con su esposo Lavoisier; ambos rehicieron el campo de la química.
- Lady Mary Wortley Montagu (1689-1762), trajo del Imperio Otomano la práctica de la inoculación como profilaxis contra la viruela.
- Caroline Lucretia Herschel (1750-1848), astrónoma alemana descubridora de 8 cometas, entre los que se encuentra el cometa periódico 35P/Herschel-Rigollet. Fue una de las primeras mujeres científicas que cobró por su trabajo.
- Mary Fairfax Greig Somerville (1780-1872), matemática y astrónoma escocesa. Escribió numerosos ensayos sobre astronomía contribu-yen a la difusión de la astronomía.
- Laura Bassi (1711-1778), primera profesora de filosofía de la uni-versidad y miembro de la Academia de Ciencias de Bolonia. Tuvo 12 hijos/as, lo que no le impidió el desarrollo de su carrera profesional, a pesar de que hasta 1776 el Senado de Bolonia no le concediera la cátedra de física experimental en el Instituto de Ciencias.
Filósofos Ilustrados a Favor y en Contra de la Igualdad de Género
A esta igualdad se sumaron una serie de hombres que proclamaban la igualdad entre los sexos, entre los que destacan:
- François Poullain de La Barre (1647-1725), filósofo francés procedente de una familia burguesa. En su obra De l’Égalité des deux sexes declara que mujeres y hombres son iguales, al menos en el plano espiritual, ya que el espíritu carece de sexo. Aplica el método lógico-racional cartesiano a sus estudios, y concluye que la dominación masculina era consecuencia de la mayor fuerza física de los varones, y la que los llevó a someter a las mujeres en todos los ámbitos de la vida, alejándolas de aquello que pudiera posibilitar su desarrollo personal (de la Barre, 1993).
- Georg Christian Lehms (1684 - 1717), poeta alemán que defendía que no existía ninguna carencia en el sexo femenino que les impidiera dedicarse al estudio y pedía que se les abrieran las puertas de las cuatro facultades para que pudieran elegir estudios según su inclinación.
- Samuel Johnson, (1709-1784), escritor, poeta y ensayista inglés, defendió el talento de las mujeres y criticó a los hombres que las consideran inferiores.
- Theodor Gottlieb von Hippel (1741-1796), nacido en Prusia, abogado y escritor, escribió sobre el mejoramiento civil de las mujeres. Su afirmación radical de la igualdad entre los sexos fue más allá que la de Mary Wollstonecraft (Cavana M. L., 1991).
- Marie-Jean-Antoine Nicolas de Caritat, marqués de Condorcet (1743-1794). Consideraba que la educación debía ser laica y fue partidario del voto de las mujeres como consta en el Journal de la Société de 1789, y en el artículo publicado en 1790 sobre la admisión de las mujeres en el derecho de ciudadanía.
- John Stuart Mill (1806-1873), político liberal preocupado por condiciones de las trabajadoras, defensor de la igualdad de las mujeres y del sufragio femenino.
A pesar de ello, la misoginia se encontraba ampliamente representada entre los filósofos ilustrados:
- Voltaire, François-Marie Arouet (1694-1778). Se refiere a la mujer como menos fuerte, menos alta, menos capaz de realizar trabajos largos.
- Rousseau (1712-1778). Es un ardiente defensor de la igualdad entre los hombres, pero no incluye a la mujer a la que concibe como una especie de suplemento del hombre al que debe agradar y servir en todo momento.
- Immanuel Kant (1724-1804), filósofo prusiano gran influyente en la filosofía occidental. Vincula a la mujer con la naturaleza. Su misión es «civilizar» a los hombres, pero la razón es cosa de hombres.
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