Beneficios y riesgos del decúbito lateral en el embarazo

17.11.2025

“Toda mujer gestante sin contraindicaciones médicas debe mantenerse activa físicamente durante su embarazo, como un elemento básico y fundamental para el cuidado y mejora de su calidad de vida, incluyendo todos los ámbitos de su organismo (fisiológico, mental, emocional)”. Como recuerda Julio Maset, médico de Cinfa, “la práctica regular de ejercicio moderado es fundamental durante la gestación, ya que favorece su adecuada evolución, incrementa el bienestar de la madre y prepara su cuerpo para el parto, lo que también facilitará su recuperación posterior”.

Según también esta investigación, la salud del bebé es la principal preocupación de las madres durante la gestación y, tradicionalmente, uno de los factores involucrados en que un porcentaje importante de ellas no realice actividad física en esta etapa. En realidad, lejos de ser perjudicial para el feto o la madre, el ejercicio puede ayudar a prevenir importantes trastornos relacionados con el embarazo. Todas las actividades deportivas que no impliquen movimientos bruscos, contacto físico o un gran esfuerzo son altamente recomendables, ya que mejoran el tono muscular, facilitan la digestión, mejoran la circulación y ayudan a controlar el peso.

“Se recomienda a la futura madre desarrollar un programa supervisado específico de ejercicio para mujeres embarazadas bajo el asesoramiento profesional para que su práctica sea completamente segura”, indica el experto en Cinfa. La Guía de Práctica Clínica sobre la Actividad Física durante el Embarazo 2023 del Sistema Nacional de Salud (SNS) aconseja actividades que fomenten la mejora o mantenimiento de la resistencia aeróbica extensiva, la fuerza muscular leve, el equilibrio, la coordinación motriz y la flexibilidad.

El ejercicio durante el embarazo es seguro y beneficioso, protege la salud de la madre y la descendencia. Sin embargo, a pesar de estar demostrados los beneficios anteriormente mencionados durante el embarazo, el porcentaje de mujeres que cumplen con la práctica física recomendada universalmente (150 minutos semanales) es escaso (15-20%). Lo ideal sería que cada mujer, en cada embarazo, siguiera un programa de ejercicio individualizado y supervisado por un profesional cualificado.

Se deben tener en cuenta ciertos factores, como el mes de gestación, la forma física de la madre en ese momento y la experiencia, si la hubiera, de un embarazo anterior. Se deben evitar actividades que incluyan la maniobra de Valsalva, se trata de la acción que impide o dificulta la expulsión de aire al exterior, por medio de un bloqueo de la glotis, o bien a través del mantenimiento de la nariz y la boca cerrada. Se trata en definitiva de un bloqueo respiratorio generado de forma autónoma por la propia persona.

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El Colegio Americano de Medicina del Deporte (ACSM) recomienda realizar 3-4 días por semanas, a una intensidad moderada, durante 30 minutos al día con el objetivo de sumar mínimo 150 minutos por semana de actividad moderada o 75 minutos por semana de actividad un poco más intensa. El ejercicio de fuerza tradicionalmente ha sido más cuestionado e incluso, a día de hoy, todavía sigue existiendo cierto reparo a la hora de prescribir este tipo de ejercicios, especialmente en el primer trimestre. Se producen más pérdidas durante el primer trimestre, pero la Guía Canadiense para la actividad física durante el embarazo afirma que no aumenta el riesgo de aborto por realizar ejercicio durante el primer trimestre.

Dentro de los ejercicios de fuerza, es importante destacar el papel que tiene trabajar la musculatura del suelo pélvico. Además de los tradicionales ejercicios de Kegel con contracciones voluntarias, se pueden realizar ejercicios sobre el tronco de propiocepción e incluir ejercicios que trabajen la estabilidad. Los ejercicios sobre el tronco producen una activación refleja de suelo pélvico y del transverso ante la inestabilidad, sin provocar un aumento excesivo de presión intra-abdominal al estar en una posición bípeda.

Este tipo de ejercicios tienen un papel importante ya que ayudan a prevenir y aliviar molestias típicas que se producen durante el embarazo (como molestias en la parrilla costal, en la zona púbica o en la zona lumbar), muy relacionadas con las alteraciones biomecánicas anteriormente mencionadas que se producen en el cuerpo de la mujer en estos meses. Es fundamental realizar estos ejercicios de manera lenta, controlada y coordinando bien con la respiración.

En las Guías Clínicas para el ejercicio durante el embarazo publicadas en la Revista Oficial de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia en 2019, se recomienda descartar aquellas posiciones en las que zonas sobrecargadas normalmente por el embarazo se vean aún más perjudicadas. Es la posición tradicionalmente más utilizada y resulta eficiente para gran cantidad de ejercicios. Sin embargo, es adecuado no abusar de ella durante el embarazo, especialmente en el último trimestre cuando el crecimiento uterino genera, además de un cambio en el centro de gravedad, ciertas incomodidades y una importante pérdida del equilibrio, lo que provoca entre otras modificaciones una traslación del eje cráneo-caudal de la mujer hacia atrás.

Posición muy interesante y recomendada, pero es conveniente no mantener esta posición durante excesivo tiempo y alternar con ejercicios en otras posiciones para no sobrecargar la zona cervical de la mujer gestante y no ocasionar molestias en las muñecas o el túnel carpiano. Es una posición de trabajo muy adecuada y pertinente durante la gestación, por la descompresión de la vena cava inferior y el consiguiente mantenimiento del retorno venoso.

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Posición muy viable y adecuada durante el embarazo, en particular si se realiza sobre una superficie blanda, por ejemplo sobre un fitball. Esto evita las incomodidades generadas por las modificaciones en la zona genital de la mujer gestante y ofrece una gran cantidad y variedad de posibilidades para incluir ejercicios tanto de fuerza como de movilidad. Se trata de una posición que presenta cierta dificultad debido a la posibilidad de disminución del retorno venoso por la presión del útero sobre la vena cava inferior, especialmente en la etapa final del embarazo, pudiendo ocasionar en algunas gestantes un síndrome supino-hipotensivo o compresión aorto-cava.

Esta hipotética complicación fue la responsable de que, en el pasado, esta posición fuese considerada como no recomendada o evitable. En 2018, un estudio de Mottola y colaboradores, no ha encontrado asociación entre ejercicios en esta posición y eventos adversos para la madre.

El propósito de esta revisión es aclarar los beneficios y perjuicios que el ejercicio físico puede ocasionar en la salud de la madre y el feto. Para ello, se han revisado los artículos más recientes y de mayor impacto. Según los estudios consultados, el ejercicio físico durante el embarazo previene la aparición de preeclampsia, hipertensión arterial, excesiva ganancia de peso -junto a una dieta adecuada- y diabetes gestacional.

Esta última, una vez instaurada puede ser controlada mediante dieta y la realización de ejercicio físico evitando, según el caso, la administración de insulina. La mayoría de los artículos revisados están de acuerdo en que el ejercicio físico intenso realizado hasta el final del embarazo da lugar al nacimiento de bebés de menor peso. Sin embargo, si el mismo se reduce en intensidad en el último trimestre o se realiza de forma moderada durante todo el embarazo no se producen cambios en el peso del recién nacido o incluso da lugar a bebés de mayor peso.

Según los estudios, la vascularización y la oxigenación fetal no se ven afectadas por la actividad física manteniéndose siempre un flujo sanguíneo que garantice el desarrollo intrauterino. Cabe destacar que la natación, en particular, tiene cierto efecto protector frente a los partos pretérmino. Por último y como precaución, se deberán evitar todos los deportes de contacto y aquellos con un potencial riesgo de caídas y traumatismo abdominal así como las jornadas laborales de pie o la realización de trabajos físicos extenuantes.

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Históricamente el embarazo y la realización de actividad física o la práctica deportiva no han estado exentos de polémica, tachando de insensatas a aquellas mujeres que lo practicaban. El miedo a los abortos o a dar a luz a recién nacidos con problemas ha nutrido durante generaciones la idea de que la embarazada es una persona frágil, que necesita de reposo y actividades livianas. Se ha sobreentendido, que el ejercicio físico adecuado para las embarazadas era caminar y como mucho nadar.

De hecho, a día de hoy, la mayoría de las embarazadas reciben ideas contradictorias por parte de los profesionales responsables del control de su embarazo. Sin embargo, los embarazos no están exentos de ciertas complicaciones como el excesivo aumento de peso en algunas mujeres, la diabetes gestacional, la hipertensión arterial o la preeclampsia. Dichas complicaciones pueden dar lugar a partos prematuros, bebés macrosómicos o de bajo peso, o una deficiente vascularización fetal.

Así pues, muchas de estas patologías frecuentes también en mujeres no gestantes (a excepción de la diabetes gestacional y la preeclampsia) se ven beneficiadas de un plan de ejercicios y de actividades físicas para prevenir su aparición, controlarlas e incluso mantenerlas en niveles óptimos de salud. Por otro lado, el estudio del movimiento osteomuscular en la mujer deportista y los cambios fisiológicos y biomecánicos que se producen durante el embarazo pueden ayudar a comprender la repercusión del ejercicio físico en la gestante y el feto.

Se ha pretendido buscar los artículos más actuales y de mayor impacto que relacionan el embarazo y el ejercicio físico, su influencia en la salud del feto y de la madre y el desenlace del embarazo y el parto. Las dificultades para la realización de este proyecto fueron las de encontrar estudios con suficiente evidencia científica, ya que no solían tener una muestra adecuada. Algunos estudios no fueron incluidos por no concluir con ningún resultado debido al abandono generalizado de las participantes en el estudio.

Además, muchos investigadores no pudieron completar algunos de sus experimentos por los problemas éticos que conllevaba la investigación en mujeres embarazadas. Este estudio fue realizado con una meticulosa recopilación de los artículos más recientes y con mayor impacto sobre ejercicio físico y embarazo. Se realizó la búsqueda a través del metabuscador Gerión de la Biblioteca Virtual del SSPA, en las siguientes bases de datos PubMed, Cochrane, Library Plus y EMBASE. Las palabras clave estaban registradas en la base MeSh de PubMed.

Se considera bajo peso al nacimiento de un niño con peso inferior a 2.500g. El término CIR expresa la existencia de un feto cuyo desarrollo, peso, nutrición, etc., no se corresponde con la edad gestacional, y todo ello debido, generalmente, a la existencia de una insuficiencia placentaria crónica con defectos en su función nutritiva y en cierto grado, también respiratoria. La importancia del CIR viene dada por su asociación a un aumento de la morbimortalidad perinatal ante y posparto.

En cuanto al peso del neonato, el ejercicio intenso (4-7 días/semana) en gestantes de entre 25 y 35 semanas podía ocasionar bebés con menor peso que aquellos cuyas madres habían realizado ejercicio moderado o de madres sedentarias que no realizaban ejercicio. Esta diferencia estaba motivada principalmente por una menor masa grasa en los bebés de madres deportistas (-5%).

Mujeres que incrementaron el volumen de actividad en la cinta de correr y en el «stair stepper» en una fase avanzada de embarazo (20 minutos 3-5 veces por semana en la semana 20, incrementando gradualmente hasta 60 minutos 5 días a la semana desde la semana 24 y manteniéndose así hasta el parto) dieron a luz bebés significativamente más pequeños que aquellas mujeres que mantuvieron un elevado nivel de ejercicio físico al comienzo del embarazo disminuyendo su actividad hacia el tercer trimestre.

En un estudio donde las mujeres realizaban aeróbic y carrera continua por encima del 50% de su capacidad tenían bebés de media 400g más ligeros que los grupos control de vida sedentaria. Estos efectos parecían darse cuando la mujer continuaba con su actividad deportiva después de la semana 28, ya que si abandonaba la actividad física en el último trimestre daban a luz bebés 200g de media más pesados que las mujeres de vida sedentaria.

Los bebés de madres que continuaron con la actividad deportiva hasta el final del embarazo dieron a luz bebés con una media de 220g menos de masa grasa que el grupo control. Los autores concluyeron que el ejercicio realizado hasta el final del embarazo disminuía el tanto por ciento de grasa corporal en el bebé, pero no afectaba a los demás parámetros de crecimiento.

Mujeres embarazadas que realizaban ejercicio tan solo 3 veces por semana a una intensidad moderada tenían bebés más grandes que las sedentarias (3,682 frente a 3,364kg) lo que tal vez se debiera a un mayor volumen placentario que hacía que el flujo sanguíneo y la nutrición del feto fueran mejores. En un reciente meta-análisis se observó que el ejercicio intenso durante el tercer trimestre estaba asociado con una reducción de peso al nacer de en torno a 200-400 bebes g comparado con mujeres que realizaban ejercicio moderado.

En un estudio realizado, el grupo de casos hacían bicicleta estática durante 40 minutos un máximo de 5 días a la semana hasta la 36 semana de gestación mientras que el grupo control realizaba su actividad diaria normal. Los resultados mostraron que las madres que hacían bicicleta tuvieron bebés de media 143±94g más ligeros que el grupo control. Sin embargo, no había cambios en la talla de los bebés, ni en su composición corporal, teniendo el mismo porcentaje de materia grasa.

En los casos, se descubrió una menor concentración de somatomedinas en el cordón umbilical con respecto a los grupos control. La menor concentración de somatomedinas sugerían que el ejercicio materno incidía sobre la síntesis de las mismas influyendo en el menor crecimiento fetal. Según el American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG) fue comprobado que las embarazadas cuyas ocupaciones requerían estar largas jornadas de pie o la realización de trabajos físicos extenuantes, como levantar pesos, tenían tendencia a dar a luz a bebés CIR y a tener partos pretérmino.

Una revisión sistemática realizada llegó a las mismas conclusiones que la ACOG, incluyendo otro factor de riesgo, el trabajo a turnos. Según un estudio realizado entre un grupo de casos que realizaban ejercicio físico y un grupo control de vida sedentaria, las diferencias entre ambos fueron mínimas e inapreciables en cuanto a las semanas de gestación. Se obtuvieron unas cifras de 39,4±1,3 semanas en el grupo de casos, y 39,5±1,1 semanas en el grupo control.

Se realizó un estudio con varios grupos mujeres embarazadas. Un grupo practicaba ciclismo, el otro grupo natación y un tercero llevaba vida sedentaria. Se observó que entre el grupo que practicaba natación, había menos partos pretémino que en el resto de grupos. Aparte de esto, existían además menos diferencias entre ciclistas y nadadoras que con respecto al grupo de mujeres sedentarias. Se ha observado que las embarazadas que realizan ejercicio físico de moderado a intenso tienen menor riesgo de partos pretérmino que las embarazadas de vida sedentaria.

La respuesta fetal más común al ejercicio materno es el aumento de la FCF. En un estudio se comprobó que la FCF aumentaba inmediatamente después del ejercicio materno en relación directa con la duración e intensidad del mismo. En una revisión realizada por Mata et al se defendía que el feto toleraba bien el ejercicio materno y que por lo tanto se aconsejaba su realización durante el embarazo.

Otro estudio llegó a la conclusión de que el ejercicio físico incrementaba la FCF sin efectos perjudiciales. Los índices de pulsatilidad (IP) de la arteria umbilical y de la arteria cerebral media fetal presentaban mínimos cambios dentro de los valores normales. Entre los investigadores permanecía el interrogante de saber cómo podía mantenerse el equilibrio útero-placentario cuando la madre realizaba ejercicio físico.

El ejercicio físico producía una importante redistribución en el flujo sanguíneo útero-placentario. Eso se debía a que gran parte del flujo sanguíneo materno se dirigía a las zonas musculares en movimiento. La reducción del flujo estaba en torno al 25% cuando se realizaba ejercicio de forma moderada, lo cual no suponía ningún riesgo. Un trabajo de investigación hablaba de un mecanismo de protección fetal, por el cual, casi la totalidad de la reducción del flujo se producía en la zona uterina, manteniéndose el flujo placentario y el adecuado aporte de O2 y nutrientes.

En un estudio realizado comparando el ciclismo y la natación con la vida sedentaria, se comprobó que durante el ejercicio aumentaba la resistencia vascular útero-placentaria reduciéndose el flujo sanguíneo uterino, sin embargo, el flujo sanguíneo en la arteria umbilical permaneció invariable. El siguiente estudio se realizó con un grupo de casos que realizaba ejercicios aeróbicos moderados en piscina y un grupo de control de mujeres sedentarias. El estudio mostró que en general no había cambios significativos entre ambos grupos en cuanto a la FCF antes e inmediatamente después de la sesión de ejercicios.

Solo hubo un aumento significativo de la FCF en las mujeres del grupo de casos entre las 24-27 semanas. La práctica regular de ejercicio aeróbico en el agua por parte de mujeres sedentarias y embarazadas de bajo riesgo no está en detrimento de la salud ni de la madre ni del feto. No se apreciaron cambios en la capacidad cardiovascular materna aunque los niveles de analgesia requeridos en el parto fueron menores.

Así pues la mujer gestante debe adoptar la posición en decúbito lateral izquierdo con las rodillas flexionadas, siendo esta posición la más favorable para la vascularización fetal. Se realizó un estudio de casos y controles para valorar el efecto del ejercicio sobre los niveles de hemoglobina y hierro maternos. La realización de un programa de ejercicio físico de carácter aeróbico moderado no parece influir en los niveles de hemoglobina ni hierro maternos, garantizando así el suministro de 02 al complejo útero-placentario.

Hallazgos de diferentes estudios mostraron los efectos protectores de la actividad física frente a la preeclampsia y la hipertensión. En un estudio realizado por Yeo el riesgo de padecer preeclampsia era inversamente proporcional al ejercicio realizado por la madre. Según Hegaard HK et al, el ejercicio físico está asociado con la reducción del riesgo de padecer diabetes gestacional y exc...

Durante el embarazo, el bienestar de la madre influye en el desarrollo del bebé. Tanto es así que incluso la postura al dormir es relevante. El bienestar del feto durante el embarazo es crucial para su correcto desarrollo. Por eso es importante que las madres sepan como pueden contribuir en ello. Además de no fumar, no beber alcohol, llevar una dieta equilibrada y evitar el estrés, varios estudios inciden en la importancia de algo tan simple como la posición de la madre al dormir.

La muerte de un bebé antes del nacimiento es un evento dramático para los padres y para su entorno familiar. En nuestro medio ocurre en 1 de cada 200 o 300 embarazos. Una estrategia para disminuir estos casos es prevenir los factores de riesgo que inciden en el bienestar fetal como, por ejemplo, el tabaquismo. No obstante, como apunta Francesc Figueras, especialista en medicina maternofetal de BCNatal, "existen muy pocos factores de riesgo para muerte fetal que sean fácilmente modificables".

En un reciente estudio de la Universidad de Manchester (Reino Unido) publicado en el International Journal of Obstetrics & Gynecology se realizaron entrevistas parta preguntar sobre los hábitos de sueño a 291 mujeres que tuvieron un bebé muerto después de las 28 semanas de embarazo y 733 mujeres que tuvieron un bebé nacido vivo. El principal hallazgo de esta investigación, dirigida por el doctor Heazell, fue que las madres que se dormían boca arriba tenían al menos el doble de riesgo de muerte fetal en comparación con las madres que dormían sobre el lado izquierdo.

Cuál es el motivo por el que esto sucede todavía está en fase de investigación. “Posibles mecanismos que explicarían este aumento de riesgo podrían ser la peor perfusión sanguinea del útero o alteraciones de la respiración de la madre durante el sueño”, apunta Figueras. Este es el mayor estudio que se suma a cuatro estudios similares que han mostrado la misma relación entre la posición en la que una madre duerme y la muerte fetal, com el estudio de la Universidad de Nueva Zelanda que también publicamos hace unos meses.

Recomendaciones generales para la práctica de ejercicio durante el embarazo:

  • Consulta a un profesional sanitario cualificado.
  • Participa en un programa específico de ejercicio para mujeres gestantes.
  • Practica ejercicio físico con regularidad.
  • Opta por actividades de intensidad moderada.
  • Evita las actividades de alto impacto.
  • Trabaja tanto la resistencia aeróbica como la fuerza.
  • No realices ejercicios hipopresivos durante todo el embarazo.
  • Controla la temperatura y humedad del ambiente.
  • Hidrátate adecuadamente.
  • Interrumpe el ejercicio si no te encuentras bien.

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