Densidad Nutricional de la Leche Materna: Composición y Beneficios

31.10.2025

La leche materna es el alimento de elección del niño hasta los seis meses. “La lactancia materna es la forma ideal de aportar a los niños pequeños los nutrientes que necesitan para un crecimiento y desarrollo saludables… La OMS recomienda la lactancia materna exclusiva durante 6 meses… y el mantenimiento de la lactancia materna hasta los 2 años o más”.

Sin embargo, según los datos de la Encuesta Nacional de Salud 2011-2012, el porcentaje de madres que dan lactancia materna (72,4%) apenas ha variado desde la encuesta realizada en 2006 (68,67%) y disminuye a menos de la mitad cuando se habla de niños de más de seis meses (46,8%). Estos datos indican que existe todavía una gran parte de la población infantil que es alimentada durante el primer año con preparados para lactantes o preparados de continuación.

Las primeras semanas de vida constituyen, sin duda, la etapa de mayor fragilidad en el desarrollo del recién nacido, y por ello requieren una especial atención nutricional. Algunas de las características que fundamentan estos requerimientos especiales se prolongan durante los siguientes 12 meses, periodo denominado «etapa de lactancia». Las marcadas diferencias en la maduración durante este tiempo determinan la distinción en dos etapas: el periodo lácteo, comprendido desde el nacimiento hasta los primeros 4 o 6 meses, y la etapa beikost o de «alimentación complementaria», desde el final de la etapa anterior hasta el final de la lactancia, al cumplir el año de vida.

Composición y Variabilidad de la Leche Materna

El periodo lácteo se caracteriza por dos hechos: la elevada tasa de crecimiento del neonato y la incapacidad de su organismo para asimilar los recursos que se le proporcionan con la efectividad de edades posteriores. Durante los primeros 6 meses de vida la ganancia de peso es, aproximadamente, de 7 kg; la talla aumenta 24-26 cm, a la vez que se modifican el resto de parámetros antropométricos, con un extraordinario aumento del perímetro craneal como resultado del desarrollo acelerado del sistema nervioso.

Estos rápidos cambios determinan unas necesidades nutricionales muy específicas, capaces de asegurar su óptima evolución al ritmo que se desarrollan: aporte de energía capaz de cubrir estos costosos procesos; proteínas y minerales, como el calcio, para el desarrollo y crecimiento de los tejidos; ácidos grasos y colesterol para la maduración del sistema nervioso, y vitaminas y minerales para la regulación de los procesos metabólicos, entre otros, deben estar en la dieta del lactante en las cantidades adecuadas, evitando tanto el exceso como la carencia. A su vez, el organismo en desarrollo del lactante se encuentra con limitaciones importantes que afectan al aprovechamiento de nutrientes y marcan las exigencias en su alimentación.

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El único alimento que el lactante puede ingerir hasta cumplir al menos los cuatro meses de vida es la leche, con dos alternativas para ello: la leche materna y los preparados infantiles. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la alimentación exclusiva al pecho durante los primeros 6 meses de vida del niño, y continuar el amamantamiento junto con las comidas complementarias adecuadas hasta, al menos, el primer año1. Por su composición, la leche materna es un sistema nutricional completo; además de su aporte nutricional conlleva numerosos componentes de acción funcional que protegen al lactante y optimizan su crecimiento y desarrollo. Sus numerosos componentes se presentan en formas químicas y proporciones diferentes a las encontradas en la leche de otras especies.

A su vez, la composición de la leche humana no es constante, sino que varía a lo largo del tiempo adaptándose a las necesidades fisiológicas del lactante en cada momento.

Durante la primera semana posparto, la secreción láctea se denomina «calostro», con propiedades muy específicas. Su apariencia es viscosa y es de color amarillento, contiene un bajo aporte calórico, y es muy rico en proteínas (especialmente inmunoglobulinas) y otros componentes activos que le capacitan como alimento ideal transitorio para la adaptación a la vida extrauterina. Aproximadamente a partir de la tercera semana, la secreción láctea se ha instaurado con un volumen de leche y composición establecida, denominándose a partir de este momento y hasta el final de la lactancia «leche madura».

La lactancia materna conlleva numerosas ventajas para el lactante, la madre, la familia y la sociedad; sus beneficios son de carácter nutricional, sanitario, psicológico, ambiental, social y económico. El contenido de proteínas es bajo respecto al de otras especies (0,9-1,2 g/L), con elevada proporción de seroproteínas, que constituyen factores de defensa muy importantes. Los carbohidratos se encuentran en concentración superior a la de la leche de vaca (7 g/L), y están constituidos por lactosa y oligosacáridos. La lactosa es el componente mayoritario y desempeña una función nutricional, a la vez que aumenta la biodisponibilidad de calcio.

La concentración de la grasa de la leche aumenta a lo largo de la lactancia hasta máximos de 3,8-4,5 g/L en leche madura. Aunque su contenido y naturaleza son muy variables y se ven afectados por la alimentación de la madre y por otros factores, el perfil de los ácidos grasos se caracteriza por la abundancia de componentes poliinsaturados de cadena larga (ácidos araquidónico y docosahexaenoico), asociados al desarrollo de la agudeza visual y función cognitiva del lactante.

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El contenido de minerales en leche humana es excepcionalmente bajo, pero su alta biodisponibilidad garantiza el aporte óptimo. En la leche materna se han identificado un elevado número de compuestos activos, responsables de muchos de los efectos beneficiosos para el lactante. Su aporte justifica la preferencia de la leche materna frente a otros alimentos, especialmente en la alimentación de los lactantes más vulnerables, como los prematuros o de bajo peso que precisan con mayor intensidad la ayuda en la protección y para el mejor desarrollo.

En la leche materna se han identificado un elevado número de compuestos activos, responsables de muchos de los efectos beneficiosos para el lactante. Su aporte justifica la preferencia de la leche materna frente a otros alimentos, especialmente en la alimentación de los lactantes más vulnerables, como los prematuros o de bajo peso que precisan con mayor intensidad la ayuda en la protección y para el mejor desarrollo.

La grasa es el componente más variable. Las concentraciones aumentan desde 2 g/100 ml en el calostro hasta alrededor de 4 a 4,5 g/100 ml a los 15 días posparto. El principal hidrato de carbono de la leche es la lactosa, que proporciona el 40% de la energía del bebé. Pero la leche materna además de ser una fuente nutritiva, también tiene otras funciones. Estudios recientes han demostrado que la leche materna es una fuente de bacterias “amigas” (también llamadas “comensales”) como los lactobacilos, que forman parte natural de este fluido biológico.

Alternativas a la Leche Materna: Fórmulas Infantiles

El patrón de oro para las fórmulas artificiales es la leche materna de mujeres bien nutridas. A lo largo de los años, diferentes comités de expertos de las sociedades científicas han ido estableciendo recomendaciones sobre cuál debía ser la composición ideal de las fórmulas lácteas infantiles. En Europa, ha sido el Comité de Nutrición de la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (ESPGHAN) el encargado de realizar estas recomendaciones.

Entre 1977 y 1991, el Comité de Nutrición de la ESPGHAN fue desarrollando cuáles debían ser las características de las fórmulas artificiales. La fórmula para lactantes se define, como: un alimento adecuado para sustituir parcial o totalmente a la leche humana, cubriendo los requerimientos nutricionales del lactante y puede ser de iniciación para el lactante durante los primeros 4-6 meses de vida y de continuación como parte de un régimen de alimentación mixto desde el 4-6 mes de edad(1). Se establece la energía que debe aportar (64-72 kcal/100 ml) por semejanza con la media de la leche materna, las cantidades y proporciones de los principios inmediatos y sus límites máximos y mínimos, así como el contenido en minerales y vitaminas.

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Es una fórmula menos sofisticada que la de inicio, porque la madurez de los sistemas metabólicos del niño lo permite. El comité realiza un nuevo informe(3) en 1990, en el que opina que las fórmulas de continuación son una buena opción para la alimentación de los lactantes entre los 6 y los 12 meses. Recomienda una menor densidad energética y menor contenido en proteínas, ya que en los países europeos, la ingesta de proteínas a través de la alimentación complementaria es alta. Ese mismo año, el Comité de Nutrición establece cuáles deben ser las características de las fórmulas de aislado de proteína de soja(4). El aislado proteico de soja procesado adecuadamente proporciona una proteína de alto valor nutritivo.

La densidad energética de estas fórmulas debe ser similar a las fórmulas a base de leche de vaca. El aislado proteico de soja procesado adecuadamente proporciona una proteína de alto valor nutritivo que es deficitaria en metionina, por lo que se debe suplementar. También es deficitario en carnitina, encargada de transferir los ácidos grasos al interior de la mitocondria y que se debe añadir hasta un nivel similar al de la leche materna. Es necesario suplementar las grasas con aceites vegetales y como no contiene lactosa, la fórmula de soja se suplementa con hidrolizados de almidón (polímeros de glucosa y dextrinomaltosa), así como sacarosa, que no debe superar el 20% de los hidratos de carbono.

Disminuye la densidad calórica de las fórmulas, que deben tener entre 60 y un máximo de 70 kcal/100 ml, ya que el gasto energético de los niños es menor de lo que se creía y una mayor densidad energética conlleva una mayor ganancia de peso, lo que ha sido asociado con un mayor riesgo de obesidad en el adulto. Establece los rangos para las proteínas, los hidratos de carbono y las grasas (Tabla I). El aporte calórico debe ser el mismo que para las fórmulas de inicio y se propone limitar hasta un máximo en el aporte proteico para evitar el posible riesgo obesogénico. Se desaconseja la adición de ácidos grasos trans, de los cuales no se conoce ningún beneficio nutricional y dados los efectos beneficiosos de los fosfolípidos en la leche materna que solubilizan los componentes lipofílicos y son una fuente de LC-PUFAS (ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga), el grupo considera beneficioso que se suplemente en la fórmula de continuación.

El contenido en vitaminas debe ser el mismo que en las fórmulas de inicio a excepción de la vitamina D. La Autoridad Europea sobre Seguridad de los Alimentos (EFSA) ha publicado en 2014(10) unas recomendaciones sobre la composición de las fórmulas de continuación y las llamadas leches de crecimiento.

La EFSA recomienda un contenido mínimo para las fórmulas, que considera adecuado para cubrir las necesidades de la mayoría de los lactantes sanos en el primer año de vida, y unos valores máximos que se consideran como seguros. Establece, que no se han comunicado efectos adversos asociados a las especificaciones de la directiva 2006/141/EC, aunque no hay trabajos sobre los efectos a largo plazo de la alimentación con fórmulas de estas características. Con la ingesta media de 500 kcal/día, se sobrepasan los límites máximos recomendados para algunos nutrientes (zinc, iodo, vitamina A y fólico).

Leches de Crecimiento

Las leches de crecimiento son fórmulas de continuación modificadas parcialmente. Actualmente, no existen unas recomendaciones exclusivas para la formulación de estas leches, ni tampoco una legislación específica, por lo que la industria alimentaria se debe ajustar a las recomendaciones existentes para las fórmulas de continuación y a los estudios sobre nuevos factores nutricionales que se van realizando y, a partir de los cuales, se realizan recomendaciones generales(11).

La EFSA considera que no es necesario establecer unos criterios específicos para las fórmulas de crecimiento, ya que las fórmulas para la alimentación infantil durante el primer año son válidas para el niño de más de un año de vida(11). A pesar de ello, las leches de crecimiento son una opción para equilibrar la dieta de los niños de uno a tres años cuya alimentación se caracteriza por el aporte excesivo en proteínas y energía, y por la ingesta baja de: ácido linolénico, ácido docosahexanoico, hierro, vitamina D e iodo(11). El valor energético de estas leches es de 65-77 kcal/100 ml. El contenido proteico es ligeramente más alto que el de las fórmulas de continuación, pero dentro de las recomendaciones científicas y menor que el de la leche de vaca; el de carbohidratos y lípidos es muy similar, aunque las de crecimiento modifican el perfil lipídico utilizando aceites vegetales. Muchas de ellas contienen sacarosa y/o miel.

Fórmulas Adaptadas para Problemas Digestivos

Se dispone también de fórmulas adaptadas para resolver problemas principalmente digestivos y más importantes por su frecuencia que por su gravedad. La fórmula antirregurgitación (AR) es una fórmula artificial a la que se ha añadido un espesante, la caseína es la fuente principal de proteína y contiene menor cantidad de grasas. El espesante que se añade para aumentar la viscosidad y disminuir la regurgitación, se obtiene de la harina de semilla de algarrobo, del arroz y del almidón de maíz. La fermentación de estos productos da unas heces más blandas y acelera el tránsito, lo que puede provocar diarrea, pero también proporciona butiratos que son fuente de energía para el enterocito. El uso de caseína da mayor viscosidad al contenido del estómago y enlentece su vaciamiento, pero proporciona un efecto tampón. La indicación de uso de la fórmula AR es el lactante con desmedro causado por la excesiva pérdida de nutrientes asociada a las regurgitaciones y solo deben usarse bajo supervisión médica junto a otras medidas de tratamiento (postural y farmacológico).

La fórmula antiestreñimiento (AE) contiene una mayor proporción (45%) de ácido palmítico en posición beta, de forma que la composición de las grasas sea más similar a la leche humana. En la leche materna, el 70% de los ácidos grasos se localizan en posición beta, la lipasa pancreática no los hidroliza, por lo que el ácido graso queda unido al glicerol y es fácilmente absorbido con las sales biliares. Así, se evita la formación de jabones cálcicos responsables de la dureza de las heces.

En las fórmulas anticólico (AC) y confort, las proteínas están parcialmente hidrolizadas para facilitar su digestión, contienen menor cantidad de lactosa que es sustituida por maltodextrina, para reducir el exceso de gas producido por la fermentación colónica de la lactosa y tienen una mayor proporción de palmítico en posición beta. Se ha añadido fructo-oligosacáridos para conseguir un efecto prebiótico.

Fórmulas sin Lactosa e Hidrolizadas

Las fórmulas sin lactosa contienen dextrinomaltosa o polímeros de glucosa como hidrato de carbono, y el resto de la composición es similar a una fórmula adaptada. La lactosa es el carbohidrato mayoritario en la leche de mujer e interviene en: la absorción del calcio de la leche, la actividad de la microflora intestinal y la absorción de agua y sodio, así como en la formación de galactocerebrósidos. Eliminar la lactosa de la dieta de forma prolongada no es un hecho sin importancia y debe estar justificado clínicamente.

Las fórmulas hidrolizadas se clasifican por el grado de hidrólisis de las proteínas. Las fórmulas semielementales tienen modificado tanto el contenido proteico como los hidratos de carbono y las grasas. Se obtienen a partir de la caseína, de las proteínas del suero o de ambos tipos de proteínas de la leche de vaca.

Existe un tercer tipo de fórmula llamada semielemental (DSE), en la que además de la proteína extensivamente hidrolizada está también modificada la composición de los carbohidratos y las grasas. En las fórmulas semielementales (DSE) y las de alto grado de hidrólisis (F-AGH), el 85-100% de los péptidos tienen un peso molecular menor de 5.000 daltons. Estas fórmulas tienen una alta osmolaridad por el pequeño tamaño de los péptidos y, en el caso de las DSE, además, por la alta osmolaridad de los mono y disacáridos, que puede producir diarrea osmótica, y algunas conllevan una alta carga renal de solutos. Además, el alto contenido en aminoácidos azufrados da mal sabor a la fórmula y dificulta la aceptación por parte del niño.

  • Cuando sea necesario un suplemento en la alimentación de los niños con lactancia materna y con alto riesgo de alergia a la PLV.
  • Tratamiento de prueba, durante 2-3 semanas, en niños con cólicos de lactante severos.

Las F-BGH están contraindicadas en el tratamiento de la alergia/intolerancia a la PLV y su uso en la prevención todavía está en revisión. Los datos obtenidos del estudio GINI(18), tras seis años de seguimiento de niños de riesgo alérgico, confirman el efecto preventivo de una fórmula parcialmente hidrolizada, con resultados semejantes a los de una F-AGH en la prevención de la dermatitis atópica y en el total de manifestaciones alérgicas; pero estos efectos preventivos no se produjeron en otra F-AGH, lo que indica la diversidad de cada fórmula, ya sea parcial o extensivamente hidrolizada.

Suplementación de Fórmulas Lácteas

Cada vez son más las fórmulas lácteas de alimentación infantil que se suplementan con probióticos y/o prebióticos. Existen evidencias científicas que sugieren que la suplementación de las fórmulas no conlleva riesgos para el crecimiento ni tiene efectos adversos, y hay datos que sugieren que la suplementación de las fórmulas de continuación con probióticos puede asociarse a efectos clínicos beneficiosos, como la reducción del riesgo de infecciones gastrointestinales inespecíficas o la reducción en la consistencia de las deposiciones por la adición de prebióticos. Respecto a los simbióticos, existen muy pocos datos de momento.

El Comité de Nutrición de la ESPGHAN no recomienda la suplementación rutinaria de las fórmulas infantiles, ya que no existen datos que demuestren efectos clínicos consistentes en menores de cuatro meses, los datos disponibles sobre algunos de los efectos descritos son todavía insuficientes para realizar un recomendación y, por otra parte, tampoco existen datos sobre los efectos a largo plazo de la suplementación de probióticos y prebióticos(21).

Suplementar las fórmulas con alfa lactoalbúmina, principal seroproteína de la leche humana, permite trasladar a las fórmulas artificiales su actividad biológica y hacer el perfil proteico más similar. La tendencia actual es mejorar la calidad proteica y disminuir la cantidad. Igualmente, suplementar las fórmulas con lípidos bioactivos que se encuentran en la membrana del glóbulo graso de la leche de vaca, aumenta el contenido de la fórmula en fosfolípidos y colesterol y lo hace más semejante a la leche materna. Trabajos recientes muestran que, los lactantes alimentados con este tipo de fórmula muestran un desarrollo más parecido a los lactantes alimentados con leche materna(24,25).

Conclusión

La fórmula de alimentación infantil ideal ya existe. La leche humana cubre todos los requerimientos necesarios para el crecimiento del lactante sano, excepto los de vitamina K y D. Las fórmulas artificiales intentan parecerse en lo posible a la composición de la leche materna, pero las modificaciones en las fórmulas deben estar fundamentadas en las evidencias científicas disponibles sobre los beneficios que se obtienen y los efectos a largo plazo que se pueden producir. Imitar la leche humana no es posible, porque la composición de la misma varía a lo largo de la toma y en el tiempo. Este aspecto no se puede trasladar a la fórmula artificial.

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