Diferencia Entre Fertilidad y Fecundidad en Biología
Cuando hablamos de fertilidad nos referimos a la capacidad de reproducción del ser humano. En la teoría todo parece muy fácil, un óvulo (gameto femenino) se fusiona con un espermatozoide (gameto masculino) y darán lugar al embrión que se implanta y crece en el útero materno. Pero en la práctica, existen muchos factores que pueden dificultar la consecución de un embarazo. En este artículo veremos qué es la fertilidad y cómo potenciarla.
¿Qué es la Fertilidad?
La fertilidad es la capacidad de un ser vivo, en este caso, un ser humano, para reproducirse. Esta capacidad está influenciada por múltiples factores biológicos como la salud general, la edad, el sexo y el sistema endocrino.
En las mujeres, la fertilidad está estrechamente relacionada con el ciclo menstrual y los días de ovulación. Estos ciclos implican una serie de cambios regulares a nivel hormonal y fisiológico que facilitan tanto el embarazo como la menstruación. Normalmente, el ciclo menstrual tiene una duración aproximada de 28 días, con una fase lútea de 14 días, que es la que sigue a la ovulación. El periodo de máxima fertilidad ocurre durante la segunda semana y el inicio de la tercera del ciclo menstrual. Este período puede ser detectado mediante diferentes índices de fertilidad que evalúan parámetros como la temperatura basal, la concentración de hormonas y el moco cervical, determinando así la fase del ciclo menstrual en la que se encuentra la mujer.
Diferencias Entre Infertilidad y Esterilidad
Teniendo en cuenta las características de la fertilidad, podría parecer que la falta de esta y la esterilidad son términos similares o idénticos. Sin embargo, la esterilidad es un término médico que describe la incapacidad para concebir después de un año de intentos. Esta condición puede estar relacionada con factores propios de la mujer o del hombre, y en muchos casos resulta de una combinación de dificultades en la capacidad reproductiva tanto masculina como femenina, o incluso por razones desconocidas.
La esterilidad se clasifica en dos tipos: primaria, cuando una pareja intenta concebir sin éxito por primera vez, y secundaria, cuando una pareja que ya ha tenido un hijo previamente no logra un embarazo al intentar una segunda gestación.
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Por otro lado, la infertilidad se refiere a la capacidad de concebir y gestar, pero no lograr que el embarazo resulte en un hijo vivo y sano. Al igual que la esterilidad, la infertilidad puede ser primaria o secundaria, dependiendo de si la pareja ha tenido un hijo previamente o no, manteniendo una relación con la capacidad previa para llevar a cabo un embarazo normal.
En ambos casos, la FIV (Fecundación In Vitro) puede ser una solución para lograr la concepción y desarrollo de un hijo. La FIV es un método de reproducción asistida que consiste en la unión de un óvulo y espermatozoides de la pareja en un laboratorio, el cultivo del embrión durante unos pocos días en un ambiente controlado y la posterior transferencia del mismo al útero de la madre.
Factores que Influyen en la Fertilidad
Para conseguir una concepción y gestación sin problemas, se deben cumplir una serie de condiciones de salud, especialmente en la mujer, debido a que tanto la implantación del embrión en el útero como el proceso de desarrollo durante el embarazo son procesos biológicos complejos y muy demandantes para el organismo. Por esta razón, hay diversos factores sistémicos y de estilo de vida que pueden afectar la incidencia o alterar el proceso en alguna de sus etapas.
Entre los factores propios del sistema reproductivo, podemos encontrar cuatro que suelen ser los más comunes entre mujeres relativamente jóvenes y que pueden evitar la gestación:
- Problemas en la regulación del sistema endocrino y hormonas reproductivas: ciertos problemas en la regulación del sistema endocrino y de las hormonas reproductivas pueden provocar una ovulación poco frecuente o incluso nula. Algunos de ellos son el síndrome del ovario poliquístico (SOP), una disfunción en el hipotálamo, la insuficiencia ovárica primaria o un exceso de la hormona prolactina.
- Daños u obstrucciones en las trompas de Falopio: diversas enfermedades o intervenciones pueden provocar daños u obstrucciones en las trompas de Falopio, lo que puede impedir que los espermatozoides lleguen al óvulo o bloquear el paso de este hasta el útero.
- Endometriosis: el crecimiento de tejido endometrial fuera del útero y de forma desmedida, conocido como endometriosis, puede bloquear también la unión entre gametos y afectar la fertilidad.
- Problemas uterinos: los pólipos, las formas o tamaños fuera de la normatividad o la producción en exceso de mucosa son diversos problemas uterinos que pueden interferir en la implantación del embrión o producir un aborto espontáneo.
A nivel ambiental, algunos factores o hábitos pueden ser de riesgo y provocar infertilidad. Factores como la edad, el tabaquismo, el alcoholismo, el sobrepeso o los antecedentes o presencia de enfermedades de transmisión sexual (ETS) se deben evitar al máximo en la medida de lo posible, o consultar su riesgo e incidencia con un profesional de la salud.
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Días Fértiles de una Mujer
Además de los posibles problemas o factores que afectan a la fertilidad, es importante tener en cuenta que el ciclo menstrual es un proceso dividido en fases y regulado por una serie de cambios hormonales que determinan la ovulación e implantación del embrión. Por lo tanto, no todos los días del ciclo son igualmente propicios para concebir, e incluso existen días en los que es fisiológicamente imposible quedar embarazada.
El período de máxima fertilidad se ubica generalmente en los tres días previos y los tres días posteriores al día 14 del ciclo, aproximadamente. Esto coincide con la mitad del ciclo menstrual, cuando ocurre la ovulación. Esta ventana de fertilidad puede ser calculada y monitorizada para optimizar las posibilidades de concepción, siempre y cuando los ciclos sean regulares, lo que aumenta la probabilidad de fertilidad.
Sin embargo, en casos de ciclos menstruales irregulares, que no se producen de manera consistente cada 25 a 35 días, es importante seguir el estado y ritmo del ciclo a través de síntomas como el flujo vaginal, el dolor pélvico o la temperatura basal. Esto ayuda a identificar los días más fértiles de la mujer y mejorar las oportunidades de concepción de manera efectiva.
Fertilidad Masculina
La infertilidad masculina suele ser causada principalmente por problemas que afectan la producción o liberación de espermatozoides. La azoospermia, donde no se expulsan espermatozoides en el eyaculado, y la oligospermia, que implica una producción reducida de espermatozoides, son dos de las causas más comunes. Estos problemas pueden tener diversas causas, como desequilibrios hormonales que afectan la producción de espermatozoides u obstrucciones en los conductos deferentes que impiden su liberación.
Además de estos factores médicos, al igual que en la fertilidad femenina, el estilo de vida y los factores ambientales también desempeñan un papel vital. El sobrepeso, el consumo de ciertos medicamentos, el tabaco, el alcohol, las drogas y la hipertensión han demostrado influir negativamente en la calidad y cantidad de espermatozoides. Estos factores pueden afectar la capacidad natural del hombre para fecundar un óvulo de manera efectiva.
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Por lo tanto, abordar tanto los problemas médicos subyacentes como los factores del estilo de vida es fundamental para tratar la infertilidad masculina y mejorar las probabilidades de concebir de manera natural. Un enfoque integral que incluya cambios en el estilo de vida y opciones de tratamiento médico puede ser determinante para aquellos que enfrentan estos desafíos.
Probióticos para Mejorar la Fertilidad
En cuanto a la infertilidad femenina, el microbioma genital juega un papel principal según la investigación disponible. Los desequilibrios en la composición microbiana y la falta de Lactobacillus pueden tener efectos adversos significativos en las técnicas de reproducción asistida y contribuir a fallos en la implantación del embrión. Se ha observado que niveles adecuados de Lactobacillus crispatus protegen contra la vaginosis bacteriana asintomática, una condición asociada comúnmente con Ureaplasma y Gardnerella vaginalis, ambos factores que pueden comprometer la fertilidad femenina.
La presencia de bacterias Gram-negativas, Chlamydia trachomatis y Gardnerella vaginalis en la flora cervical, especialmente en ausencia de Lactobacillus, se relaciona con condiciones de infertilidad. Además, la falta de una flora dominada por Lactobacillus en el endometrio también se ha vinculado con fallos recurrentes en la implantación del embrión. Este hallazgo está respaldado por la prevalencia de especies como Bacteroides en el endometrio de mujeres que no han logrado embarazarse de manera natural.
Estudios recientes han demostrado que una microbiota vaginal rica en Lactobacillus aumenta las probabilidades de éxito de quedarse embarazada. Lactobacillus crispatus fue la especie más abundante en mujeres que lograron quedarse embarazadas, pasando de una probabilidad del 19,1% al 46,9%.
Por lo tanto, consumir productos probióticos especializados en la microbiota vaginal puede mejorar las condiciones del sistema reproductor femenino e incrementar la fertilidad en casos específicos donde esta se haya visto afectada.
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