Dile a Patri que Quería Dos Hijos con Sus Ojos: Significado y Reflexiones
A veces, podemos caer en la tentación de pensar que Dios está ocupado en “otras cosas” más importantes que nosotros, y nada más lejos de la realidad; Él nos quiere infinitamente y quiere que seamos felices viviendo el plan que tiene pensado para nosotros, para nuestro matrimonio, y le duele cuando nos alejamos de este plan. Y ¿cuándo nos alejamos?
Este artículo explora diversas reflexiones sobre la vida, las relaciones familiares y las decisiones que tomamos, especialmente en el contexto de la adolescencia y el divorcio.
El Amor y la Voluntad Divina
Mi querido Jesús, estas palabras tuyas me interpelan. Quieres que sea muy feliz. Me has dado todo lo que necesito para empezar a serlo aquí en la tierra y gozar contigo toda la eternidad. Me amas con locura, has muerto por mí, te has quedado en la Eucaristía, me has enviado al Espíritu Santo, me has dado a tu Madre, a los Sacramentos,… Y me miras con tristeza porque ves que sigo buscando la felicidad donde no está, sigo con otros señores en mi corazón que impiden que Tú reines en él.
Son señores aparentemente inofensivos, que si este ratito de móvil de más, que si esto que “lo necesito”, que si mi trabajo, que si quedar por encima porque tengo razón,… Y no son inofensivos, son las cadenas disimuladas que atenazan mi corazón e impiden que se llene de tu Amor. Y lleno de tu Amor, ya mi corazón podría amar, amarte, amar a mi cónyuge, a mi familia,… como Tú quieres.
Señor, hoy quiero decirte sí, ya para siempre. Con la determinada determinación de hacer tu Voluntad cada segundo. Con la ayuda de tu gracia, sé que lo conseguiré.
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Reflexiones Matrimoniales
El Señor, con este evangelio, me ha mostrado que primero debo estar pendiente de ti y los niños y, después, de los demás, de mi trabajo… ¿De qué sirve hacer grandes cosas o grandes proyectos si, al final, en casa no lo hago primero? Perdóname, de verdad, no era consciente de lo sola que te he dejado.
Cariño, me encanta que seas capaz de ver qué te dice el Señor y también de decírmelo después. Te pedimos que nos ayudes a ser capaces de ver las necesidades de nuestro esposo (y todas las personas que tenemos cerca), para poder vivir como el Señor, con el corazón dispuesto a darse en todo momento.
Desde la Cruz, Cristo no nos olvida. Su Amor sigue fluyendo incluso en el dolor. María no se apartó de la Cruz, aunque le desgarraba ver a su Hijo morir de forma cruel e injusta. Permaneció firme, ofreciendo su dolor con amor.
¿Te imaginas ver morir a tu hijo? ¿O ver a tu esposo “crucificado” por sus pecados o heridas? Y sin embargo, María no huyó. Nosotros, en cambio, muchas veces escapamos del sufrimiento cuando se manifiesta en el otro. Pero el dolor, unido a Cristo, deja de ser castigo sin sentido y se convierte en ofrenda y redención. Como María, podemos ofrecer nuestras lágrimas, cansancio o decepciones por el alma del otro.
Hoy, el Señor nos recuerda que sí se puede estar junto al que sufre, y que María es modelo y madre en nuestro camino matrimonial.
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La Perspectiva y la Confianza
Totalmente; ver para creer. Ahora veo claro que la vida la tenemos que ver en perspectiva y no hacer un mundo de cada obstáculo que nos surge en el día. Qué sencillo es todo y que complicado lo vemos a veces. Si me dices hace unos años que hoy iba a confiar tanto en nuestra Madre, te diría que estás loca.
Te quiero agradecer tu paciencia en llevarme a Ella pese a mi incredulidad y mi actitud negativa hacia todo lo que me venía de ti y de tu fe. Debí de ser una auténtica cruz para ti todo ese tiempo y sin embargo, ahí estuviste junto a mí y con nuestra Madre, ofreciéndolo en silencio .
Le tenemos que dar gracias a la Virgen por cómo ha protegido y lo sigue haciendo diariamente , a esta gran familia que tanto la quiere. Hoy te conmemoramos como Señora de los Dolores centrándonos en los siete dolores que nos recuerda la Iglesia.
El Desafío de la Adolescencia y la Custodia
Llevas tiempo divorciada y tienes la custodia de tus hijos. Hace tiempo que superasteis los problemas del divorcio, tienes una relación afable con tu ex, tus hijos aceptan con naturalidad las visitas, los fines de semana con su padre… Y de repente llega la adolescencia y un buen día te dicen que se quieren ir a vivir con él. ¿Pueden elegir? ¿Hay que permitírselo? ¿Es normal?
Lo cierto es que se trata de una situación relativamente frecuente. Y aunque me voy a centrar en la última pregunta, en lo que tiene de normal, voy a empezar respondiendo a las dos primeras.
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¿Puede mi hijo adolescente cambiar el acuerdo de custodia?
Siempre y cuando no medie ninguna situación grave, ninguna orden de alejamiento o problema mayor, tu hijo adolescente tiene derecho a vivir con su padre, y su padre, claro, derecho a vivir con él: quizá el acuerdo firmado en el momento del divorcio diga que va a vivir contigo, pero se puede modificar.
De hecho, si, en el peor de los casos, la situación termina en los tribunales, debes saber que tu hijo siempre tiene derecho a ser escuchado (la convención de derechos del niño así lo avala), especialmente a partir de los 12 años, y que a partir de los 14 un juez tendrá muy en cuenta sus deseos.
Eso no significa que le corresponda a tu hijo adolescente decidir con quién vivir: las decisiones importantes nos toca tomarlas a los adultos, y así lo va a entender un juez. Y, por supuesto, debes pensar que en caso de duda, prevalece siempre el interés supremo del menor: es lo que marca la ley.
Pero lo cierto es que, en España, los jueces suelen decantarse (salvo casos excepcionales, como decía) por la opción preferida por el menor. Y, lo más importante, entrar en un proceso judicial te llevará a desconectar con tu adolescente, que probablemente sea lo último que quieras, así que no merece la pena, si puedes evitarlo.
¿Cómo respondo a mi hijo adolescente si dice que quiere vivir con su padre?
Como casi siempre que hablamos de adolescencia, la clave está en que no te lo tomes como algo personal (lo sé, es más fácil de decir que de hacer) y en que intentes siempre buscar otros motivos en lo que te está pidiendo tu hijo adolescente. En definitiva, se trata de que habléis. Sé que en ocasiones es complicado, pero sí, es posible dialogar con tu hijo adolescente.
- Abre el diálogo sin sobre reaccionar: Si la idea de irse con su padre ha surgido en un momento de conflicto (en medio de una discusión, por ejemplo), mi consejo es que te tomes tu tiempo para responder; que te marches, incluso, a otra habitación si sientes que te estás enfadando demasiado. No se trata de esconder tus sentimientos (tu adolescente puede y debe saber que lo que ha dicho te ha molestado mucho), sino de evitar escalar el conflicto. Más tarde, cuando estéis tranquilos, podréis hablarlo.
- Descubre las razones por las que quiere irse con su padre: Tu hijo adolescente no te está pidiendo irse a vivir con su padre porque te odie, o te tenga manía, sino por razones evolutivas, cerebrales.
Lo habitual, independientemente de la situación familiar, es que un adolescente se aleje de la familia: que vaya hacia afuera, normalmente hacia las amistades, que pruebe cosas nuevas. Este alejamiento de lo conocido le permite experimentar con su propia identidad, descubrir quién es y prepararse para la vida adulta. No olvides que construir su identidad es la primera labor de la adolescencia.
Con sus nuevas experiencias, tu hijo adolescente se está formando una visión sobre la vida, una visión personal, propia, en la que tiene su propia idea sobre cómo debería organizarse el tiempo que pasa contigo, con su padre, con sus amistades…
Puede, incluso, que en este “diagnóstico” acerca de su relación con vosotros, tu hijo adolescente quiera recuperar tiempo con su padre, reconectar con él, y que piense que la solución más fácil para ello sea ir a vivir a su casa. Pero todo esto solo lo sabrás si te tomas el tiempo de escucharle, de conocer sus razones. Si le juzgas, si te victimizas (“mira lo que me sacrifico por ti y así me lo pagas”) solo te alejas de él.
Y no te olvides de que en esta situación vais a ser tres y, en cuanto hables con tu adolescente, preocúpate de llamar también a su padre, para saber lo que piensa y cómo podríais organizaros.
Replantea tu relación con tu hijo adolescente
A lo mejor has escuchado las razones de tu adolescente, y te han dolido. Quizá te haya dicho que necesita que le trates de otra manera. Si es el caso, intenta dejar a un lado tus sentimientos y plantearte si todavía sigues tratando a tu adolescente como cuando tenía cinco o seis años: tomando tú todas las decisiones y no escuchando su opinión.
- Intenta ser más flexible: Si los conflictos con tu adolescente son cotidianos, excesivos, quizá en el deseo de irse con su padre hay una necesidad de huir de una situación difícil.
- Suelta el control: En ocasiones, en las parejas separadas, la persona que tiene la custodia de los hijos (que suele ser la madre) siente necesidad de controlar, incluso, lo que hacen con el padre. Y aunque comprensible, se trata de una actitud muy negativa, que incomoda a los niños y suele enfadar a los adolescentes: les parece injusto, y se rebelan contra ello.
Muchos adolescentes, también, parece que prefieren estar con el padre porque su educación es más laxa. Esto tampoco lo puedes controlar: a menos que haya una clara dejación de funciones, tu ex tiene derecho a educar como desee.
¿Qué hago si mi adolescente se va con su padre?
Me gusta decir que la adolescencia es la etapa de la vida en la que más aplica eso de que lo único constante es el cambio. La vida es puro cambio, y el cambio no es un problema, pero la resistencia al cambio sí lo es.
Así que si finalmente tu hijo adolescente se acaba yendo a vivir con su padre, deberías aceptarlo como un cambio más en la vida, establecer un régimen de visitas y, sobre todo, tener en cuenta que no debes forzar nada: eso hará que se quiera alejar de ti.
Puede que durante un tiempo vuestra relación sea más distante: en ese caso, ocúpate de recordarle que estás ahí, establece una cercanía afectiva que vaya más allá de lo físico, dile que no le culpas por su decisión, que le sigues queriendo igual.
Que tu hijo prefiera, en un momento dado, irse a vivir con su padre es difícil de aceptar, pero no es, en absoluto, un fracaso: significa, en todo caso, que es capaz de expresar sus propias necesidades y tomar decisiones.
Así que prepárate tú también para acompañarle en esta nueva etapa, de una manera diferente, adaptándote a sus necesidades como lo has ido haciendo durante todos estos años, desde que nació.
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