Dolor de Estómago Tipo Cólico: Causas y Tratamiento

24.11.2025

El dolor de estómago, o dolor abdominal, se refiere a una molestia o dolor que se siente en la zona abdominal. El término "dolor de estómago" se utiliza para describir la sensación de dolor o malestar abdominal. El abdomen se extiende desde las costillas hasta la pelvis, y esta amplia zona alberga todos los órganos del sistema digestivo.

Los dolores de estómago pueden estar causados por cualquiera de estos órganos, la pared abdominal o por los músculos abdominales externos. El dolor en la zona abdominal puede experimentarse con diferentes tipos de sensaciones, por ejemplo: dolor sordo o agudo, ardor o calambres. También puede ser localizado (en un lugar muy concreto) o generalizado (en una zona extensa). En algunos casos, el dolor puede llegar a otras zonas, como la espalda, la pelvis o el pecho. El dolor de estómago es una dolencia común, y tiene muchas causas posibles, algunas de las cuales pueden ser graves.

Posibles Causas del Dolor de Estómago

Si el dolor de estómago se produce después de comer, probablemente las causas del dolor de estómago estén relacionadas con los procesos digestivos. En este caso, entre las posibles causas del dolor de estómago se incluyen:

Indigestión

La indigestión, también conocida como dispepsia, puede resultar otra causa de dolor de estómago y se suele experimentar como dolor o malestar en la parte superior del abdomen y sucede cuando los nervios del estómago se vuelven excesivamente sensibles. Puede ir acompañada de ardor de estómago, de una sensación de estar demasiado lleno, de hinchazón, eructos y/o flatulencias. Aunque desagradable, esta condición suele ser un episodio pasajero que desaparece por sí solo.

Gases

Los gases intestinales están compuestos por vapores inodoros (oxígeno, dióxido de carbono, nitrógeno, metano e hidrógeno), pero cuando se mezclan con las bacterias intestinales pueden crear un olor desagradable. Este gas suele salir del cuerpo por la boca o el recto, pero a veces queda atrapado y se acumula en el estómago, provocando hinchazón y dolor. A menudo, esto es consecuencia de consumir demasiados alimentos que producen gases, como las legumbres, las coles de Bruselas o el repollo. También puede ser un signo de intolerancia a ciertos alimentos, una infección bacteriana o vírica, o problemas digestivos graves, como la celiaquía o el síndrome del intestino irritable.

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Alergias e Intolerancias Alimentarias

Una intolerancia alimentaria, o dificultad para digerir un determinado alimento, puede provocar hinchazón y dolor de estómago. En el caso de una alergia alimentaria, el cuerpo trata el alimento como una amenaza, lo que desencadena una respuesta inmunitaria inmediata que puede incluir una erupción o la inflamación de las vías respiratorias. En casos extremos, una alergia alimentaria puede causar anafilaxia (o shock anafiláctico). El 90% de todas las alergias alimentarias son al marisco, el pescado, los huevos, la leche, los cacahuetes, los frutos secos, la soja o el trigo. Las pruebas de alergia aún están en sus inicios. Existen algunas pruebas de intolerancia alimentaria, como la prueba de hidrógeno en el aliento para la lactosa. Los expertos aconsejan llevar un diario de alimentos para evaluar qué alimentos pueden crear problemas gastrointestinales a una persona en concreto.

Intoxicación Alimentaria

La intoxicación alimentaria se produce al ingerir alimentos contaminados con gérmenes. Además de calambres intestinales, los síntomas pueden incluir náuseas, vómitos, malestar estomacal, diarrea y fiebre. La mayoría de los casos de intoxicación alimentaria pasan sin requerir atención médica; sin embargo, si los síntomas son persistentes o graves, puede ser necesario un tratamiento médico.

¿Cómo Aliviar el Dolor de Estómago?

El dolor de estómago tiene una gran variedad de causas; la mayoría de ellas son benignas, episódicas y pueden evitarse siguiendo consejos tales como:

  • Hidratación: favorece los procesos digestivos y reduce la acidez estomacal.
  • Evitar acostarse justo después de comer: para prevenir la indigestión.
  • Evitar el tabaco y el alcohol, ya que ambos podrían desencadenar el reflujo ácido.
  • Seguir una dieta variada y saludable evitando el consumo excesivo de alimentos procesados.
  • Controlar el estrés y la ansiedad.
  • Practicar una actividad física de forma regular.

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Un diagnóstico correcto y precoz es clave para aliviar el dolor de estómago, independientemente de la gravedad de los síntomas. Algunos signos permiten al médico diagnosticar la enfermedad con sólo examinar el historial médico del paciente y realizar un examen físico externo. Para los casos más graves o complicados, los médicos también disponen de muchas herramientas diagnósticas para ayudar a identificar el origen específico de un dolor de estómago: un examen físico exhaustivo, análisis de sangre y orina, pruebas de la función pulmonar, ecocardiogramas, ecografías, radiografías, tomografías computarizadas (TC), resonancias magnéticas, endoscopias y colonoscopias.

Si el dolor de estómago es persistente o intenso, o empeora con el esfuerzo, o si el abdomen está hinchado o sensible, o si el dolor va acompañado de fiebre persistente, náuseas o vómitos persistentes, ictericia (coloración amarillenta de la piel y ojos), sangre en las heces, la orina o el vómito, se debe buscar atención médica.

Procesos Abdominales Comunes en Urgencias

Gastritis Aguda

Es un proceso inflamatorio agudo que afecta a las paredes del estómago, en especial a la mucosa. En ocasiones, se asocia con la afección de otros tramos del tubo digestivo, es decir, lo que se engloba bajo el concepto de gastroenteritis.

Para llegar al diagnóstico es importante hacer un estudio detallado sobre las causas que pueden desencadenarla: factores alimentarios, como la susceptibilidad a las especias, el café, el té; sobredosis o hipersensibilidad a determinados fármacos, como el ácido acetilsalicílico, los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) y los citostáticos; infecciones alimentarias; cetoacidosis diabética; alteraciones renales que produzcan uremia; ingestión de agentes caústicos y úlceras de estrés secundarias a quemaduras (úlceras de Curling), lesiones del sistema nervioso central (úlceras de Cushing) y politraumatismos.

Las manifestaciones clínicas de la gastritis aguda consisten en dolor una hora después de las comidas; es característico que los vómitos mejoren la sintomatología, que cursa, además, con anorexia y eructos frecuentes.

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El diagnóstico es fundamentalmente clínico, y el diagnóstico diferencial se establece con otros procesos abdominales, como la pancreatitis aguda (para lo que se valorarán amilasemia y amilasuria alipasas), y el infarto agudo de miocardio.

El tratamiento depende de la intensidad de la gastritis. En los casos leves están indicados: suspensión del factor determinante; dieta inicialmente con líquidos y luego blanda, y tratamiento con alcalinos y metoclopramida para tratar los vómitos.

En los casos graves, con vómitos importantes, puede ser necesario el ingreso del paciente en el hospital, donde se le administrará: sueroterapia con el fin de atajar las alteraciones hidroelectrolíticas; dieta absoluta; sonda nasogástrica, y antagonistas H2. Los casos en que la gastritis tenga como causa un agente tóxico o bacteriano tienen tratamiento específico.

Brote Ulceroso Gastrointestinal

Con la manifestación de brote ulceroso acuden muchos pacientes al hospital reclamando asistencia sanitaria por dolor epigástrico. La historia clínica suele orientar el diagnóstico, al relatar episodios dolorosos con ritmo estacional que mejoran con la ingestión y los alcalinos. El dolor suele localizarse en la parte media del epigastrio, y en la úlcera gástrica es posprandial con una duración de 30 min a 2 h; en el caso de la úlcera duodenal el dolor aparece tardíamente y mejora con la ingesta siguiente.

El dolor que aparece de forma súbita localizado en el epigastrio y generalizado después al resto del abdomen en un paciente con historia ulcerosa debe alertar sobre la posibilidad de perforación. Si se irradia al dorso hay que tener presente la posibilidad de penetración en el páncreas.

El diagnóstico diferencial debe establecerse con la pancreatitis, para lo que se llevarán a cabo determinaciones de amilasemia y amilasuria, y con la perforación; que se debe excluir cuando se detecta irritación peritoneal. Se practicarán radiografías de tórax y abdomen en bipedestación buscando la existencia de neumoperitoneo.

El tratamiento consiste en la administración de alcalinos: una y tres horas después de la comida, antes de dormir y siempre que haya dolor.

Si además existen náuseas y vómitos se administrará metoclopramida o cleboprida. En casos en que el dolor no haya cedido con antiácidos el tratamiento consistirá en reposo, sueroterapia, sonda nasogástrica, alcalinos cada 3 h y ranitidina, 150 mg cada 12 h por vía oral o 50 mg cada 6 h por vía intravenosa.

En cuanto a las recomendaciones dietéticas se aconseja evitar los alimentos condimentados, el té, el café y el tabaco. Durante la fase aguda puede ser útil la dieta líquida.

Perforación Gastroduodenal

Es la complicación más grave de la úlcera gastroduodenal, ya que es motivo de peritonitis generalizada. La perforación es más frecuente en las úlceras duodenales que en las gástricas, y más del 75% de los pacientes tiene antecedentes previos de úlcera péptica.

El dolor de la perforación es epigástrico, con inicio súbito de gran intensidad, irradiado al resto del abdomen; por irritación del nervio frénico los pacientes manifiestan dolor en el hombro.

A veces se puede irradiar a la fosa ilíaca derecha por irritación del contenido gástrico a través del espacio parietocólico derecho, causando confusión con la apendicitis aguda perforada o síndrome de Rodolfo Valentino. En la exploración física pueden aparecer rigidez abdominal y abolición del peristaltismo.

El diagnóstico se efectuará detectando la presencia de neumoperitoneo y líquido libre en la cavidad abdominal mediante ecografía. El tratamiento es quirúrgico.

Apendicitis Aguda

Es una infección bacteriana inespecífica del apéndice vermiforme; normalmente la procedencia de los gérmenes es la propia flora intestinal. Es la causa más frecuente de abdomen agudo quirúrgico y afecta sobre todo a grupos etarios comprendidos entre los 20 y los 30 años, sobre todo a los varones.

La inflamación del apéndice tiene diferentes fases:

  • Fase catarral-flemonosa: el apéndice está hiperémico, edematoso y hay exudado peritoneal.
  • Fase supurada: aparecen placas de fibrina y puede haber pus intraluminal. En el peritoneo aparece un exudado peritoneal seropurulento.
  • Fase gangrenosa: hay placas de necrosis en el apéndice, y el exudado peritoneal es purulento; con frecuencia se asocia con perforación.

Las manifestaciones clínicas de la apendicitis consisten en: dolor abdominal cólico leve y mal localizado en la zona epigástrica o periumbilical que, en el transcurso de 4 a 6 h desde su inicio, se desplaza a cuadrante inferior derecho, se hace constante y más intenso, y aumenta de intensidad con los movimientos; suele acompañarse de náuseas y vómitos.

Analíticamente existe leucocitosis con desviación a la izquierda, así como alteración en los reactivos de fase aguda, como la velocidad de sedimentación glomerular y la proteína C reactiva.

Según la edad, la clínica puede diferir de este modo:

  • En los niños la evolución del proceso es muy rápida y a menudo cursa con distensión abdominal y deposiciones diarreicas.
  • En el anciano los síntomas son poco manifiestos y con frecuencia se llega a un diagnóstico tardío; en ellos la morbimortalidad es muy elevada.

Según la localización del apéndice también pueden diferir las manifestaciones clínicas:

  • En la apendicitis pelviana puede haber síntomas urinarios como polaquiuria y disuria, y síntomas rectales, como tenesmo.
  • En la apendicitis retrocecal los síntomas son muy solapados y el dolor se localiza por encima de la espina ilíaca superior y en la fosa lumbar. Puede aparecer hematuria.

La apendicitis tratada a tiempo se convierte, en la mayoría de los casos, en una enfermedad banal y de fácil solución mediante cirugía; por ello son importantes la historia clínica y la exploración abdominal.

En la exploración se observa a un paciente quieto y en ocasiones en posición fetal antiálgica. Puede haber elevación de la temperatura que no suele superar los 38,5 oC.

La palpación abdominal es la medida diagnóstica más importante y debe realizarse con la palma de la mano, con lo que se detectan hiperestesias en el cuadrante inferior derecho y dolor de forma específica en el punto de McBurney, que corresponde a la unión de los dos tercios internos con el tercio externo de la línea que une el ombligo con la espina ilíaca anterosuperior. A veces el dolor se desencadena con la palpación en la fosa ilíaca izquierda: signo de Rovsing. El dolor a la descompresión de la fosa ilíaca derecha se denomina signo de Blumberg y es muy específico. También puede observarse el dolor a la descompresión de la fosa ilíaca izquierda y se denomina signo de Jacobs.

Si se deja progresar la clínica el paciente termina en un abdomen agudo con contractura muscular.

El tacto rectal será doloroso en la apendicitis pélvica y de haber absceso o plastrón apendicular. Las pruebas complementarias suelen poner de manifiesto leucocitosis con desviación a la izquierda. Para descartar enfermedades concomitantes o realizar el diagnóstico diferencial se debe realizar sedimento de orina.

En la radiografía simple de abdomen puede encontrarse con frecuencia un fecalito, el ciego distendido, una masa o gas intraapendicular. La ecografía es importante para establecer el diagnóstico diferencial entre apendicitis retrocecal y otras entidades urológicas.

El tratamiento es quirúrgico, ya sea por cirugía abierta o laparoscopia y consiste en la apendicectomía.

En el caso de plastrón apendicular existen dos opciones: tratamiento antibiótico y apendicectomía diferida a los 4 o 6 meses o bien realizar apendicectomía de entrada. Los abscesos deben drenarse y es necesario administrar antibióticos.

Gastroenteritis Aguda

Consiste en un desequilibrio brusco del hábito deposicional con aumento de la frecuencia, la fluidez y el volumen de las deposiciones durante un período inferior a 4 semanas, ya que pasado este tiempo se considera síndrome diarreico crónico, y se requiere un estudio más meticuloso.

Las etiologías de la gastroenteritis agudas pueden ser:

  1. Infecciosas:
    • Infecciosas inflamatorias por invasión de la mucosa.
    • No inflamatorias o enterotóxicas que a su vez se dividen en: cepas adheridas a la mucosa que produce una enterotoxina invasiva; e ingestión de enterotoxinas preformadas en los alimentos.
  2. No infecciosas: Las principales son: enfermedad inflamatoria intestinal, valvulopatías, endocrinopatías (diabetes, hipertiroidismo, enfermedad de Addison, hipoparatiroidismo), cirugía digestiva (vagotomía, gastrectomía, resección intestinal), enteritis radiógena, neoplasias (adenoma velloso, carcinoma carcinoide), tóxicos (cafeína, alcohol, setas, arsénico, pesticidas organofosforados), fármacos (antibióticos, laxantes, antiácidos, AINE, bloqueadores beta, inhibidores de la angiotensina, anticonceptivos orales, etc.).

Las intoxicaciones alimentarias deberán ser considerados ante la ingestión de productos sospechosos; el período de incubación en caso de que el germen sea un estafilococo que suele darse con los productos de repostería, sobre todo con la nata, es muy corto (aproximadamente 4 h). En el caso de Salmonella la clínica tarda más tiempo en aparecer.

Para el diagnóstico es importante llevar a cabo una detallada historia clínica, que valorará enfermedades subyacentes, fármacos, tóxicos, viajes, factores de riesgo sexuales, etcétera.

En la exploración clínica es importante valorar los signos de deshidratación (piel y mucosas secas, oliguria e hipotensión). El estado general, el nivel de conciencia, la pérdida de peso, etc. Se realizará una exploración clínica en busca de signos de peritonitis.

Otro aspecto que es necesario tener en cuenta es si el cuadro de gastroenteritis cursa con manifestaciones extraintestinales: así, por ejemplo, la asociación de ictericia y hepatosplenomegalia apunta a una infección por Salmonella; la afección pulmonar hará pensar en el virus Shigella; el síndrome de Reiter en Yersinia o en una gonococia; la dermatitis herpetiforme, en un esprue; el eritema nudoso, el pioderma gangrenoso y las aftas orales, en enfermedad inflamatoria; el flush, en carcinoma carcinoide, y la tiroiditis, la pericarditis y la glomerulonefritis, en Yersinia.

En este tipo de pacientes es necesario solicitar analíticas para valorar hemoglobina, el recuento y la fórmula leucocitaria, así como ionograma, función renal y, en casos graves, equilibrio acidobásico.

Se realizará una radiografía de abdomen en bipedestación. Asimismo son necesarios los hemocultivos, si hay fiebre. El examen de las heces puede proporcionar datos sobre las características del germen.

El tratamiento consiste en reposición del volumen mediante suero oral, para lo cual se diluye el sobre en un litro de agua y se administra aproximadamente 1,5 l por cada deposición. Cada sobre contiene 20 g de glucosa, 1,5 g de ClK, 3,5 g de ClNa y 2,5 g de CO3HNa. En el caso de deshidratación grave o vómitos intensos se recurrirá a la sueroterapia con suero fisiológico, 500 ml/8 h, y suero glucosado al 5-10%, 500 ml/8 h, a los que se añadirán 10 mEq de CIK.

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