¿Dónde están los niños?: Un clamor por la paz

16.11.2025

Los niños y las niñas nunca inician las guerras, pero son quienes más las sufren. En Gaza, varias generaciones de niños y niñas han vivido guerras o conflictos seis veces: en 2006, 2008, 2012, 2014, 2021 y otra vez desde octubre de 2023 hasta hoy. Hay un límite a lo que las mentes jóvenes pueden soportar.

El impacto devastador de la guerra en la infancia

Ninguna palabra puede captar la esencia de lo que las brutales guerras dejan atrás. Cientos han quedado sepultados bajo toneladas de escombros donde antes había hogares, colegios y hospitales. Aproximadamente 20.000 niños y niñas se cuentan entre los 67.000 palestinos asesinados en Gaza según cifras oficiales desde octubre de 2023. También murieron 1.200 personas en Israel. Miles más han resultado heridos, huérfanos o perdidos en las sombras del trauma emocional.

Muchas de ellas han visto morir o amputar a sus hijos e hijas. He visto de primera mano la inexplicable brutalidad de la guerra y el impacto de las armas, las explosiones y las quemaduras en los niños y las niñas de Gaza y otras zonas en misiones humanitarias. No hay ganadores en las guerras. Me he dado cuenta de esto en los rostros de niños, niñas y madres en zonas de conflicto -en Gaza, Irak, Afganistán, Ucrania y más allá-.

La paz como un nuevo comienzo

Para estos niños, niñas y sus madres, la paz es un nuevo momento, un nuevo comienzo. Llevan consigo los recuerdos dolorosos del pasado mientras avanzan. El silencio, en Gaza, no sería vacío; sería el sonido de la supervivencia, de la vida que se atreve a regresar. El miedo podría dar paso a verdaderas canciones -cantadas por madres que ya no tienen que susurrar ni llorar en la oscuridad-.

La paz es la libertad de despertar y encontrar sus casas o escuelas -o lo que quede donde antes estuvieron- aún en su imaginación. Ningún niño ni niña debería formar parte de una guerra -nunca-. Y la verdadera paz no es solo el silencio de las armas. Es el punto de partida para sanar las heridas que dejan las balas y las bombas. Es reconstruir aulas donde la risa reemplace el sonido de los escombros que caen.

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La paz no es solo la ausencia de guerra

La paz no se define solo por la ausencia de guerras ni es una pausa entre dos guerras. Por eso, la paz debe viajar en una sola dirección: hacia cada niño y niña, cada familia, cada aula destrozada y cada parque bombardeado. Las negociaciones pueden comenzar en habitaciones cerradas, pero, para que cobre sentido, la paz es algo que debe vivirse en los hogares, escuelas, hospitales, bibliotecas, cafés del mercado y calles.

La paz suele ser el sonido de lápices rayando el papel en lugar de sirenas de alerta. Es una niña caminando segura hacia la escuela o un niño chutando una pelota sin miedo, o volando una cometa. Cuando la paz finalmente llegue -y todos debemos creer que lo hará, incluso cuando cada negociación parezca inestable y “sea un paso adelante y dos hacia atrás”, como suelen describir los negociadores de paz-, no será vacía. Será sagrada.

La esperanza en acción

Ayer visité un almacén humanitario en El Cairo. Jóvenes voluntarios y voluntarias -algunos aún en la universidad- trabajaban hombro con hombro con mis colegas de Plan International Egipto, empaquetando alimentos y cargando camiones con destino a Gaza. Había un ritmo tranquilo en su labor, un propósito compartido que hablaba más fuerte que las palabras. La esperanza estaba en todas partes: en sus manos, en sus ojos, en la forma en que se movían más rápido a medida que avanzaba otro día ansioso, aunque más optimista.

Para los niños y las niñas de Gaza, la paz es el derecho a crecer con dignidad, a reír sin estremecerse, a reconstruir recuerdos no de guerra, sino de asombro. En medio del polvo y los escombros de Gaza, conocí a Omsiyat, una niña de 12 años. Recuerdo vívidamente 2009 -otra guerra brutal, otra misión-. Omsiyat y sus amigos recogían libros quemados y carteles de paz hechos con lápices entre los restos de su colegio parcialmente quemado. Una sonrisa -yo la llamaría una “sonrisa y media”- se dibujó en el rostro de otra niña cuando encontró un cartel colorido que había dibujado. Cuando la paz viaja en una sola dirección, se trata de esperanza y de vida.

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