Donde Hay Una Necesidad Nace Un Derecho: Origen y Desarrollo
Estudiar las necesidades del hombre es indispensable para conocer las exigencias, los deseos, las satisfacciones y las carencias de las personas y de las colectividades. Algunos economistas no captan que es una prioridad para entender la condición humana, limitándose a hacer una clasificación de ellas. Es obligado que la economía estudie las necesidades, pues aparte de intentar establecer una teoría general, debe suministrar las posibilidades reales de alcanzarlas, o señalar las variables que lo impidan. La economía no sólo debe tratar de conseguir los medios para que las necesidades psicológicas sean satisfechas, sino que también será una actividad dedicada a la producción que va mucho más allá de la satisfacción de las necesidades inmediatas.
La economía se enfrenta a limitaciones y, lo que es más importante, debe elaborarse teniendo en cuenta las diferentes circunstancias con las que se va a encontrar, entre ellas las que provienen de los precedentes de las propias necesidades sometidas a variaciones.
Aquí se defienden tres aspectos que asientan las bases para una teoría de las necesidades:
- Que hay que situarlas en dos planos: en la naturaleza y en la cultura.
- Que se pueden extender indefinidamente, lo que condicionará el consumo.
- Que es necesario que aumenten para que se desarrolle la economía y pueda ponerse en práctica una política social cada vez más avanzada.
Ahora bien, el conocimiento de las necesidades exige ir más allá de los estudios económicos, precisándose de la aportación de otras disciplinas como la filosofía, que tienen un campo mucho más amplio. También se habrán de tener en cuenta los factores políticos, los psicológicos, los morales, etc., así como las disposiciones y valores como la felicidad, el bienestar, la seguridad, la libertad, etc.
De la Economía de Subsistencia al Progreso de la Producción
Las sociedades primitivas que viven en la autarquía no van más allá de la satisfacción de las necesidades primarias. La división del trabajo es muy rudimentaria y simple. Resulta imposible las acciones creativas alejadas del sistema social establecido. De ahí la obligación de seguir las costumbres y las reglas, porque unas conductas diferentes pueden socavar todo el sistema social creado. Mantener las costumbres tiene un valor vital.
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La división del trabajo se desarrolla desde el momento que aparece un sistema de cambio que, al conllevar nuevas conductas, modifica las relaciones. La naturaleza del intercambio, aunque se reduzca a las necesidades primarias, abre la posibilidad de intercambiar otros objetos, y, a su vez, aumentarlos. El intercambio provoca que haya reserva de fondos de bienes, al no cambiarse solamente los productos para la satisfacción inmediata. Una vez que el excedente pueda transformarse en bienes no perecederos y no consumibles, como es el caso de la moneda, el sistema de cambios desarrolla el comercio y las cosas llegan a ser mercancías. A partir de entonces, la noción de necesidad adquiere una nueva significación y, si se quiere, se amplía a otros niveles en los que ya se plantean las diversas combinaciones, surgiendo la oferta y la demanda, los equilibrios y las fluctuaciones.
Una vez aparecido el intercambio y los excedentes, se transforman las estructuras de la sociedad. El horizonte social se abre a nuevas relaciones y aumentan las transacciones y los contratos, que inevitablemente modifican tanto la naturaleza como el tipo de conflictos, provocando a su vez nuevas formas de regulación social. Es normal que se extienda la relación comercial con otras sociedades, obligando a la innovación con el fín de responder a los nuevos requerimientos, repercutiendo en las estructuras interiores. Indudablemente no todas las relaciones son pacíficas, sino que también aparecen nuevos conflictos por los diferentes intereses en juego, por las discrepancias en las ideas, etc. O por simplificar: los que prefieren mantener un sistema con los valores tradicionales y los que quieren abrirse a nuevas formas.
Si hacemos referencia a la condición social o a la estructura social, es indudable que en la medida que hay una economía más evolucionada, crecen las posibilidades de la población en relación a la producción y aumenta la complejidad social. Cualquier régimen con una producción desarrollada introduce contínuamente nuevas desigualdades. Gracias a saber encontrar el camino del desarrollo se puede superar el imperativo de la inmediatez, saliendo del estado de necesidad, de las limitaciones y de la determinación que impone la naturaleza.
El Rol de las Necesidades Secundarias
Históricamente, el cambio substancial llegó cuando la producción se desarrolló por sí misma. Lo que ha originado el progreso de la producción ha sido la aparición de las necesidades secundarias, que han llegado a ser tan importantes como las elementales. La acumulación de bienes primarios y secundarios no ha sido hecha a partir de la propiedad, sino sobre los medios y las técnicas de producción, por tanto, a partir de la productividad. Ésta, consiste en aumentar la capacidad de los medios para producir cada vez en mayor cantidad y generalmente en calidad.
¿Dónde se ha asentado el desarrollo gradual? En la relación entre trabajo y producción. La economía no ha sido concebida como un medio para satisfacer únicamente las necesidades primarias, sino para generar nuevas necesidades al crear objetos recientes. El cambio se produce en la relación necesidad objeto, porque la carencia de algo se manifiesta de forma distinta a partir del surgimiento entre el sujeto y el objeto. Así, el sujeto crea la necesidad de ciertos objetos, pero también es la existencia del objeto el que suscita la necesidad del sujeto. Ello ha producido no solamente una revolución económica, sino también una revolución social. La cualificación en la aparición de las necesidades ha determinado los cambios en los comportamientos de los individuos, así como en las formas de socialización.
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Es doctrina extendida, que el sistema económico actual promueve necesidades artificiales y somete al individuo a la esclavitud del trabajo, tanto productivo como improductivo. Sin embargo, como señalaba Hegel en Los Principios de Filosofía del Derecho, el que el individuo sólo tenga necesidades primarias no le hace más libre. En efecto, se puede hacer más dependiente y, a no dudar, llevará una vida menos realizada por estar a merced de los imperativos que impone la naturaleza.
La incidencia que tiene en la sociedad el desarrollo se manifiesta en que así como en las sociedades pobres se quiere primeramente sobrevivir, en la mayoría de las sociedades desarrolladas queda superada esta cuestión como prioritaria, apareciendo el conflicto entre los partidarios de los sistemas económicos antagónicos; por un lado, por los que sostienen que es posible alcanzar gracias a esta abundancia un estado óptimo de satisfacción de las necesidades, pensando que los seres humanos podrían ser felices, reduciendo racionalmente al mínimo las necesidades, por lo que se dejaría de ser esclavo de ellas; por otro, los que creen en una extensión indefinida de las necesidades, en la que habrán de surgir nuevas modas y nuevos objetos de satisfacción. En definitiva, que el conflicto se plantea de este modo: o bien se limitan las necesidades o bien se deja que éstas crezcan indefinidamente; una estaría en consonancia con su limitación y la otra con un contínuo aumento.
El Hombre: Un Ser Dependiente
El hombre desde que nace está necesitado de muchas cosas: alimento, protección, cariño, etc. Siempre dependerá de la naturaleza y de los demás para poder sobrevivir. El animal puede vivir en el medio para el que fue creado, salvo que la propia naturaleza le impida sobrevivir. El comportamiento animal es una relación entre su ser y el medio exterior que le lleva a apropiarse de los elementos que satisfacen las exigencias del organismo. El animal no elige el alimento que sacia su necesidad orgánica, va hacia él por instinto.
El hombre también tiene límites determinados por su propio organismo, pero tiene facultades para moverse en cualquier entorno natural. Sobrevive en casi todos los lugares de la tierra y puede alimentarse con muchas más sustancias que los demás animales, modificarlas y darles el gusto preferido según cada cultura. De ella nacen las necesidades secundarias y terciarias que tienen su origen en su desarrollo, siendo producto de la creatividad humana que no se conforma con recolectar o apacentar el ganado. Lo que significa que complica, sobre todo en culturas más avanzadas, la búsqueda de la satisfacción de la necesidad.
Las necesidades están afectadas por la experiencia, la historia, etc. Ello supone que proceden de las exigencias sociales, de las carencias, tanto materiales como espirituales. Influye el valor que se dé a determinados aspectos de la vida práctica, a la capacidad de sacrificio, a dar más o menos importancia a la vida física que a la espiritual y, sobre todo, de hacer una escala de prioridades.
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Dado que el hombre en una cultura desarrollada puede ser relativamente libre respecto a la naturaleza, no existe una única respuesta ante la necesidad. Ésta diferirá según cada individuo: unos quieren una acción contínua, otros una forma intermitente, algunos se decantan por la intensidad, otros por la superficialidad; aquéllos en grados elevados; los de aquí en los mismos niveles. La valoración no se cumple en todos por igual. Primeramente, porque si bien la ciencia suministra unos datos acerca de los elementos o substancias que son necesarias o útiles para el cuerpo y señala las que pueden producir efectos no deseados, el hombre es libre para seguir los consejos de la biología y la medicina y, no es infrecuente que se incline por los productos que menos le convienen. Bien es cierto que la ciencia no suministra criterios de absoluta objetividad, pues con nuevas investigaciones se llega a resultados diferentes a los anteriores. Indudablemente a pesar de la importancia de los estímulos externos o de las necesidades, como defiende el behaviorismo, es evidente la importancia que tienen los estímulos internos en la aparición de las necesidades y por tanto, para poner en marcha los mecanismos de actuación. En la elección, se tiene presente el juicio de valor sin que quepa darle una forma absoluta, pues ello supondría la posibilidad de elegir siempre, lo que es imposible. Las necesidades, sean satisfechas o no, son cubiertas muchas veces sin la oportunidad de valorar, bien porque no existe en la naturaleza la manera de cumplirlas, porque algún individuo o la propia sociedad no permiten conseguirlo o debido a que pueda existir una valoración social que se ponga por encima de la valoración personal.
La Libertad y la Necesidad
Hay posturas que ven en la necesidad una especie de servidumbre degradante, que imposibilita el ser libre. Pero ello no es sino la demostración de la debilidad de la naturaleza humana, su imperfección y dependencia de las cosas. La propia vida supone la primera exigencia: la de sobrevivir. A las necesidades del cuerpo se añaden las del espíritu. Cuando Aristóteles y Santo Tomás de Aquino sostienen que el hombre es esencialmente político y social, advierten no sólo la necesidad de la relación, también de la dependencia. Además, como bien dice el aquinatense, tiene inclinaciones naturales comunes con los demás, consistiendo «en que toda realidad busca permanecer existente conforme a su propia naturaleza». Y la necesidad está en potencia en la naturaleza del hombre en cuanto que es vida. Como bien dice H. Arendt: «Necesidad y vida están tan íntimamente relacionadas, que la propia vida se halla amenazada donde se elimina por completo la necesidad».
Las sociedades son muy diversas y la represión existe en todas. En ninguna de ellas el hombre puede ser absolutamente libre, siendo muy dependiente en el ámbito natural al ser muy difícil que pueda ver cubiertas sus necesidades naturales. Hegel defiende que la libertad está en diferenciarse de lo natural: «La libertad radica únicamente en la reflexión de lo espiritual sobre sí, su diferenciación de lo natural y su reflejo sobre él». Pero no siempre la sociedad es represiva porque la causa de la libertad da aliciente a la vida del hombre, aunque sea obligado someterse a los órdenes para alcanzar objetivos que de otro modo serían aleatorios e inseguros.
La libertad humana se percibe comprobando que hay unos individuos que prefieren la satisfacción inmediata, otros sacrificarse para alcanzar satisfacciones superiores o de mayor dificultad y así interminablemente. Cuando una necesidad se satisface, sugen de inmediato otras nuevas. También es fácil que la búsqueda de satisfacciones se dé por alguna insatisfacción. Teniendo presente que cada individuo evalúa las satisfacciones de manera diferente. El hecho de que haya una sociedad de consumo con una oferta inagotable es fiel reflejo, aparte de que se presione sobre el hombre y se muestren toda clase de estrategias para provocar el consumo, de que los individuos se satisfacen de forma distinta, con objetos, colores, gustos, etc. Lo cual quiere decir que si la economía tiene como fin el bienestar, sería un fracaso si se intentase codificarlo económica, política o psicológicamente.
Lo evidente es que el individuo ha de vivir en sociedad, compartiendo las necesidades con los demás individuos. Su existencia puede verse favorecida por la ayuda de los demás o perjudicada por la lucha. Es natural que haya competencia, siendo beneficiosa cuando es pacífica y sometida a las reglas del Derecho y de la moral, pues no impide la colaboración ni el sentimiento común, y motiva al individuo a actuar y a no conformarse con su situación. Ahora bien, la necesidad ha sido una fuente de conflictos, ya que una parte de los individuos rechazan la obediencia, rompen la paz social, litigan o reivindican otras maneras para satisfacer las necesidades. En ello influye desde la exigencia de una mayor justicia en el reparto de los bienes, hasta el deseo de que queden garantizadas las necesidades mínimas.
Las Necesidades y Sus Condicionamientos
La relación entre necesidad y desarrollo humano nos lleva al problema de cómo compaginar el desarrollo corporal con la búsqueda de la satisfacción intelectual, tratando de armonizar el cuerpo y el espíritu. Por eso no sólo hay que acudir a la biología, sino a la filosofía, a fin de concebir una filosofía de las necesidades que permita contribuir a la comprensión de la propia naturaleza humana. También es preciso acudir a la ciencia que consigue aproximaciones más o menos acertadas a la vida como totalidad. Sin embargo, nadie puede utilizar sus descubrimientos de una manera totalitaria, como si comprendiera todo lo que en ese momento es necesario saber. Por ello y porque el único saber totalitario y universal es la filosofía, el problema ha de situarse preferentemente en este plano a fin de extraer una perspectiva más amplia que la ciencia. Ésta querría estudiarla sólo como algo psicofisio...
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