El Origen del Río Gállego: Un Viaje desde los Pirineos
El río recibe el nombre de Gállego (Galligo en aragonés) debido a su lugar de procedencia, Francia (la Galia), ya que nace en el Col d'Aneu, próximo al collado del Portalet.
El río Gállego, el mejor río de España para hacer rafting, nace en el Col d’Aneu en el Pirineo, a 2200 metros de altura, cerca del Portalet. Recorre la comunidad autónoma española de Aragón.
En cabecera recorre el valle de Tena de norte a sur, donde existen dos importantes embalses hidroeléctricos: Lanuza y Búbal. A la altura de Sabiñánigo comienza a girar en dirección oeste, atravesando las sierras prepirenaicas hasta Triste, donde de nuevo es embalsado por la presa de La Peña.
A lo largo del siglo XX el río Gállego fue objeto de una serie de cambios que supusieron alteraciones en su régimen fluvial. La construcción de diferentes embalses aguas arriba, la creación de azudes y batanes a lo largo de su recorrido, las derivaciones para riego, la extracción de áridos y el uso del río como escombrera impactaron significativamente en éste, disminuyendo el caudal del afluente en su tramo inferior.
Justo antes de llegar a la zona antropizada del entorno urbano de Zaragoza, se encuentra el bajo Gállego, una Zona Especial de Conservación (ZEC). Pese a que la desembocadura no forma parte de esta área integrada en la Red Natura 2000 debido a la industrialización de sus alrededores, la desembocadura del río Gállego sigue manteniéndose como un ecosistema clave.
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Biodiversidad y Entorno Natural del Río Gállego
El río y sus sotos suponen un importante hábitat para muchas especies. La vegetación es variada, contando con chopos (Populus nigra), álamos blancos (Populus alba), sauces (Salix alba), fresnos (Fraxinus excelsior) y olmos (Ulmus minor).
Además de la calidad de agua contamos con un entorno excepcional que lo hace único. El gran Reino de los Mallos, un escenario impresionante, único en Europa. El rio Gállego se abre paso entre las diferentes formaciones geológicas que pueden alcanzar hasta los 275 metros de altura y se caracterizan por sus grandes paredes verticales o incluso desplomadas. “Mallos” es un nombre Aragonés, cada Mallo tiene su nombre propio.
Este entorno paradisíaco y casi irreal ofrece unas vistas increíbles al navegar a sus pies en la barca de rafting. Los gigantes vigilan el rio desde lo alto y abren la puerta al Pirineo. Es una intersección de caminos, un lugar fronterizo con un clima biotopo: un cruce entre Pirineo y Mediterráneo.
Que sea la fauna, con nutrias, castores, lavanderas boyera, garzas, buitres, águilas culebreras…, la flora con sus coronas de rey, orejas de oso y muchas especies ribereñas o la geología con los Mallos de Riglos, de Agüero y Peña Rueba.
Historia y Tradición Fluvial
Es un rio con historia, seguramente habréis oído hablar de las famosas Navatas. Fueron declaradas bien de interés cultural inmaterial por el gobierno de Aragón. La Navatas (o Nabatas en Aragonés) servían para el transporte de troncos.
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Aprovechando el deshielo los navateros descendían por el río desde las montañas en sus embarcaciones de madera para el comercio. Esta larga tradición fluvial en el rio Gállego permitió la aparición de los deportes de aventura acuáticos en aguas bravas.
La parte alta del rio cuenta con rápidos de grado III y IV, lo que permite disfrutar de actividades emocionantes donde la adrenalina y las sensaciones fuertes no faltaran. La parte baja con rápidos de grado II ofrece un paisaje excepcional para paseos en canoas y actividades familiares. Gracias a la diversidad de rápidos y de recorridos que ofrece el rio Gállego las actividades se adaptan a los participantes.
Paralelismos con el Río Miño: Origen y Leyendas
Algo parecido sucede con el Miño, el río padre de Galicia. A pesar de recorrer más de 300 kilómetros hasta morir en el Atlántico, su origen aún protagoniza debates, leyendas y contradicciones. ¿Surge del Pedregal de Irimia, de la laguna de Fonmiñá o de algún manantial oculto bajo la tierra? La ciencia ofrece respuestas, pero el mito sigue instalándose en la memoria colectiva, y quizá sea esa mezcla de certeza e incertidumbre lo que convierte al Miño en mucho más que un río.
Quien alguna vez haya ascendido a la sierra de Meira, en Lugo, se habrá encontrado con un paisaje desconcertante formado por un río de piedras de cientos de metros que parece haberse derramado desde las montañas. Ese lugar, a casi 700 metros de altitud, es hoy conocido como el Pedregal de Irimia y es considerado el nacimiento real del río Miño.
El agua se filtra entre estas piedras y solo reaparece en forma de arroyo unos metros más abajo, iniciando así un viaje que lo convertirá en el cauce más largo de Galicia.
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Algunas leyendas cuentan que una bruja llamada Irimia, enfadada con los monjes del cercano monasterio de Meira, lanzó esas piedras para tapar la fuente del Miño y evitar que sus enemigos tuviesen acceso a su agua. Otras cuentan que realmente fueron demonios sorprendidos por el amanecer quienes dejaron allí el pedregal en su huida.
Sin embargo, durante siglos, el lugar señalado como origen del Miño no fue Irimia, sino la lagoa de Fonmiñá, en el municipio de A Pastoriza. Fonmiñá tuvo tanto peso simbólico en su momento que allí se erigieron monolitos y paneles indicativos y generaciones enteras han crecido convencidas de que el Miño nacía allí.
Hidrólogos y geólogos han demostrado que Fonmiñá es más bien un afloramiento, una fuente conectada con el mismo sistema acuífero de Irimia. Por eso, para algunos geógrafos, la pregunta “¿dónde nace el Miño?” nunca tendrá una única respuesta.
Al final, como el Nilo, el Miño es un relato, y su nacimiento es también el nacimiento de Galicia como territorio simbólico, cultural e histórico.
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