Benito Pérez Galdós: Biografía Detallada de un Ícono Literario Español
Benito Pérez Galdós nació en Las Palmas, en las Islas Canarias, en 1843. Era el décimo hijo de un coronel del Ejército e hija de un antiguo secretario de la Inquisición. Su padre, Sebastián Pérez, fue un coronel que participó en la guerra de la Independencia. Fue un niño reservado, interesado por la pintura, la música y los libros.
Recibió una educación rígida y religiosa, sin embargo, ya desde muy joven se decantó por el liberalismo y se definió como un progresista anticlerical. Desde niño fue aficionado a la música, al dibujo y a la literatura. Su imaginación era desbordante ya desde muy joven.
Cursó el bachillerato en Las Palmas y en 1867 se trasladó a Madrid para estudiar derecho, aunque no terminó la carrera. En 1862 se trasladó a Madrid con la excusa de cursar estudios universitarios, a los que en realidad nunca prestó demasiada atención.
En Madrid entró en contacto con el krausismo de Francisco Giner de los Ríos, que fue su mentor y lo orientó hacia el krausismo. Allí conocería a don Francisco Giner de los Ríos, fundador de la Institución Libre de Enseñanza, quien le alentó a escribir. En esta época acudía asiduamente a las tertulias literarias y al Ateneo madrileño. Durante los primeros años de su estancia en la corte frecuentó redacciones y teatros.
En 1868 viajó a París, lo que le permitió descubrir a los grandes novelistas europeos en inglés y francés. El otro gran autor europeo del momento que se haría notar de manera particular en su obra fue Balzac, cuya obra conoció en los viajes a Francia que realizó en estos años. A su regreso tradujo a Dickens, escribió teatro y, por fin, en 1870 se decidió a publicar su primera novela: La Fontana de oro, con el dinero que le prestó su tía. Siguiendo los pasos que marcaba la carrera literaria, comenzó a colaborar con la prensa, especialmente en el periódico La Nación, donde publicó una traducción de la novela de Dickens Los papeles póstumos del Club Pickwick (1868), lo que evidencia, por si fuera necesario, su vinculación con el autor inglés, con el que comparte su inigualable ojo para el retrato social, un humor irónico y una enorme compasión hacia sus personajes.
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Con este bagaje, ya se sintió capaz de emprender la redacción de su primera novela, la citada La Fontana de Oro, publicada gracias al apoyo de su cuñada. La Fontana de Oro (1870), La sombra (1871) y El audaz (1871) fueron los títulos de sus primeras novelas, que revelan todavía una influencia del Romanticismo. Un año después de su debut, en 1871, un viaje a Cantabria sería clave en su vida.
Trabajó como articulista para La Nación y empezó la redacción de los Episodios Nacionales. 1873 es un año clave en la biografía galdosiana, pues fue entonces cuando inició la redacción de los Episodios Nacionales, fresco histórico que recorre buena parte del siglo XIX español, desde Trafalgar (para cuya preparación se entrevistó con el último superviviente de la batalla) hasta Cánovas (1912), y a lo largo de cinco series y un total de cuarenta y seis entregas.
El éxito inmediato de la primera serie lo empujó a continuar con la segunda y lo que finalmente formó la enorme colección de las veinte novelas enlazadas por las aventuras folletinescas de su protagonista. De enorme popularidad en su momento y aún hoy reeditadas y leídas, Galdós fue capaz de combinar en ellas una visión general del devenir del país con una atención especial hacia el drama humano, a través de personajes que no son representaciones esquemáticas de una idea preconcebida, sino seres de carne y hueso.
Los estudios críticos sobre su obra colocan otro jalón en 1881, año de la publicación de La desheredada, con la que iniciaría las conocidas como “novelas españolas contemporáneas”. Se trata de un conjunto diverso y a la vez con un aire de familia de obras en las que, a la manera de la comedia humana de Balzac, los personajes de un libro hacen aparición en otro, tejiendo un retrato social de una profundidad y sutileza que solo se puede calificar como genial. Abre el camino al Naturalismo con La desheredada (1881), la primera de sus novelas contemporáneas a la que le seguirán El doctor centeno (1883), Tormento (1884) y La de Bringas (1884). El amigo manso (1882) es una de las creaciones más originales de Galdós. Lo prohibido (1884-85) es la novela galdosiana más impregnada de Naturalismo.
Fortunata y Jacinta es además una demostración de la modernidad de Galdós, quien supo crear personajes femeninos de una gran complejidad y viveza, alejado de los estereotipos habituales. Al final de la década de los 80 y a comienzos de la siguiente publica Miau (1888), La incógnita (1889), Torquemada en la hoguera (1889), Realidad también en 1889 y Ángel Guerra de 1891, en donde experimenta una nueva manera de novelar.
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Aunque el escritor nunca se casó y procuró preservar su privacidad, es conocido que a lo largo de su vida tuvo varias relaciones sentimentales que enriquecieron su obra y su vida. De su vida íntima sabemos que tuvo una hija ilegítima y amoríos con Emilia Pardo Bazán. Nunca se casó pero plasmó su tipo ideal de compañera en una mujer ya mayor: Teodosia Gandarias, en el drama Pedro Minio (1908).
También en estos años se comprometió activamente en política, de 1886 a 1890 fue diputado por el partido de Sagasta, aunque nunca pronunció un discurso. En cuanto a su vida política fue elegido diputado a Cortes por Guayama en 1886. Siempre preocupado por la situación de los más desfavorecidos, Galdós decidió implicarse directamente en política, primero como diputado liberal por Puerto Rico (1886) y más tarde como figura clave en la formación de la coalición entre republicanos y socialistas, por la que llegaría a ser el diputado más votado por Madrid en 1910. En absoluto sectario, siempre abierto a las opiniones de los demás, todos los que le conocieron (quizá con la excepción del siempre gruñón Pío Baroja) valoraron su bonhomía, detalle no menor para comprender su grandeza literaria.
En la década de 1890 Galdós parece haber alcanzado la plenitud y se sucede una incomparable racha de obras maestras: Ángel Guerra (1891), Tristana (1892), la tetralogía de Torquemada (1889-95) o Misericordia (1897), novelas de madurez en las que la influencia de Tolstói se deja ver en un tono más espiritual y trascendente, sin por ello caer en la pretenciosidad, ya que la ternura hacia sus creaciones siempre hizo que mantuviera los pies en el suelo. Los problemas éticos aparecen en Tristana (1892), Nazarín (1895), Halma (1895) y Misericordia (1897). Frecuentemente (como en Nazarín o Misericordia), sus novelas parecen recordar a Dostoievski. Su penetración psicológica ha sido igualada pocas veces.
En 1892 se entregó a la reforma del teatro. También en esta época se reveló como un avezado autor teatral. Retomando una afición juvenil que había abandonado por dos décadas, en 1892 estrenó Realidad, que obtuvo una gran repercusión. Ciertamente, adaptó para el teatro sus propias novelas Realidad en 1892, La loca de la casa en 1893, Doña Perfecta en 1896, El abuelo en 1904 y otras, que fueron acogidas con éxito por el público y por la crítica.
Hoy quizá sus obras dramáticas hayan quedado en parte desfasadas en términos escénicos, pero el estreno de Electra (1901) causó un enorme revuelo al mostrar los abusos clericales de la época, lo que dividió a la sociedad, siendo visto por algunos como un héroe de la libertad y por otros como un peligro público. Electra, por motivos políticos o, en todo caso, extraliterarios, constituyó un acontecimiento nacional. El autor nunca había sido tan serio, tan cuidadoso y preocupado como en estos dramas. Hemos de indicar que estas cualidades se hallaban en el teatro español de aquel tiempo. Su influencia para la escena posterior fue benigna.
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Pero más allá de cuestiones que desbordan lo literario, quizá su mejor obra dramática sea El abuelo (1904), basada como era habitual en una novela previa. Tanto Electra como El abuelo (novela) se encuentran entre los manuscritos de Galdós que conserva la BNE. A pesar de la oposición ultracatólica fue elegido miembro de la Real Academia Española en 1889. En sus últimos años la oposición creciente se vio patente en la candidatura rechazada y poco después aceptada de la Real Academia. Pese a ingresar en la Real Academia Española en 1897, el rencor que parte de los estamentos más poderosos del país le guardaba desde la publicación de Doña Perfecta en 1876 -una de sus mejores obras primeras en las que mostraba su anticlericalismo-, y que se había agudizado tras el suceso de Electra, se manifestó con la insólita campaña reaccionaria para evitar que se otorgara el premio Nobel de 1912 a un compatriota.
En 1890 y 1891 fue reelegido diputado por Puerto Rico. Le dolió que la generación del 98 no le considerara su mentor. La concesión del premio Nobel de literatura a Echegaray (autor muy inferior y de escasa valía) lo consideró un mazazo a la mejor literatura española de su tiempo. Junto las fuerzas políticas republicanas, fue elegido representante en las Cortes en 1907; en 1909 fue jefe, junto a Pablo Iglesias, de la coalición republicano-socialista, pero pronto abandonó la política para seguir dedicado de lleno a su ingente labor literaria.
Pese a que volvió a tener posibilidades en 1913 y 1915, finalmente no obtendría el galardón, que tan bien le habría venido en una época en la que los apuros económicos y su progresiva ceguera hacían que pasara por un mal momento. En 1912 quedó ciego, aunque no por ello sufrió menos la insolvencia en sus últimos años. En 1919 se realizó una escultura suya que reconocía su éxito, a pesar de la ceguera que ya lo afectaba pidió ser alzado para palpar la obra y lloró emocionado al comprobar la fidelidad de la escultura. Sin embargo, el cariño del pueblo nunca le abandonó, como demuestra que a su muerte treinta mil personas acudieran a su entierro.
Murió en su casa de la calle Hilarión Eslava de Madrid el 4 de enero de 1920. La labor de Benito Pérez Galdós fue la de transformar el panorama novelesco español de aquella época, avivó el realismo español, dotando tanto de una gran expresividad a la narrativa las novelas que trataban de la sociedad burguesa española y daban voz al pueblo llano con una enorme expresividad que lo llevó a ensayar las novelas dialogadas.
Benito Pérez Galdós fue uno de los escritores más representativos del SXIX, a la par que Clarín y Pardo Bazán y el más prolífico ya que escribió treinta y dos novelas, cuarenta y seis episodios nacionales, veinticuatro obras de teatro, así como infinidad de prólogos, artículos, cuentos y crítica literaria La labor de Benito Pérez Galdós fue la de transformar el panorama novelesco español de aquella época.
Bibliografía
Episodios nacionales. Primera serie:
- Trafalgar
- La Corte de Carlos IV
- El 19 de Marzo y el 2 de Mayo
- Bailén
- Napoleón en Chamartín
- Zaragoza
- Gerona
- Cádiz
- Juan Martín El Empecinado
- La Batalla de los Arapiles
Episodios nacionales. Segunda serie:
- El equipaje del Rey José
- Memorias de un cortesano de 1815
- La Segunda Casaca
- El Grande Oriente
- 7 de Julio
- Los Cien Mil Hijos de San Luis
- El Terror de 1824
- Un voluntario realista
- Los Apostólicos
- Un faccioso más y algunos frailes menos
Episodios nacionales. Tercera serie:
- Zumalacárregui
- Mendizábal
- De Oñate a La Granja
- Luchana
- La campaña del Maestrazgo
- La estafeta romántica
- Vergara
- Montes de Oca
- Los Ayacuchos
- Bodas reales
Episodios nacionales. Cuarta serie:
- Las tormentas del 48
- Narváez
- Los duendes de la camarilla
- La Revolución de Julio
- O'Donnell
- Aita Tettauen
- Carlos VI en la Rápita
- La vuelta al mundo en la Numancia
- Prim
- La de los tristes destinos
Y eso que para algunos de sus críticos se trata de un escritor sin estilo. Pero lo cierto es que basta leer unas páginas suyas para reconocer al autor que las imaginó. Por no hablar de la huella que ha marcado a numerosos autores en lengua española y que sigue presente en la actualidad, mucho después de que los más modernos movimientos literarios hayan pasado de moda.
Nacido en una acomodada familia de Las Palmas de Gran Canaria, su padre fue un coronel que participó en la Guerra de Independencia. Ya en su adolescencia escribió algunos cuentos y poemas, pero en aquellos años su auténtica pasión era la pintura, arte que no abandonaría como aficionado mientras la salud de sus ojos se lo permitió. Desde muy joven fue famoso por su prodigiosa memoria, que le serviría como apoyo inapreciable en su monumental obra novelística.
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