Carlos V: Nacimiento y Legado de un Emperador Europeo
Carlos I rey de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, es sin lugar a dudas una de las figuras de la historia moderna, que ha llamado más la atención de los historiadores. Su hegemonía y liderazgo en la Europa de su tiempo, fue única y distinta a todos los anteriores monarcas.
Carlos nació un 24 de febrero de 1500 en Gante, región de Flandes en la actual Bélgica. Precisamente, la noche del 23 de febrero de 1500 tenía lugar una fiesta en el Palacio de Prinsenhof, en la ciudad de Gante, ahora Bélgica, y el archiduque Felipe de Austria, conocido como Felipe ‘El Hermoso’, era uno de los invitados. Y es que Juana, que tenía entonces 21 años, sintió dolores en el vientre pasada la madrugada, por lo que decidió retirarse hasta la letrina, pensando que se trataba tan solo de una indisposición. Así, el futuro Carlos I de España y V de Alemania vino al mundo en una letrina del Palacio de Prinsenhof ese 24 de febrero de 1500.
Era hijo de Juana hija de los Reyes Católicos y de Felipe hijo del emperador Maximiliano y María de Borgoña, implantándose con él la casa de Habsburgo en España. Segundo de los seis hijos de Juana I (1479-1555) y de Felipe El Hermoso (1478-1506), el futuro Carlos I de España y V de Alemania pasó su infancia en Malinas (Bélgica). Conde de Flandes y Señor de los Países Bajos desde la muerte de su padre en septiembre de 1506, su tía, la Archiduquesa Margarita de Austria (1480-1530) -viuda del Príncipe Juan (1478-1497), segundogénito de los Reyes Católicos, y hermana menor de Felipe El Hermoso-, ejerció la Regencia hasta que en 1515 fue declarado mayor de edad. Su educación estuvo a cargo de Adriano de Utrecht, futuro Papa Adriano VI. Si bien el entonces Príncipe Carlos contó con un preceptor español, Luis Cabeza de Vaca, su infancia y primera juventud transcurrieron en un ambiente cultural predominantemente francófono.
Como una pequeña presentación del emperador podríamos decir que quienes lo conocieron lo describen «como de estatura mediana, ni muy alto ni muy bajo, de piel clara, pelo rojo y liso, ojos azules y nariz aguileña, de cuerpo proporcionado y aquejado de prognatismo»1, herencia común en los Habsburgo. Un problema que dificultaba tanto comer como hablar y que aporta a la expresión de quien lo padece un aspecto un poco tonto. Era de un carácter serio y poco dado a los halagos o las juergas, pese a haber nacido en una de las cortes más brillantes de la época, o quizá se podría achacar al haberse criado lejos de su progenitores, quedando al amparo de su tía Margarita de Austria. Un carácter que fue empeorando con el transcurso de los años, porque lo que sí era, y mucho, bastante aficionado a la buena mesa y al buen vino.
Cuando murió su padre en 1506 fue nombrado rey de Borgoña, recibiendo Holanda, Luxemburgo, Artois y el Franco Condado, a lo que se le añadiría más tarde la herencia de su abuelo materno, que por incapacidad de su madre la reina doña Juana recibió los reinos de Castilla, Aragón, Navarra, Nápoles, Sicilia, Cerdeña y los territorios conquistados en América.
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El 11 de marzo de 1526 contrajo matrimonio en Sevilla con Isabel de Portugal (1503-1539). La pareja real tuvo cinco hijos: el futuro Felipe II (1527-1598); la Infanta María (1528-1603), Emperatriz de Alemania como esposa de Maximiliano II de Austria (1527-1576); el Infante Fernando (1529-1530); la Infanta Juana (1535-1573), Princesa heredera de Portugal por su matrimonio con el príncipe Juan -hijo mayor del monarca portugués Juan III y de Catalina, hermana de Carlos V-, y el Infante Juan (1537-1538). Tras la muerte de Isabel de Portugal el 1 de mayo de 1539, Carlos I permaneció viudo hasta su muerte.
El Monarca también fue padre de dos hijos extramaritales: Margarita de Austria (1521-1586), Duquesa de Parma como esposa, primero, de Alejandro de Médicis, I duque de Florencia, y después de Octavio Farnesio, duque de Parma, y futura Gobernadora de los Países Bajos, y Don Juan de Austria (1547-1578), uno de los artífices de la victoria de Lepanto frente a los turcos el 7 de octubre de 1571.
Ascenso al Trono y Desafíos Iniciales
Carlos I se convirtió en Rey de España tras la muerte de su abuelo materno, Fernando El Católico, el 25 de enero de 1516. Debido a la inestabilidad mental de su madre, la Reina Juana, se dispuso que el nuevo Monarca reinara conjuntamente con ella, quien por su parte continuó recluida en Tordesillas hasta su muerte el 12 de abril de 1555.
El 28 de junio de 1519, Carlos fue elegido Emperador de Alemania con el nombre de Carlos V, tras el fallecimiento de su abuelo paterno, el Emperador Maximiliano I, en enero de ese mismo año.
Los comienzos del nuevo reinado se caracterizaron por la inestabilidad. La incomprensión hacia los intereses europeos del Monarca, añadida a la conflictividad reinante en las grandes ciudades y a los errores iniciales de Carlos I, como las mercedes y cargos públicos que concedió a algunos de sus consejeros flamencos, se encontraron en el origen del estallido en 1520 de la revuelta de las “Comunidades” en Castilla y del movimiento agermanado en Valencia y Mallorca. Ambas insurrecciones, que pusieron en tela de juicio la autoridad real, se prolongaron hasta 1522, año en el que fueron sofocadas definitivamente por las fuerzas leales al Monarca y éste aprobó la concesión de un “perdón general”.
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Otros factores que contribuyeron al restablecimiento de la normalidad fueron la mayor integración de las elites locales en la Administración de la Monarquía, la continuidad con algunas de las reformas institucionales iniciadas en su día por los Reyes Católicos, como el incremento del número de Consejos de gobierno, y la presencia en territorio castellano de la esposa del Monarca, Isabel de Portugal, que le sustituyó al frente del poder durante sus ausencias, así como de sus hijos.
Política Exterior y Conflictos
En calidad de Soberano, Carlos I aspiró a consolidar la posición de la Monarquía Hispánica como potencia hegemónica en las relaciones internacionales europeas. A lo largo de su reinado, la política exterior carolina estuvo condicionada por la rivalidad con Francia y el Imperio Otomano, las consecuencias de la ruptura religiosa en Alemania y la amplitud de los frentes militares a los que el Monarca hubo de prestar atención.
La participación española en los conflictos bélicos de la Europa de la primera mitad del Quinientos se saldó con éxitos notables como las victorias de Pavía (1525) y Mühlberg (1547), la toma de Túnez (1535) y la incorporación del Ducado de Milán a los territorios bajo soberanía de la Monarquía Hispánica (1540), pero también con fracasos como los de la “Jornada de Argel” (1541), la precipitada huida de Carlos I de Innsbruck (1552) o la firma de la Paz de Augsburgo (1555), que consumó la división religiosa en el Imperio alemán.
Expansión en América
Frente a este balance desigual en el ámbito europeo, en el continente americano son de destacar la conquista de los Imperios Azteca e Inca por las huestes a las órdenes de Hernán Cortes y Francisco Pizarro, en 1521 y 1533 respectivamente; la creación de los virreinatos de Nueva España (1535) y Perú (1542), o la culminación de la primera vuelta al mundo por Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano entre 1519 y 1522.
Abdicación y Retiro
Decepcionado con los resultados de su política exterior, entre octubre de 1555 y enero de 1556 Carlos I renunció a los territorios bajo la soberanía de la Monarquía Hispánica en favor de su hijo, Felipe II, en tanto la Corona imperial pasaba a su hermano Fernando (1503-1563). Tras su abdicación, el Monarca regresó a España. Desde febrero de 1557 se instaló en una Casa-Palacio aneja al Monasterio de Yuste (Cáceres), donde falleció el 21 de septiembre de 1558.
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Legado y Significado Histórico
El emperador Carlos, fue en su proceder un precursor de la globalización, con la espada en mano anheló un orbe católico tratando de hacer realidad el inicio de un imperio universal cristiano, pero para ello necesitaba el Milanesado como medio de unión de sus reinos. Esto lo consiguió en 1526, a través del Tratado de Madrid, y también el ducado de Borgoña al vencer en 1522 al rey francés Francisco I en Bicoca y en 1525 en Pavía, devolviéndole el dominio sobre el norte de Italia.
La hegemonía de los Austrias españoles en los siglos xvi y xvii, determinó el despliegue de una red de agentes y una movilización de recursos financieros y militares como nunca antes se había dado en Europa, afectando a espacios y territorios situados en el Mediterráneo, el centro y norte de Europa y al otro lado del Océano Atlántico.
En su manera de ejercer la política internacional, el emperador Carlos fue un avanzado precursor de la globalización en Europa y un convencido defensor de la mundialización. La hegemonía que practicó hizo que se desarrollara un orden de mercado internacional liberal.
Existe un común acuerdo entre los historiadores, que el gobierno de Carlos V, fue el último atisbo de la Edad Media o el primer apunte de la modernidad en los inicios del siglo xvi. Esto se produciría debido al espíritu universalista con que el emperador orientó los variados y mayores problemas a los que tuvo que enfrentarse en sus años de reinado (1516-1558), como fue la ruptura espiritual de Europa y la amenaza que representó del avance de los turcos en el Mediterráneo. Carlos enarbola la bandera de adalid y representante de lo que en la actualidad denominaríamos la civilización y cultura europea.
Como reflexiona Joseph Pérez en sus conclusiones, este es el legado de Carlos V a la historia Universal y su significación histórica de la política imperial de Carlos V. Esta política se nos presenta como «un fruto tardío del Medievo», intuición que corrobora la ausencia de América dentro del concepto imperial, y esta ausencia revela por sí sola la vivencia en la mente carolina de una universitas medieval que en el s. xvi, ya no era más que un recuerdo.
Por consiguiente, la idea imperial de Carlos V se nos presenta como una anticipación de los vínculos culturales y morales que la posteridad habría de potenciar y que en el siglo que nos toca vivir cobran singular transcendencia. En ello podría basarse el legado del emperador Carlos V a la historia universal7.
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