La Historia de Pablo Portabales y el Impacto de la Operación Nécora
La vida de la familia Portabales cambió drásticamente cuando Ricardo Portabales, junto con Manuel Fernández Padín, decidieron romper su silencio y colaborar como narcotraficantes arrepentidos. Sus testimonios fueron cruciales para la operación Nécora, una iniciativa del juez Baltasar Garzón para desmantelar las redes de narcotráfico en Galicia.
María, hija de Ricardo Portabales, recuerda vívidamente los cambios drásticos en su infancia: "La de mi familia es una carga dura, muy dura, una maldición. Llevamos la nécora grabada a fuego en el pecho". Desde temprana edad, se vio obligada a cambiar su nombre y apellidos por seguridad, para pasar desapercibida. Cada septiembre, ella y sus hermanos comenzaban de nuevo, con una nueva identidad, casa, entorno y colegio.
María creció como testigo protegida, una de las primeras y más vigiladas de España. La familia vivió aislada, con escoltas que velaban por su seguridad las 24 horas del día, los siete días de la semana. Esta protección era esencial ante el peligro constante de sicarios a sueldo. Dos escoltas protegían a María y a sus tres hermanos, mientras que otros dos custodiaban a su madre. Así era la vida cotidiana de la familia Portabales.
Es la pequeña de los cuatro hijos de Ricardo Portabales. La seguridad de la familia primaba en aquel momento y por eso todos los miembros cercanos a aquel hombre fueron condenados al ostracismo y al anonimato. María y sus hermanos crecieron lejos de su tierra, Galicia. Apenas han podido volver. No les quedó otro remedio que sobrevivir a salto de mata en la complicada vida de un testigo protegido.
Todo empezó el 13 de junio de 1990. Ese día, María tiene 9 años y vuelve del colegio con sus hermanos. Ya en casa, se encuentra en la puerta un panorama insólito, desconocido para ella hasta la fecha: hay decenas y decenas de coches negros aparcados en la entrada. Los vecinos se asoman, intrigados, a las ventanas. Dentro, sus padres esperan. Les dicen a los hermanos: sentaos un momento, tenemos que deciros una cosa. Hemos de marcharnos con urgencia de aquí. Hemos de irnos a Madrid. María y los tres hermanos rompen a llorar.
Lea también: Crónica Social según Rosa Villacastín
A la vez, la noche anterior, en otros puntos de las Rías Baixas han ido cayendo todos, uno por uno. Oubiña, Esther Lago, los Charlines... Todos los grandes capos detenidos en la mayor redada hasta el momento. A María le dicen que es urgente, que se han de marchar a Madrid y que ha de ser cuanto antes. "Nos engañan y nos dicen que vamos de vacaciones". La joven rompió a llorar, en insiste: “No me quiero ir. No me quiero ir”. No hubo opción.
Durante semanas, deambularon de hotel en hotel con una estrecha vigilancia en torno a ella, sus hermanos, su madre y su padre, el narco arrepentido Portabales. Pasaron los días y acabaron instalándolos en una casa a las afueras de Madrid. “Recuerdo que lloraba diciendo que me quería ir con mi abuela, los días empezaron hacerse más largos, ya no quería estar ahí.
Durante años, María y los Portabales cambiaron de casa una y otra vez. Los escoltas acabaron siendo, durante su juventud, como sus amigos más cercanos, sus compañeros de juegos. “Nos enseñaban a escondernos si pasaba algo. También nos decían que no hablásemos con desconocidos y que fuésemos muy reservados con nuestra intimidad.
Ricardo Portabales, el hombre que llevó a la familia a esa situación, desapareció años después de sus vidas. En 2007 su mujer se separó de él porque ya no aguantaba más. Aquel hombre se esfumó y nunca se volvió a ocupar ni a preocupar de ellas. "Es algo que no le perdonaremos nunca. Que nos metiera en esto y cuando más lo hemos necesitado no ha estado ahí como un padre, dando la cara por nosotros y luchando por lo que nos han hecho.
Lo peor llegó hace unos años. La protección fue disminuyendo hasta que, en octubre de 2009, llegó al piso en el que vivían en Madrid una carta. Decía que en unos meses iban a retirar la asignación mensual que le correspondía a la familia. Todo se resolvió en marzo del año siguiente.
Lea también: El nacimiento de Einstein en Ulm
-Yo estaba con un embarazo de alto riesgo. No me permitía hacer una vida normal. Iba del sofá a la cama todo el rato. Entonces, se presentaron dos hombres en nuestra casa que se identificaron como agentes que venían de la Dirección General de la Policía. Venían para que desalojáramos la casa, para que les diéramos las llaves y para decirnos que no podíamos seguir ahí. Me negué. Mamá se puso a llorar y me dijo que no me resistiera, que hiciera caso. Hicieron las maletas y se marcharon.
A María y a su madre el tiempo se les está acabando. El piso en el que vive la ex mujer de Portabales es un lugar muy humilde, lo más barato que podían pagar en ese momento. Ahora, con las subidas de alquiler, aseguran que no van a poder costearlo. “Llevamos unos años muy complicados. Conlleva una enorme dificultad rememorar todo lo ocurrido durante todos estos años.
Cuando habla, María observa directamente a los ojos del otro. No rehuye la mirada. Busca la complicidad y la confianza en las pupilas de quien escucha. Siempre ha necesitado personas que estén cerca, gente en quien confiar. Cuando adquiere confianza, se abre por completo y lo cuenta todo, ya más relajada que antes. Es entonces cuando relata su infancia difícil, lo complicado que le era hacer amigos. Por un lado, porque siempre resultaba incómodo con los escoltas, con los agentes siempre vigilando.
-“Yo a ese hombre no puedo llamarlo padre. Nunca miró por nosotros. Siempre ha mirado por su interés, por sí mismo y por nadie más. Él sabrá por qué, pero yo a esa persona no puedo ni mirarla a la cara. No es nadie ya para nosotros. Mi madre es la verdadera madre coraje, la que tuvo que aguantarle, la que nos sacó adelante cuando él se marchó sin decir nada, quién sabe a dónde. Y solo pido que se le reconozca, que el estado le reconozca y le dé lo poco que pide.
No es la única en la familia. Tampoco su madre quiere saber nada de él. No quiere ni pronunciar su nombre. Lo mismo sucede con su hermano, con su hermano Ricardo Portabales Jr., con quien EL ESPAÑOL habla los días posteriores al encuentro. Ambos hijos son miembros de una de las familias más protegidas de España en las últimas décadas. Ambos reniegan de su padre, explicando cómo les abandonó a su suerte.
Lea también: Descubre el lugar de nacimiento de El Puma
"Mi padre ha estado ausente durante casi dos décadas. Nos abandonó por completo. En los últimos días, el arrepentido Portabales ha mostrado su descontento con la serie Fariña y anuncia que quizá emprenda acciones legales por cómo aparece representado en la ficción. Sus hijos no se fían de él y le repudian. "Ahora dice que quiere 'ayudar' a mi madre con el dinero que pueda conseguir si la desmanda prospera. Olvida el trato que infringió a la que fue su primera esposa. En su actitud imperaba el machismo, la misoginia y otros asuntos que por delicadeza y respeto a mi madre no voy a exponer públicamente.
La peculiar situación en la que viven los testigos protegidos se regula en España con la ley de 1994, criticada por distintos juristas tanto a este periódico como en múltiples ocasiones como una ley insuficiente y obsoleta. Una ley de solo cuatro artículos, escasos y escuetos, en los que apenas se describen algunos supuestos como el de la familia Portabales. Nunca ha tenido ningún tipo de desarrollo. La protección de testigos todavía tienen mucho camino que recorrer.
En el juicio de la operación Nécora, tanto Ricardo Portabales como Manuel Fernández Padín declararon a cara descubierta ante el juez, con la sala repleta de todas las personas a las que iban a acusar de meter droga en España por Galicia. Algunas organizaciones y asociaciones de juristas con las que se ha puesto en contacto este periódico consideran la ley actual insuficiente. En gran medida, en cuanto a proporcionar los medios económicos, en cuanto a rehacer la vida tiempo después, en cuanto a la protección que necesitan.
“Es lo que reclamamos nosotras ahora”, dice María. “Mi padre se metió donde se metió, él sabrá lo que hizo, pero nosotras no escogimos vivir esta vida. Nos vimos arrastradas a ella. ¿Por qué nadie nos escucha y nos ayuda?
Hace varias semanas les recibió el fiscal Javier Zaragoza, quien llevó la acusación en el macroproceso de la operación Nécora. "Nos dijo que no es justo lo que nos ha pasado y que intentará ayudarnos. Hace unos días le volví a escribir por correo a su secretaria", dice María.
La vida en casa de los Portabales siempre ha sido complicada. Ahora que la madre y los hijos están solos, todavía más. “Cualquiera de la familia podía haber muerto. Eran días extraños. Al mínimo aviso de la posibilidad de un ataque, de que les hubieran localizado, les obligaban a hacer las maletas y huían de allí.
“Creían que nos iban a poner una bomba. Y nos llevaron a la base de Moratalaz. Estuvimos tres meses viviendo allí con los agentes y con todo. Al principio te hace gracia, pero eso no era vida. A lo mejor mi padre hizo algo mal pero, ¿qué culpa tenemos nosotros? Ellos tienen la responsabilidad de haber sacado a una familia de su entorno. No tuvimos juventud.
El tiempo se acaba. La madre de María, la que soportó durante años el convivir con el arrepentido Portabales, tiene ya 67 años y no sabe de dónde tirar para obtener ayuda más allá de su precaria pensión de jubilación. Abandonadas a su suerte, han contactado con diversos organismos públicos, pero nadie hasta el momento ha levantado el teléfono.
tags: #donde #nació #Pablo #Portabales #biografía