El Niño Embrujado de la Seca: Leyenda y Misterio
Halloween está ya a la vuelta de la esquina, y las calabazas, brujas y fantasmas comienzan a llenar el decorado de las ciudades de todo el mundo. Sin embargo, en España y en otros países católicos también se celebra la fiesta de Todos los Santos, un momento para recordar a aquellos seres queridos que ya no están entre nosotros.
Dentro del vasto universo de lo paranormal y las leyendas urbanas, destaca la historia del "Niño Embrujado de la Seca". Este relato, difundido a través de diversos medios, ha capturado la imaginación de muchos, generando debates y escalofríos.
Origen y Difusión de la Leyenda
El caso de Andresito, el niño de Tordesillas y el niño embrujado de la Seca son algunos de los relatos que han sido recogidos en diferentes publicaciones y programas de televisión como Cuarto Milenio.
La leyenda del UB-65 cuenta que los trágicos sucesos de este submarino «maldito» comenzaron antes de ser botado al mar en los astilleros de Brujas (Bélgica). Su primera víctima habría sido uno de los operarios que trabajaba en cubierta, que fue aplastado por una viga de la cubierta a la que se le soltaron las cadenas.
Poco después, cuando fue lanzado al agua por primera vez, en 1917, otros tres tripulantes fallecieron asfixiados en la sala de máquinas por los gases del motor mientras comprobaban la maniobrabilidad del buque.
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Antes de ordenar su primera inmersión, el comandante Martin Schelle mandó a varios marinos a que comprobaran, cerraran y aseguraran todas las escotillas del buque. Dos obedecieron, pero el tercero reaccionó de forma inesperada.
Sin tiempo para guardar el más mínimo luto, cuenta la leyenda que, inmediatamente después, se produjo la inmersión hasta los diez metros de profundidad. En ese momento, el submarino, sin embargo, se hundió de repente hasta el fondo.
La tripulación entró en pánico al ver que la presión hizo crujir las paredes de la nave y el agua comenzó a filtrarse e inundar algunos pasillos. Habría estado 12 horas en las profundidades, mientras el oxígeno se agotaba y sin encontrar una explicación a lo sucedido para poder solucionarlo.
La tragedia parecía inevitable, cuando, de repente, el sumergible comenzó a ascender. Las autoridades militares ordenaron trasladar el submarino a los astilleros para su inmediata supervisión. Según el relato, no encontraron ninguna avería.
A pesar de esta concatenación de infortunios, se impusieron las necesidades del esfuerzo bélico alemán y la nave fue declarada apta para el servicio. Todo parecía recobrar la normalidad en torno al submarino «maldito» y se ordenó que fuera cargado de torpedos.
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Parte de la tripulación se negó a embarcar y prefirieron enfrentarse a un consejo de guerra, alegando que el submarino estaba embrujado.
Uno de los marinos encargados del supuesto traslado aseguró, presa del pánico, haber visto a uno de sus compañeros muertos sobre la cubierta que le miraba fijamente con los brazos cruzados. En ese momento, la nave entera era ya presa del miedo. Uno de los marineros capturados al intentar huir aseguró que también había visto a a su compañero fallecido observándole.
Cuando llegaron al puerto de Brujas, el temor a la maldición era tan grande que los marinos prefirieron salir corriendo de la nave a pesar de los bombardeos aéreos.
La leyenda cuenta que, cuatro meses antes de que finalizara la Primera Guerra Mundial, el 10 de julio de 1918, el buque fue descubierto por el submarino estadounidense AL-2 en la costa occidental de Irlanda.
Según los datos publicados por la web especializada en este modelo de submarinos, www.uboat.net, la causa que se registró poco después es que el UB-65 desapareció como consecuencia de la «explosión prematura de uno de sus torpedos».
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Según el cuaderno de bitácora del submarino AL-2, tras el impacto de uno de sus proyectiles observaron al UB-65 semihundido durante unos minutos.
Lo cierto es que, en 2004, el Channel 4 británico organizó una expedición submarina para identificar a un buque de la Primera Guerra Mundial hundido en aguas inglesas. El estudio realizado por el arqueólogo Innes McCartney y el historiador Axel Niestlé confirmó que se trataba del UB-65, pero no mostró indicios claros de que hubiera sido atacado.
La versión más conocida de esta fábula de la Gran Guerra se publicó por primera vez en julio de 1962, en la revista «Blackwood’s». El responsable original es, supuestamente, G. A. Minto, un autor del que sabemos muy poco y que, según parece, empezó a escribir una vez jubilado, tras una vida dedicada a la función pública.
Otros achacan su autoría al escritor neoyorquino Charles Berlitz, fallecido en 2003, famoso por sus libros sobre fenómenos paranormales y de cuya obra «El triángulo de las Bermudas» se vendieron cerca de veinte millones de ejemplares.
Aunque nunca llegó a esclarecerse del todo, lo cierto es que durante los años 60 y 70, «El fantasma del UB-65» ya aparecía en numerosas antologías, tebeos e, incluso, libros ilustrados para niños. De esta forma adquirió una apariencia de realidad.
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