Georges de La Tour: Un Redescubrimiento de la Luz y la Sombra

03.11.2025

Georges de La Tour (1593-1652) fue un pintor francés, famoso en su tiempo y luego completamente olvidado, que no fue redescubierto hasta el siglo XX, en particular por Hermann Voss (1915). El Museo del Prado y la Fundación AXA presentan, en la sala C del edificio Jerónimos, la más importante exposición celebrada en España sobre este artista.

Ahora que se cumple un siglo de su recuperación gracias a la publicación de un artículo del historiador Hermann Voss en la revista alemana Archiv für Kunstgeschichte, el Museo del Prado reúne treinta y una pinturas del autor. Este es un número excepcional considerando que únicamente se conservan unas cuarenta pinturas de su mano, procedentes de prestigiosas instituciones internacionales como el Museo del Louvre, el J.

Un Artista Olvidado Rescatado por la Historia

Antes de su “descubrimiento” en 1915, sus obras conocidas eran atribuidas a pintores nórdicos (sobre todo sus célebres nocturnos) y a pintores españoles, principalmente Zurbarán, Ribera o Velázquez. La personalidad artística de Georges de La Tour ha sido descubierta recientemente.

Poco se sabe de su primera formación en la ciudad católica de Vic-sur- Seille, en la Lorena francesa, que debió concluir hacia 1610, en torno a los 17 años. En el seno de una familia antigua, relativamente acomodada, de artesanos y propietarios, La Tour nace en un burgo de Lorena. Nada o muy poco se conoce acerca de su juventud y de su formación. Nada se sabe tampoco sobre un posible viaje a Italia, viaje emprendido por otros muchos pintores contemporáneos para completar su formación.

En cualquier caso, en 1616 La Tour es ya un pintor formado. Es considerado burgués de la ciudad en 1620, y lleva la vida propia de un pequeño gentilhombre lorenés. La fama, de la que goza prontamente gracias a las compras del duque de Lorena en 1623-1624, se confirma durante la ocupación del ducado por los franceses. Hace un viaje a París en 1639 y obtiene el título de pintor ordinario del rey. Pinta cada año un cuadro para el gobernador de la Lorena, el mariscal de La Ferté.

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Más de 40 pinturas más o menos unánimemente tenidas por autógrafas y 28 telas y grabados copias de originales perdidos. Esto es, más de 70 composiciones conocidas, de las que sólo cuatro están fechadas y solo 18 firmadas.

El Contexto Histórico y Estilo Artístico de La Tour

La Tour vivió en un momento crítico para la historia de la Lorena que finalizó con la pérdida de la independencia política del ducado. En estas adversas condiciones concibió una pintura dotada de lirismo sorprendente, sobre todo en sus escenas nocturnas, casi todas ellas religiosas.

A pesar de las dudas sobre la cronología de sus pinturas, no se cuestiona que las más realistas son las primeras en el tiempo, las cuales debieron pintarse en los últimos años de la segunda década del siglo XVII. Fue entonces cuando pobló sus pinturas de personajes sagrados de aspecto tosco, como los que integran el Apostolado de Albi, del que se pueden ver cuatro ejemplos en la exposición; mendigos harapientos, como los Comedores de guisantes de Berlín, o músicos callejeros miserables y pendencieros, presentes en la Riña de músicos (Los Ángeles).

A partir de la tercera década del siglo XVII su técnica evoluciona, con pinceladas más planas y acuarteladas y pinturas más luminosas, haciendo que su originalidad y virtuosismo alcancen su máxima expresión en las escenas diurnas. Además, los tipos físicos representados se dulcifican y las acciones que llevan a cabo se serenan y dignifican.

Sin que haya sido posible explicarlo convincentemente, la producción final de La Tour está protagonizada por pinturas nocturnas de carácter religioso. Sus célebres “noches”, de aparente simplicidad, silenciosas y conmovedoras, dan vida a personajes que surgen con magia en espacios sumidos en el silencio, de colorido casi monocromo y formas geometrizadas.

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En La Tour, el cuadro queda restringido a sus datos esenciales, la anécdota es excluida, así como la arquitectura o el paisaje, y hasta los accesorios se reducen a lo más estrictamente necesario: los santos suelen carecer de aureola y los ángeles no tienen alas.

Realizó algunas escenas diurnas y otras nocturnas, que trató de diferente manera. Las primeras se distinguen por su luz fría y clara, por la acuidad de la escritura y la precisión despiadada del retratista registrando, con la punta del pincel, arrugas y harapos. En las escenas nocturnas, casi siempre iluminadas por una vela, los colores son escasos, a menudo limitados a un refinado diálogo de pardos y bermellón, y los volúmenes se reducen a unos cuantos planos simples. Esta economía de medios conducirá en la etapa final de su producción a la realización de pinturas ensimismadas, con una luz que podríamos calificar de metafísica que abstrae cada vez más de la realidad a sus modelos.

"El Sueño de San José": Un Análisis Detallado

En Nantes, en Francia, podemos situarnos delante del “Sueño de san José”, una pintura al óleo de Georges de La Tour pintada en la primera mitad del siglo XVII.

La magia de la luz convertida en un milagro. La fascinación del pintor por una simple una vela encendida en una habitación completamente oscura. Como el mundo entero se crea a partir de esa débil llama que centellea e ilumina a dos figuras: un anciano que se ha quedado dormido leyendo a la luz de la vela y una chica joven (quizá su nieta) que se acerca despacio y con la mano está a punto de tocar el brazo del hombre para despertarlo (para acompañarlo a la cama).

Un gesto cotidiano: alguien se ha quedado dormido leyendo (o podría haberlo hecho mirado la televisión) y un familiar que viene a buscarlo (a despertarlo) para llevarlo a la cama. La escena es esta y ocurre en muchas casas todos los días, ahora bien, la atención en cómo lo ha representado el pintor, dónde ha colocado la llama encendida, el gesto de la chica que con el brazo oculta la llama, el centro luminoso, la fuente de luz, convierte este gesto cotidiano en algo sagrado.

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El título nos dice que estamos viendo “El sueño de san José” que según la tradición es la aparición que tuvo san José en sueños, mientras dormía, se la apareció un ángel. Y, realmente, así podemos “leer” el cuadro: como una aparición milagrosa de esta chica joven, que podemos llamar ángel aunque no lleva alas ni nada que lo indique.

Y esto es lo extraordinario de Georges de La Tour, que consigue dotar al gesto cotidiano real, cercano, de una nieta despertando a su abuelo, con el aura de la aparición. (Se ha hablado de “religiosidad laica” para las obras de La Tour).

Esta pintura tiene mucha más fuerza y presencia que cualquier otra representación tradicional de “El sueño de José” donde normalmente se representa a José dormido y un ángel con alas (y nubes doradas) volando sobre su cabeza (por ejemplo, en la versión de Vicente López, 1805, que hay en el Prado).

La magia de una aparición es este cuadro de La Tour, una de las obras de arte más impactantes que he visto en mi vida.

Para mí fue una aparición “real” porque no sabía que me iba a encontrar este cuadro. Fue uno de esos momentos únicos de puro asombro, cuando descubrimos algo inesperado que nos atrapa por su belleza y que por unos instantes detiene el tiempo: la luz de un atardecer que vemos de repente al levantar la mirada, un violín que alguien toca en la calle y detiene nuestros pasos, o en este caso, un cuadro mágico que descubrí al cruzar la puerta de uno de las salas del museo de Nantes.

Allí, al fondo de la sala, estaba este cuadro, con esta luz única, con el brazo de la chica ocultando la llama creando un aura de misterio, de paz, de quietud. No había casi nadie en el museo y recuerdo acercarme a la pintura despacio, con sigilo, como si mis pasos pudieran despertar al anciano y romper la magia del instante.

Para mirar esta pintura hay que acercarse como se acerca la chica y asomarse al milagro de la pintura: porque esa luz que ilumina la escena, esa llama encendida, en realidad es solo pintura aplicada sobre un lienzo. Pigmentos uno al lado del otro capaces de iluminar la visión de la sagrado.

El ángel le advierte a José que Herodes va a decretar la matanza de los inocentes: va a ordenar matar a todos los niños menores de dos años para asegurarse que entre ellos muere Jesús. El ángel le dice a José que debe huir a Egipto con el niño y su esposa, María, para que los soldados de Herodes no les encuentren. Es la intervención divina que salva la vida de Cristo.

Según la tradición, este sueño ocurrió más o menos ahora, por estas fechas, después de Navidad, después de la visita de los Reyes Magos. Fueron los Reyes quienes le dijeron a Herodes que habían visto una estrella que anunciaba el nacimiento del “rey de los judíos”. Herodes quería encontrar al niño y les pidió a los Reyes que después de adorarlo volvieran a decirle dónde estaba para poder ir él también a adorarlo (en realidad quería matarlo).

Fue también un ángel quien se apareció en sueños a los tres Reyes y les advirtió, igual que a José, de las intenciones de Herodes y que debían volver a Oriente por otro camino.

Las Etapas Artísticas de Georges de La Tour

Georges de La Tour es un pintor fascinante, la pintura de Nantes seguramente es una de sus obras maestras, pero toda su producción, de la que conservamos unos 40 cuadros, es asombrosa.

Sus obras de juventud eran temas populares, figuras de hombres y mujeres en primer plano, comiendo, peleándose o leyendo atentamente un papel que se acercan a los ojos. Tiene obras muy influenciadas por Caravaggio, como los jugadores de cartas o “La adivina” del MET, pero con colores claros y brillantes: una luz cristalina.

Sin embargo, al final de su vida se dedicó exclusivamente a sus cuadros nocturnos, sus “noches” como se llamaron en su época, a la que pertenece el cuadro de Nantes. Cuadros todos ellos de interiores oscuros iluminados por la luz de una única vela, siempre muy pocas figuras: una o dos alrededor de la llama encendida.

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