Elvis: Un Biopic al Estilo de "Ha Nacido una Estrella"
Cuando surge un biopic y se quiere vender bien, se suele elevar a cielos ficticios que solo compran los muy fans del personaje. No os dejéis engañar, “Elvis” nos cuenta la historia de siempre y de la misma forma, con dos o tres detalles para poder vender cierta originalidad y un director de cierto renombre. Nada. Es lo mismo de siempre, entre otras cosas porque no puede ser otra cosa.
Alzado y caída de una estrella, con su redención o no dependiendo del momento. Eso es “Elvis”, como era “Bohemian Rapsody” o tantas otras. La estructura clásica de “Ha Nacido una Estrella”.
La Narrativa desde la Perspectiva del Coronel Parker
Aquí, la mayor originalidad es que la historia la cuenta el Coronel Tom Parker, manager de Elvis, ilustre miembro de la “Liga Americana de Farsantes”, que interpreta Tom Hanks. Un subterfugio narrativo poco convincente porque ni se respeta su punto de vista ni la historia se filtra a través de él o de su sentir.
Una voz over suya que, básicamente, contradice lo que vemos y lo confirma como lo que niega ser… Eso sin contar las numerosas escenas donde no aparece… Un trampantojo. No es mala opción tampoco.
El Coronel Parker: ¿Villano o Visionario?
“Sin mí no habría existido Elvis Presley”. Nos cuenta lo que decían de él, que era un estafador, ludópata y mentiroso, un aprovechado de Elvis, al que sangró y amargó en vida. En este inicio parece querer retratarse la mala conciencia de un hombre… Un feriante, que hará de feriante, en el mundo de la música, mundo de muchos feriantes.
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“Yo no lo maté. Yo cree a Elvis Presley”. Este retrato maniqueo despoja a Parker de matiz y riqueza, además de sus méritos en la carrera de Elvis, que no deben obviarse.
Un pícaro listo, avispado, un lince para los negocios que explotará al máximo su producto y se beneficiará muy bien de ello. Un Cadillac rosa, RCA, una casa para los padres, millones, el cine, el merchandising… hasta lo negativo, “los haters”, para sacar provecho de eso también.
Con todo, cada cosa que hace Parker, en un retrato puramente maniqueo, es mirado negativamente, muchas veces sin razón, ya que sus decisiones, en muchos casos, responden a una lógica que busca engrandecer, proteger y explotar el producto, algo que, como es lógico, todos querrían, sea el uso del merchandising o el control de las polémicas, manteniéndose apolítico.
Por fortuna, el legado de uno y otro es muy distinto. Alcanzó la eternidad, ese lugar donde quedan grabados los elegidos. El de Parker es el de un desdichado, desvinculado de los Presley, finalmente, vía judicial, que pasó sus últimos años solo jugando a las tragaperras de los casinos en Las Vegas…
El Ascenso y la Caída de un Ícono
El periplo que se retrata de Elvis es el de la pureza a la perversión, el de la autenticidad al negocio, y la lucha por conservar lo primero cuando lo segundo amenaza con colonizarnos. El Góspel, el Blues, es una revelación para Elvis en su infancia. Del pecado a la espiritualidad vía música negra. Esa será su base, su cuna, en Memphis, en la calle Beale, en la cuna del Blues.
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Un lugar y un arte que era la pura libertad, libertad a ritmo de cadera que volvería del revés una sociedad (y una política) puritana y racista, que además no descansará para amordazar, maniatar, todo eso. La ruptura del paradigma y la lucha de fuerzas. La fuerza de dos hombres (ese hermano gemelo muerto al nacer). Eso fue Elvis. Libertad. El Rock.
“La vulgaridad y la obscenidad de este Rock and Roll es algo que, obviamente, da pie a que los blancos y sus hijos se pongan al nivel de los negros”. E integración. Un Elvis integrado en la comunidad negra con total naturalidad. Una música negra que rezumaba libertad y, aunque gustara al dominante “mundo blanco”, estaba mal vista por su pecaminosa estética y demás cosas en esa puritana sociedad. Elvis vino a corregir eso… en cierta medida.
“Los negros llevan cantando y bailando como yo ahora ni se sabe el tiempo”. “Quiero ser como tú”. “Un blanco de Memphis que se mueve como un maldito…”. En este sentido, se hace hincapié en su relación con B. B. King, la influencia de la música negra, la presencia de Little Richards fascinando a “Elvis la Pelvis”… El disco con su publicidad en la RCA, el memorable paso por la televisión con esas caderas llegando a millones de hogares al ritmo de “Hound Dog”… Verano de 1956. Cuando todo cambió.
La Domesticación de una Estrella
Por supuesto, ante algo que se desboca y no se puede evitar, como fue Elvis, queda la segunda solución: controlarlo, domarlo. Intentarán un nuevo Elvis, familiar, domesticado, con frac, asumible para todo el mundo, que no escandalice y atente contra unos valores difusos…
“Ha sido la actuación más bochornosa de mi vida, papá”. “Si no te ocupas del negocio, él ser ocupará de ti”. “La gente compra tus discos porque les gusta lo que haces, no porque vistas como un mayordomo”. “Cuando sea demasiado peligroso decir algo, cántalo”.
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Es la eterna historia del sistema contra el individuo, el colectivismo intentando anular lo que lo forma (cada individuo), para controlarlo mejor. Domar a la fiera. Aquí tendremos al Elvis rockero haciendo gala de la esencia que define esa música: la rebeldía. El espíritu indomable e independiente ante la opresión. Es la escena del concierto benéfico de 1956 en Russwood Park, ante 14000 fanáticos. Con una escenificación e intenciones algo exageradas en la película.
Y el sistema actuando. 1958. Al ejército, a cortarse el pelo, símbolo de su rebeldía… Fort Chaffee. Y de la “guerra” al amor, con su romance en 1959 con Priscilla, con la que se casará en el 67 y tendrá a su hija, Lisa Marie.
La Influencia Maternal y la Búsqueda de Nuevos Horizontes
La madre de Elvis es mostrada como el sostén espiritual del cantante. Representante de esa sociedad que teme los cambios, cambios que provoca su propio hijo. Su instinto maternal y de protección, su religiosidad, respeta el vuelo de Elvis, pero no puede evitar observar a los buitres que se van acercando a su genuino arte.
“Hasta mi madre ve bien lo que hago”. Una madre, principal apoyo, que morirá en 1958. Se visualiza en sucesivos encadenados.
“Se preocupaba y bebía”. “… eso mató a mi madre. Desde entonces he estado pedido”.
Elvis fue un artista global. Se fue readaptando y buscando lo que podía favorecerle comercialmente. Del Rock pasó a otros estilos, al cine, donde comenzó haciendo musicales hasta que buscó otras propuestas más ambiciosas, que tuvieron poco éxito, terminando en el hastío y el bajón de calidad en sus cintas para sacar cuartos… 1968.
“La gente ya no quiere ver más películas de Elvis”. “Ahora veremos al Elvis artista de entretenimiento”. La gente no quería calidades tampoco, querían verle cantar, musicales… Un declive artístico que le proporcionó mucho dinero… que derrochó junto a su pandilla. Fue el actor mejor pagado de la historia de Hollywood.
En esas fechas surgían los Beatles, Hendrix… otros que transitaban por caminos que él abrió, que forjaban el cambio que él comenzó. Los 60. Aquí Luhrmann recurre a la estética Pop que predominaba en la época. Pantallas partidas, colorido y montaje chispeante. Es uno de los mejores recursos estéticos del film, ir adaptando su estética a la época retratada.
Renacerá de sus cenizas en el decrépito cartel de Hollywood con la intención de volver a sus raíces en un especial televisivo navideño que tendrá un gran éxito y nos dejará un temazo, «If I Can Dream«. Metafórica y atinada imagen.
El Estilo Visual de Luhrmann y la Fragmentación Temporal
Luhrmann utiliza la fragmentación temporal para narrar su historia. Iremos del presente al pasado y viceversa según convenga. Del cuarto año en Las Vegas de Elvis, en 1973, a sus inicios en Sun Records en 1955, con Sam Philips, en Luisiana, con su “That’s All Right”, cuando la música negra no vendía, pero él apostó por un tema de “ritmos negros con un toque Country” para que toda la juventud lo escuchara. Porque el bueno de Elvis era conocidillo y sonaba bastante en la radio… O cuando viajamos a su infancia.
Luisiana, Misisipi, Alabama, Daytona… Gira por los lugares más conflictivos.
Habría que anotar a Marion Keisker, la mujer de Sam Philips, según la película, el descubrimiento verdadero de Elvis.
Momentos Clave y la Revolución Musical
Entre los grandes momentos del film tenemos la primera actuación que vemos de Elvis, que escenifica con acierto la revolución que fue y el impacto que produjo en esa sociedad mojigata su presencia para una juventud que anhelaba eso precisamente, aunque ni siquiera lo supiera.
“¿Daño? Si parece que lo que quieren es…”. “Yo no sabía nada de música, pero vi en los ojos de esa chica que estaba experimentando emociones que no sabía si debería estar disfrutando”. “Era la fruta prohibida. Se lo habría comido enterito”.
Elvis era la fruta prohibida que, a su vez, probó las otras “frutas prohibidas”: las chicas, las drogas, el alcohol…
Otro de los grandes momentos. En Las Vegas, la actuación con el “Suspicious Minds” es sensacional. Lo cierto es que la recreación de las actuaciones de las que hay constancias son realmente sensacionales. Si bien Tom Hanks está destacable, como casi siempre, Austin Butler está pletórico. Da lo mismo que lo del parecido sea debatible, cuando está encima del escenario se te olvida todo.
El Declive y la Prisión de Oro en Las Vegas
El último tercio, donde todo es demasiado apresurado en ocasiones, deja algunos de los mejores momentos del film (esas citadas actuaciones en Las Vegas), además de dar a Luhrmann la posibilidad de gozarlo duro. La película (que en general ya lo es un poco), se vuelve más “comicquera” en su estilo. Ese tono semisiniestro para la caída de Parker una vez deja a Elvis, con mucho plano oblicuo, y el estallido en Las Vegas con Luhrmann entusiasmándose con su montaje musical en el que introduce texturas visuales diversas, vintage, sobreimpresiones, pantallas partidas…
Aquí la película intenta volverse algo enfermiza, claustrofóbica, un poco “El Show de Truman”, con ese plan de Parker para que Elvis no pueda salir del país de gira, a Europa, como soñaba, manteniéndolo en una prisión de oro, en Las Vegas. Amenazas (inventadas o no), miedos inducidos, seguridad máxima… y una gira americana por todo lo alto.
“… con la tranquilidad de estar en los Estados Unidos”. Esto último tiene algo de retrato del “ombliguismo” estadounidense, al apelar al orgullo patrio donde la seguridad de verdad sólo era posible allí.
Y todo es apresurado, sí. Elvis se marchita, el éxito y el miedo le llevan a las infidelidades, el vicio, las drogas, las pastillas, el agotamiento, la paranoia… el abandono de Priscilla (los amores frustrados son muy de Luhrmann)… Utilizado como mercancía sin importar el riesgo que tuviera su salud. La soledad, una soledad de lujo. Un declive acelerado donde las relaciones (como la misma Priscilla o su padre) también van cambiando y los personajes van desapareciendo sin apenas desarrollo ni elaboración, que además contrasta con el fluir anterior de la película, frenético, sí, pero donde prestaba cierta atención a esas cosas.
La película explora durante más de 20 años la vida y la carrera musical de Elvis Presley a través del prisma de su complicada relación con el Coronel Tom Parker, su controvertido manager durante todo ese tiempo.
La película Elvis es una revisión completa de la vida y carrera de Elvis Aaron Presley, aquel jovenzuelo con tupé nacido en Mississippi que revolucionó la escena musical de los años 50, 60 y 70 con sus provocativos movimientos de cadera en el escenario y la innovadora fusión del country tradicional con el rhythm and blues que hasta entonces estaba asociado exclusivamente a la comunidad negra.
Elvis se inicia con la voz en off de Hanks relatando cómo descubrió a un joven cantante sureño inseguro de sí mismo ante una de sus primeras actuaciones con público y cómo unos minutos después había provocado los grititos orgásmicos del público femenino que asistía al show. El Coronel Parker se convertiría a partir de entonces en la persona que llevaría a Presley a lo más alto del estrellato musical a costa de convertirlo en un rentable producto de marketing del que él se llevaría hasta un 50 % de los royalties al final de la carrera del cantante.
Sin embargo, a través de las imágenes Luhrmann nos cuenta otra historia. Una que funciona por contraste con la del manager, para presentarnos a un Elvis vulnerable y maleable, una víctima de su propia fama que fue vampirizado por gran parte del entorno más cercano, incluido su propio padre, hasta conducirle sin remedio a una etapa autodestructiva en la que se convirtió en un adicto a las pastillas tranquilizantes.
El director Baz Luhrmann, como buen feriante, no se limita a mostrarnos a un icono de la música e, igual que juega con nuestras expectativas ocultando el rostro de Elvis durante las primeras escenas, se sirve luego de un imaginario grandilocuente para convertirlo en el verdadero héroe americano en su lucha contra las injusticias sociales.
Elvis es finalmente un filme apabullante, excesivo, febril, asombroso. Rodada nuevamente con un esplendoroso Panavision anamórfico la pantalla se nutre de un montaje frenético o diversos focos de atención mediante el uso de una split screen fragmentada en tamaños y formas geométricas diversas.
Tras ese inicio avasallador es normal que luego se sienta un ligero bajón cuando la película debe acometer una historia «convencional» de ascenso a la fama, pero si nos fijamos en los detalles antes citados veremos que este biopic resulta mucho más atípico de lo que aparenta y que hay muchas cosas que rascar bajo su apariencia de artificio. Son 159 minutos de purpurina y oro que no pesan, todo lo contrario.
Y al frente de todo este bestial espectáculo que aúna la frivolidad de Las Vegas con el glamour del Hollywood clásico, nos encontramos con un sorprendente Austin Butler mutando en un Elvis al que no se limita en imitar. El actor, poco conocido hasta la fecha, encuentra un espacio intermedio donde poder reverenciar la figura del artista sin caer en el cliché, afrontando con igual acierto el frenesí de sus movimientos espasmódicos encima del escenario como cuando debe reflejar la ansiedad emocional que le carcomía por dentro al bajarse del mismo.
No hay que olvidarse de la réplica que le otorga el gran Tom Hanks, ayudado aquí por un admirable trabajo de maquillaje, en un papel moralmente ambiguo y antipático que vuelve a bordar como hace siempre.
El Sueño de Hollywood y la Realidad
Algo antes de que Elvis Aaron Presley (1935-1977) sacudiera el mundo con sus caderas existió un chaval del sur, acomodador de cine en sus ratos libres, que soñaba con ser una estrella de la gran pantalla. Elvis quiso acariciar el sueño de Hollywood. Love Me Tender (1956) fue el primero de los 33 filmes (31 musicales y dos documentales de conciertos) del Rey del Rock, con los que trataría de cumplir su ambición de convertirse en un gran actor.
Sin embargo, la voracidad de Hollywood (y la de su insaciable agente) no dejaría que se saltara la rentable fórmula de musical más banda sonora. En el camino, un primer sueño cumplido: conocer a Natalie Wood. En Loving You (1957) pedirá más pista dramática y consolidará su imagen de moreno artificial.
Pero llega la década de los sesenta y la fiesta entra en su decadencia. Amor en Hawái (1961) rompe la taquilla y las ventas discográficas pero la camisa hawaiana, la guirnalda de flores, el ukelele y cierto aumento de peso dinamitan su imagen de rockero. Le seguirán títulos como Girls! Girls! Girls! Ninguna de ellas era Matar a un ruiseñor (Robert Mulligan, 1962).
“Eso sí que es una película maravillosa”, llegó a decir Elvis, según recoge Connolly en su biografía. ¿Qué hubiese ocurrido si el inquilino de Graceland hubiese aceptado protagonizar West Side Story (1961), de Robert Wise, o Ha nacido una estrella (1976), como le pidió Barbra Streisand? ¿Habría tenido el mismo final?
La Tragedia de un Mito Cultural
Elvis baila y se mueve al ritmo del montaje frenético e hipnótico de la película de Baz Luhrmann. El director australiano atrapa el alma del rey del rock and roll y se nota su admiración por el artista y los conocimientos que atesora de sus canciones y vida.
Luhrmann con su fuerza visual habitual, su barroquismo y sentido del espectáculo levanta una obra que va mucho más allá de un biopic musical. Con Elvis consigue construir la historia de un mito cultural del siglo XX en forma de tragedia. De paso atrapa, durante el relato cinematográfico, el espíritu de un país en convulsión continua durante las décadas de los 50, 60 y 70.
El sentido del espectáculo de Luhrmann es todo un acierto para ir tallando el nacimiento, desarrollo y declive de una figura tan compleja y rica como Elvis Presley. Desde un respeto absoluto y reverencial hacia el cantante, construye un argumento y unos personajes principales con alma.
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