Embarazo sin Instinto Maternal: Causas y Reflexiones
¿Alguna vez te has preguntado si tener hijos es la única opción? Cada vez más mujeres están tomando la decisión consciente de no tener hijos, y hoy exploramos las razones detrás de esta elección, demostrando que es completamente válida.
1. El Instinto Maternal: Mito o Realidad
El llamado «instinto maternal» no es una necesidad biológica universal. Muchas mujeres simplemente no sienten el deseo de ser madres, lo cual es una razón válida y natural. No por ello son menos mujeres ni están incompletas.
2. Elección Consciente: Priorizar Otros Aspectos de la Vida
Decidir no tener hijos es una opción meditada por muchas mujeres que prefieren enfocarse en sus carreras, proyectos personales o en su pareja. Esta elección no es egoísta, sino que refleja diferentes prioridades en la vida.
3. Salud Mental y Emocional
La maternidad puede ser un reto emocional. Para algunas mujeres, con antecedentes de ansiedad o depresión, decidir no tener hijos es una forma de autocuidado y autoconciencia para preservar su salud mental.
4. Coste Económico y Estilo de Vida
Criar a un hijo implica un compromiso económico considerable, con costes que pueden superar los 300.000 euros. Este factor es clave para muchas mujeres que deciden no tener hijos para mantener un estilo de vida más equilibrado.
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5. Rompiendo Estereotipos Sociales y Culturales
Las expectativas sociales de la maternidad pueden ser abrumadoras. Sin embargo, más mujeres están tomando decisiones que desafían las normas culturales. La maternidad no define el valor de una mujer, y decidir no tener hijos no te hace menos valiosa.
6. La Posibilidad de Cambiar de Opinión
Es importante recordar que esta decisión no es definitiva. Algunas mujeres cambian de opinión con el tiempo. Si esto ocurre, hay múltiples opciones disponibles, como la congelación de óvulos o la adopción.
¿Es verdad que todas las mujeres quieren ser madres y desean tener un bebé?
El querer tener un hijo es posible que sea debido al papel que la mujer siempre ha tenido en la sociedad y no tanto al deseo particular de cada mujer de ser madre.
Hoy en día la situación ha cambiado notablemente a comparación con el pasado. Las mujeres suelen tener hijos a una edad más tardía. Situaciones en la vida, como el trabajo, el no encontrar a la pareja adecuada, la falta de tiempo, el tener metas y objetivos incompatibles con la maternidad, sus recuerdos de infancia, la relación con sus padres - , etc., van a influir en la decisión de tener hijos y también de cuando tenerlos.
El instinto maternal por naturaleza no existe
Si por instinto maternal nos referimos a algo innato que nos impulsa a tener hijos, no existe de ese modo. No es un instinto sino más bien una preferencia que se relaciona con el tipo de relación que se haya tenido en la infancia con los progenitores, entre otros factores. El instinto estaría mas relacionado con la protección y cuidado de nuestros hijos una vez que han nacido.
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La clave está en que la mujer sienta y acepte la feminidad con algo totalmente compatible con ser madre. El que una chica sienta que ser madre le resultará un hecho placentero, y no como un sacrificio.
Es un tema muy personal en cada mujer, ya que dependerá totalmente de sus vivencias, de sus emociones y sensaciones y de su foma de ser. Los expertos recalcan que el sentimiento maternal innato no se halla en sí, sino que viene condicionado por estas experiencias vividas.
Todo este sentimiento se hace más fuerte y positivo si la futura mamá tiene un embarazo tranquilo, un apoyo del padre de la criatura, vivir la experiencia del embarazo con ilusión… Todas estas experiencias ayudarán a que el sentimiento de ser mamá crezca.
¿Por qué hay madres que no quieren a sus hijos?
Hay quien señala que las madres que no quieren a sus hijos presentan una falta de instinto maternal. Sin embargo… ¿Qué es realmente el instinto maternal? ¿Existe de verdad ese impulso natural e inconsciente, capaz de provocar una respuesta tan determinada como la de amar y cuidar a un hijo solo porque la naturaleza así lo orquesta? La verdad es que la ciencia aún no ha encontrado pruebas sobre esto último.
En realidad, hay elementos con mayor trascendencia que van más allá de la controvertida hipótesis genética. Para empezar, hay madres que sí quieren a sus hijos, pero los quieren mal o más aún los aman a su manera. Porque cada quien entiende el querer de un modo y existen personas que practican un afecto frío, que priorizan el que sus niños vayan siempre aseados, sean obedientes, vayan a buenas escuelas y aprendan de manera temprana a obedecer y a decir «gracias y por favor».
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Sin embargo, por el camino se queda el consolar, el aliviar miedos, el mirar con cariño, el escuchar, responder preguntas, alentar sueños y nutrir seguridades. Si esto falta, falla todo. Y no, no importa que una madre «nos quiera a su manera». Si no se atienden esos aspectos emocionales, los hijos crecen con la clara convicción de que no son merecedores del amor de sus madres.
Analicemos por tanto qué factores pueden explicar.
- Arrepentidas de su maternidad: A veces sucede. Hay parejas que tienen hijos solo porque toca, porque según ellos, es el momento de dar un paso más en su relación. Sin plantearse si quiera si quieren y desean verdaderamente ser padres.
- La madre deprimida, la mujer que no ha resuelto sus propios traumas: Una de las razones por las que las madres no quieren a sus hijos puede ser algún problema psicológico no atendido.
- La sombra alargada del narcisismo: Hay padres y madres narcisistas. Hay quien tiene solo unos rasgos de este tipo de personalidad y hay quien evidencia un trastorno narcisista de la personalidad, esa condición clínica con serias implicaciones y consecuencias.
- El hijo preferencial y el amor por «uno» solo: Una de las razones por las que hay madres que no aman a sus hijos está en el amor preferencial. Nos referimos a esas situaciones en que su afecto tiene una cuota limitada y nominal, centrada solo en uno de los hijos y no en los otros.
- Muchas madres tienen una imagen negativa de sí mismos que transmiten a sus hijos. Si no pueden amarse a sí mismos o han desarrollado una concepción negativa de sí mismos y de sus cuerpos, y extienden esta vergüenza y negatividad a sus producciones, no pueden transmitir amor y ternura a esta notable creación suya.
- Emociones no trabajadas: Brindar cariño o establecer un vínculo es resultado de tiempos, pero sobre todo implica mucho trabajo a nivel conductual y emocional, es decir, de energía. Esto quiere decir que cuando una mujer no se encuentran muy bien en otros ámbitos, resulta difícil estar en contacto con otros o bien a cargo de un pequeño ser.
- Tener hijos les recuerda a los padres que el tiempo pasa: Esto puede causar tensión e incluso resentimiento en las madres y un retiro defensivo y autoprotector ante la angustia de la muerte. Esto resulta en algo directa o indirectamente dañino para sus hijos.
- Los padres tienden a usar a sus hijos como proyectos de inmortalidad: Como un mecanismo para defenderse de la angustia ante la muerte las madres buscan continuar viviendo a través de su descendencia. Para cumplir este propósito, los niños deben replicar las actitudes y elecciones que hecha hace. Si difieren, sus acciones se malinterpretan como desafiantes. Los hijos en esa situación no son amados, sino usados como un simple proyecto existencial.
¿Te sientes mal por no tener instinto maternal?
El hecho de la procreación está presente en todo ser humano, ya que es un requisito de la especie, nacimos de padre y madre por sexuación, si no nos reproducimos desapareceríamos, y esto va más allá de nosotros, por tanto, según algunas voces, para quedar embarazada no es necesario el instinto maternal.
«Sin embargo sí es necesario el instinto maternal para cuidar al niño, darle de comer, arroparlo para que no pase frío, protegerlo de los peligros y, en definitiva, ejercer las acciones que impiden que el niño muera y le permitan crecer -apunta Susana Lorente, psicoanalista y psicóloga -. Es decir, el instinto maternal es una función que puede sentir y ejercer tanto un hombre como una mujer, no es algo exclusivo de la mujer como solemos pensar».
Esta psicóloga explica que el motivo por el cual hay mujeres que no lo sienten puede «habría que evaluarlo en cada una», pero el más frecuente es que en vez de tener puesta su energía en la maternidad, la tienen en otras actividades como trabajar, estudiar, en proyectos sociales.
«Y si nos fijamos detenidamente no es que hayan renunciado a su instinto maternal por no tener hijos, ya que las tareas que realizan en otros ámbitos requieren muy seguramente de esa función materna en muchos casos. Por lo tanto, no podemos equiparar instinto maternal, con mujer y con tener hijos, para los animales podría ser así, pero para el ser humano es algo más complejo».
El deseo de tener un hijo «puede acontecer en cualquier momento vital para la mujer, no hay estereotipos», los únicos, los marcados culturalmente, pero lo cierto es que para cada mujer acontece de manera diferente.
Según Verónica Corsini, de Servicios Psicológicos Koan , el instinto se define como una «conducta innata y no aprendida que se transmite genéticamente entre los seres vivos de la misma especie y que les hace responder de una misma forma ante una serie de estímulos».
La especialista de Servicios Psicológicos Koan señala que en la actualidad hay muchos modos de ser mujer y, por lo tanto, muchas maneras de ser madre.
«La maternidad como construcción social ya no está asentada bajo un solo modo en el que poder identificarse: feminidad, entrega, ama de casa, maternidad… Ya no está tan claro. Para poder responder a la cuestión de la existencia o no del instinto materno, debemos separar lo que es ser una mujer diferenciada de ser una madre».
Si consideramos que el instinto es algo innato y no aprendido ¿Cómo es posible que ante una misma demanda del hijo, una madre y otra respondan de maneras tan distintas?, ¿Como hay mujeres que no desean ser madres? Es más, ¿Como incluso hay madres que atentan contra la vida de sus propios hijos?
«Pareciera que entre los animales todo queda más claro y pautado ¿Por qué?
Esta experta se suele encontrar en la consulta con muchas mujeres donde no solo tienen dudas sobre si ser madre, sino que tienen la ausencia de ese deseo. «Otras veces parece que hay un claro deseo, pero más por el deseo de sentirse embarazadas que por desear un hijo, y otras por el deseo de dar a luz un hijo pero sin tener claro como satisfacer las demandas de este».
Muchas son las cuestiones que se plantea la mujer: ¿Soy rara por no desear tener hijos?, ¿soy mala madre si no sé que necesita mi hijo?, ¿qué quiere mi hijo de mi?… Todas las respuestas dependen de lo que signifique la maternidad para cada uno y esto se construye a través del deseo que se transmite y se aprende en relación con lo vivido como hijo y en conexión con una cultura y contexto determinado.
¿Es natural o cultural? Los científicos aseguran que no existen causas fisiológicas demostrables, y que este deseo no es algo innato que les obliga a querer ser madres.
Hay mujeres que parece que sienten y entienden la maternidad como un impulso biológico y una llamada insistente, pero hay mujeres que no, por lo que se tiende a considerar que este sentimiento, viene condicionado más por la sociedad, la cultura, las creencias, el desarrollo personal y la estabilidad laboral.
Sin embargo, parece que sí hay mecanismos biológicos y hereditarios por proteger, cuidar y alimentar hijo, así como un un vínculo especial entre la madre y el hijo. Por lo que el instinto maternal estaría más relacionado con la protección y cuidado de nuestros hijos una vez que han nacido.
¿Por qué hay mujeres que no desean tener hijos?
La maternidad o el deseo maternal es algo que históricamente la tradición ha «impuesto» a las mujeres como necesario para ser consideradas normales.
Pero la sociedad ha cambiado y los roles de género, sobre todo el de la mujer, ha evolucionado. Con el control de la natalidad y la generalización en el uso de los métodos anticonceptivos… al contrario que el resto de los mamíferos, la mujer tiene la posibilidad de renunciar o elegir ser madre.
Hoy en día las mujeres suelen tener hijos a una edad más tardía. Situaciones en la vida, como el trabajo, el no encontrar a la pareja adecuada, la falta de tiempo, el tener metas y objetivos incompatibles con la maternidad, sus recuerdos de infancia, la relación con sus padres, etc. van a influir en la decisión de tener hijos y de cuándo tenerlos.
Es sabido que en la actualidad muchas mujeres no desean tener hijos. La socióloga británica Katherine Hakim -autora del estudio Sin hijos en Europa- asegura que sobre un 20% de las mujeres europeas no son madres y solo un 3% es debido a su infertilidad.
La maternidad ya no es concebida por todas las mujeres como un plan vital.
Presión social
“Y vosotros, ¿para cuándo?”, “se te va a pasar el arroz”… Muchas mujeres que superan la treintena y aún no han sido madres escuchan con frecuencia estas frases; unas sentencias pronunciadas por personas de su entorno, desde familiares o amigos, hasta compañeros de trabajo o vecinos con quienes no se ha establecido ninguna confianza.
Esta invasión de la intimidad forma parte de la presión social que las mujeres deben soportar en ocasiones cuando deciden postergar o eludir la maternidad. Esta insistencia puede provocar que se tomen decisiones inapropiadas, no basadas en una elección personal.
En el momento en que la mujer decide tener un hijo, los especialistas recomiendan que evalúe el sentimiento que le lleva a tomar esa decisión y valore si tiene más que ver con la presión social que ejercen sobre ella, que con su elección personal.
Diane L. Dell y Suzan Erem, autoras del libro ‘¿Realmente quiero tener hijos?’, aconsejan en su obra pensárselo dos veces antes de optar por la maternidad si hay una sensación de estar bajo presión.
Dell y Erem señalan que algunas mujeres toman la decisión prácticamente porque es “lo que se espera de ellas”, de modo que es necesario “asegurarse de que se tiene un bebé por cuenta propia y no por la presión de la familia o de los amigos”.
Consejos para tomar la decisión adecuada:
- Aclarar la situación con la pareja: es necesario que la pareja afronte el tema de la maternidad con total sinceridad y claridad para evitar situaciones para las que no se esté preparado. Tanto si es una decisión común, como si es individual de una de las partes, es importante que exista un consenso real y meditado entre ambos.
- Ser sinceros: en ocasiones, cuando la mujer tiene una pareja y una situación estable, la presión de los familiares y los amigos se basa en la especulación sobre si hay o no algún problema para engendrar hijos, más que en el interés y el apremio. Para evitar que la presión se incremente, es recomendable ser sinceros y decir de forma clara y contundente el motivo por el que no se desea afrontar la maternidad, ya sea porque no se está preparado, porque se prefiere esperar o porque se ha decidido no ser madre.
- Imaginar la situación: el nacimiento de un bebé implica muchos cambios personales e incluso, en algunos casos, laborales. La mujer ha de evaluar e imaginar cómo podrá afectar la maternidad a su vida diaria para tomar una decisión basada en sus prioridades y no en las de los demás.
- Relacionarse con niños: en ocasiones, resulta de ayuda aprovechar los momentos que se pasan con familiares o amigos que ya tienen bebés para evaluar de forma práctica el sentimiento que despiertan los niños en uno. Estas situaciones permiten, además, imaginar cómo puede ser la situación después de ser madre.
Renunciar a la maternidad, como resultado de una opción personal, supone toparse con presión social, y tener que estar justificando a través de multitud de argumentos, por qué se ha asumido esa posición. Uno de los prejuicios a los que más se recurre es el fantasma de la infertilidad, el cual se asocia con minusvalía e inferioridad en comparación con las que si son madres, ya que no se entiende que haya mujeres que por decisión y no por imposibilidad, hayan optado por darle prioridad en sus vidas a otras facetas distintas de la maternidad.
“La maternidad no puede ser un mandato social, sino una opción personal que puede resultar una experiencia muy gratificante cuando es el resultado de una elección libre”.
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