Enric Juliana: Biografía, Esposa e Hijos

21.12.2025

En mi casa siempre hemos sido gente de orden, suscritos a La Vanguardia. Solo dejamos de comprarla -me cuentan, porque yo no estaba- en 1959-60, cuando lo de Galinsoga. Así que entrevistar a Enric Juliana (Badalona, 1957), director adjunto del periódico barcelonés, significa para mí entrevistar a un tótem periodístico.

El periodista Enric Juliana (Badalona, 1957) es director adjunto de La Vanguardia y está al frente de la delegación en Madrid del diario.

Arranca con estos arquetipos una entrevista de horas con el director adjunto del diario La Vanguardia; con un columnista que... -"no soy un columnista", matiza con una sonrisa-; bueno, con un analista que... -"tampoco"-. ¿Qué es entonces Enric Juliana? "Un corresponsal", define. Bien, ya profundizaremos en esto. Pues arranca así una entrevista con un corresponsal en Madrid de un periódico de Cataluña que acabará un día más tarde con un fluido cruce de wassaps.

Enric Juliana nació en una Badalona "vieja e industrial", en 1957, entre las vías del tren y el mar, con las chimeneas de las fábricas y la destilería de Anís del mono de fondo. Allí, en la avenida del ferrocarril de Badalona, se instalaron sus bisabuelos maternos, unos payeses reconvertidos al transporte de mercancías.

El pequeño Juliana fue a la Escuela Minguella, una privada de Badalona, responde. Y acompaña cada respuesta de un contexto. "Hemos de situarnos en los años 60, la escuela pública apenas existía en la periferia de Barcelona y la que existía estaba desprestigiada. Las privadas oscilaban en función de las posibilidades de los padres. Estaba muy cerca de mi casa y era la escuela que habían fundado unos profesores de la escuela catalana a los que autorizaron en los años 50 a abrir. Era una escuela ligeramente catalanista dentro de lo que se podía ser, los libros estaban en castellano pero la mayoría de los profesores daban la clase en catalán y se seguía el programa oficial. En los primeros años nos examinábamos en el instituto, porque en la escuela aún no podíamos. Eso era... con el primer examen, en el instituto, me puse enfermo. No tengo un mal recuerdo".

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Un poco más tarde cayó en el comunismo.

Militó en el PSUC. Sí, a los 16 años. Para mí eso fue... las primeras semanas era como algo irreal. Teníamos nombres clandestinos, era como vivir una aventura. ¿Qué hicimos? Pusimos en marcha un cineclub, colaboramos en la coordinación de diversas entidades culturales, nos pusimos a escribir en un revista local que escapaba un poco del control oficial... Hicimos una labor de extender una actividad de carácter democrático y participativa. Y de vez en cuando tirábamos octavillas.

Dice que en aquel tiempo en la órbita del comunismo aprendió "lo fundamental". Asume que su formación la tuvo en aquellos años "en contacto con la socialización política en el momento de cambio de un país", lo hice de la mano de una determinada gente por la cual tengo gratitud. Y se viene una anécdota del 78, antes del referéndum, la primera vez que Juliana pudo votar: "Las mañanas anteriores colgué carteles que ponían: Terrorismo no, Constitución sí. Estas son mis credenciales políticas. Hay mucha gente en este país que da grandes lecciones de constitucionalismo, mi aportación al constitucionalismo español es que en el año 78 colgué carteles donde se leía Terrorismo no Constitución sí".

Juliana ríe cuando saborea la historieta y parece que la busca con la mirada mientras la hila. ¿Su familia? "Éramos una familia modesta, sin lujos, vivíamos correctamente. Sí recuerdo que mis padres se sacrificaron por sus hijos".

Juliana empezó en el periodismo temprano. A los 17 o 18. Fue un año... "confuso, de niebla mental". "En mi familia nunca se había ido a la Universidad, pero entonces empezaron las dificultades y me hice a la idea de que tenía que contribuir, no me veía con el dinero de mi padre manteniéndome cinco años más... "No me matriculé en la Universidad y estuve trabajando en una gestoría. Un día, sentado en un bordillo, me pasé como una hora pensando: 'Qué coño estás haciendo, qué va a ser de tu vida, qué quieres hacer, porque esto no te va a llevar a ninguna parte'. Y me acuerdo perfectamente que había un periódico, el Tele eXpres, que tenía un corresponsal local que apenas escribía. Le llamé, le pregunté si le importaría que le ayudase, y a partir de aquel día escribí casi todas las crónicas. En el periodismo local de finales del franquismo nos iniciamos una generación de periodistas".

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Vamos con un resumen laboral rapidísimo: después del Tele eXpres llegaría una revista local, un semanario catalán, TVE, El País, y en el 91, al fin, La Vanguardia, donde pudo ser corresponsal en el extranjero. En Italia, se refiere: "Fue el periodo en términos de profesional y quizá personales más feliz de mi vida. Conseguí algo que para mí es muy importante: yo tenía un déficit universitario -ya sabemos cómo es el Periodismo en la Universidad en España- y esto me obligó a intentar entender aquello, y para entenderlo tenía que estudiar". Al volver a Barcelona, dice que fue cuando pensó en eso de ser corresponsal en Madrid.

A ver, Enric, ¿esto del corresponsal en Madrid de La Vanguardia es una provocación para alguien? No, no, no lo es. Al venir aquí comencé a aplicar el concepto del corresponsal, que es uno que está en un sitio y reporta lo que va corriendo. Si esta es tu ciudad, si eres un corresponsal local, te sientes muy implicado en tu ciudad, en tus cosas, sobre todo si eres joven. La corresponsalía local te obliga a desencriptar lo que está pasando en tu mundo próximo. La corresponsalía en el extranjero tiene la ventaja de que es aérea y las tensiones las vives desde lejos de la emoción, aunque puedes llegar a sentirte muy implicado. Y ser corresponsal en Madrid no es ser ni corresponsal local, porque no soy de Madrid, ni tampoco es ser corresponsal en el extranjero porque, y este me parece un punto importante de la entrevista, Madrid para mí no es la capital de un país extranjero. Siempre he considerado que España es mi país. Lo que podemos es discutir cómo me gustaría que fuese España, pero para mí España no es un país extranjero. Ahora bien, yo nunca había estado en Madrid, y he intentado trabajar desde este prisma: reportar, primero, a un lector de Barcelona, que es básicamente el lector principal de La Vanguardia, aunque tenemos lectores en toda España. Intento aplicar ese factor de distancia.

Dice Enric Juliana que no recuerda un texto que le hayan censurado. Y añade: "Yo siempre he sido muy consciente de dónde he trabajado". ¿Qué quiere decir? "Tener una noción del público al que te diriges e intentar adecuar la manera de enfocar información, la escritura, el estilo incluso, al público. La Vanguardia tiene un público y sin ese público mi estilo sería otro. Llevo 30 años escribiendo en La Vanguardia. Mi manera de escribir está muy condicionada por el lector de La Vanguardia, que es un lector que admite muchos puntos de vista siempre y cuando se los plantees con una cierta suavidad. Mi manera de escribir obedece esas pautas".

¿Autocensura? ¿Quizá por ese lector o por una amistad? "Siempre tienes en cuenta una... orografía, para entendernos, pero creo que en La Vanguardia he encontrado los márgenes de libertad que no he encontrado en otros sitios".

Las relaciones humanas llegan, la tendencia del ser humano es hacer amigos. Y hay gente que te cae mejor que otra. Yo, la verdad, es que no he hecho grandes amigos en la política. Tuve una relación de afecto personal con Maragall, un gran alcalde, tipo peculiar, interesante, creo que acabamos con una relación de autentica simpatía que quizá no la he desarrollado respecto a nadie más, he procurado no hacerlo. Con Pablo Iglesias fue muy interesante mantener con él un largo diálogo que se resumió en un libro titulado Nudo España. Es una persona muy inteligente, que se crece en el combate, le tengo aprecio personal... [y se se piensa muchísimo cómo continuar, es la primera vez que ocurre en una entrevista que se ha desarrollado casi de corrido]. Pero con el Vesubio siempre hay que mantener una cierta distancia.

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