Citomegalovirus (CMV) y el Embarazo: Experiencias y Información Clave

21.09.2025

Aunque su nombre sea poco conocido, el citomegalovirus (CMV) es un virus muy común. Pertenece a la familia del herpes virus y afecta a personas de todas las edades, especialmente a los niños de entre 1 y 3 años, por ello en las guarderías se transmite con facilidad. En los adultos esta infección suele pasar desapercibida, ya que no siempre presenta síntomas. Pero precisamente por eso, debes estar atenta si estás embarazada, porque contraer esta infección durante el primer trimestre de gestación -antes de las 14 semanas- puede tener consecuencias graves para el bebé, como pérdida auditiva y problemas de desarrollo.

¿Qué es el Citomegalovirus (CMV)?

El citomegalovirus o CMV es un tipo de virus muy común que pertenece a la familia de los “herpesvirus”. El CMV es un virus de baja contagiosidad que pertenece a la familia de los herpes (Herpesviridae). Se relaciona con los virus causantes de la varicela o de la mononucleosis. Una vez que se produce el contagio, éste permanece de forma latente en el organismo de la persona y puede reactivarse en cualquier momento de su vida.

¿Cómo se Transmite el CMV?

El CMV puede transmitirse de una persona a otra a través del contacto con fluidos corporales infectados (saliva, orina, sangre) y mucosidades. Este virus se elimina en la orina, la saliva, el semen y otras secreciones. La forma más frecuente de transmisión de una infección por CMV a mujeres embarazadas es por el contacto de sus ojos, nariz o boca con la orina o saliva de otros niños pequeños.

Por ello, si tienes otro hijo menor de 3 años debes extremar las precauciones y las medidas de higiene, ya que el virus se transmite a través del contacto directo con fluidos corporales, como la sangre, la saliva, las lágrimas, la orina, el semen y la leche materna. Una vez que el niño está infectado, puede propagar el virus durante los años preescolares. Los niños pequeños también son más propensos a pasar sus líquidos corporales al medio ambiente al babear, meterse los juguetes a la boca y al orinarse en los pañales.

La embarazada puede transmitir el CMV a su bebé antes de nacer, durante el parto o al amamantarlo. No obstante, es poco común que los bebés contagiados con CMV durante el parto o la lactancia sufran problemas graves relacionados con el virus.

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Síntomas del CMV

La mayoría de las personas que se infectan con el CMV no presentan síntomas o son muy leves. Las personas embarazadas pueden no notar ningún síntoma o percibir los síntomas leves que hemos descrito anteriormente. Si bien en la mayoría de los casos, la infección con el virus será inocua, un pequeño porcentaje de bebés infectados durante el embarazo pueden nacer ya gravemente enfermos, con fiebre alta y problemas en algunos órganos, especialmente los oídos.

Lo más habitual es que las personas contagiadas por citomegalovirus sin ninguna otra patología o con un sistema inmune débil no presenten ningún síntoma aparente. Sin embargo, algunas manifestaciones clínicas relacionadas con la infección por CMV son las siguientes:

  • Erupción de la piel.
  • Piel y ojos amarillos, es decir, ictericia.
  • Inflamación de la retina.
  • Hipertrofia o agrandamiento del hígado y del bazo.
  • Bajo peso al nacer.
  • Calcificaciones en el cerebro.
  • Lento crecimiento cerebral.

Los bebés contagiados por CMV durante su etapa fetal tienen más probabilidad de padecer alteraciones auditivas, visuales y neurológicas.

Diagnóstico del CMV durante el Embarazo

Hace unos años no se hacía ningún test, pero ahora se puede hacer un cribado en el primer trimestre para saber si existe inmunidad, es decir si la madre tiene anticuerpos. Las guías internacionales no recomiendan el cribado de forma estandarizada en todas las gestantes. Por ello, en general, el test solo se aplica cuando la madre presenta síntomas, ha estado expuesta a un contacto de riesgo identificado o se detectan hallazgos ecográficos de sospecha durante la gestación.

Durante el cribado de primer trimestre de gestación se realiza una serología a las embarazadas donde se podrá conocer si hay infección por CMV. Existen varias pruebas diagnósticas para detectar una posible infección por citomegalovirus. En primer lugar, se puede realizar una serología para detectar anticuerpos frente al CMV. Gracias a esta prueba es posible conocer si la mujer ha estado o estuvo expuesta en algún momento al virus en función de los resultados de las IgM e IgG respectivamente.

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Los posibles resultados que se pueden obtener en la serología son:

  • Ausencia de anticuerpos anti-CMV (IgM e IgG): no hay infección por CMV ni inmunidad.
  • Presencia de IgM, pero no de IgG: infección por primera vez o primoinfección muy reciente.
  • Presencia de IgM e IgG: infección latente reactivada. El paciente estuvo infectado por CMV en el pasado, pero se ha vuelto a reactivar.
  • Ausencia de IgM y presencia de IgG: en algún momento hubo infección por CMV, pero no en el momento de la prueba. Por tanto, con este resultado se puede determinar que el paciente está inmunizado.

Otra forma de diagnosticar una infección por CMV es mediante una PCR (reacción en cadena de la polimerasa). A través de esta técnica molecular se puede identificar ADN vírico y la carga viral.

Tratamiento del CMV durante el Embarazo

“Pero en nuestro centro ya lo hemos aplicado como cribado en el primer trimestre, para poder tratar a tiempo y disminuir el riesgo de desarrollo de graves secuelas, sobre todo neurológicas”, explica la Dra. Anna Boguñà, ginecóloga del Servicio de Obstetricia de Dexeus Mujer. Si te hacen la prueba y el resultado es positivo, existe un tratamiento farmacológico que reduce significativamente los riesgos de que el virus tenga un efecto negativo sobre el bebé. Consiste en tomar un antiviral por vía oral.

Si se ha diagnosticado una infección por CMV en la madre durante la gestación, es importante establecer un tratamiento adecuado. Además, será conveniente realizar una amniocentesis para conocer si hay infección fetal también. Del mismo modo, si el bebé nace con infección por CMV será necesario establecer un tratamiento temprano para evitar posibles secuelas. Por ello, es importante administrar antivirales de manera controlada para reducir la posibilidad de efectos adversos.

“Más adelante (a partir de la semana 17) comprobamos si la habido infección fetal mediante una amniocentesis, pero en las embarazadas que realizan el tratamiento el riesgo es bajo, solo en un 11% de los casos se produce la transmisión”, puntualiza la Dra. Si la amniocentesis confirma que el bebé se ha infectado, es importante realizar controles ecográficos para evaluar si ha afectado al bebé y en qué grado. En estos casos y si es necesario, el tratamiento con el antiviral se puede mantener hasta el parto. Se ha observado que su toma disminuye la aparición de síntomas en el bebé en un 43%-82% de los casos.

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Aunque en los controles ecográficos no se aprecie que el bebé esté afectado, si existe la confirmación o sospecha de infección fetal por CMV; se debe hacer un estudio en la orina del recién nacido. Si es positivo, los pediatras harán un seguimiento del bebé durante unos años, ya que las secuelas (por ejemplo, las auditivas) pueden aparecer más tarde.

¿Cómo Prevenir el Contagio por Citomegalovirus en el Embarazo?

Ante todo, la premamá debe cuidarse al máximo para asegurar la máxima calidad de vida a su bebé. Si estás en tu primer trimestre de embarazo y te contagias de citomegalovirus, hay un 20% de probabilidades de que se lo transmitas a tu bebé. Es importante consultar con un médico si se sospecha de una infección por citomegalovirus, especialmente si se pertenece a alguno de los grupos de riesgo mencionados. El tratamiento dependerá de la gravedad de la infección y de los síntomas presentes y debe ir siempre recetado por un médico, para asegurarse de que los medicamentos no interfieran con el embarazo ni la lactancia materna. También se recomienda seguir algunas medidas de prevención, como lavarse las manos con frecuencia, evitar el contacto con los fluidos corporales de las personas infectadas y usar preservativos durante las relaciones sexuales.

Existen medidas de prevención para evitar el contagio de CMV durante el embarazo, que deberían aplicar sobre todo las gestantes que ya tienen niños en edad preescolar, ya que son los principales transmisores a través de la saliva y la orina. La doctora Marie Antoinette Frick, pediatra especialista en infecciones congénitas en Vall d'Hebron, recomienda "no dar besos a sus hijos en la boca o mejilla, no compartir comida, bebida o utensilios de cocina o cepillo de dientes", así como una "buena higiene de manos sobre todo si hay contacto con saliva u orina de su hijo", o incluso "usar guantes para cambiar pañales".

Pese a todo ello, es fundamental tomar medidas para evitar el contagio por CMV. A continuación, se enumeran algunas de ellas:

  • Evitar el contacto con la orina o la saliva, en especial de los niños pequeños.
  • Lavarse las manos con agua y jabón especialmente después de: cambiar pañales, alimentar a un niño, limpiarle la nariz o la baba y tocar sus juguetes.
  • No compartir con los niños pequeños alimentos, bebidas ni cubiertos.
  • Limpiar con productos caseros los juguetes, mesas y otras superficies que entren en contacto con la orina o la saliva del niño.

Otro de los consejos para reducir el riesgo de transmisión del citomegalovirus es mantener relaciones sexuales seguras utilizando métodos anticonceptivos como el preservativo.

Para reducir la posibilidad de infección durante el embarazo, especialmente durante los primeros 3 meses y también cuando ya está planeando, contacto directo con la saliva de los niños menores de 3 años, evitando compartir cubiertos, gafas, chupetes o hacer besos en el boca o cerca de la boca. También es importante lavarse bien las manos con agua y jabón después de estar en contacto con la saliva o moco de los niños (por ejemplo, después de que su nariz suena o limpiarse la boca) y también después de un posible contacto con la orina durante el cambio de pañal.

Infección Congénita por CMV

Cuando la madre le transmite el citomegalovirus al bebé durante el embarazo, se dice que el bebé tiene una infección congénita por citomegalovirus.

El CMV es la infección congénita (presente desde el nacimiento) más común en los EE.UU. Cada año cerca del 1% de todos los recién nacidos, o 40.000 bebés, contrae la infección.

¿De qué manera afecta al bebé la infección congénita de CMV?

Afortunadamente, el virus no afecta a la mayoría de los bebés y el 90% de los bebés infectados no tiene síntomas al nacer; sin embargo, un 10% de ellos desarrolla una o más anomalías neurológicas, como retraso mental, problemas de aprendizaje, o pérdida auditiva o de la vista, por lo general durante los primeros años de vida. Cerca del 10% de los bebés infectados tienen síntomas al nacer: aumento del tamaño del bazo o del hígado, ictericia (color amarillento en la piel y en los ojos) y una erupción cutánea característica de la infección. Hasta un 20 %de estos bebés muere y cerca del 90 por ciento de los que sobreviven sufre defectos neurológicos graves, como retraso mental.

Actualmente no existe ningún tratamiento eficaz para el CMV congénito. No obstante, se está investigando una nueva droga antiviral llamada Ganciclovir (utilizada para tratar adultos con SIDA u otros problemas del sistema inmunológico que tienen infecciones oculares relacionadas con el CMV) para averiguar si también puede ser eficaz en los bebés que padecen CMV congénito.

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