Fecundación en Elefantes: Un Proceso Detallado
La menstruación es un fenómeno muy raro en la naturaleza, pero las mujeres menstrúan alrededor de 480 veces en la vida. Solo experimentan este proceso algunas hembras de mamíferos: además del Homo sapiens, ciertos primates no humanos, determinados murciélagos, la musaraña elefante y el ratón espinoso egipcio. Sin embargo, en la mayoría de las hembras de los mamíferos, la reproducción está regulada por el ciclo estral.
Durante la preparación para el apareamiento y el embarazo, el cuerpo femenino experimenta diversos cambios fisiológicos. En especies con ciclo menstrual, la ovulación es cíclica y no depende del entorno. Esto se atribuye a una dieta omnívora, que proporciona una fuente continua de energía a través de frutas, insectos y pequeños vertebrados. En cambio, la ovulación de las especies con ciclo estral se desencadena por factores ambientales, como la nutrición, la temperatura, la lluvia, la luz o la estimulación mecánica durante el coito. Esto ocurre en una ventana de tiempo específica llamada “estro” o “celo”.
Después de la ovulación, el folículo ovárico que liberó el óvulo se transforma en el denominado cuerpo lúteo. En el caso de los animales que menstrúan, el endometrio -la capa más interna del útero- se prepara para la implantación embrionaria sin que la hembra esté embarazada. Este proceso se llama decidualización espontánea y es inducido por el cuerpo lúteo. De hecho, la progesterona promueve la diferenciación -es decir, la especialización- de células estromales endometriales en células estromales deciduales. Estas últimas secretan moléculas que mantienen el cuerpo lúteo en funcionamiento y atraen a las células asesinas NK, células inmunitarias que promueven una extensa remodelación de los vasos sanguíneos del endometrio.
En casi todas las especies que experimentan ciclo menstrual, el apareamiento es continuo y no depende ni de factores externos ni del estado reproductivo de las hembras. En cambio, las hembras con ciclo estral solo son receptivas durante el estro, una o más veces al año. En ambos casos, cuando se produce la fecundación, el óvulo fecundado por el espermatozoide empieza un proceso de división celular hasta llegar al estadio embrional de blastocisto.
Mientras tanto, el embrión se desplaza del oviducto al útero, donde podrá implantarse en un endometrio ya decidualizado (en las especies con ciclo menstrual) o tras inducir la decidualización (en las especies con ciclo estral). El embrión se implanta en el endometrio a través una capa de células, el trofoblasto, que posteriormente formará la placenta. Si la hembra experimenta ciclo menstrual, la invasión del trofoblasto es profunda, lo que da como resultado una placenta que atraviesa el epitelio uterino y los vasos sanguíneos maternos. En algunas especies de ciclo estral, este proceso puede ser superficial; es decir, no hay invasión de los vasos sanguíneos maternos, ni siquiera del epitelio uterino.
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Un estudio sobre la evolución de la menstruación defiende que las especies con decidualización espontánea tienen una mayor capacidad de supervivencia y una mayor probabilidad de generar descendencia. La primera hipótesis se basa en la invasión excesiva del trofoblasto que da inicio a la placentación. La respuesta del útero a esta invasión “bárbara” sería la decidualización. Gracias a este proceso, las células deciduales, conectadas por uniones estrechas, forman una especie muralla defensiva. Adicionalmente, con la ayuda de las células asesinas NK, producen factores que no solo limitan la invasión del embrión, sino que además inducen la muerte de células embrionarias que evaden las defensas de su ejercito. Sin decidualización, la invasión sería aún más profunda y produciría daños irreversibles al útero.
Según la segunda teoría, las células deciduales serían capaces de detectar embriones cromosómicamente anómalos que no consiguen establecer conexiones con el suministro sanguíneo materno. Con la menstruación, estas células se desprenden, eliminando embriones anómalos y evitando una inversión materna inútil en embarazos problemáticos. Cuando no hay embarazo, sin el embrión y su placenta, no se producen las hormonas necesarias para el mantenimiento del cuerpo lúteo y la producción de la progesterona.
Si esta hormona falta, el endometrio de las especies con ciclo estral simplemente se reabsorbe. Sin embargo, la ausencia de progesterona en las hembras menstruantes provoca una reacción inflamatoria que induce la descomposición de la matriz del tejido endometrial, provista de numerosos vasos sanguíneos. La integridad estructural del armazón uterino se pierde y la sangre de las arteriolas endometriales es expulsada en la cavidad uterina. Es lo que conocemos como menstruación.
Gestación en Elefantes
Los elefantes son capaces de impresionarnos con mucho más que su envergadura. Todo ello es posible gracias a la complejidad de su cerebro, y al desarrollo de otros sentidos, como el de la audición. Los “superpoderes” de los paquidermos requieren de toda una infraestructura, y gran parte de la misma se forma durante la gestación.
Cuánto dura el embarazo de un elefante ha sido uno de los mayores quebraderos de cabeza para los científicos, que finalmente han logrado dilucidar el motivo de que se extienda tanto. Y es que el proceso dura la friolera de 22 meses. Las hembras deben pasar casi dos años cargando al feto. Los motivos que justifican cuánto dura el embarazo de un elefante son varios. En primer lugar, se dan dos factores que, juntos, acaban poniendo a prueba la templanza de las hembras. Como resultado, se tarda cerca de mes y medio en poder detectar que una elefanta va a ser madre, y hay que esperar hasta 80 días para oír el latido del corazón del feto.
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Uno de estos instrumentos imprescindibles para sobrevivir es su cerebro, ya que las crías deben integrarse en la estructura social de su grupo. Los elefantes bebé nacen con él muy desarrollado, lo que les permite manejar una extremidad tan sutil como la trompa y reconocer fácilmente su lugar en la manada.
El embarazo de un elefante es un proceso fascinante que se asemeja mucho a una maratón de desarrollo:
- Fertilización y formación del embrión: Las elefantas tienen un rasgo que las hace muy peculiares, y es que solo son fértiles cada tres o cuatro años.
- Desarrollo temprano: Durante los primeros meses de gestación del elefante, el embrión empieza a tomar forma y a desarrollar estructuras vitales, como el corazón y el sistema nervioso.
- Crecimiento acelerado: A medida que avanza el embarazo, el feto experimenta un crecimiento importante. Se desarrollan por completo los órganos internos y empiezan a funcionar dentro del útero.
- Maduración final: En los cuatro últimos meses, el feto de elefante crece casi hasta su tamaño final y gana mucho peso.
Las especies de mayor inteligencia y vidas más longevas suelen tener embarazos largos, lo que les da un amplío periodo de tiempo para el desarrollo fetal. El elefante africano tiene el embarazo más largo, 22 meses. De manera similar, las cinco especies de rinocerontes tienen un embarazo medio de 16 meses, que dan un cachorro totalmente desarrollado.
Parto en Elefantes
En comparación con la gestación del elefante, el parto es un suspiro. Habitualmente, flexiona sus patas traseras y empuja cerca de 15 minutos hasta expulsar a la cría. Aunque es doloroso, no tiene que pasar por ello en solitario. Otras hembras la acompañan para protegerla de los depredadores y calmarla con caricias.
Cuando finalmente sale al exterior, la madre encuentra fuerzas para higienizarlo con su trompa, y le ayuda a recuperar la temperatura expulsando aire caliente sobre él. Le amamantará durante los meses que siguen, y no se planteará darle un hermano hasta que pase cerca de media década.
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A pesar de estar durante 22 meses en el útero, los elefantes tienen una visión muy mala al nacer. Las primeras horas de vida se las pasan alimentándose de la leche materna, de la que toman unos diez litros al día, y que sustituirán poco a poco por cortezas, arbustos y otros vegetales. Mientras son jóvenes y vulnerables, los elefantes bebé se sitúan en el centro de la manada, custodiados por su madre y defendidos por los miembros más fuertes del grupo.
Save The Elephants mantendrán una discreta pero permanente vigilancia de estos ejemplares por si es posible contribuir a su supervivencia. Estudios de casos similares anteriores indican que las hembras de elefantes no siempre son capaces de amamantar a más de una cría de forma simultánea. Los gemelos elefantes no siempre sobreviven. "Muy a menudo, las madres no tienen suficiente leche para alimentar a dos crías", explica Douglas Hamilton.
La población de elefantes (en este caso, de la especie Loxodonta africana, elefante africano de sabana) disminuyó de forma constante durante las últimas décadas del siglo XX y principios del XXI, debido principalmente a la caza furtiva.
Estrategias Reproductivas: "Poco y Bueno" vs. "Mucho y Malo"
Hay especies que tienen estrategias de reproducción K, que podríamos traducir como de «poco y bueno». Las de estrategia K son especies que producen pocos descendientes pero con una alta probabilidad de alcanzar la madurez sexual. Los descendientes, en sus etapas juveniles, son organismos «de alta calidad» y generalmente, si de animales hablamos, suelen recibir cuidados por parte de sus progenitores e incluso de otros adultos. Las especies K-estrategas suelen ser de desarrollo lento y por tanto longevas, de gran tamaño, presentan competencia por los recursos con individuos de la misma especie y con otras especies (competencia intra- e interespecífica) y, salvo desastres, la población se mantiene bastante constante a lo largo del tiempo.
En el extremo opuesto (y, por supuesto, hay una gradación entre ambos tipos) están los seres cuya técnica reproductiva es la estrategia r. La estrategia r sería la del «mucho y malo». La cuestión consiste en producir descendientes en grandes cantidades confiando en que algunos de ellos conseguirán durar lo suficiente como para poder transmitir sus genes a una nueva generación.
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