Fecundación del Higo: Un Proceso Fascinante

02.12.2025

La higuera (Ficus carica) es un árbol frutal que ha acompañado al ser humano desde hace milenios. Se dice que es uno de los cultivos más antiguos de la humanidad, con evidencia de su cultivo en Egipto hace 4.000 años. La forma más habitual de encontrar una higuera es de forma cultivada o como planta ornamental en jardines, en donde se emplea para aprovechar su densa sombra y sus frutos.

Sin embargo, la higuera asilvestrada también existe y se denomina cabrahigo, Ficus carica var. El cabrahigo o higuera silvestre suele buscar, para desarrollarse, las fisuras entre la piedra y los roquedos resguardados del frío intenso y las heladas.

El Higo: No es un Fruto Tradicional

Los higos de Ficus carica no son verdaderos frutos como las manzanas o las peras. No sería correcto decir que los higos son el fruto de la higuera, aunque de forma común sirva para entendernos. Podemos decir que el higo es un envoltorio carnoso “sicono”, en cuyo interior se reúnen las partes reproductivas de la planta. Las flores masculinas y femeninas están dentro del higo, y son las que originarán los verdaderos frutos llamados “aquenios” o pepitas.

Las brevas son una fructificación tardía de otoño, nacen después que los higos hayan madurado, pero pasan el invierno sin desarrollarse hasta que, llegada la primavera, acaban su maduración.

La Caprificación: Polinización Asistida

Existen higueras que poseen higos con flores masculinas y femeninas en su interior, y otras que solamente poseen flores femeninas autofértiles -que son la mayoría de las cultivadas- y que dan higos pos sí mismas sin necesidad de polinización. Pero hay también variedades con flores femeninas que necesitan ser ayudadas por el hombre para que den higos, necesitan ser polinizadas o lo que es lo mismo, necesitan de caprificación o fecundación.

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La caprificación es una técnica natural que vulgarmente se conoce como “cabrahigar”, y que ya se realizaba en la antigua Grecia. Consiste en cortar ramas con higos de una higuera silvestre o cabrahigo y colgarlas en las higueras que se quieren polinizar. En el interior de los higos silvestres hay una pequeña avispilla -himenóptero-, Blastophaga psenes, que es el único insecto polinizador de las flores interiores del higo.

Una curiosa relación la del blastófago, como se denomina a este insecto, y la higuera. En este proceso de fecundación entra en juego un pequeño mosquito (Blastophaga psenes, conocido como avispilla) que es el encargado de transportar el polen desde las flores masculinas de las Cabrahigo, hasta los siconos femeninos de las higueras domésticas.

El inconveniente es que si los higos fecundados de forma natural no se sumergen en agua caliente, no se eliminan los huevecillos que el insecto pone en el interior, y por consiguiente, las larvas nacerán y estropearán el higo. Esta es la razón por la que actualmente la mayoría de las higueras que se cultivan son autofértiles y no necesitan polinización.

Tipos de Higueras según su Polinización

Podemos clasificar las higueras en función de su necesidad de polinización:

  • Las que necesitan polinización a través de la avispilla procedente de higueras silvestres (este proceso se llama caprificación), y son las Higueras “turcas” o variedad Smirna.
  • Las higueras autofértiles o Partenocárpicas, que no necesitan del proceso de caprificación para producir los frutos. Este tipo de higueras actualmente es la más común aquí, en la península ibérica.

Las higueras primitivas podrían haber sido dioicas, es decir con ejemplares masculinos y femeninos en distintos árboles que hacían indispensable la polinización mediante avispas. Con esta distribución de flores, la polinización cruzada era obligatoria entre los dos tipos de higueras, pero una mutación de algunas higueras con flores femeninas, les permitió dar fruto por partenogénesis.

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Clasificación de las Higueras Cultivadas

  1. Higueras cultivadas tipo “Esmirna”. Producen una cosecha de higos y necesitan la polinización para obtenerla. Presentes en el norte de África y Oriente próximo, y de ellas se obtienen los mejores higos secos.
  2. Higueras cultivadas tipo “San Pedro”. Producen dos cosechas al año; primero dan brevas y posteriormente higos.
  3. Higueras cultivadas bíferas. Como las anteriores producen dos cosechas: Brevas e higos, que no necesitan en ninguno de los dos casos la polinización.
  4. Higueras cultivadas uníferas. Los cuatro tipos de higueras cultivadas contienen únicamente en sus siconos flores femeninas longistilas (de estilo largo).

Las higueras silvestres o cabrahigos tienen tres tipos de siconos: mamas, prohigos y mamonas, diferenciándose en la época del año en que están listos para recibir a las avispas, siendo los prohigos los únicos que desarrollarán flores masculinas productoras de polen. Los tres tipos de siconos tienen flores femeninas de estilo corto, (brevistilas).

En abril, la avispa hembra sale de las mamas para penetrar en los prohigos, donde permanecerá hasta finales de junio o primeros de julio. En Septiembre se vuelve a producir una nueva eclosión de avispas en las mamonas, de donde pasarán a las mamas.

El tipo de siconos que producen los cabrahigos en mayor cantidad son los prohigos, al necesitar en está época una mayor cantidad de avispas, ya que además de fecundar las mamonas ya preparadas por la misma higuera, deben desplazarse hasta encontrar higueras cultivadas donde fecundar sus siconos.

Los siconos más escasos que producen los cabrahigos son las mamonas, al ser un paso intermedio de las avispas hasta que la higuera tiene listas las mamas donde pasarán el invierno las avispas.

Las nuevas avispas eclosionarán por segunda vez en los cabrahigos sobre los meses de junio-julio, repitiendo la misma pauta que en las mamas. Primero aparecen los machos que tras fecundar a las hembras y agrandar el ostiolo, mueren.

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Al abandonar los prohigos las avispas pueden desplazarse por la misma higuera hasta las mamonas que ya están listas para recibirlas, o bien recorrer largas distancias hasta encontrar siconos de higueras cultivadas que necesitan polinizarse.

El biólogo Stephen Compton (de la Universidad de Leeds) ha estudiado las higueras africanas (Ficus sycomorus) y ha comprobado que su avispa polinizadora Cerastosolen arabicus llega a recorrer entre 14 a 164 kilómetros buscando otra higuera, pese al escaso tamaño de la avispa.

En el caso de intentar penetrar en siconos de higueras bíferas o uníferas que no necesitan de la polinización, las avispas mueren entre las láminas del ostiolo.

La Curiosa Relación con las Avispas

Las higueras y las avispillas se necesitan mutuamente para reproducirse. En realidad, los higos son en flores invertidas y las avispillas lo que hacen es polinizar la flor del interior. Para ello, las avispas hembras hacen un agujero en su base, acceden y depositan sus huevos en las flores al mismo tiempo que polinizan otras flores donde no han puesto huevos.

Los huevos se convierten en larvas. Las primeras en nacer son masculinas, y se encargan de fecundar las hembras y de construir un conducto para que estas puedan salir del higo antes de morir. Las larvas femeninas, ya convertidas en avispillas, salen del higo cargadas de polen y repiten el proceso en otros higos.

Los higos producen ficina, una enzima proteolítica capaz de romper proteínas y que tiene la capacidad de desintegrar cualquier posible avispa muerta en el interior del higo.

Hoy en día la producción comercial de higos en su mayor parte no utiliza la avispilla. Las higueras de los higos comerciales se reproducen de forma asexual a partir de esquejes y no mediante la polinización. Los higos comerciales son higos hembra, precisamente l tipo de higo que las avispillas evitan al no poder reproducirse en su interior.

En resumen: sí, existe alguna probabilidad de encontrar algún pequeño resto de avispilla de los higos cuando los abres, pero es muy raro, por lo que se puede decir que los higos no tienen avispas dentro, y que son más que aptos en dietas vegetarianas y veganas.

Simbiosis entre Higo y Avispa

La relación entre los higos y las avispas es un ejemplo fascinante de simbiosis del reino animal y vegetal, ya que las higueras dependen completamente de las avispas para su reproducción, y viceversa.

Cuando los huevos de las avispas eclosionan dentro del higo o sicono de una higuera macho, las larvas se alimentan de algunas de las flores no fertilizadas. Recordamos que estos frutos macho no son ni dulces ni comestibles.

Una vez las larvas crecen y se convierten en avispas adultas, salen del higo cargadas de polen y vuelan en busca de nuevos higos donde repetir el ciclo. No olvidemos que las avispas hembras depositan sus huevos en las los siconos de las higueras macho, pero, como van cargadas de polen, cuando entran dentro de las vainas de la higuera hembra, fertilizan, así las flores de esta planta y garantizando la supervivencia de esta especie vegetal.

Es decir, que este ciclo de vida asegura que la polinización de los higos se repita, ya que las avispas llevan el polen de una higuera a otra, fertilizando las flores femeninas y permitiendo que los higos crezcan y desarrollen sus semillas. Estas infrutescencias son las que maduran a finales de la temporada de verano y comienzos del otoño y, por supuesto, con ellas elaboramos nuestros exquisitos higos secos.

Las vainas hembras, que darán lugar a los higos que todos conocemos, tienen un conducto mucho más estrecho que las de las higueras macho. Por este motivo, cuando una avispa entra en la vaina de un higo hembra, poliniza las flores que hay en su interior, pero no puede salir del mismo y, pasado un tiempo, termina muriendo en su interior.

La biología es sabia y utiliza los nutrientes de la avispa que ha quedado encerrada en su interior para ayudar a desarrollar estos frutos tan exquisitos.

Por este motivo, muchas personas suelen decir que “cada higo lleva una avispa muerta dentro”, aunque técnicamente, esto no es cierto.

El Libro de Joan Rallo

El libro La sexualidad de las higueras y de su insecto polinizador de Joan Rallo, publicado por la Consejería de Medio Ambiente, Agricultura y Pesca, a través de la Dirección General de Agricultura y Ganadería y el Instituto de Investigación y Formación Agraria y Pesquera de las Islas Baleares (IRFAP), nos adentra en el fascinante y complejo mundo de las higueras en el que pocas cosas son lo que parecen.

Para entender al Ficus carica, -higuera de toda la vida-, es conveniente comenzar aclarando que dentro de la misma especie encontramos diferentes tipos; en primer lugar están los cabrahígos o silvestres, que presentan a lo largo de su ciclo anual tres tipos de infrutescencias no comestibles: las mamas, los prohigos y los mamones, y en segundo las higueras cultivadas que, para producir sus frutos (comestibles), pueden precisar o no de polinización y, en este punto es donde el tema se vuelve apasionante.

Desde hace millones de años -hay quien estima que unos 80- la avispilla Blastophaga psenes y Ficus carica coevolucionan, creando una compleja estrategia que continúan manteniendo en la actualidad. "No se trata de una polinización accidental, como la de las abejas que van a todo tipo de flores, ésta es activa, etodinámica, y exclusiva para la higuera" explica Rallo, "y en esta ayuda mutua hay un toma y daca que permite al insecto disponer de un lugar seguro para realizar la puesta y de alimento para criar a sus larvas y al árbol poder reproducirse al ser polinizado".

Aunque los llamemos frutos, los higos son en realidad una infrutescencia que alberga en su interior cientos de flores pequeñas encerradas en un receptáculo denominado sicono; y en el caso de los cabrahígos las hay de dos tipos masculinas y femeninas.

Uno de los primeros objetivos de la investigación de Rallo ha sido describir el ciclo del insecto en Mallorca y todo el proceso comienza con el cabrahígo.

La avispilla hiberna en las flores de las mamas y emerge como hembra adulta alada cuando se están desarrollando los prohigos, en los que penetra a través del ostiolo y realiza la oviposición en las flores brevistilas que tapizan el interior del sicono y que pasan a transformarse en agallas tras la intervención del insecto.

De los huevos, uno en cada flor, salen primero los machos, localizan a las hembras que todavía permanecen dentro de las agallas y las fecundan, además, de abrirles una vía de salida a través del canal ostiolar, conocido también como ojo.

Tras esta tarea, mueren sin haber salido del higo. Una vez que las hembras aladas ya fertilizadas emergen, salen del sicono atravesando la capa de flores con estambres que se localizan alrededor del ostiolo, almacenando el polen en unos cestillos ad hoc localizados en la parte inferior del tórax.

Abandonado el sicono, la avispilla puede introducirse en un mamón de cabrahígo, polinizando sus flores y colocando sus huevos en las flores brevistilas, donde nuevas generaciones se desarrollarán a lo largo del verano, que a su vez acabarán poniendo sus huevos en las mamas, donde los insectos en forma de larva pasarán el invierno hasta la primavera siguiente, en la que comenzará de nuevo el ciclo.

O bien pude ocurrir que la avispilla visite una higuera "doméstica", y como las flores de sus higos son de pistilos largos no puede realizar la puesta, pero en el intento las polinizará, dando lugar a semillas con lo que la higuera asegura su reproducción sin la intervención humana,

Actualmente, la mayoría de las higueras de nuestro entorno se propagan por esquejes y los frutos maduran sin polinizarse, sin embargo es de destacar la importancia de la caprificación, ya que sus frutos presentan un mayor tamaño, una coloración más intensa de la pulpa y una mayor calidad gustativa.

Con este estudio Rallo busca motivar al cultivador para que establezca plantaciones modernas y, también, promover el cambio de cultivos en algunas de las que ya existen, utilizando la práctica de la caprificación que permitiría obtener higos de mayor calidad tanto para el secado como para la alimentación animal. Además de ayudar a crear conciencia sobre la necesidad de establecer una colección de variedades de cabrahiguera que puedan servir de base no sólo para la polinización de los cultivos futuros sino también para proteger y fomentar la biodiversidad de la especie.

Se trata sin duda de un mundo sorprendente, complejo y bastante desconocido en el que hay higueras como la de tipo Esmirna que necesitan la polinización para obtener su cosecha de higos o como las de tipo San Pedro con dos cosechas al año; en una, la primera, no necesitan polinización, pero en la otra, si no se produce, el higo cae.

Dentro del higo vive toda una serie de fauna y de flora que comienza a citarse a partir de mediados del siglo pasado. La Philotrypesis caricae, por ejemplo, es un parasitoide oportunista que pone su huevo en la misma flor donde lo ha puesto la Blastophaga y cuando eclosionan, las larvas de la intrusa se aprovechan del alimento que debería tomar la avispilla del higo".

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