Gritar a los Niños: Consecuencias Psicológicas Profundas
Muchos padres y madres terminan gritando a sus hijos cuando no les hacen caso. El trabajo, el estrés o los nervios son otros motivos que acaban pagando los menores en forma de gritos. Cada día se recuerda a los padres la importancia de no gritar para comunicarse, porque tiene efectos negativos en el desarrollo de los menores.
Impacto de los Gritos en el Desarrollo Infantil
Los gritos tienen un impacto directo en nuestros hijos. Si les gritamos, ellos también van a gritar. Por neuronas espejo nos van a imitar. Y además vamos a provocar baja autoestima o van a tener en un futuro dificultad para gestionar su propia ira si nuestra relación con ellos ha sido a través de los gritos. Los gritos generan estrés, ansiedad, incluso depresión y trauma. Puede haber efectos en el largo plazo muy graves que nos hacen desconectarnos con nuestros hijos y que se enfríe la relación.
El Grito Constante: Una Forma de Maltrato
Cuando los gritos son habituales se convierten en maltrato hacia los menores. Un grito habitual, constante y muy frecuente es un tipo de maltrato. Ese pensamiento es compartido por la Fundación Words Matter de EEUU, que encabeza un proyecto, publicado en la revista académica 'Child Abuse&Neglect', que ha analizado 166 trabajos: pide que el abuso verbal infantil sea reconocido como "una forma de maltrato". Considera que las consecuencias pueden llegar a durar toda una vida y crear problemas emocionales y psicológicos que deriven en obesidad, abuso de drogas o autolesiones, según un comunicado de los responsables del estudio.
Consecuencias Desastrosas de Gritar a los Niños
Gritar a un niño habitualmente no le deja ninguna secuela física, pero sí muchas psicológicas y emocionales que perdurarán durante toda su vida y que traspasarán a ámbitos muy importante a lo largo de su etapa adulta como las relaciones, el trabajo o la economía. Al no dejar ningún tipo de secuela física en los más pequeños, no tendemos a ver los gritos como una amenaza mayor para ellos, y tampoco como una forma de violencia.
Efectos en la Autoestima y el Cerebro
Según investigaciones, los gritos activan un área cerebral que se relaciona con el miedo, provocando estrés, entre otros. Si a los gritos, además, se acompañan palabras de desaprobación (insultos, etiquetas,…) entonces los niños verán mermada su autoestima: se sentirán menos válidos y menos queridos por sus padres. Un estudio llevado a cabo por la Universidad de Montreal hace apenas unos años concluyó que dirigirse a los niños con gritos o malas palabras puede repercutir negativamente en el tamaño de su cerebro, haciéndolo más pequeño. En concreto, descubrieron que los adolescentes que habían sido sometidos reiteradamente a prácticas de crianza duras durante la niñez, tenían algunas regiones cerebrales más pequeñas que las de los adolescentes que habían recibido una crianza respetuosa.
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Inseguridad y Problemas de Conducta
Los gritos forman parte habitualmente de un estilo de crianza estricto, autoritario y rígido en el que no existen los límites sanos, sino las prohibiciones y sus consecuencias. Estos estilos de crianza suelen conseguir que los niños se vuelvan sumisos e inseguros durante su etapa adulta. Si un niño crece en un ambiente donde los gritos son habituales, de cara a los demás pensará que esta es la única forma de hacerse valer, tanto ante alguna adversidad, como ante algún malentendido sin importancia. Y gritará sin importarle las consecuencias.
Este hecho fue demostrado, de hecho, hace unos años por un estudio científico de la Universidad de Michigan y de Pittsburgh y publicado en la revista límites sanos. Hicieron un seguimiento a casi mil familias en las que eel 45% de las madres y el 42% de los padres admitieron gritos e, incluso, insultos hacia sus hijos. Los autores comprobaron que esos gritos habían desembocado en problemas de conducta como peleas con compañeros, dificultades de concentración o bajo rendimiento escolar.
Estrés Crónico y Alerta Constante
Todos conocemos familias donde los gritos son la forma de comunicación normal. Cuando los niños son pequeños la pareja se comunica así. No se trata de que siempre estén discutiendo, no nos referimos exclusivamente a esos casos, sino de hogares en los que el ruido es elevado, la tele siempre está puesta y en casa existe la norma no escrita de que quién grita es quién se hace escuchar. El grito tiene una finalidad muy concreta en la naturaleza: es una señal de alarma que genera miedo, expectativa y activación. Entendiendo esta base biológica es fácil deducir que desarrollarse en un entorno donde los gritos son continuados hace que el cerebro de la persona se mantenga en constante alerta. Pero la naturaleza es muy práctica y si vive en estado de alerta, generando estrés crónico, buscará la manera de defenderse.
Alternativas a los Gritos: Disciplina Positiva
La buena noticia es que existen recursos para evitar llegar al maltrato y erradicar los gritos a la hora de educar, algo que se puede desaprender. Es lo que propone Bezares a través de su programa: el especialista sostiene que es posible acabar con los gritos como forma de comunicarse en solo tres semanas. ¿Cómo? "Conociendo cuáles son nuestros disparadores, cuáles son los contextos que hacen que gritemos, cuáles son las cosas que nos alteran y cuando notemos ese impulso, la mejor herramienta es pararnos, respirar, identificar la emoción que estamos teniendo y si es necesario retirarnos de la escena", explica.
Los investigadores recomiendan utilizar estrategias de disciplina positiva para corregir el comportamiento sin generar un impacto negativo en el desarrollo emocional del niño. La crianza positiva, que se enfoca en el respeto mutuo y en la empatía, ofrece una alternativa MUCHO MÁS EFICAZ y beneficiosa para fomentar un ambiente seguro y de confianza en el hogar.
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Herramientas para Manejar el Impulso de Gritar
Para que nuestro cerebro vuelva a la calma, aconseja reflexionar y relativizar lo que está ocurriendo, porque seguramente "tenga menos importancia de lo que nos transmite nuestro cerebro". Las herramientas existen, ahora depende de nosotros intentar utilizarlas y aplicarlas, asimilando que el grito no añade y solo resta. Como método educativo, los gritos son absolutamente ineficaces. Lo mismo ocurre con las amenazas, los chantajes, los desprecios y cualquier otra forma de violencia o agresividad verbal.
La Importancia del Ejemplo Parental
No sólo educamos cuando nos dirigimos directamente a nuestros hijos. Lo hacemos también cuando reflexionamos, cuando somos autocríticos, cuando buscamos maneras de mejorar como padres. Cometer errores es inevitable, pero entenderlos como oportunidades de aprendizaje sí está en nuestras manos. Solemos pensar a la inversa, pero la tarea de educar tiene más de aprender que de enseñar. Educar a un niño exige aprender a acompañar, a escuchar, a cambiar...
Para la experta, es importante recordar que los adultos son modelos constantes para los niños: "Todo lo que hacemos deja huella. No determina del todo, pero sí condiciona su manera de relacionarse con el mundo".
Estudios Científicos y Consecuencias Neurológicas
Los gritos son dañinos para los niños e ineficaces para modificar conductas, según los estudios de las neurociencias, ya que pueden modificar la estructura cerebral. Ante el grito se activan las alertas innatas de peligro, el corazón se acelera, se segrega adrenalina y las pupilas se dilatan. La hormona del estrés que es el cortisol se activa ante el peligro, y a largo plazo tiene consecuencias en la estructura de los mecanismos cerebrales, repercutiendo en la conducta. Los niños, al oír gritos, no piensan, por lo que no hacen lo que se les pide, solo huyen, luchan o se paralizan. La parte pensante del cerebro se desconecta ante el peligro o amenaza del grito y domina la parte de la supervivencia, la irracional, por lo que, o se huye y nos encerramos física y mentalmente, o se lucha por lo que adopta actitud combativa y se enfrenta mas al adulto o se paraliza.
Un estudio de la Escuela de medicina de Harvard, 2015, demostró que los gritos, la humillación y el maltrato verbal alteran de forma permanente la estructura cerebral infantil. La revista científica Current Biology en 2015 publicó un estudio de la Universidad de Nueva York sobre la propiedad sonora del grito que impacta y activa el centro neuronal del miedo, la amígdala. Es distinto a lo que produce un sonido fuerte que afecta al cortex cerebral.
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El Silencio como Forma de Maltrato Emocional
Aunque pueda parecer inofensivo, el silencio impuesto por un padre o una madre a modo de castigo regular puede tener consecuencias emocionales profundas para un niño. Esta práctica, conocida como la ley del hielo, consiste en ignorar al hijo tras un conflicto, retirándole la palabra y el afecto, muchas veces sin explicación y de manera prolongada. En palabras de la experta, más que silencio, lo que se aplica es la ignorancia: "Es no existir. Es parecido al ghosting, pero en el ámbito familiar. Y eso genera una angustia tremenda. Es una manera de castigar sin permitir al niño ni disculparse ni comprender. Lo que recibe es rechazo, puro y duro".
Según la psicopedagoga, los niños que crecen en este tipo de dinámicas pueden convertirse en adultos inseguros, con tendencia a buscar la aprobación constante de los demás, con dificultades para expresarse y con una visión confusa de lo que está bien o mal. "El niño acaba creyendo que no se le castiga por lo que ha hecho, sino por lo que es. Se castiga a todo él, no a su conducta.
Tabla Resumen de Consecuencias de los Gritos
| Consecuencia | Descripción |
|---|---|
| Baja Autoestima | Los niños se sienten menos valiosos y queridos. |
| Estrés y Ansiedad | Niveles elevados de cortisol y activación de la amígdala. |
| Problemas de Conducta | Peleas, dificultades de concentración y bajo rendimiento escolar. |
| Alteración Cerebral | Modificación de la estructura cerebral infantil. |
| Inseguridad | Niños sumisos que buscan aprobación constante. |
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