El Arte de los Crucigramas: Un Viaje a Través del Lenguaje y la Enigmística

13.12.2025

A los aficionados a la enigmística, el nombre de Jordi Fortuny Boladeras (Barcelona 1954) tal vez les resulte familiar. No es para menos. Hace ya más de treinta años que su apellido aparece escrito, día sí y día también, sobre el crucigrama del periódico La Vanguardia. En una esquina, discreto, como si fuera una pista más del rompecabezas.

El Comienzo de una Vocación Inesperada

Fortuny relata que sus primeros crucigramas los publicó en los setenta. Fue en la revista satírica Muchas Gracias, cabecera subsidiaria de Por Favor. Cuando cerraron Por Favor -porque el editor ya tenía previsto que la censura franquista tarde o temprano interviniera-, los mismos impulsores tenían preparada esta cabecera de reserva, Muchas Gracias, que siguió publicándose durante unos meses hasta que la sanción llegó a su fin.

Era algo a lo que nunca pensé que me dedicaría, hasta que un día, por una carambola, me avisaron para que me pasara por La Vanguardia, porque quien tenían estaba a punto de jubilarse. El periodista de puente fue Santiago Fontdevila. Entonces el subdirector que me aceptó en el trabajo era José María Soria, que ya no sé si sigue, y el director del periódico todavía era Francesc Noy.

La Formación y las Matemáticas

Fortuny confiesa: Bueno, no llegué a terminar nunca. Tengo un par de cursos aprobados en la Universidad de Barcelona, y de tercero ya no llegué a examinarme. Antes de eso, yo había sido un buen estudiante.

A los catorce años, después del bachillerato elemental, teníamos que escoger entre ciencias o letras. Lewis Carroll, matemático de formación, en sus últimos años de vida dedicó parte de su tiempo a las matemáticas recreativas. Y Raymond Queneau, también matemático, fundó el movimiento literario OuLiPo. Posiblemente exista una relación. Las matemáticas, si te gustan como me gustaban a mí, son en esencia un pasatiempo. Tú tienes unos datos y has de buscar una solución o conclusión. Son como una adivinanza. Solucionar un problema matemático no es muy distinto a un problema de ajedrez. Y, según dicen, esto estructura la mente de una determinada manera, igual que el que toca el violín también tiene un área del cerebro correspondiente a la mano izquierda mucho más desarrollado que los que no tocamos instrumentos. El cerebro es un músculo que se modifica con el uso.

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El Crucigrama como Territorio Fecundo

Al empezar, alcé la vista y me pregunté: ¿qué es lo que hacen los demás? Un año y pico, sí. En el 88. Se trataba de un diccionario que no llegó a salir. Creo que no llegamos a terminar ni la A [ríe]. Se trataba de hacer un diccionario abreviado en catalán para estudiantes de bachillerato. Una especie de resumen de la enciclopedia, redactar algunas entradas, poner ejemplos…

No sé ahora, pero aquella era una época en la que se empezaban muchas cosas que nunca terminaban, y muchas veces no veías ni un duro. Revistas para las que yo había llegado a colaborar hasta en ocho números, de repente se iban a tomar por saco y tú apenas cobrabas uno o dos. Con el diccionario sí llegamos a cobrarlo todo, pero el empresario… Mira, el director del diccionario era mi padre. Él había trabajado de corrector en el diario Avui. Cuando se jubiló, este hombre, de nombre Castell, lo fichó y le dijo que quería hacer un diccionario con él. Al cabo de un año o dos, mi padre murió y el tal Castell tenía otros negocios y consideró que con este ya había perdido suficiente. No quiso hacer el resto de la inversión, pero de algún modo a mí me sirvió como una escuela de definir palabras. Redactar un diccionario es interesante porque tienes que consultar la misma palabra en diferentes fuentes de referencia. Por aquí, en el estudio, verás que tengo un centenar de diccionarios [ríe].

Influencias y Estilos

Georges Perec nunca dejó de expresar su sueño de ser él mismo un crucigramista profesional y, de hecho, llegó a ejercer en algunas publicaciones de los 70 y 80. No, yo a Perec lo descubrí más tarde. El primer francés en el que me fijé fue Max Favalelli. Y en Tristan Bernard, el padre de todos ellos. Un momento… [se levanta para ir a fisgar en su estantería y saca un puñado de recopilatorios antiguos]. Aquí. Michel Laclos: para mí, el mejor.

Mira, el primer crucigrama se publica en 1913 en el New York World. ¡Taxi! Él siempre dijo que era suya. Y Màrius Serra también lo ha asegurado así. Pero yo recuerdo un número de la revista Historia y vida, dedicado a los crucigramas, en el que incluían una antología de definiciones, y allí estaba esta, atribuida a Tristan Bernard. Más que esto, yo ya no sé… ¿Que podría ser que Tísner la reinventase? Puede ser. Al final los juegos de palabras no se inventan, sino que se descubren. Cada palabra ya lleva su propio juego incorporado.

Técnicas y Juegos de Palabras

A nivel estilístico, los franceses incorporaron el juego del «taxi». Una definición que, al leerla, te remite a un campo semántico pero, al descubrirla, te das cuenta de que es otro completamente distinto. Es un cambio de sentido, un juego de trileros. Luego hay otro juego que suelo emplear, que son las definiciones anagramáticas. Estas los franceses no las usan, sino que vienen del inglés. Poca coña con los crucigramas en inglés. Tengo por aquí un recopilatorio del New York Times… Son muy retorcidos, y estos sí hacen uso de los anagramas. Aquí me di yo cuenta de que se podían incorporar.

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Sucede que yo estos crucigramas los leo, no los resuelvo. Cojo y directamente voy a las soluciones. ¡De la mitad de las definiciones ni me entero! Para mi número once mil, creo, hice un homenaje a Laclos en mi página. Decidí añadir una veintena de definiciones suyas que, digamos, eran traducibles a nuestro idioma. Por ejemplo: «Consejo de administración», cuya respuesta es posología [ríe]. El caso es que, ese día, en la cabecera del crucigrama yo avisé: «En este crucigrama hay unas definiciones de Michel Laclos escritas en cursiva». Pero por un error del periódico me quitaron todas las cursivas. Total, que ese día el lector no tuvo forma de saber cuáles eran de Laclos y cuáles mías [ríe].

El Legado de Tísner y la Evolución del Crucigrama

Andreu Avel·lí Artís-Gener, Tísner. El padre de los crucigramas en nuestro país. Era el cuñado de Pere Calders. Antes de la guerra civil, Tísner era principalmente conocido por sus dibujos y chistes en la revista El Be Negre. Al acabar la guerra -cosa que hizo como coronel del ejército republicano-, se exilió a México, donde estuvo viviendo hasta el año sesenta y tantos. Allí escribía, era escenógrafo (tuvo mucho éxito en la televisión y en el teatro mexicanos), pintaba, dibujaba… Era un hombre orquesta.

Al volver, trabajaba de lo que podía: como viñetista, traductor (tradujo a Borges y a García Márquez al catalán)… En 1966 le propusieron encargarse de los crucigramas del Tele/Estel, que era la primera revista en catalán para el gran público. De algún modo me considero heredero suyo, si bien es cierto que los anagramas él no los tocaba.

Sí, esto fue antes de entrar yo en La Vanguardia. Por motivos políticos, Tísner se cabreó y se fue del diario, y a mí me llamaron de reemplazo. Duré poco, apenas un año, porque por aquel entonces yo estaba trabajando en una empresa de reconocimiento automático de texto. Te hablo del año 1982, imagínate, la prehistoria. Era al principio de todo esto. InterSoftware, se llamaba la empresa. La idea era algo así como una precursora de Google: archivar documentos para su posterior recuperación. Ocurre que entonces no había bancos de datos de documentos digitales, ni nada. Una de las labores, que no era la de mi departamento, era desarrollar un lector óptico. Un dispositivo al que le pones un texto y lo analiza. Era uno de los primeros pasos hacia otros hitos como la traducción automática o la indexación. Lo primero que había que hacer era coger los verbos, por ejemplo, darles las cuarenta y cinco formas para que el sistema reconociera una forma verbal y supiera a qué infinitivo pertenecían.

La Ciudad como Crucigrama y Colaboraciones Actuales

En Especies de Espacios, Perec sugiere la posibilidad de concebir y resolver problemas verbales en torno a la ciudad («encontrar un trayecto que, atravesando París de parte a parte, solo tuviera en cuenta calles que comiencen por la letra C»). Tú vives en pleno Eixample de Barcelona, la ciudad-crucigrama por excelencia. La verdad es que no. Este tipo de iniciativas, a las que son tan aficionados los del OuLiPo, a mí me parecen un tanto exageradas.

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Pero sí colaboras con Pepa Fernández en RNE, en un formato parecido al de tu amigo Màrius Serra en Catalunya Ràdio. El juego consiste en adivinar cinco palabras a lo largo de la semana. Entre los acertantes hay premios de una noche en diversos paradores. Cada día damos dos definiciones de una misma palabra. La primera definición es siempre más cabrona; la segunda, ya más amable. Se tiene un feedback que no está en La Vanguardia, que no hay forma de saber cuánta gente resuelve. Está el que siempre me dice: «¡Yo solo compro La Vanguardia por tu crucigrama!». Uf. Cuando empecé… Pregúntale al [José María] Soria. La de llamadas que recibía diciendo: «¡Me voy a dar de baja! ¡Llevo años resolviendo el crucigrama y ahora no hay manera!» [ríe]. Él respondía: «Usted, paciencia: mire las soluciones del día siguiente y ya verá cómo le salen».

El Crucigramista como Autor de Culto

Y sin embargo, hoy podríamos llamarte autor de culto. He de decir que bastante al principio yo ya había recibido cartas con palabras muy agradecidas. Recuerdo dos que fueron bastante importantes en este sentido. Una era la de la minifalda, que a mí me dio por escribir «Hace más apetitosos los jamones», nueve letras. Lo que no me di cuenta era que salió un 8 de marzo. En aquella época ni siquiera sabía lo que era el 8 de marzo. La segunda polémica la tuve con «La de Dios no es probable», diez letras, que era existencia. El asunto es que «probable» es «todo aquello que se puede probar, demostrar», y es evidente que la de Dios no lo es. Supongo que cuando uno es joven no tiene tantos reparos.

Hablando de elogios: si no me equivoco, Ana María Matute decía que no empezaba una jornada de trabajo sin antes haber resuelto tu crucigrama diario. Eso decía, sí. Se levantaba y, como tanta gente, desayunaba con el crucigrama. La historia trascendió porque a la Matute la entrevistaron en la contra de La Vanguardia y le preguntaron algo así como: «¿Y usted adónde quiere viajar?». Y ella dijo: «Viajar, yo ya he viajado a muchos sitios. Entonces yo, que estaba a punto de publicar mi primer libro, conseguí su número y la llamé para pedirle que me escribiera el prólogo… Mira, ahora ya se puede decir todo. Alguien me advirtió de que a la Matute le gustaba mucho el whisky. Así que me presenté en su casa con una botella bajo el brazo [ríe]. Estuvimos unas cuatro horas, y lo cierto es que la botella quedó bastante baja [ríe]. A partir de aquí, empezamos a vernos de vez en cuando y nos tomábamos unas copas. Era encantadora, y muy divertida. Fíjate que no solíamos hablar ni de crucigramas ni de su obra. Hacíamos tertulia. Hablábamos un poco de todo, de la actualidad. Fue como si nos hubiéramos conocido de toda la vida, como si fuera una colega.

El Proceso Creativo

En un crucigrama, tú escoges la primera horizontal y la primera vertical. Las demás sencillamente van saliendo como uno buenamente puede. La actualidad, por ejemplo, te puede conceder algunas palabras que al cabo del tiempo no suelen funcionar. Además solemos trabajar con dos o tres semanas de antelación, como he dicho. Es complicado. Eso es lo que suele decir Pepa Fernández. El pasatiempo es una forma de no pensar o, mejor dicho, de pensar solo en el juego. Y si se me cruza algo de literatura o de geografía, pues procuro que sea accesible. A ver, no te voy a poner un pueblo de la costa de Siberia. Esa sería la única línea roja que procuro respetar.

Como siempre, Tísner vino antes. Tiempo atrás, él había hecho uno que no tenía solución posible: solo eran un puñado de definiciones al azar que no se correspondían con nada. A partir de ahí yo hice algo parecido hasta llegar a definiciones, digamos, altamente difíciles, pero resolubles. Hasta hace poco, nunca supe de nadie que lo hubiese sacado. La verdad es que después de unos años repitiendo la misma broma, yo ya estaba algo cansado, pero entonces, en Cerdanyola del Vallès surgió una peña que se reúne en un bar para hacerlo juntos, y en dos o tres horas lo tienen. Son unas fieras. Uno de los miembros de esta peña es un tipo de nombre P...

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