Juan Urquijo de la Sierra: Vida y Legado del Marqués de Urquijo
El empresario Juan Urquijo de la Sierra, marqués de Urquijo e hijo de los marqueses asesinados en Madrid en 1980, falleció a los 63 años en una clínica de Madrid a causa de una larga enfermedad. Fuentes cercanas a la familia confirmaron la noticia a EFE.
Primeros Años y Educación
Nacido en Madrid en 1958, Juan era el segundo hijo del matrimonio formado por María Lourdes de Urquijo y Morenés y su esposo, Manuel de la Sierra y Torres. Su infancia transcurrió como la de cualquier niño de la alta sociedad madrileña, del que se esperaba que siguiera la tradición familiar.
Juan se licenció en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid y se diplomó en Ciencias Empresariales por ESADE. Además, obtuvo un MIM por la American Graduate School of International Management.
Trayectoria Profesional
Desempeñó diversas tareas en el mundo de la banca, desde sus comienzos en el Banco Urquijo Hispano Americano, en el Banco Urquijo y en Urquijo Leasing.
En el mundo empresarial, fue director de compañías como A.D.A., Ediciones Agenda, Grupo Mundial Tenedora, Banvivienda y Aseguradora Mundial, entre otras. Según detalla la web de PCR, participó como socio y colaborador en la dirección de las empresas London-Mi. Group, Energy Factor y en la principal empresa desarrolladora de proyectos inmobiliarios en el casco antiguo de Panamá, Inmobiliaria San Felipe.
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Juan Urquijo residía desde hace años en Panamá, donde era presidente ejecutivo de la junta directiva de la agencia de calificación de riesgos PCR (Pacific Credit Rating).
El Asesinato de los Marqueses de Urquijo
Juan Urquijo de la Sierra era el hijo menor de los marqueses de Urquijo, cuyo asesinato el 1 de agosto de 1980 mientras dormían en su casa del barrio residencial de Somosaguas, en Madrid, causó una gran conmoción social en España. La muerte de Juan de la Sierra, hijo de los asesinados marqueses de Urquijo el 1 de agosto de 1980, ha vuelto a actualizar el suceso que acaparó las noticias de aquel año, los siguientes y hasta ahora. Cuarenta y dos años después, el crimen de los Urquijo mantiene el interés mediático y muchas incógnitas ante un veredicto que resultó sorprendente.
En la sentencia figuraba que el doble asesinato lo cometió Rafa Escobedo, exyerno de los marqueses “por sí solo o en compañía de otros”. Nunca se supo quiénes fueron esos otros. Rafael Escobedo, que estuvo casado con Myriam y fue uno de los amigos de Juan de la Sierra, se suicidó en 1988 en la prisión del Dueso.
A grandes rasgos, este suceso, tal y como explicaba a Vanitatis Marcos García Montes, abogado de Escobedo y su gran amigo, “fue el crimen de la Transición más importante, en el que el poder, la banca, la aristocracia y el Opus eran ingredientes de la historia”.
Para Juan de la Sierra en su vida hay un antes y un después de la tragedia. A diferencia de su hermana Myriam, su imagen de hombre poco comunicativo, aparentemente débil y sin relaciones de pareja fijas le colocaban en la referencia informativa. Cuanto más pasaban los años, más interés tenía en que no le relacionaran con lo que había ocurrido en el chalet de Somosaguas en 1980. Se buscó una vida en Panamá, donde llegó a tener su círculo de amistades del organigrama económico y social, para los que era simplemente Juan Urquijo. Ni tan siquiera utilizaba el título que heredó de su madre para evitar preguntas desagradables o comprometidas. Así lo aseguran a Vanitatis personas que le trataron en Panamá y en Madrid.
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Estaba casado con Rocío Caruncho, con la que mantenía una relación de cordialidad y de la que nunca llegó a divorciarse. La casa familiar era y es el chalet de Somosaguas donde sucedió el crimen.
Según confirman a Vanitatis, no llegó a instalarse totalmente con los tres hijos en Panamá. “Venía a España cada dos meses y en vacaciones, pero su cuartel general y negocios los tenía allí. También venía para participar en monterías. Le encantaba cazar. Consiguió una privacidad que no tenía en Madrid. Juan era buena persona, pero muy raro. Con la gente nueva o que conocía poco era muy reservado y prefería no tratarla”.
Este amigo cuenta cómo en el club Puerta de Hierro, al que solía acudir a comer y a cenar cuando estaba en Madrid, se mosqueaba cuando alguien sacaba el móvil para hacer una foto de grupo que no tuviera que ver con él. Se levantaba y se iba. Era una obsesión que no le reconocieran. Por eso en Panamá era feliz.
La periodista Angie Calero, autora del libro 'Honor. Todas las víctimas del crimen de los marqueses de Urquijo' (Almuzara), donde se narran hechos desconocidos, junto con Macarena, hija de Mauricio López-Roberts, que fue condenado por encubrir a Rafa Escobedo, explica a Vanitatis que "antes del crimen los hermanos De la Sierra ya vivían en un discreto segundo plano y después Juan y Myriam se alejaron de todo y continuaron con sus vidas en el más absoluto anonimato".
Otras personas que conocieron a Juan de la Sierra y que prefieren mantenerse al margen hablan bien de él, aseguran que su vida mucho antes del doble asesinato estuvo marcada por la soledad. Nunca tuvo una buena relación con su padre, al que definen como autoritario y con poca simpatía hacia el hijo. “Prefería a Myriam antes que a él. Cuando tenía confianza contaba que le llevaron interno a Inglaterra siendo pequeño. Su padre le dejaba en el colegio y la norma era que se buscara la vida. La verdad es que no había cariño por lo que se entiende una relación filial en condiciones. Algo más con la madre, pero era el padre quien marcaba las pautas en la unidad familiar, aunque fuera ella la que era rica de verdad. Una infancia y juventud triste, sin abrazos ni besos, que le marcó totalmente. Cuando cumplió 18 años no tuvo fiesta salvo un coche de los que se conocían como utilitario”.
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La periodista Angie Calero relata que se pusieron en contacto con Juan de la Sierra “y nunca contestó. Myriam declinó de forma muy educada la propuesta y me reconoció que entendía perfectamente a Macarena y su 'derecho al olvido’. Para ella era también una tortura, sobre todo desde el punto de vista laboral, cuando la gente la buscaba en Google y solo aparecían noticias relacionadas con el asesinato de sus padres. A esto se sumaba que sobre los hermanos De la Sierra siempre planeó la duda de su implicación en los crímenes. La sombra de la duda les estigmatizó en un primer momento”.
En cuanto a la relación de Juan de la Sierra con sus padres, en el libro de Angie Calero aparecen las declaraciones de la secretaria del marqués asesinado, María Luisa García. “En el interrogatorio del primer sumario contaba que el padre, Manuel de la Sierra, se quejaba de que él aparecía como el malo de cara a sus hijos porque les exigía mucho y su mujer, la marquesa, estaba más ausente". A Juan le llamaba ‘el niño'. Según la secretaria, el padre tendió a protegerlo a su manera, que coincide con las informaciones que aseguraban que no era cariñoso y sí muy estricto. La empleada del aristócrata consorte asesinado narró, tal y como aparece en el libro, que “la intención del marqués era dejarle un buen paquete de acciones del banco Urquijo y, cuando fuera más mayor, su puesto en el consejo”.
Juan de la Sierra, VI marqués de Urquijo, rehízo su vida en Panamá y regresó a España cuando le detectaron la enfermedad. Cuentan que en aquel país tenía sus empresas, un hotel y edificios antiguos que se encargó de reformar. Económicamente era muy potente, como aseguran quienes llegaron a tratarle en la intimidad.
El 1 de agosto de 1980, fecha del asesinato de los marqueses de Urquijo, Juan, que se licenció en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid y se diplomó en Ciencias Empresariales por ESADE, se encontraba ampliando sus estudios en Londres, ciudad de la que regresó inmediatamente cuando fue informado de la trágica noticia. Si bien su ausencia de Madrid parecía una coartada suficientemente sólida para demostrar su inocencia, durante los diferentes procesos judiciales que se derivaron del caso, esta fue puesta en duda por varias de las partes implicadas.
Rafael Escobedo, por ejemplo, afirmó en careo con el propio Urquijo que el hijo de los marqueses estaba en Madrid el día del asesinato, cosa que corroboró un sacerdote del Opus Dei amigo de la familia. Por su parte, el abogado de Javier Anastasio, otro de los acusados, pidió al juez que exigiera a Juan que presentase el pasaporte y los billetes de ese supuesto vuelo, así como una serie de documentos relativos a movimientos de dinero de las cuentas que los marqueses tenían en el exterior. Por si eso no fuera suficiente, dos informes de la Policía afirmaban que Urquijo estaba implicado en el asesinato. También recogían que miembros del equipo de seguridad de la finca de Somosaguas en la que vivían los marqueses aseguraban que Rafael Escobedo pernoctaba en dicha finca con relativa frecuencia “y que les parecía que mantenía relaciones íntimas con Juan”.
El asunto del asesinato se llegó a enrevesar de tal manera que el diario La Vanguardia tituló sin tapujos: “Todos parecen estar involucrados en el asesinato de los Urquijo, salvo Myriam”. En el cuerpo de la noticia, el periódico catalán, haciéndose eco de informaciones de Interviú, afirmaba que las relaciones entre Juan y su padre no eran buenas debido a sus desavenencias relativas a la fusión del Banco Urquijo con el Banco Hispano Americano, operación a la que el marqués se oponía. Además de esos enfrentamientos por motivos empresariales, los medios señalaban que Juan, harto de la tacañería de su padre, anhelaba recibir la sustanciosa herencia que le correspondía para “desplegar una actividad social que hasta aquel momento le había estado vetada”.
En todo caso, Juan, más discreto que su hermana, se mostró muy crítico con el tratamiento dado al caso afirmando que “no se ha juzgado un crimen. Se ha juzgado a toda una clase social. Nos han convertido en los representantes de un estereotipo reprobable. El de una familia aristocrática, multimillonaria, metida de lleno en un mundo de oscuros negocios y a la que, faltaría más, le salen dos hijos vagos con los vicios inherentes a su condición”.
Tanto para probar que no era un vago como para alejarse del foco mediático, Juan decidió centrarse en sus proyectos empresariales y afincarse en Panamá, donde llegó a ser presidente ejecutivo de la junta directiva de la agencia de calificación de riesgos PCR (Pacific Credit Rating) y parte de la Inmobiliaria San Felipe, una de las principales compañías de ese sector en el país caribeño.
Casado con Rocío Caruncho Fontela el 31 de octubre de 2000 en la iglesia de los Jerónimos de Madrid y padre de tres hijos, Juan solo regresó a España en ocasiones puntuales, como por ejemplo para asistir a la boda de Alejandro, el hijo de su hermana Myriam, que contrajo matrimonio en 2016 en la localidad alcarreña de Pastrana.
Matrimonio y Descendencia
Juan se casó en octubre de 2000 con Rocío Caruncho, en una ceremonia celebrada en la iglesia de los Jerónimos de Madrid, a la que asistió su hermana Myriam (65), tuvieron tres hijos pero se separaron.
Legado
Tras la muerte de sus padres, Juan heredó el título de marqués de Urquijo y la casa donde se produjo el asesinato. Después del luctuoso suceso, siempre ha tratado de mantenerse alejado de los medios. Estaba casado desde el año 2000 con Rocío Caruncho Fontela, con quien tuvo tres hijos, Victoria, Juan y Marieta.
Es actualmente su primogénita Victoria, de 21 años, criada en la casa donde asesinaron a sus abuelos, quien ha saltado a los medios tras heredar en septiembre el marquesado de Urquijo, con Grandeza de España, y el de Loriana, que ostentaba su padre.
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