Hipoacusia en Niños: Causas y Tratamiento

25.10.2025

La Hipoacusia o Pérdida de Audición puede ocurrir en cualquier etapa de la vida, pero cuando se produce en niños puede tener consecuencias muy importantes sobre el lenguaje y afectar al aprendizaje y al desarrollo psicológico y comportamiento del niño. La hipoacusia o pérdida de audición, puede ocurrir en cualquier etapa de la vida, sin embargo cuando ocurre en los niños, sobre todo en la etapa prelocutiva, antes de comenzar a hablar, los efectos son más negativos.

La hipoacusia infantil puede tener como consecuencia un retraso en la adquisición correcta del lenguaje, y en casos más severos incluso afectar al desarrollo psicológico y al comportamiento del niño. Por esta razón, en los niños es imprescindible diagnosticarla y tratarla de la manera más precoz posible. En los niños pequeños, la hipoacusia es una patología frecuente.

Es imprescindible realizar un diagnóstico lo más precoz posible, aun en etapas en las que esta pérdida auditiva es invisible. Si la pérdida auditiva es severa, de ambos oídos y aparece antes de la adquisición del lenguaje (prelocutiva), en el período desde el nacimiento hasta los 2-3 años de vida, no va a permitir el desarrollo del habla. Se trata de un período en el que puede pasar desapercibida, y el primer signo de alarma puede ser que el niño no desarrolla lenguaje. Un niño que no oye no puede hablar.

Si la hipoacusia o sordera aparece después del desarrollo del lenguaje (postlocutiva), las consecuencias son menores y su detección es más sencilla, ya que muchas veces son los mismos niños, sus padres o los profesores quienes nos lo comunican.

Prevalencia de la Hipoacusia Infantil

La hipoacusia es la deficiencia sensorial más frecuente. Afecta a uno de cada mil niños de forma severa y profunda bilateral, ascendiendo a cinco de cada mil niños si se considera a los recién nacidos con hipoacusia de cualquier grado. La prevalencia de la hipoacusia permanente alcanza el 2,7‰ antes de los 5 años de edad y del 3,5‰ en la adolescencia.

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En España, alrededor de 2000 familias tienen cada año un hijo con discapacidad auditiva, cuyos padres son normooyentes en más del 90%. Según la Comisión para la Detección Precoz de la Hipoacusia (CODEPEH), el 80% de las sorderas infantiles están presentes en el momento del nacimiento y el resto son adquiridas o de comienzo tardío.

Actualmente todas las comunidades autónomas de España tienen programas de detección precoz de la hipoacusia de forma universal, y no solo en población con factores de riesgo, lo que constituye el pilar principal para el diagnóstico y tratamiento precoz de estos niños.

Causas de la Hipoacusia Infantil

Es importante tener conocimiento de las causas de sordera infantil. La causa genética de las sorderas prelocutivas en los países desarrollados constituye un 50-60% de los casos. Aproximadamente el 30% de estos casos van a formar parte de alrededor de los 600 síndromes que asocian hipoacusia, entre los que destaca el síndrome de Pendred, de herencia autosómica recesiva, que asocia la hipoacusia neurosensorial a bocio por alteraciones de la pendrina, una proteína presente en células del tiroides, el oído interno y el riñón.

Hasta en un 70% de los casos, la hipoacusia no se asocia a otras alteraciones y no hay antecedentes cercanos de hipoacusia; su herencia es autosómica recesiva, y la más relevante es la mutación del gen GJB2 (conexina 26). Un 35-40% de las hipoacusias en la infancia son adquiridas, por infecciones por citomegalovirus (CMV), tóxicos, alteraciones metabólicas, etc., prenatales, perinatales o posnatales.

La causa más frecuente de hipoacusia RECIÉN NACIDOS es genética, aunque no haya ningún familiar cercano que la padezca, puede haberse transmitido de generaciones anteriores. En los PRIMEROS AÑOS DE VIDA la causa más frecuente son las otitis medias, procesos inflamatorios o infecciosos que conllevan que el oído medio se llene de secreción y dificulte la audición. Se asocian a procesos catarrales, alérgicos y alteraciones en la anatomía.

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Son más infrecuentes, y pueden estar presentes en el nacimiento (congénitas) debidas a enfermedades hereditarias, problemas o infecciones durante el desarrollo en el embarazo, sufrimiento durante el parto, ictericia grave o prematuridad.

Generalmente estas hipoacusias hereditarias se deben a mutaciones de un único gen que se heredan de manera autosómica recesiva, esto quiere decir, que la enfermedad puede saltarse generaciones, no estando presente la enfermedad en los padres, pero siendo estos portadores de la misma. Pueden estar acompañadas de otras malformaciones, hipoacusia sindrómicas, o ser la única enfermedad presente en el niño, hipoacusia no sindrómicas.

La pérdida de audición más frecuente en los niños. Es la primera causa de hipoacusia de transmisión en el niño, debida a la ocupación del oído medio por secreciones seromucosas. El tratamiento puede ser médico o en casos más severos quirúrgicos, mediante miringotomía y colocación de drenajes transtimpánicos.

Una infección del oído medio, que puede acompañarse o no de supuración a través de la membrana timpánica y provocará una hipoacusia de transmisión. Como consecuencia de otitis previas o de un traumatismo, puede perforarse la membrana timpánica de forma definitiva, es decir, que no cicatrice por sí sola. Esta perforación puede provocar una hipoacusia de transmisión, además de incrementar el riesgo de padecer otitis repetidas.

Una malformación en la estructura o funcionamiento de la cadena de huesecillos del oído medio provocará una hipoacusia de transmisión, que puede precisar un tratamiento quirúrgico para conseguir un nivel auditivo adecuado.

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Tabla 1. Causas de sordera infantil

Es fundamental conocer las diversas causas de la sordera infantil para un diagnóstico y tratamiento adecuados. Algunas de las causas más comunes incluyen:

Causa Descripción
Genética Mutaciones genéticas hereditarias que pueden causar hipoacusia sindrómica o no sindrómica.
Infecciones Congénitas Infecciones como el citomegalovirus (CMV), toxoplasmosis, rubéola, herpes simple y sífilis congénita.
Complicaciones Perinatales Hiperbilirrubinemia, anoxia, prematuridad y bajo peso al nacer.
Otitis Medias Procesos inflamatorios o infecciosos que conllevan la acumulación de secreción en el oído medio.
Malformaciones Malformaciones en la estructura o funcionamiento de la cadena de huesecillos del oído medio.

Detección y Diagnóstico

La prueba reina para medir la audición es la audiometría. Es la prueba que más información nos aporta. El problema es que se necesita colaboración para realizarla, por lo que los estudios para valorar la audición dependerá de la edad del niño y si sabe realizar una audiometría y es capaz de contestar de forma fiable.

El pediatra de Atención Primaria debe conocer que la detección y tratamiento precoz de la pérdida auditiva va evitar alteraciones en la adquisición del lenguaje oral, así como de otros procesos cognitivos más complejos.

Audiometria: es una prueba mediante la cual medimos el umbral de audición de manera subjetiva. En los niños pequeños, de menos de 6-7 años, es difícil realizar una audiometria estándar. En los recién nacidos, se detecta una hipoacusia en el momento del nacimiento mediante las pruebas de cribado, en aproximadamente 1/1000 niños nacidos sin antecedentes familiares de hipoacusia y en 15/1000 niños nacidos en familias con antecedentes familiares de hipoacusia.

Ante la sospecha de una pérdida auditiva, no se debe esperar a ver la evolución, sino que el niño debe ser inmediatamente derivado al especialista ORL para completar su estudio. La otoscopia es una exploración indispensable en los niños con sospecha de hipoacusia. El impacto en la audición de la presencia de un tapón de cerumen o de una otitis media serosa (OMS) es mayor en niños con hipoacusia sensorial y se debe remitir de forma preferente al especialista en Otorrinolaringología (ORL).

En la ATL se realizan primero tres frecuencias 500-1000-2000 Hz de cada oído, comenzando el que se supone mejor oído, prosiguiendo la exploración al resto de frecuencias si consideramos que el niño sigue manteniendo la atención; en caso de detectar pérdida auditiva se realizará si es posible la estimulación sonora a través de un diapasón para ver el estado de la vía ósea.

Estos resultados son complementados con la audiometría verbal, que evalúa la capacidad para percibir el lenguaje hablado. A partir de los 4 años, ya no es necesario condicionar la respuesta y se les explica que deben informar o pulsar un botón cuando oigan el sonido a través de los auriculares, o repetir lo que oigan, en el caso de la audiometría tonal liminar (ATL) y de la audiometría verbal respectivamente.

Métodos Audiométricos Objetivos

Los métodos audiométricos objetivos tienen la ventaja que se van a poder utilizar a cualquier edad y con una alta sensibilidad.

Potenciales evocados auditivos de tronco cerebral (PEATC): miden la actividad del nervio y la vía auditiva en el tronco del encéfalo a través de la colocación de unos electrodos en la cabeza del niño que detectan la respuesta generada por un estímulo auditivo, representada por ondas, enviado a través de los auriculares a cada oído.

Se valora la morfología, latencia y amplitud de las ondas, fundamentalmente la I (nervio auditivo), III (complejo olivar superior) y V (tubérculo cuadrigémino o colículo inferior) y las interlatencias y diferencias interaurales, y se obtiene una aproximación al umbral auditivo que sería la mínima intensidad a la que aparece la onda V.

Permiten valorar la respuesta electrofisiológica de latencia corta (inferior a 10-15 ms) generada en la vía auditiva hasta el tronco del encéfalo, explorando las frecuencias de 2000-4000 Hz, pero tienen la limitación del estudio de las frecuencias graves, por lo que una ausencia de ondas no es suficiente para diagnosticar una pérdida auditiva total. Además, aunque se puede realizar desde los primeros días de la vida del niño, la inmadurez neuronal provoca un retraso de las latencias. Tienen una sensibilidad del 97-100% y una especificidad del 86-96%.

Esta prueba precisa que el niño esté dormido o muy tranquilo y a veces se requiere sedación, dado que la prueba tiene una duración aproximada de 30-60 minutos.

Timpanometría: se realiza con una pequeña sonda que debe sellar el conducto auditivo externo y que mide la elasticidad en el oído medio a medida que se modifica la presión de aire en el conducto auditivo. No es una prueba auditiva, pero de forma rápida permite valorar la integridad de los mecanismos fisiológicos que intervienen en el sistema de transmisión del oído.

Se tiene en cuenta el tipo de curva (con pico o aplanadas), la altura y desplazamiento o no de la misma.

Tratamiento de la Hipoacusia Infantil

El éxito del tratamiento de la hipoacusia en el niño reside en el diagnóstico precoz y preciso que permita iniciar una atención temprana específica.

En un primer lugar, el audioprotesista debe seleccionar y adaptar una audioprótesis, generalmente en ambos oídos, antes del mes siguiente al diagnóstico, que será prescrita por el ORL, quien además debe controlar su evolución. Si, a pesar de la audioprótesis y de un apoyo intenso logopédico, el niño no progresa adecuadamente y su pérdida auditiva es de origen coclear, podría ser candidato a intervención quirúrgica y colocación de un implante coclear hacía el primer año de vida.

Uno de los aspectos importantes en el tratamiento de estos niños es promover la estimulación bilateral del sistema auditivo mediante una estimulación bimodal, empleando de forma simultánea un implante coclear en el oído con hipoacusia profunda y un audífono en el contralateral si presentan una hipoacusia severa, o bien dos implantes cocleares en los oídos si presentan hipoacusia profunda bilateral.

Todo esto debe estar acompañado de una intervención logopédica y educativa temprana destinada a favorecer el desarrollo de las potencialidades de las áreas auditivas y comunicativas del niño, aprovechando el periodo de máxima plasticidad cerebral, teniendo en cuenta otros aspectos cognitivos, psicológicos y sociales.

Es fundamental la participación de la familia, que requiere apoyo, asesoramiento y formación para poder comunicarse con su hijo desde el inicio. Además, a lo largo de la toda la escolarización es necesario un seguimiento continuado del alumno, una atención psicopedagógica que evalúe el rendimiento escolar y su socialización para asesorar a los profesores y a las familias.

Los niños con pérdida auditiva pre- o perilocutiva bilateral y de intensidad severa-profunda deben ser diagnosticados y tratados precozmente para que el desarrollo del lenguaje sea correcto.

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