Descubriendo la Autenticidad en Yangshuo: Más Allá de las Rutas Turísticas Convencionales
Las rutas turísticas convienen a las dictaduras: China seguramente no es más que eso, políticamente hablando.
El turista llega, ve los monumentos, y cuando lo ha visto todo, se marcha.
Yangshuo fuera de la temporada alta tiene aire de una ciudad provinciana.
Su historia es la misma que en muchos otros lugares del globo.
La vida china fuera de la realidad siempre cómoda creada para los turistas, esa plaga que recorremos los lugares buscando autenticidad hasta devorarlos por completo, hasta trastocar su esencia y su naturaleza, y cuando hemos acabado con ellos, nos quejamos de que nos quieran vender la moto mientras dirigimos nuestras miradas hacia un nuevo lugar al cual fagocitar.
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Como una densa nube formada por langostas en busca de una nueva zona verde.
¿Es por una mezcla de falta de imaginación, exceso de mala información, marketing, miedo…?
Así se crean productos como el Círculo Dorado de Islandia, el Triángulo de Oro de India, o el mismísimo castillo del conde Drácula.
Todos los lugares citados seguro que son maravillosos y dignos de ver, pero ¿acaso no hay más India fuera del Triángulo de Oro?
¿Acaso no deslumbrará bastante más la desconocida Maramures que su vecina Transilvania al que tenga la magnífica idea de ir más allá de la famosa región rumana?
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Por ejemplo, si en una zona hay cien valles y sólo elegimos uno, ahí nos veremos todos una y otra vez, como polillas golpeándonos contra una única farola encendida en la noche.
¿Quién quiere ir al desierto cuando éste ya no lo es, sino varios montones de arena llenos de gente y máquinas ruidosas?
Esto no es una crítica al desierto, sería absurdo.
Perderme se me da bien, me sale casi involuntariamente.
Tan solo tengo que tomar ese camino que no sé dónde va.
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Y limpiarme el trasero con las hojas de la más famosa guía de viaje.
Esa que vende un planeta cada vez menos solitario gracias a ella.
En realidad qué más da partir de viaje organizado por El Corte Inglés en un grupo numeroso o siguiendo una guía con miles de adeptos dispuestos a seguir sus instrucciones como si fueran una secta.
Recorriendo todos, una y otra vez, los mismos lugares.
Yangshuo desde TV Tower.
En cualquier caso, no pasa nada, no hay problema, todo está bien, lo malo es creerse mejor que los demás, porque nosotros mismos también somos los demás, por eso cada vez que nos quejamos lo hacemos en vano y por vicio.
Muchos viajeros, en realidad, son soñadores.
…pero al final de la calle, como un premio a haber soportado tal cantidad de basura vendible, está el fantástico Río Li, majestuoso, tranquilo, con el caudal bajo, como si él mismo supiera que está fuera de temporada alta.
Si uno tiene la suficiente paciencia, puede pasar la tarde contemplándolo y con un poco de suerte, ver regresar alguno de los pocos pescadores que siguen pescando con la ayuda de cormoranes.
Imagino que también se podrá organizar por medio de una agencia turística, pero el pescador que vimos venía de río abajo después de una jornada de pesca en solitario.
La diferencia entre algo creado para los turistas y este señor, es que él hubiera estado ahí aunque nosotros no lo estuviéramos.
Esa es la diferencia entre lo “auténtico” -esa palabra tan manida- y lo real.
La tribu africana que baila para el turista es “real”, la tribu africana que baila cuando ya no hay turistas es lo “auténtico”.
De hecho, ese pescador es posible que ahora mismo esté pescando mientras tú lees esta serie de penosas elucubraciones.
El mercado que hay justo detrás del Vienna Hotel es la antítesis de la Western Street y un buen ejemplo de mercado chino local.
Ribereños de los dos ríos vienen a la capital de la comarca a vender sus productos recién cosechados.
Mandarinas pequeñas, irregulares pero sabrosas.
¿Para qué queremos un tomate precioso si no sabe a tomate?
Las zonas turísticas liofilizadas, perfumadas y adornadas se crean por nosotros mismos, para nuestras exigencias.
Ni turistas, ni viajeros, nadie quiere ver roedores gigantes, perros y gatos abiertos en canal, expuestos como pollos, junto a más congéneres suyos vivos esperando ser despedazados y vendidos a trocitos.
Pero, ¿no buscábamos lo auténtico?
En Yangshuo hay que tirar el mapa turístico a la basura y dejarse llevar por el azar.
En la ciudad hay barrios interesantes, restaurantes baratos y de comida riquísima, parques donde los chinos hacen su vida, juegan a juegos de mesa, bailan o cantan.
-Cariño, ¡qué alguien le quite el micrófono a ese señor!
El tipo con peor voz de la ciudad, y probablemente de todo el sur de China, suple sus carencias con una potencia y un entusiasmo propios de un concierto ante diez mil personas.
Y al igual que cantan a los chinos les da por bailar.
En cualquier parte.
Intentaré ser imparcial y justo: lo hacen como el culo.
Me gusta que alguien que cante de una manera espantosa se ponga a cantar, gozo al ver que la señora más arrítmica del planeta es la profesora de baile de otros que aún bailan peor en medio de un parque, me encanta que las abuelas se pongan a hacer estiramientos y ejercicios físicos vestidas de maneras horrorosas y con total desfachatez, me alucina que cualquiera se ponga a hacer taichi como si no hubiera un mañana y estuviera manejando él solito todas las energías del universo interestelar, telúrico y sideral.
Toma Chi para allí, toma Chi para allá, lo flipan mucho y yo aún más.
Se me ocurren varias cosas que decirle a la de los ojos marrones inspirándome en el Chi, y se las digo mientras caminamos a saltitos por el lecho pedregoso del río que casi no se ve por falta de luz.
-Me encanta que seas un guarro salido- ¿Hablará en serio?
-¿Qué?
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