Cuidados del Jabalí Recién Nacido: Una Guía Completa

26.11.2025

La llegada de un bebé, ya sea humano o animal, transforma el entorno en un espacio lleno de amor, cuidados y descubrimientos constantes. En el caso de los jabalíes recién nacidos, conocidos como rayones o jabatos, cada detalle adquiere una importancia vital en su desarrollo y bienestar.

El Entorno Social del Jabalí: La Piara

El jabalí, cuyo nombre científico es Sus scrofa, es un mamífero omnívoro altamente sociable y adaptable a prácticamente cualquier medio. Vive en grupos de hasta 60 individuos, aunque lo más común es que las piaras estén constituidas por entre 5 a 10 individuos en la Península Ibérica.

La piara es un grupo de jabalíes en el que una hembra lidera al resto del grupo, constituido por sus crías de la anterior temporada reproductora y las crías de la última camada. En esta sociedad matriarcal, otras hembras adultas y sus respectivas crías, normalmente emparentadas con la líder, también suelen formar parte del grupo familiar que, cada año, expulsa a los machos una vez han alcanzado su madurez sexual.

Estos machos pasarán a vivir de manera solitaria durante todo el año, o en algunas ocasiones en pares, a excepción del momento de la reproducción, en que se juntan temporalmente a la piara.

El Nacimiento y los Primeros Días del Rayón

En un encame fabricado principalmente con ramas por su madre, nacen las crías de jabalíes, llamadas rayones o jabatos. La madre se ha aislado del grupo unos 2 ó 3 días antes del parto, seguida de sus crías del año anterior, dirigiéndose a una zona de vegetación baja que proporciona protección para preparar el encame.

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En este periodo cualquier intento de comunicación por parte de sus crias del año anterior o cualquier otro congénere, será atajado por la hembra de manera agresiva, impidiendo que nadie se acerque a la cama donde dará a luz, incluso días después de que los pequeños hayan nacido. Los primeros días en el nido son imprescindibles para el reconocimiento entre la madre y los recién nacidos y el establecimiento de interacciones con ella y el resto de hermanos.

Desde el momento en que los rayones nacen, la madre se encarga de impregnarlos con su olor, reconociéndolos mediante la vista y el olfato. Durante la lactancia la madre emite gruñidos entrecortados, según parece, con la finalidad de mantener a los lechones alerta ante la presencia de posibles depredadores, y también con fines puramente afectivos.

Respecto a la comunicación acústica/sonora, en sus primeras etapas del desarrollo, los jabatos emiten más de 106 tipos de sonidos solo para comunicarse con su madre y hermanos, siendo capaces de transmitir su nivel de hambre mediante variaciones en las frecuencias sonoras.

Las crías son también capaces de producir señales de alarma identificadas por su madre e incluso el resto de hembras adultas de la piara, siendo cada progenitora capaz de distinguir la señal de sus lechones de la de otros y proporcionando un sistema de comunicación tan preciso que desencadena ataques por parte de la madre ante las llamadas de sufrimiento de sus crías.

Durante la lactancia, al entrar en contacto con una mama y succionarla, los lechones proceden a masajearla y luego van pasando de una a otra en el llamado «muestreo de tetinas”. En esta fase se comportan agresivos, mordiendo o empujando con la jeta o el hombro para apartar a sus hermanos, colocándose además de manera en que la tornan inaccesible para otros. Por último los rayones pasan al periodo de «mantenimiento del pezón”, durante el cual presentan plena posesión de su tetina y alternan la lactancia con dormir.

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Las crías de jabalí son altriciales, y por tanto muy dependientes, sobre todo en sus dos primeros días de vida. Sin embargo, ya a partir de la 3º o 4º semana comienzan a seleccionar su propia mama y a defenderla del resto de sus hermanos, incluso llegando a pelear por ella. Este orden de posesión de mamas se mantiene hasta el momento del destete y supone un primer establecimiento jerárquico, al alimentarse los más capaces de las mamas que más leche proporcionan.

Integración a la Piara y Desarrollo Social

Tras unos 5 a 10 días en estado de aislamiento en el encame de parto, la madre deja que otras hembras de su piara se acerquen, previo reconocimiento sonoro y olfativo mediante contacto nasal. En este punto los rayones ya están listos para seguir a su madre y reunirse con el resto del grupo. Cabe destacar que las ultimas en ser aceptadas de vuelta al núcleo familiar son las bermejas del año anterior, que aún no tienen crías y ya se valen por si mismas, pero que no han alcanzado la madurez sexual.

Una vez restablecida la unión del grupo con los nuevos miembros, la prosperidad de los juveniles está asegurada, ya que en caso de muerte de una de las madres, su progenie pasa a ser adoptada por otra de las hembras. Este fenómeno es considerado por varios autores como una característica propia de los suidos.

Debido a este hecho, y al de que todo el grupo se mantiene al unísono en cuanto a lo que la realización de las actividades diarias se refiere, las relaciones con sus congéneres de las otras camadas comienzan en cuanto la totalidad el grupo se reúne tras los partos, que por otra parte, tienden a sincronizarse.

En el seno del grupo, los rayones son muy activos y juguetones, lo que puede molestar a alguna hembra adulta, que no dudará en darles con el morro, desplazándolos incluso medio metro de distancia. Esto al margen de que sea o no su madre. La leche la solicitan a gritos, pero no necesariamente a su madre, ya que, al vivir en grupo, todas las hembras adultas y que han tenido crías, participan en la crianza de los rayones. No obstante los pequeños tratan de buscar a su madre, identificándola mediante el olor de sus glándulas carpianas y, una vez lo han hecho, le chillan con insistencia para que se tumbe y poder proceder a alimentarse.

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En otras ocasiones es la madre la que, mediante gruñidos breves y muy graves, llama a sus crías a la alimentación. Para proceder, la madre se apartará unos metros del grupo, no impidiendo que las crías de otra camada de su piara mamen, y siendo los rayones los que tenderán a defender su mama. En caso de que haya mamas libres (algo muy común al haber nacido o sobrevivido hasta el momento menor número de rayones que de mamas) no se darán problemas relacionados con la posesión de las mismas.

El destete tiene lugar entorno a los 3-4 meses de edad de las crías, y se ha podido observar como el juego disminuye con la edad después del destete, pero no en el período previo a este. En los días inmediatamente posteriores al destete, el juego locomotor y social disminuye, y después solo vuelve a aumentar el locomotor.

Para los rayones muchas situaciones cotidianas suponen juego, véase el estar acostados en el encame, procediendo a remover con su jeta los vegetales que lo forman, girando y saltando al tiempo que incitan a otras crías al juego, simulando cargar contra ellas. También, y casi en cualquier comento de la jornada, pueden proceder a tirarse o montarse unos encima de otros. Otro de sus juegos consta de coger con el morro un trozo de algo que tengan a mano, sacudirlo y lanzarlo con fuerza. También se dedican a perseguirse los unos a los otros y, medida que crecen van emprendiendo juegos combativos, chocando flanco contra flanco. Efectivamente el juego cumple una función altamente comunicativa entre ellos, definiendo poco a poco niveles jerárquicos, aunque no será hasta los 6-7 meses que comiencen a formar parte de la jerarquía del grupo, siéndoles permitido hasta ese momento y a nivel social, mucho más que al resto de los adultos y subadultos del grupo; corren, juegan en cualquier contexto y momento, no se atienen a reglas, pero no se ven libres de llamadas de atención por parte de otros miembros adultos del grupo.

Transición a Bermejo y Madurez Sexual

Entorno a los 7-10 meses de edad las crías ya son consideradas bermejos, y han de integrarse en el grupo, adoptando un rango social. Siendo cierto que los lechones de la jabalina líder o de aquellas con elevado rango, siempre se verán beneficiados de los mejores lugares de alimentación al seguirlas, no serán ellos los que necesariamente ocupen los rangos de mayor nivel jerárquico, ya que este se define resultando de los combates entre individuos de aproximadamente su misma edad. De hecho se suele dar que las crías de la hembra líder suelen ocupar los puestos de menor rango dentro del grupo.

La madurez sexual es alcanzada por ambos sexos de jabalíes a partir de los 7-8 meses de vida, siendo un factor determinante para el grupo, ya que comenzará a desencadenar una serie de hechos que darán lugar a la reestructuración del grupo, como lo son el celo, los enfrentamientos, la monta y el coito y los partos. Los machos, una vez entran en estadio de bermejo, comienzan a ser poco a poco apartados, atacados y perseguidos por las hembras del grupo, lo que les lleva a abandonar el seno familiar entorno a los 9-18 meses.

El Celo y la Reproducción

Los machos adultos, por su parte, luchan contra sus rivales a fin de conseguir conquistar a las jabalinas, normalmente dos o tres, y pudiendo ser hasta ocho hembras. La edad del primer celo en las hembras puede presentarse desde los 8 a los 24 meses de edad, en función de factores tróficos y del ritmo estacional del funcionamiento ovárico.

El celo tiene lugar hasta dos veces al año (cuando esto sucede se le denomina año bifásico). El primero, y que todos los años sucede, comienza a mediados de noviembre, y dura hasta mediados de enero, siendo uno de sus detonantes la disminución de horas de luz y de la intensidad de la misma. En consecuencia de este cambio lumínico se ve afectada la glándula pineal de los machos, que segrega mayor número de hormonas sexuales, aumentando la liberación de melatonina. Esta cadena de sucesos internos es observable en la hipertrofiación de los testículos de los machos adultos, lo que supone en si un acto comunicativo, al informar a otros machos y hembras de su estado reproductor.

Además, y a fin de indicar del comienzo de su estado reproductor a los machos, las hembras marcan con sustancias olorosas las ramas más bajas de los árboles, o lo mismos troncos, habiendo previamente mordido y pelado la madera (en la resina los olores se potencian y su durabilidad aumenta). Después frotan y esparcen la saliva con las glándulas cercanas a sus ojos, todo esto a fin de depositar sustancias atractivas a nivel sexual. Se sabe que es la jabalina líder la que comienza con este tipo de señal 15 días antes del comienzo de su celo, incitando así al resto de las hembras adultas a hacer lo mismo y comenzar todas a ovular.

Durante este periodo las hembras pelan a mordiscos las zonas inferiores de los troncos o ramas bajas, a fin de depositar su saliva cargada de sustancias atractivas a nivel sexual. Así mismo las hembras en celo frotan la región perianal contra el suelo en el denominado «frote anogenital”, con la finalidad de comunicar a los machos su disponibilidad para el apareamiento y de establecer sus límites territoriales, para evitar el posible acoso de otros machos. A nivel corporal se mantienen erguidos con la melena en punta y los mechones de la región sacra levantados, de manera independiente a los de la cresta dorsal, en señal de excitación.

Seguido del periodo de celo invernal suceden uno tras otro el de gestación, el parto, la lactancia hasta el momento de destete y el de reposo sexual o anestro. Este patrón se repite todos los años, excepto aquellos en que, principalmente debido a la abundancia de comida y condiciones favorables para la piara, el periodo de reproducción se adelanta a septiembre.

El celo es clave para la comunicación y el comportamiento social de los jabalíes, puesto que es el único periodo en que los machos adultos se acercan a las piaras, a fin de tratar de reproducirse con sus hembras sexualmente maduras. Es además el único lapso de tiempo en que las hembras van a permitir dicho acercamiento, eso sí, no sin cierta reticencia. Además, las féminas se muestran agitadas, irritables y muy activas.

Por su parte los machos olfatean la zona y proceden a marcar con una saliva densa y espumosa que segregan a ambos lados de la boca en las glándulas submaxilares y restriegan sobre la parte que les es más alta posible de los troncos que, además, golpean con los colmillos varias veces a lo largo del día. Este marcaje está destinado a los otros machos, que tratarán de depositar su saliva a una altura superior al resto, mostrándoles su tamaño y fortaleza.

Mientras estos olfatean el suelo y el aire en busca de sus potenciales parejas reproductoras, van dejando tras de si una serie de marcas olfativas y visuales consistentes en raspar el suelo con sus patas delanteras y orinando sobre el rascado, con el contenido añadido de las glándulas prepuciales.

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