Jaume Collboni: Vida Personal y Trayectoria Política

24.10.2025

Barcelona es la mayor incógnita de la jornada en la que se constituirán miles de ayuntamientos en toda España. Jaume Collboni se erigió oficialmente como alcalde de Barcelona el pasado sábado 17 de junio, ante el sonado enfado de Xavier Trias por no lograr el apoyo necesario para tomar el poder.

Abogado de profesión, Jaume Collboni traspasó la frontera de las páginas políticas a las del corazón tras su boda en 2011 con Óscar Cornejo (51), cofundador junto a Adrián Madrid (53) de la Fábrica de la Tele, entre cuyos productos comerciales se encuentran Sálvame, Aquí hay tomate o Viajando con Chester. En el enlace en el Saló de Cent del consistorio se mezclaron salsas de todos los sabores, y no solo los de la Esteban, también los de la difunta Mila Ximénez, Jordi González, Miquel Iceta o José Motilla, para quien en ese momento Collboni era su jefe de campaña.

Aquel sueño de colores terminó con la separación de la pareja cinco años después. Ninguno de los dos se pronunció públicamente sobre la ruptura, y desde su círculo más íntimo también cerraron filas, aunque por aquel entonces confirmaron a “El Mundo” que “la distancia -Cornejo estaba instalado en Madrid y Collboni en Barcelona- y la ajetreada agenda de ambos” había podido influir. Por aquel entonces, el ahora alcalde había sido imputado en el caso Mercuri por presunto tráfico de influencias -un año después se archivó la investigación-, y el entorno de la expareja desmintió que esto hubiera sido el detonante del divorcio.

Poco dado a expresar sus emociones íntimas, Collboni es un tipo sociable, siempre ve el vaso medio lleno, le encanta dialogar y uno de sus rasgos más valorados es que sabe escuchar. Una amiga periodista asegura a LOC que "es un tío que acepta cualquier debate, algo que a la derecha le cuesta más, es muy tranquilo y bastante ponderado. Y también diría que cobarde porque mientras fue el segundo de Colau ha estado muy callado. En general, su vida es muy sosa".

También es bastante cabezón. Con su hermana pequeña, Iolanda, se lleva de maravilla y tiene mucha complicidad con sus dos sobrinos, Víctor y Carmela, a quienes se les ha visto en algunos actos de campaña.

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Consciente de que la política es muy estresante, Jaume siempre rasca tiempo para buscar el sosiego. Siempre lleva consigo un libro. Para él, la literatura es la mejor válvula de escape y pasear en bicicleta por las calles de Barcelona es el mejor ejercicio para sentir el pulso de la ciudad. Pero, sobre todo, y pesar de su cargo, también coge el transporte público. Estar con los ciudadanos le permite toparse con la cruda realidad. Si quiere descargar adrenalina pura y dura se lanza en parapente. Ahí sí que tiene una vista global de cómo está la situación.

De tanto en tanto recibe ataques e insultos homófobos, pero suele llevarlos con dignidad porque tiene en Miquel Iceta a uno de sus mayores ídolos al haber sido el primer político español en confesar públicamente su homosexualidad. También admira a Harvey Milk por ser el primer hombre abiertamente gay en ser elegido para un cargo público en Estados Unidos, por lo que fue asesinado y elevado a la categoría de mártir.

En una de sus últimas declaraciones más personales para Elnacional.cat, el político aseguró que en la actualidad vive solo en compañía de dos gatos callejeros a los que llamó Aretha y Franklin, como homenaje a la reina americana del góspel y el soul. Su apartamento se encuentra en uno de los barrios más nuevos de la ciudad condal, Diagonal Mar i el Front Marítim del Poble Nou surgido a raíz de la celebración del Fórum Universal de las Culturas, donde tuvo un papel relevante Angelina Jolie (48).

En su zona no se palpa el caos urbanístico, hay zonas de lujo, la playa está a un silbido, pero es muy consciente de que la gran mayoría de ciudadanos de Barcelona ven la ciudad desde otra perspectiva. Jaume Collboni se erigió oficialmente como alcalde de Barcelona el pasado sábado 17 de junio, ante el sonado enfado de Xavier Trias por no lograr el apoyo necesario para tomar el poder.

De esta forma, el socialista se convierte en el primer edil de la Ciudad Condal abiertamente homosexual, con un pasado amoroso que ha llamado la atención de más de uno. En 2011, el alcalde contrajo matrimonio con Óscar Cornejo, uno de los fundadores de La fábrica de la tele, la productora bajo la que se han desarrollado formatos de televisión tan exitosos como “Sálvame”, “Todo es mentira” o las series documentales de Rocío Carrasco, “Rocío, contar la verdad para seguir viva” y “En el nombre de Rocío”. Además de varios rostros muy conocidos de la pequeña pantalla, como Belén Esteban o Mila Ximénez, al enlace también acudieron nombres muy sonados de la política, como Miquel Iceta, el actual ministro de Cultura y Deporte, o José Montilla, expresidente de la Generalidad de Cataluña.

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Sin embargo, el amor no les duró más de un lustro y en 2016 se dio a conocer la noticia de su separación. Su compromiso social y político se inicia en el activismo sindical y estudiantil en la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona, donde acabará dirigiendo la Asociación de Jóvenes Estudiantes de Cataluña (AJEC) (1992 - 1995) y licenciándose en Derecho. En este período fue miembro claustral de la UB bajo el mandato del rector dr. En 1996, impulsó la creación del Gabinete Técnico de UGT de Cataluña y formó parte de la Dirección Nacional del sindicato desde 1998 hasta 2005. En 2011 es llamado Secretario de Comunicación y Portavoz del PSC y diputado en el Parlament de Catalunya.

Primeros Años y Formación

Jaume Collboni Cuadrado nació en Barcelona el 5 de septiembre de 1969. Es el mayor de dos hermanos. De su padre se sabe poco, salvo que era ingeniero, que se quedó sin trabajo en los años 70 (cuando Jaume era un niño) y que esa circunstancia amenazó seriamente el porvenir de la familia. Falleció en un hospital de Madrid a finales de marzo de 2020, en lo peor de la pandemia del coronavirus; según su hijo, la causa no fue la COVID-19, sino un postsoperatorio que no pudo salir peor.

La madre de Collboni, Alicia Cuadrado, trabajó en el Ayuntamiento de Barcelona. Su hermana pequeña, con la que se lleva muy bien, se llama Iolanda. La familia paterna procede de Cataluña (de Palamós, para ser exactos) y la materna de Andalucía.

Collboni vivió su niñez en varios lugares y barrios: el Baix Guinardó, donde nació; La Teixonera, el Barrio Gótico, el Pueblo Nuevo y el distrito del Ensanche. Estudió siempre en la escuela pública, aunque en centros muy distintos: pasó de la escuela Icària, un lugar pionero en la innovación pedagógica, a la que entonces se llamaba Escuela Obispo Doctor Irurita. Era un bastión pedagógico del franquismo más rancio: los niños de azul y las niñas de rosa, primero subían las escaleras ellos y luego ellas, y todo el santo día rezando. Luego estudió Derecho en la Universidad de Barcelona.

Allí comenzó su actividad en grupos asamblearios, sindicales y políticos. Llegó a ser secretario general de la Asociación de Jóvenes Estudiantes de Cataluña (AEJEC) entre 1992 y 1995, es decir, cuando tenía entre 23 y 26 años, una edad en la que la gran mayoría de los estudiantes ya ha terminado la carrera y está empezando a trabajar… a no ser que se haya sido un devoto de la cafetería más que de las aulas. Pero no fue Collboni mal estudiante. Tampoco una lumbrera, digámoslo todo. Después de licenciarse hizo un posgrado en dirección de sistemas de la información. Pero no parece haber ejercicio mucho tiempo como abogado, ni con demasiada intensidad. Lo suyo era la política.

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Carrera Política

Se apuntó al PSC-PSOE en 1994. Hay que decir que le fue bien, tanto en el partido como en la UGT. Es difícil encontrar en aquella generación de socialistas a alguien que haya sido tantas cosas, que haya ocupado tantos cargos, algunas veces a la vez. Era el clásico tipo que siempre estaba ahí cuando había que hacer algo, sobre todo si se trataba de comunicación o de dar la cara ante el público.

Era guapo y lo sabía, siempre lo supo, con un aire a lo George Clooney. Es un hombre optimista que sabe sonreír y caer bien. Es perseverante o, por mejor decir, obstinado, a veces hasta la terquedad. Le gusta mucho leer, le gusta todavía más andar en bici y se ha ocupado de que las dos o tres veces que se ha tirado en parapente le hayan hecho parecer un héroe de guerra. Es un consumadísimo instagramer.

De su pasión por la música, sobre todo por el jazz, son buena prueba los nombres que les ha puesto a sus gatos: la hembra se llama Aretha y en macho es Franklin. Aretha Franklin. Con eso está dicho todo.

El magnético y seductor Collboni, siempre con su sonrisa (es difícil encontrar a un político catalán que sonría mejor), impulsó el gabinete técnico de UGT en Cataluña. Volvió a irle bien. Rozando el cambio de siglo lo llamaron para la dirección nacional del sindicato. Antes, o a la vez, había sido otras cosas mayores o menores, como consejero del distrito de Horta-Guinardó, en Barcelona. Eran los tiempos en que el ecosistema político catalán funcionaba con personajes que hoy se nos antojan casi extinguidos, de otro tiempo y otro clima, como Pasqual Maragall, Artur Mas o Joan Clos.

Luego todo cambió y sobre Cataluña se abatió la plaga de langosta del procès, que acabó con la prosperidad, dividió a los catalanes y dio unas alas hasta entonces inimaginables a la extrema derecha en toda la nación. Dentro del PSC, Miquel Iceta y Josep Martí Álvarez ya habían puesto sus ojos avizores en él. La cosa fue rápida. En 2005 le hicieron coordinador del grupo del PSC en el Parlamento catalán; a él, que no era diputado. En 2008 lo metieron en la Ejecutiva del PSC. En 2010 lo eligieron diputado autonómico, al año siguiente secretario de comunicación (quién sino) y un poco después portavoz del grupo parlamentario en la Cámara catalana. En 2014 lo eligieron presidente de la federación barcelonesa del PSC. Eso es lo que se entiende por ir lanzado, sobre todo cuando eres respetuoso con quienes te apoyan y te empeñas en no seguir la tradición inmemorial del partido, que es apuñalar a tus amigos por la espalda a la primera oportunidad.

En 2015, primarias de por medio, Collboni encabezó la lista socialista al Ayuntamiento de Barcelona. Fue una costalada terrorífica. El ecosistema catalán había cambiado ya y el procès se aproximaba a su gólgota. La candidatura de Collboni perdió casi la mitad de los votos que había conseguido en los anteriores comicios (cuando el candidato fue Jordi Hereu) y pasó de 11 concejales a cuatro. Quinta fuerza política. Eso es estar en vías de extinción, o al menos así lo parecía. Logró tan solo un asiento más que el PP, que estaba en un estado casi museístico. Pero Collboni colaboró para darle la vara municipal a la populista Ada Colau, que había logrado 11 asientos en un consistorio fragmentadísimo.

Ascenso a la Alcaldía

Pero es muy peligroso dar por muerto (políticamente) a alguien que sonríe tan bien y que maniobra mejor. En los siguientes comicios, los de 2019, Collboni dobló el número de sus votos y el de sus concejales. Volvió a apoyar a Colau para la Alcaldía. Su cortés reverencia ante aquella tormentosa mujer fue premiada con la primera Tenencia de Alcaldía y con la primera vicepresidencia de la Diputación de Barcelona. “Los muertos que vos matáis gozan de buena salud”, que escribió Juan Ruiz de Alarcón.

En medio de todo este trajín, la vida de Collboni parecía una montaña rusa llena de brillos y negruras. Su madre, Alicia Cuadrado, se perdió un día en que salió a pasear con el perro. Se montó un operativo gigantesco, no porque fuese la madre de Collboni, sino porque estas cosas, en España, funcionan bastante bien. Apareció la señora completamente despistada, pero viva y en muy aceptable estado. Luego se supo que se trataba del mal Alzheimer.

Otro desastre. En abril de 2011, Jaume Collboni dio en casarse con su amor más duradero, el productor de televisión Óscar Cornejo. Eso está muy bien, qué duda cabe, pero es que Cornejo resultó ser el creador de programas como Sálvame, Aquí hay tomate y otros de parecido pelaje. A la boda asistieron, cómo no, Miquel Iceta y hasta el expresidente de la Generalitat, José Montilla. Pero es que también se presentaron Jorge Javier Vázquez, Belén Esteban, Risto Mejide, Karmele Marchante, Lydia Lozano y otros coleópteros semejantes. Aparte de que muchos de quienes lo vieron menearon la cabeza, abatidos, mientras murmuraban “esto no puede acabar bien, esto no puede acabar bien, estoles va a traer malísima suerte”, la boda de marras fue utilizada, entonces y después, por las dos extremas: la derecha y la indepe. Ahora veremos cómo. La pareja se divorció cinco años después sin mayores desangramientos. Collboni siguió sonriendo y cuidando de Aretha y de Franklin.

Collboni abandonó su puesto en el gobierno municipal de Barcelona en febrero de este año, 2023. Lo dejó claro: quería preparar su candidatura (por tercera vez) a la Alcaldía. Ada Colau puso cara de circunstancias. El resultado de las elecciones fue un auténtico sudoku. Los puigdemontistas o indepes de derechas ganaron por los pelos, con Xavier Trias “que us bombin” a la cabeza. Luego quedó Collboni. Detrás, Colau. En cuarta posición, bastante lejos, ERC. Y los quintos fueron los del PP.

Las cuchilladas para obtener la alcaldía se parecieron bastante a la Noche de San Bartolomé de 1572 en París. Oíanse los aullidos y los gritos de horror, las voces de “traición” y los más gruesos denuestos de punta a punta de la ciudad. Al final se logró un imposible: que Collboni fuese investido alcalde con el apoyo de la gente de Colau y… ¡del PP! Seguramente pronto sabremos en qué cedió, ay, él tantas veces extinto y tantas veces resucitado político socialista para lograr semejante equilibrio, pero lo primero que sucedió fue que los medios adictos a Vox y al independentismo más montaraz coincidieron en zaherir cruelmente a Collboni por lo estrambótico de su alianza política y… por ser gay.

En pleno 2023. Es decir, que le vejaron por andar en muy malas compañías y por ser homosexual, vileza indecente e indigna de nadie que se reclame persona libre y de buenas costumbres. Pero es de sobras sabido que en política, y no solo en política (aunque en realidad estamos hablando de política y nada más), el odio puede más que la lealtad y la calumnia más que la honestidad. No suelen hacerse prisioneros. Y, como decía Benjamin Franklin, es frecuente ofender y vejar a quien se odia.

Hoy, a estas horas, Jaume Collboni se ha vuelto a librar de la extinción y es alcalde de Barcelona. Mañana, pues ya veremos.

Vida Personal Reciente

El alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, ha escogido Sant Jordi, el Día de los enamorados en lugar de San Valentín, para tomar una decisión muy meditada: anunciar públicamente que tiene pareja y mostrar una foto de su novio. Desde que Collboni se divorció de su marido, el productor de Sálvame Óscar Cornejo, no se le conocía pareja. Pero ahora, con 55 años, ha querido mostrar con una foto preciosa que está felizmente enamorado.

El alcalde y su novio paseando cogidos de la mano por el paseo de Gràcia el día de Sant Jordi, la fiesta del amor. Como tantas parejas barcelonesas. La foto es un spot descomunal de la ciudad: el cielo azul y bajo una farola modernista de la calle más señorial de Barcelona pasea el alcalde de la mano de su chico, que en la otra mano lleva una rosa, regalo del alcalde. Impecable desde el punto de vista comunicativo. No en todas las ciudades del mundo dos hombres pueden pasear tranquilamente cogidos de la mano. Jaume Collboni es un político que no ha ocultado su homosexualidad sino que ha hecho bandera de ello para reivindicar los derechos de las personas LGTBI.

En su cuenta de Instagram escribe "Amor, cultura y orgullo" al lado de una rosa y de una bandera con el arco iris, símbolo del colectivo LGTBI. Su cuenta se ha llenado de felicitaciones y hay quien le escribe: "Qué novio más guapo que tienes". El alcalde ha querido mantener en el ámbito privado la identidad de su pareja y solo lo muestra de espaldas a cámara y con gafas de sol. No quiere ni etiquetarlo porque el joven prefiere seguir en el anonimato. Escribimos "joven" porque tiene unos cuantos años menos que el alcalde. Se deduce por la foto, en contraste con el pelo blanco y el traje de trabajo del edil. No puede intuirse nada más. Bueno, que están enamorados. Con la mirada se delatan.

Ya se ha resuelto una de las incógnitas de las parejas de los famosos catalanes, especialidad de EN Blau. Jaume Collboni vuelve a estar enamorado. Cuando Collboni se case otra vez en el Saló de Cent, como su primera boda, ya le veremos la cara al novio. Collboni forma parte, como su exmarido que ahora producirá las tardes de TVE con La familia de la tele, de la lista de gais más influyentes que publica un diario madrileño. En la última edición era el número 3 después de Los Javis y la futbolista madrileña Jenni Hermoso. No es el primer alcalde de Barcelona del colectivo: Ada Colau se define como bisexual y Xavier Trias tiene un hijo gay, Roman Trias, casado con uno de los mejores RRPP de la ciudad, Àlex Agulló.

Collboni se casó el año 2011, lógicamente una boda civil, en el ayuntamiento que ahora dirige. Ofició la boda un concejal del PSC. La plaza de Sant Jaume fue una mezcla entre políticos socialistas, como el president Montilla, y personajes como Belén Esteban, Jorge Javier Vázquez o Karmele Marchante. El matrimonio duró solo 5 años. Mientras Cornejo ha sido padre en solitario gracias a la maternidad subrogada, Collboni en su piso de Diagonal Mar no tiene hijos pero sí dos gatos, adoptados de la calle: Aretha y Franklin.

“El Tour sabe cuál es la posición de Barcelona, del alcalde y del pleno municipal. El origen del desencuentro se sitúa en la propuesta del concejal de Deportes, David Escudé, quien solicitó esta semana a las organizaciones internacionales que excluyeran a los equipos de Israel de las competiciones. “Barcelona está del lado de la democracia y los derechos humanos. Además, anunció la creación de un nuevo distrito simbólico, el undécimo distrito de Barcelona, dedicado a las ciudades palestinas. Las declaraciones tuvieron lugar durante una entrevista con la periodista Àngels Barceló en el remodelado teatro El Molino, en la avenida del Paral·lel.

Barcelona acogerá este septiembre el encuentro internacional de ministros y gestores culturales, Mondiacult, organizado por la UNESCO. En el terreno económico, el alcalde defendió la política municipal para contener el turismo masivo y lograr un equilibrio más sostenible en la ciudad.

Si los gatos siempre caen de pie, podría decirse que Jaume Collboni (Barcelona, 1969) se ha movido cual felino durante su trayectoria política. Amante, precisamente, de estos animales, -tiene dos y se llaman Aretha y Franklin-, ha sabido moverse sigilosamente cuando pintaban bastos y arañar cuando lo necesitaba, incluso ante el escenario más adverso, para lograr su propósito: convertirse en el próximo alcalde de Barcelona. En su caso aplica aquello de que a la tercera, ha ido la vencida.

El de hoy recogiendo la vara de alcalde es el resultado de un periplo de ocho años no exentos de tentaciones de desbancarlo por parte de su propio partido. Era eso, o no habría tenido una cuarta oportunidad. Y él lo sabía y por ese motivo se ha pasado tres semanas hurgando a derecha y a izquierda, invocando a la aritmética más inverosímil bajo el convencimiento de que si fue posible en 2019 con Manuel Valls, también lo podría ser ahora. Dijo en campaña que no intentaría ser alcalde si quedaba segundo, de la misma manera que los Comuns habían pregonado que no entrarían en ninguna ecuación con el PP y que su posición era inamovible. Por la boca muere el pez, pero la alcaldía es ya de Collboni, del PSC y, por ende, de Pedro Sánchez, el presidente que siempre abonado al 'nada es imposible'."

"Hoy puede empezar a ser el momento decisivo para iniciar el cambio en el Ayuntamiento de Barcelona". La frase no es contemporánea. Es del 28 de marzo del 2014, cuando ganó la primera vuelta de unas polémicas primarias abiertas para escoger candidato que enfrentó a la entonces llamada ‘generación Blackberry’, entre los que estaba Laia Bonet, Jordi Martí -ahora mano derecha de Ada Colau-, Rocío Martínez-Sampere y, también Carmen Andrés, con quien se disputó la victoria. Jordi Hereu había caído tres años antes -y, con él, 32 años de alcaldías del PSC- y era Xavier Trias quien gobernaba la ciudad en nombre de la extinta Convergència. El mismo que este sábado creía que saldría por la puerta del ayuntamiento luciendo los galones de alcalde y que hoy ha salido denostado por la maquinaria socialista.

Trayectoria Detallada

Acunado en el barrio del Baix Guinardó -como Colau-, hijo de un perito industrial y de una trabajadora de Parcs i Jardins, licenciado en Derecho y bregado en el sindicalismo de la UGT, donde trabajó durante una década, Collboni dejó el acta tras cuatro años en el Parlament -entre 2010 y 2014- para intentar recuperar la plaza municipal más preciada. En su primera vez como candidato en las elecciones de 2015, Collboni se dio de bruces y encajó el peor resultado de la historia de los socialistas en la capital: 4 concejales. El cambio que vindicaba llegó, pero de la mano de unos Comuns que sacudieron el tablero barcelonés. Desde ese suelo, inició a partir de entonces un vuelo de ocho años -tiene debilidad por el parapente- en el que le tocó convencer a los propios de que sería capaz de lograrlo.

Siguiendo la consigna lanzada por Miquel Iceta de entrar en todos los gobiernos posibles durante los peores años para un PSC mermado por la diáspora de dirigentes a raíz del ‘procés’, pero también por el bocado que Ciutadans hizo en su electorado, Collboni se alió con los Comuns. 18 meses duró un matrimonio que Colau hizo añicos por el apoyo de los socialistas al 155. Esa expulsión quedó grabada a fuego en el PSC. "Eso no se olvida", dicen todavía ahora desde la cúpula socialista. Llegaron las elecciones de 2019 y, aunque se puso en entredicho que él fuera el cabeza de lista más idóneo, finalmente se le dio una segunda oportunidad. Duplicó la representación a 8 concejales y tuvo olfato para acabar como primer teniente de alcaldía gracias al plan urdido por Iceta para arrebatarle a Ernest Maragall la alcaldía y hacer Colau de nuevo alcaldesa con el apoyo inestimable de Manuel Valls. Un escenario con el que se friega las manos también Illa mirando de reojo la Generalitat.

Cuatro años de mandato junto a Ada Colau no le han pasado factura. Al contrario, le han servido de plataforma para consolidar su figura, forjar un perfil de gobernabilidad a copia de tejer complicidades con el tejido económico de la ciudad durante la pandemia y, al mismo tiempo, conocer desde dentro las fortalezas y debilidades de los Comuns. Por eso, cual felino, marcó territorio, reclamó un voto de confianza más, el último, mientras desde la cúpula del PSOE fruncían el ceño e intentaban encontrar un sustituto para garantizar, ahora sí, el ‘sorpasso’ en Barcelona.

Sacó las uñas. "Quien quiera presentarse contra mí, tendrá que ganarme en unas primarias", advirtió mientras circulaban nombres como el de Iceta, Maria Eugènia Gay o el propio Jordi Hereu. Y Salvador Illa le acabó blindando esa tercera oportunidad, la última. Arriesgó. Se fue del gobierno municipal en enero para labrar la imagen de candidato alternativo confrontando con Colau pese haber gobernado codo con codo con ella.

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