El Caso de la Desaparición de Yéremi Vargas: Un Enigma Persistente
El caso de desaparición de Yéremi Vargas es uno de los más mediáticos y trágicos de la historia de España, al mismo tiempo que uno de los que más incógnitas guarda.
Todo ocurrió en el año 2007, cuando el por aquel entonces niño de siete años se esfumó sin dejar rastro, mientras jugaba en un descampado a unos metros de su casa en Vecindario, Gran Canaria.
Este 10 de marzo se han cumplido 17 años de la desaparición de Yéremi Vargas. En 2007 fue visto por última vez en un descampado cercano a su casa de Vecindario (Gran Canaria) mientras jugaba con otros dos niños de su familia.
Tenía siete años cuando se le perdió la pista y desde entonces todo han sido teorías sobre lo que le pudo ocurrir ese sábado.
Unos escasos metros separaban la casa de Yéremi Vargas del solar en el que fue visto por última vez. El pequeño, de entonces siete años de edad, jugaba en un descampado de Vecindario (Gran Canaria) junto a sus dos primos; sus padres y tíos se encontraban a pocos metros de él.
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Sin embargo, cuando la abuela llamó a todos a comer, el menor ya no estaba. Nadie vio nada, ni a nadie y, como pensaron entonces, no podían imaginar que Yeremi pudiese haber desaparecido así, sin más.
Fue en torno a las tres de la tarde cuando solo sus primos acudieron al grito de la madre de Yéremi para que subieran a casa a comer. Cuando Ithaisa Suárez se asomó por la ventana para regañar a su hijo porque continuaba jugando, ya no estaba.
Durante semanas, la desaparición del niño conmocionó a un país, que no se explicaba cómo a plena luz del día pudo desaparecer sin que nadie viera nada. Gran Canaria fue empapelada con su foto con esa característica camiseta amarilla y sus gafas.
Y el grito desesperado de su familia era constante en radios, periódicos y televisiones, pidiendo que si alguien lo veía se pusiera en contacto con la Guardia Civil.
Aquel sábado, 10 de marzo de 2007, cuando vieron que Yéremi no acudía a la llamada de su familia, comenzaron las voces de alarma a vecinos y Guardia Civil.
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“No era normal que no apareciera por ningún lado un niño de siete años. Fue cuando me derrumbé", declaró entonces Juan Francisco Vargas, padre del niño, a la agencia Atlas.
Las labores de búsqueda no cesaron durante días, agentes de la Guardia Civil y Protección Civil, voluntarios e, incluso, el Grupo Especial de Emergencias del Gobierno de Canarias.
Las batidas comenzaron por el descampado donde fue visto por última vez y el área más cercana, pero, horas más tarde, se amplió el rango hasta todo el municipio de Vecindario, incluyendo pozos, estanques o playas.
A esas alturas, los Vargas ya habían repartido folletos y fotos del pequeño a todos los vecinos y los medios ya elaboraban un perfil de Yéremi, un niño "tímido y asustadizo", como lo definió su tía, Milagros Suárez.
La fuga estuvo descartada desde un primer momento, y quienes más lo conocían sabían de sobra que el menor conocía el camino hacia su casa y era poco probable que se hubiera perdido.
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Lo que sí es cierto es que hubo uno tiempo que fue crucial en la desaparición: los escasos minutos en los que se quedó solo en el solar hasta que su familia se dio cuenta de que faltaba en la casa.
Una vez arrancada la investigación, la Benemérita ya adelantó que no descartaban ninguna hipótesis. Por ello, el dispositivo de búsqueda pasó de algo más de 200 personas a un total de 400 participantes en menos de dos días.
La Policía, por el momento, no tenía ningún sospechoso (ni ninguna prueba), por lo que, como es habitual en estos procedimientos, comenzaron a analizar el entorno más cercano de Yéremi sin ningún resultado.
Se desplegó un operativo sin precedentes con cientos de efectivos y voluntarios que rastrearon la isla de punta a punta, pero nada. La familia siempre ha tenido claro que el niño no se fue por voluntad propia, sino que alguien estaba detrás de su desaparición.
Y muchos se aprovecharon de eso para pedirles dinero o recompensas. Les llamaban incluso de otros países asegurando que habían visto a Yéremi a miles de kilómetros de su isla natal, y uno de estos estafadores llegó a ser detenido como sospechoso. Pero, otra vez, nada.
Los Sospechosos
Siete días después de su desaparición, cuando el caso ya estaba en oídos de todo el país, la Policía detuvo a un hombre que, de forma anónima, había llamado a los Vargas y al servicio de emergencias exigiendo un rescate de 6.000 euros por el niño. Poco después se demostró que el estafador no tenía ningún tipo de vinculación con la desaparición y se lo llevaron detenido.
Unos días después de este arresto, los investigadores dieron con algo que podría servirles como prueba; una niña de tan solo 10 años había sido secuestrada por un hombre en la misma localidad, pero ocho meses antes. Según las declaraciones de la madre a la agencia Efe, la menor fue abordada por el agresor, que la metió en una furgoneta blanca. Sin embargo, ella pudo escapar de su captor y salió del vehículo. Esas eran las únicas pistas que tenían entonces los agentes: un desconocido (de entre 30 y 35 años) y una furgoneta blanca.
Pero, finalmente, el 31 de agosto de 2007, las autoridades dieron con este secuestrador y lo arrestaron por el ataque a la niña. Con todo, en un principio descartaron que tuviera relación con la desaparición de Vargas.
Pese a que esa fue una hipótesis descartada, los investigadores trataron de crear algún hilo que los llevara hasta el pequeño. Por ello, las líneas de investigación se centraron en registrar un horno crematorio de animales e, incluso, de sospechar de un profesor de kárate que en 2010 fue acusado de abuso a sus alumnos menores y que, casualmente, también fue maestro de Yéremi meses antes de desaparecer.
Tiempo más tarde, las autoridades centraron su punto de mira en dos escoceses que fueron apresados por abusos a menores y homicidio y a quienes algunos testigos situaron en el barrio de Vecindario. Ante la duda, agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil se personaron en Escocia para entrevistarse con los presos; quienes, sin embargo, se negaron a hacer cualquier declaración sobre Yéremi Vargas. La lista de posibles sospechosos acabó ahí sin que el caso hubiera podido cerrarse del todo.
Los agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) primero centraron sus pesquisas en el entorno familiar, pero pronto descartaron esa hipótesis. Luego investigaron a cerca de 200 pederastas. Algunos, de los más buscados de Escocia; y otros, como Fernando Torres Baena, cabecilla del caso Kárate.
Pero en 2012, la Guardia Civil quiso demostrar que la investigación seguía muy presente en sus pensamientos y pidió públicamente la colaboración ciudadana para ayudar en las tareas de búsqueda del pequeño, incidiendo en una de las pocas pistas en las que confiaban, un coche blanco que habían atisbado cerca de la zona en la que le vieron por última vez.
Además de bromas de mal gusto por parte de algunos usuarios en redes sociales y de muchas falsas alarmas, la familia del menor tuvo que hacer frente a un escalofriante hallazgo en 2015, cuando el entonces ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, anunció la aparición de unos restos óseos encontrados en Gran Canaria que luego resultaron no ser de Yéremi.
'El Rubio', el Sospechoso de la Gorra y el Renault
Así fueron pasando los años hasta que en el momento de cumplirse una década de la desaparición, los agentes dieron, al fin, con el último presunto implicado: Antonio Ojeda.
Conocido como Juan 'El rubio', de 56 años y natural de Gran Canaria, fue detenido en 2015 por abusos sexuales cometidos también en Vecindario tres años antes y, según pudo saber la policía, poseía un Renault 5 blanco que se relacionaba con la desaparición de Vargas.
Sin embargo, su nombre era de sobra conocido por los agentes, puesto que formaba parte de la lista de posibles pederastas sospechosos que los investigadores tenían en mente. Pero no fue hasta que acudieron a la cárcel de Algeciras, donde permanecía en prisión preventiva, cuando sospecharon de él tras negarse a darles información sobre el caso de Yéremi.
Previo a este hallazgo, en 2016, los investigadores comenzaron a estudiar otra posible pista: un coche blanco que habría sido visto cerca del lugar donde desapareció y un hombre que llevaba una gorra de béisbol. De acuerdo con esta descripción, Juan 'el Rubio' parecía cuadrar perfectamente.
Cuando, tiempo después, le tocó el turno de declarar ante el juez sobre el caso del menor, este se negó a dar su testimonio y a las pruebas de ADN para cotejar.
Medio año después, en diciembre de 2016, mientras Ojeda cumplía condena por abusos a un menor en el mismo barrio en 2012, su compañero de celda reveló que el sospechoso le había confesado que mató a Vargas. "Se me fue de las manos, echó a correr y tuve que desaparecerlo", dijo El Rubio, según las palabras del otro reo.
Tras esta supuesta confesión, 'El programa de Ana Rosa' sacó unas declaraciones en las que el propio Ojeda presuntamente echa las culpas a Tani, un vecino que fue quien supuestamente mató a Yéremi Vargas. "No tuve nada que ver, fue Tani. Le puso al niño algún tipo de disolvente, droga u otra sustancia, con el fin de dormirle", recogía el programa.
Una de las teorías más comentadas y extendidas por la familia del desaparecido, se vinculaba directamente a la implicación de Antonio Ojeda, el Rubio, en el caso. Todo empezó con estas supuestas palabras que Ojeda compartió con un compañero de celda en prisión, según las cuales se refería a Vargas como el “niño azul”. Esto se debería a que Yéremi sufría de cianosis, una condición que deja la piel de una tonalidad azulada debido a la falta de oxígeno en sangre.
Fue el abogado de la acusación particular, Carlos García Montes, quien solicitó este informe al IMLCF para corroborar las palabras de sus clientes y probar de forma definitiva la culpabilidad de Antonio Ojeda en el caso.
Sin embargo, la ausencia de estas pruebas en el documento final deja el caso en un nuevo punto desconocido.
Las investigaciones cubren una serie de documentos médicos comprendidos entre el 18 de julio de 1999, día de su nacimiento, hasta el 25 de abril de 2006, pocas semanas antes de que desapareciera. El único antecedente destacado de sus visitas a Urgencias era un broncoespasmo, antes de asegurar que Yéremi “no presentaba patología crónica que le hiciera llevar un tratamiento específico o revisiones periódicas.
Sin embargo, esa teoría ha sufrido hace escasos días un revés después de que un informe del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Las Palmas (IMLCF) haya determinado que "no hay anotaciones en los informes médicos del niño sobre la existencia de signos de cianosis".
Causa Reabierta
Con todo, en marzo de 2018 la Audiencia de Las Palmas confirmó que la causa abierta contra Antonio Ojeda se archivaba al no observar indicios que lo incriminasen. La Audiencia ratificó así la decisión que tomó el Juzgado de Instrucción número 2 San Bartolomé de Tirajana (Gran Canaria). "No existe ningún indicio de la participación de Antonio Ojeda ni de ninguna otra persona en la desaparición investigada", concluyó entonces el tribunal.
Pese a ello, la familia del pequeño no cesó en su lucha y llegó a reclamar que se reabriera la causa contra Ojeda pero con otro juez al cargo, poniendo en manos de un equipo de criminólogos y peritos el procedimiento para que lo repasaran. Una petición que finalmente fue aceptada en septiembre de este año, 2021.
Fue entonces cuando el Juzgado de Instrucción número de 2 de San Bartolomé de Tirajana decretó la reapertura del caso Yéremi Vargas, tras las nuevas diligencias presentadas por la familia del menor. La Fiscalía, por su parte, también se mostró favorable a volver a investigar el caso.
Así, no fue hasta 2021, y con cambio de abogado de por medio, cuando la madre de Yéremi logró que el Juzgado de Primera Instancia número 2 de San Bartolomé de Tirajana decretara la reapertura de las diligencias.
Suárez, asesorada ahora el mediático abogado Marcos García Montes, declaró ante el juez instructor en noviembre de ese mismo año y presentó fotos de la cianosis que afectaba a Yerémi.
Al detalle
Este 18 de julio del 2019 Yéremi Vargas habría cumplido 20 años. Aunque ya han pasado 12, su familia sigue luchando sin descanso. «Dedicaré cada segundo de mi vida a hacer justicia y poder tenerte en un sitio santo cómo mereces».
Ahora, lo único cierto es que, 17 años después de la desaparición, la pregunta de "¿dónde está Yeri?", como le dice Ithaisa, sigue sin responderse.
Además, hace unos días Ithaisa comunicaba que había tenido que denunciar a su hasta ahora pareja por violencia de género después de, presuntamente, haber sido víctima de amenazas y trato vejatorio. Asimismo, en sus redes sociales reconocía el problema de su otro hijo mayor, que ha tenido que ser ingresado en un centro por los problemas psicológicos que padece y que le llevan a autolesionarse.
En cuanto al padre de Yéremi, Juan Francisco Vargas, se ha mantenido en segundo plano a lo largo de estos 17 años. Sin embargo, volvió a ser noticia en 2021 cuando fue detenido por dos denuncias de agresión sexual a dos de sus hijas menores de edad. Un año después volvió a ser arrestado por presuntos malos tratos a su pareja.
En pocos días se cumplirán doce años de la desaparición de otra niña. A Sara Morales, una pequeña grancanaria, se le perdió la pista tras salir de casa hacia un centro comercial el 30 de julio del 2006. Tenía 14 años. Allí había quedado con un amigo, pero nunca llegó a su destino. Fue precisamente el joven quien dio la voz de alarma. Enseguida la desaparición de Sara se convirtió en tema de portada.
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