La Cuna del Mundo: Origen de la Humanidad
Llevamos milenios obsesionados con nuestros orígenes, primero buscándolos con el mito y luego con la filosofía. Sin embargo, nunca hemos estado tan cerca de poder desentrañarlos. Tenemos en África un registro muy rico de fósiles humanos de más de seis millones de años que dan certeza a nuestra evolución biológica en dicho continente. Sólo en su último tercio, en especial a partir de hace 2.5 millones de años, aquellas criaturas bípedas que moraron las sabanas africanas durante los cuatro millones de años anteriores, empezaron a proyectar su mente en el espacio y en el tiempo de un modo nuevo.
Esas mentes, en proceso de convertirse en humanas, empezaron a crear herramientas de piedra y a consumir carne y mucho más importante, a crear lugares especiales en el espacio producto de un nuevo modo de organización social. Dichos lugares, hoy convertidos en yacimientos arqueológicos, vieron nacer las primeras conductas solidarias y cooperativas del ser humano, articuladas en torno a la consecución y compartimiento intencionado del alimento por parte del grupo, transformado en su colectividad en objeto de selección natural. Dichos yacimientos son preciosas ventanas de valor incalculable a un mundo ignoto, el que nos definió como humanos.
La Garganta de Olduvai: Un Tesoro Paleontológico
Aunque existen algunos de estos yacimientos en varias partes del continente africano, la Garganta de Olduvai en Tanzania ha conservado el único conjunto de yacimientos creado por aquellos antepasados sin distorsión por el efecto de procesos postdeposicionales. En ningún otro lugar del mundo podemos abrir esas ventanas al pasado y descubrir grupos de aquellos protohumanos moviéndose en el espacio y realizando actividades que hoy nos definen como el primate excepcional que somos y que nos separan del resto de nuestros primos evolutivos.
En algunos de esos yacimientos, los arqueólogos estamos viendo los huesos de aquellos animales consumidos por aquellas criaturas y sus herramientas tal cual fueron vistos por los ojos y las mentes que los crearon hace casi dos millones de años. El inmenso potencial de información preservado en dichos lugares es único y fundamental para entender cómo apareció la mente y conducta humanas. Su preservación ha sido algo fortuito unido a una gran explosión volcánica que sepultó todo el paisaje que los contenía al poco de haberse formado, preservando para la humanidad que iba a evolucionar posteriormente, un testimonio vital de sus primeros pasos evolutivos.
El Legado de los Leakey
En Tanzania, entre el parque nacional del Serengueti y la zona de conservación del Ngorongoro, se encuentra Olduvai. Todo empezó con el matrimonio de arqueólogos Mary y Louis Leakey en los años 50 cuando encontraron el primer fósil de un homínido. Desde que se supo que el origen del hombre estaba en África, cientos de arqueólogos occidentales han viajado hasta Olduvai para encontrar la parte de la prehistoria que no encontramos en nuestro suelo. Desde 1930, con Louis y Mary Leakey, los hallazgos en estas excavaciones se sucedieron. En 1959 se produjo una de las mayores epopeyas de la investigación en Olduvai: el descubrimiento del cráneo de un homínido OH5 al que denominaron Zinjanthropus, o cariñosamente Dear Boy (querido niño). En 1960 se halló el primer diente de Homo habilis, el primer representante del género Homo ("uno de los nuestros", como dice Enrique Baquedano) y en 1965 un cráneo de Homo erectus.
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Nuevos Descubrimientos y Perspectivas
Hasta que llegamos a Olduvai solo se conocía un yacimiento en los estratos más antiguos de la garganta creado casi exclusivamente por aquellos primeros humanos a los que los paleoantropólogos llamamos homininos. En menos de una década hemos cuadriplicado el número de yacimientos de homininos conocido y hemos abierto ventanas nuevas a ese pasado fascinante. Estos yacimientos nuevos están llamados a constituir la espina dorsal en las próximas décadas de la reinterpretación de cómo nos convertimos en lo que somos y encontrar nuestro lugar en este universo. Que nuestro país esté jugando un papel vital en estos descubrimientos únicos nos hace sentir privilegiados.
La Cultura Achelense en Olduvai
En este capítulo nos situamos en Olduvai, al norte del país, a unos 500 km de la capital, Dodoma… o lo que es lo mismo, a 8 horas en coche hacia el sur. Este territorio contiene una de las secuencias paleo antropológicas científicamente más relevantes de todo el viejo mundo. El equipo del proyecto está formado por investigadores de todo el planeta. Trabajan con el objetivo de conocer la zona que dio nombre a la cultura Olduvayense, la primera cultura arqueológica en Olduvai. Una cultura que dura al menos 1 millón de años, comenzando hace 2,6 millones de años. Cómo decíamos este proyecto busca entender mejor esta cultura para compararla con la cultura arqueológica que vino posteriormente y que se conoce como cultura Achelense.
La Garganta de Olduvai se encuentra en el Valle del Rift, una gran fractura geológica situada en el este de África que cuenta con una extensión de más de 4.800 km. A este Valle también se lo conoce cómo la cuna de la humanidad, por la importancia de los fósiles de homínidos que se han encontrado, unos fósiles clave para entender la evolución humana. La garganta de Olduvai está rodeada por volcanes. Estas estructuras geológicas, los volcanes, tienen una relevante importancia en las investigaciones.
Bien, adentrémonos en la cultura achelense, objeto de investigación del proyecto. Recordemos, la primera cultura humana en difundirse ampliamente por el Viejo Mundo y que perduró durante 1,5 millones de años. Esta cultura arqueológica se caracteriza por la presencia de lo que llamamos hachas de mano. Son útiles de gran tamaño, mayores de 10 centímetros, con forma apuntada, con bordes cortantes y que se usarían para actividades de cualquier tipo, desde cortar carne, hasta cualquier tipo de actividades que fueran necesarias en la vida cotidiana de los homínidos. Los yacimientos achelenses más antiguos se encuentran en África, concretamente en África oriental. Esta cultura arqueológica es, según cuentan los investigadores, la más duradera que ha habido en la historia de la humanidad.
Es la piedra la que mejor se conserva. Sabemos que muchas de estas herramientas líticas se usaban para procesar las carcasas animales, es decir, las presas, los animales que los homínidos consumían. Entonces se usarían en actividades de corte, de desmembramiento de las carcasas o en actividades de quitarles la piel y demás. Y también se estarían utilizando herramientas líticas para procesar otros materiales orgánicos que quizá daban lugar a herramientas en otras materias primas. Por ejemplo para desbastar ramas de árboles, descortezar vegetales y luego usarlo en otras actividades. Podemos decir que era como las navajas suizas del paleolítico, que se usaban para todo tipo de actividades. Por cierto, se sabe que los homínidos del periodo achelense no estaban interesados en mamíferos pequeños. Buscaban alimentarse de mamíferos de talla mediana como, por ejemplo, gacelas o cebras y de talla grande, como podrían ser hipopótamos o, elefantes. Animales que, sin duda, encontraban en su entorno más inmediato.
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Hallazgos en África del Norte
Un equipo de científicos encabezado por Mohamed Sahnouni, arqueólogo del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), acaba de publicar en la revista Science un artículo que rompe con el paradigma de que la cuna de la humanidad se encuentra en África Oriental. El trabajo se ha basado en los restos arqueológicos hallados en los yacimientos de la región de Ain Hanech (Argelia), los más antiguos que se conocen actualmente en el Norte de África.
Los artefactos de Ain Boucherit se fabricaban con piedra caliza y sílex disponibles localmente e incluye cantos tallados como choppers, poliedros y subesferoides, así como herramientas de corte de bordes afilados utilizadas para el procesamiento de cadáveres de animales. Estos artefactos son típicos de la tecnología lítica olduvayense, conocida desde hace de 1,9 a 2,6 millones de años en África Oriental, aunque los de Ain Boucherit muestran sutiles variaciones.
Ain Boucherit es uno de los pocos yacimientos arqueológicos de África que ha proporcionado pruebas de huesos con marcas de corte y percusión asociadas in situ con las herramientas líticas, que muestran inequívocamente que los homínidos ancestrales aprovechaban la carne y la médula ósea de los animales de todos los tamaños y las partes esqueléticas, lo que implicaba el despellejamiento, la evisceración y la descarnación de las extremidades superiores e intermedias. El uso eficaz de herramientas líticas con cortes afilados en Ain Boucherit sugiere que nuestros antecesores no eran meros carroñeros.
Nuevas Dataciones en Sterkfontein
Un equipo internacional de científicos afirma que los cráneos fósiles de homínidos hallados en la cueva sudafricana de Sterkfontein tienen una antigüedad de entre 3,4 y 3,7 millones de años y no 2,5 millones como se pensaba. Sterkfontein es un profundo y complejo sistema de cuevas que guarda los vestigios de cuatro millones de años de evolución humana. Forma parte del conjunto de yacimientos sudafricanos conocidos 'Cuna de la Humanidad' y ha proporcionado a la Ciencia algunos de los ejemplares mejor conservados de Australopithecus africanus.
Ahora, en un nuevo estudio publicado este lunes en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences un equipo de científicos propone una datación con un nuevo método para los sedimentos de las cuevas en las que se hallaron la mayoría de los Australopithecus: el análisis los sitúa hace entre 3,4 y 3,7 millones de años, es decir, casi un millón de años antes de los 2-2,5 millones que otras dataciones habían estimado. Los autores explican que en África oriental los volcanes del Gran Valle del Rift depositan capas de ceniza que pueden ser datadas más fácilmente, pero que en Sudáfrica, especialmente en el interior de las cuevas, se trata de un trabajo más laborioso. Se suele recurrir a fósiles de animales encontrados alrededor de los huesos para estimar su edad o a un fenómeno geológico llamado colada, visible en las paredes de piedra. El problema es que los huesos pueden desplazarse dentro de los yacimientos y que sedimentos de diferentes épocas pueden mezclarse.
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En este caso los investigadores se han centrado en analizar el bloque que recubre el fósil, con una nueva datación basada en la desintegración radiactiva de los isótopos de aluminio-26 y berilio-10 en el mineral cuarzo. Además de esas nuevas dataciones, los investigadores han realizado mapas detallados de los depósitos de la cueva y así han podido demostrar que fósiles de animales procedentes de diferentes épocas se habrían mezclado durante las excavaciones de las décadas de 1930 y 1940, lo que ha provocado décadas de confusión y debate.
La edad de los fósiles es importante porque influye en la interpretación del proceso evolutivo: cómo los primeros homínidos se relacionaban con en el ecosistema y quiénes fueron sus parientes más cercanos. Por eso situar los fósiles de Sterkfontein en su contexto adecuado supone un paso importante para encajar las piezas de ese rompecabezas. La nueva datación implica que los Australopithecus ya estaban en Sterkfontein casi un millón de años antes de la aparición del Paranthropus y el Homo, tiempo suficiente para evolucionar en la región.
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