La Leche Materna y su Impacto en el Resfriado: ¿Qué Dice la Ciencia?
El resfriado y la gripe son dos de las enfermedades más frecuentes en nuestra vida cotidiana. De hecho, tres de cada cuatro españoles afirma sufrir alguna de estas afecciones al menos una vez al año; incluso, uno de cada cinco españoles (20,6%) asegura padecerlas tres o más veces anualmente, siendo los jóvenes quienes padecen más resfriados al año, tal y como se muestra en el III Estudio Cinfasalud “Percepción y hábitos de la población española en torno al resfriado y la gripe”.
¿Qué es el Resfriado Común?
El resfriado o catarro común es una infección aguda del tracto respiratorio superior que a menudo provoca inflamación de nariz, senos paranasales, laringe, tráquea y bronquios. Sin embargo, no produce fiebre alta. Actualmente, se trata de la enfermedad leve más extendida del mundo.
El origen del resfriado suele ser vírico; de hecho, existen más de 200 tipos de virus responsables de esta patología, aunque predomina la familia de los rinovirus, que además es el patógeno más común en los seres humanos.
¿Qué es la Gripe?
La gripe es también una enfermedad infecciosa aguda de las vías respiratorias, pero en su caso, está causada por el virus de la influenza y afecta principalmente a las vías respiratorias superiores. Esto genera la incómoda sensación de taponamiento nasal, que puede dificultar la respiración, sobre todo por la noche o cuando se está tumbado; provocar ronquidos; y acentuar la pérdida de apetito.
Síntomas de la Gripe
La gripe se caracteriza por comenzar con fiebre alta, dolores musculares y malestar general. Su periodo de incubación es más corto que en el resfriado, entre 18 y 36 horas, aproximadamente, y sus síntomas persisten de siete a diez días. La fiebre suele durar de tres a cinco días, aunque otras molestias permanecen más tiempo, como el malestar general y los dolores musculares, que pueden prolongarse durante una o dos semanas más.
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Si algo caracteriza al virus de la influenza es su alta capacidad de contagio; anualmente suele afectar a entre el 10% y el 20% de la población. Esto se debe, en gran medida, a que este microorganismo se transmite de manera rápida entre las personas: con tan solo unas gotitas de la saliva que se expulsa al hablar, toser o estornudar, así como por el contacto con objetos contaminados por este virus.
El virus de la gripe se despliega generalmente en la temporada de invierno, predominando en los meses de noviembre a marzo, y de forma epidémica, es decir, que cada año nos enfrentamos a una temporada en la que puede producirse una gran actividad y circulación del virus.
Diferencias entre Resfriado y Gripe
Es importante que cuando comencemos a sentir malestar, dolor de cabeza, garganta, tos…, tratemos de identificar si se trata de un simple catarro o si por el contrario es una gripe, ya que aunque ambas patologías pueden tener síntomas similares, presentan tratamientos y posibles complicaciones distintos.
La gripe se diferencia del catarro en algunos puntos:
- Aparición brusca de fiebre alta, entre 38ºC y 40ºC.
- Dolor muscular, sobre todo en piernas y espalda.
- Dolor de cabeza.
- Cansancio intenso, debilidad y malestar general.
La gripe puede ser potencialmente grave, ya que puede presentar complicaciones como bronquitis o neumonía que, en determinados grupos de riesgo (personas asmáticas, ancianos, niños…), pueden tener un pronóstico grave.
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¿A quiénes Afectan Estas Patologías?
Como hemos comentado, la gripe y el resfriado son enfermedades muy habituales entre la población general. Según el III Estudio CinfaSalud “Percepción y hábitos de la población española en torno al resfriado y la gripe”, uno de los colectivos más propensos a sufrir este tipo de patologías son los jóvenes de entre 18 y 24 años: 1 de cada 4 sufre más de tres resfriados anuales. Por el contrario, esta incidencia se reduce a partir de los 55 años, ya que 1 de cada 3 personas con esta edad afirma no sufrir catarros casi nunca.
Prevención del Resfriado y la Gripe
La clave para prevenir resfriados y gripes es mantener el sistema inmunológico en condiciones óptimas. Para ello, las pautas son claras:
- Dormir un mínimo de siete horas diarias para que nuestro cuerpo se recupere correctamente.
- Reducir el estrés.
- Mantener una alimentación variada y equilibrada, con un correcto aporte de vitaminas y minerales.
- Practicar deporte de manera regular.
- Tener cuidado con los cambios bruscos de temperatura y abrigarse frente al frío. Hay que prestar especial atención a zonas con corrientes de aire, o a un uso excesivo de la calefacción o el aire acondicionado.
En los grupos considerados de riesgo, o propensos a sufrir complicaciones en caso de gripe, se recomienda vacunarse anualmente frente a la gripe. Esto se aplica a personas mayores de 65 años, embarazadas, enfermos crónicos o niños mayores de 6 año -, y a las personas en contacto con estos colectivos de alto riesgo - profesionales sanitarios y asistenciales, familiares o personas que conviven en el hogar de estos grupos, profesores o cuidadores de ancianos-, ya que pueden transmitírsela.
¿Cómo Evitar el Contagio?
La clave para prevenir resfriados y cuidadores de ancianos-, ya que pueden transmitírsela. Actualmente no existe un tratamiento efectivo que cure o prevenga el resfriado, sino tan sólo tratamientos puntuales para aliviar los síntomas. Por esta razón, la única forma efectiva de huir de esta enfermedad es prevenir el contagio, que suele ocurrir mediante la propagación de los virus a través del aire y mediante objetos contaminados.
Por tanto, unas medidas higiénicas básicas nos ayudarán, en gran medida, a evitarlos. Se trata de hábitos higiénicos que debemos aplicar en nuestro día a día, pero que en estas situaciones se vuelven especialmente importantes como medidas de prevención.
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- En primer lugar, debemos lavarnos las manos con jabón con frecuencia, haciendo hincapié en la zona bajo las uñas, donde puede acumularse la suciedad.
- Evitaremos tocarnos en exceso los ojos, la nariz o la boca, para no “empujar” los gérmenes dentro de nuestro organismo.
- También es necesario cubrirse la nariz y la boca con un pañuelo desechable cuando tosamos o estornudemos, para que los gérmenes que expulsamos con la saliva no lleguen a otras personas u objetos. Si no disponemos de pañuelo, utilizaremos mejor el codo o antebrazo, nunca la mano, para evitar propagar después los virus mediante el contacto.
- No debemos compartir alimentos, vasos, cubiertos, pañuelos, toallas u otros objetos con personas enfermas, ya que mediante ellos también pueden transmitirse los virus.
- Dado que los virus también se transmiten por el aire, se recomienda ventilar con frecuencia las habitaciones y los espacios cerrados, para evitar su concentración.
En el supuesto de que hubiera alguna persona de la familia o cercana a nuestro entorno afectada, deberemos extremar aún más estas medidas e intentar evitar el contacto excesivo con ellos durante los dos o cuatro primeros días del proceso, cuando el riesgo de contagio es mayor.
Tratamientos para Aliviar los Síntomas
Con el objetivo de paliar y reducir los molestos síntomas catarrales, podemos recurrir a diversos tratamientos que nos ayudarán a sentirnos mejor mientras el organismo combate los virus:
- Podemos recurrir a los analgésicos o antinflamatorios (el paracetamol, metamizol o el ibuprofeno) para aliviar los dolores de cabeza o del cuerpo. También existen medicamentos específicos para la gripe y el resfriado que asocian antihistamínicos para reducir la inflamación de la mucosa nasal aliviando el goteo y la congestión. Estos deben consumirse siempre bajo la recomendación y supervisión de un profesional sanitario, ya sea del médico o del farmacéutico.
- Para aliviar la congestión nasal, se recomienda realizar lavados nasales con suero fisiológico, agua con sal o agua marina, que ayuden a arrastrar las secreciones y a humidificar las mucosas. Adicionalmente, y para tratar de forma rápida su sintomatología, podemos emplear descongestivos vía nasal u oral, ya sea en formato de comprimidos jarabes, o sprays, pero siempre con la recomendación del médico o farmacéutico y tomándolos durante pocos días.
Tratamiento para la Tos
La tos es otra de las reacciones inoportunas que aparece en los resfriados y gripes. Se trata de un mecanismo de defensa natural del cuerpo que permite expulsar tanto los microorganismos que entran por las vías respiratorias, como el moco segregado por los bronquios, pero también puede ser un mecanismo de defensa ante la irritación de las vías respiratorias superiores. En primer lugar, deberemos identificar el tipo de tos que nos afecta para elegir el mejor tratamiento para aliviarla. Las dos clases principales son:
- La tos seca o improductiva. Es irritativa y sin segregación de flema, produciéndose cuando se irritan las vías respiratorias. El tratamiento para este tipo de tos debe tener como fin calmarla y limitarla. El más indicado es un tratamiento antitusivo (jarabes o comprimidos).
- Tos blanda o productiva. Puede presentarse en la evolución del resfriado. En este caso, lo importante no es eliminar la tos sino recurrir a tratamientos que fomenten la expulsión de las secreciones o flemas, para liberar las vías respiratorias. Los expectorantes cumplen esta finalidad, ya que ayudan a diluir la mucosidad para que pueda expulsarse con más facilidad al toser. No obstante, en estas situaciones se debe consultar al médico.
La irritación de garganta se puede tratar con pastillas para deshacer en la boca, caramelos o aerosoles. Para reducir el dolor de garganta, también podemos recurrir a un analgésico.
Por último, es importante recordar que los antibióticos no están recomendados en estos casos, ya que dado que la gripe y el catarro están provocados por virus, y no por bacterias, no son efectivos para curarlos. Además, utilizarlos sin indicación médica y de manera incorrecta o frecuente puede hacer que las bacterias se hagan resistentes a ellos. Esto implica que, cuando realmente los necesitemos para tratar alguna enfermedad, podrían no tener ningún efecto. Por ello, los antibióticos sólo están indicados para el abordaje de las complicaciones (sinusitis, bronquitis, otitis, neumonías, etc.) que son causadas por bacterias, y siempre bajo supervisión y prescripción médicas.
Complicaciones del Resfriado y la Gripe
Debido a la incomodidad de sus síntomas, la gripe y el resfriado constituyen dos de las afecciones que más consultas médicas ocasionan en nuestro país y una de las principales causas de absentismo laboral y escolar, por su efecto negativo en la calidad de vida de las personas que las sufren.
Además, estas enfermedades pueden derivar en otros trastornos más severos. Así, en los resfriados, la disminución de las defensas en el paciente favorece el crecimiento y la proliferación de determinadas bacterias, y pueden darse infecciones respiratorias a nivel de las vías respiratorias inferiores (neumonía, bronquitis) y del tracto respiratorio superior (faringitis, sinusitis, otitis).
Por su parte, la gripe posee un alto riesgo de complicaciones que aparecen con mayor asiduidad en los grupos de riesgo: los ancianos, las personas debilitadas, las embarazadas y los niños menores de dos años. Entre las más comunes destaca la neumonía, que puede estar inducida por el propio virus o por una sobreinfección bacteriana posterior. También pueden sucederse la aparición de episodios de agudización de asma o una inflamación de los músculos del cuerpo que provoca dolor al moverse (miositis).
Así mismo, en el caso de que el paciente padezca una enfermedad crónica previa, la gripe puede actuar como desencadenante a la hora de agravar la situación, generando, por ejemplo, una insuficiencia cardiaca, una insuficiencia renal, una exacerbación de la EPOC, etc.
En algunos casos, estas complicaciones asociadas a la gripe pueden conllevar hospitalización e incluso, en situaciones muy extremas, pueden resultar letales. Según indica el Grupo de Estudio de la Gripe (GEG), sólo en Europa fallecen entre 40.000 y 220.000 personas al año por este motivo, y en España se estima que se dan entre 1.500 y 4.000 defunciones anuales asociadas a esta patología. Por ello, esta enfermedad está considerada de una de las más significativas y una causa frecuente de morbilidad y mortalidad.
10 Consejos para Prevenir y Aliviar los Síntomas del Resfriado y la Gripe
- Descansar lo máximo posible. Dormir las horas necesarias permite que el organismo recupere fuerzas, especialmente si se presenta fiebre.
- Ser precavidos con el frío y la humedad. Dado que los virus que causan la gripe y el resfriado prefieren las bajas temperaturas y la humedad, hay que evitar estos ambientes, así como los cambios bruscos de temperatura y las bebidas excesivamente frías.
- Lavarse las manos con frecuencia. Debe hacerse con agua y jabón durante al menos quince segundos, prestando especial atención a la zona entre los dedos y debajo de las uñas. Además, conviene utilizar productos antibacterianos para limpiar las superficies de la casa.
- Incluir vitaminas y minerales en la dieta. Las frutas y verduras son fuente de vitaminas y minerales que ayudan a desarrollar defensas, por lo que potenciarlas en la alimentación facilitará la recuperación.
- Beber gran cantidad de líquidos. Estos ayudan a eliminar la mucosidad, previenen la deshidratación y alivian el dolor de garganta. Por ejemplo, se pueden tomar en abundancia agua, zumos y sopas no demasiado calientes. Se deben evitar, en cambio, las bebidas alcohólicas.
- Dejar de fumar y evitar los ambientes con humo. El tabaco irrita todavía más la garganta y las mucosas.
- Realizar aspiraciones de agua con sal o vahos de eucalipto. En el caso de niños pequeños, se recomienda el lavado nasal con suero fisiológico quince minutos antes de las comidas y antes de ir a dormir. De esta manera, podrán descansar mejor.
- Hacer gárgaras con agua caliente con limón y miel. Su acción emulgente calma el dolor de garganta. A pesar de la creencia popular, es preferible emplear agua frente a la leche con miel, ya que los lácteos pueden aumentar la mucosidad.
- Consultar al profesional sanitario y evitar la automedicación. Es indispensable contar con el asesoramiento del farmacéutico o del médico a la hora de recurrir a antigripales, descongestivos o analgésicos que alivien los síntomas de estas afecciones.
- No recurrir a los antibióticos. Además de que no son efectivos contr...
La Leche Materna y la Inmunidad del Bebé
Además de ello, contiene muchas sustancias que benefician su sistema inmunitario, incluyendo anticuerpos, factores inmunológicos, enzimas y glóbulos blancos. Estas sustancias protegen al bebé contra una amplia gama de enfermedades e infecciones, como las infecciones de oído, y no sólo en el período de lactancia materna sino en muchos casos mucho tiempo después de haber dejado de lactar.
Si la madre sufre de algún resfriado mientras está lactando, por ejemplo, es muy probable que transmita los gérmenes del resfriado al bebé, pero los anticuerpos que produce su cuerpo para combatir el resfriado también se transmitirán a través de la leche. Esta defensa contra enfermedades disminuye considerablemente la posibilidad de que el bebé padezca de infecciones del oído, otitis, vómitos, diarrea, neumonía, infección de las vías urinarias o determinados tipos de meningitis espinal.
Los bebés menores de un año de edad que habían sido exclusivamente amamantados al menos cuatro meses, tenían menos probabilidades de ser hospitalizados por una infección del tracto respiratorio inferior, tal como crup, bronquiolitis o neumonía, que los bebés alimentados con leche de fórmula.
Todos los humanos tenemos una gran cantidad de bacterias que viven en nuestros intestinos. Algunas bacterias tienen funciones normales y saludables y algunas pueden ocasionar síntomas tales como diarrea. La leche materna estimula el crecimiento de bacterias saludables en el tracto intestinal del bebé.
Dado que la leche materna estimula el crecimiento de estas cepas de bacterias «amigables», otras bacterias como el E. Coli, que con más frecuencia ocasionan enfermedades, son inhibidas del crecimiento, multiplicación y adherencia al recubrimiento del intestino, donde pueden provocar una infección.
En relación a la prevención de alergias, existe evidencia de que la lactancia materna protege a los bebés que nacen en familias con un historial de alergias, en comparación de los bebés que son alimentados con leche de fórmula estándar a base de leche de vaca o leche de fórmula de soja. Los componentes inmunes en la leche materna proporcionan protección contra estas enfermedades alérgicas.
Además, los estudios han demostrado una disminución del 36% (algunos estudios muestran una disminución del 50%) del riesgo del síndrome de la muerte súbita del lactante (SMSL) entre los bebés que han sido alimentados con leche materna en comparación con aquellos que no lactaron.
Investigaciones recientes incluso aportan datos que indican que los bebés que lactaron en los primeros meses de vida, son menos propensos a ser obesos en la adolescencia y adultez.
Estudio sobre el Consumo de Lácteos y Enfermedades Respiratorias en la Infancia
Existe la creencia por buena parte de la población (e incluso algunos profesionales sanitarios) de que los lácteos (o en concreto, la leche) incrementan la producción de moco en las vías respiratorias superiores e inferiores, sin una explicación clara del mecanismo que produciría esta asociación. En un estudio llevado a cabo en un centro de neumología pediátrica, 330 padres recibieron un cuestionario anónimo con preguntas entorno a la relación entre la leche y el moco. Entre estos padres, el 58,5% creía que beber leche aumenta la mucosidad.
En un estudio, los voluntarios fueron inoculados con el virus del resfriado común y se registraron durante 10 días los síntomas respiratorios y la ingesta diaria de leche. El peso medio de la secreción nasal no aumentó con el aumento de la ingesta de leche. En un estudio posterior aleatorizado a doble ciego realizado por el mismo investigador, se dio una muestra de leche y otra de placebo (bebida de soja camuflando su sabor para que fuese indistinguible una de otra), y se concluyó que los que creían previamente que la leche aumentaba la mucosidad, experimentaron sensaciones como “tragar mucho” o “saliva más densa” sólo inmediatamente después de beber tanto leche como bebida de soja camuflada.
El efecto por tanto, no era específico de la leche de vaca y se asoció al efecto placebo (la creencia de que estaban consumiendo leche de vaca). Los autores concluyeron en detectar el aumento de estos síntomas, sólo por parte de los que tenían la creencia de que la leche incrementaba el moco y que éstos se producían después de beber las dos bebidas (leche y bebida de soja).
Un estudio transversal con 169 voluntarios de entre 4 y 7 años no encontró asociaciones directas entre el consumo de lácteos y las enfermedades respiratorias analizadas (odds ratio: 0,85; intervalo de confianza del 95%: 0,44 a 1,64). Al analizar cada lácteo por separado, se encontró una asociación inversa entre el consumo de quesos y las enfermedades respiratorias en conjunto (odds ratio: 0,50; intervalo de confianza del 95%: 0,26 a 0,98), pero no para cada una de las infecciones por separado (otitis media aguda ni neumonía).
Los resultados no apoyan una asociación directa entre el consumo de leche y derivados con infecciones respiratorias en la infancia. La leche continúa siendo un alimento importante en la alimentación del niño en edad escolar.
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