La Nena Modas: Un Análisis de la Moda y las Opiniones en Badajoz
La moda es un reflejo de la sociedad, sus costumbres y su evolución a lo largo del tiempo. Desde los trajes de alta costura hasta las tendencias más actuales, la moda ha sido siempre un elemento clave en la expresión personal y cultural.
Historia del Vestido de Comunión
Para entender la moda, es esencial conocer la historia que la acompaña. Comencemos por situar qué supone desde el punto de vista histórico-cultural la primera comunión para entender más la historia que acompaña este vestido.
No existe un mandato bíblico específico sobre la vestimenta para la Primera Comunión, pero la tradición del vestido blanco femenino encuentra justificación simbólica en varios pasajes que relacionan la pureza, la esponsalidad espiritual y con un acercamiento a la divinidad. El vestido se convierte en un símbolo externo de una preparación interior.
El vestido de comunión y el de las vírgenes vestales romanas (niñas de entre 6 y 10 años) se parecen porque ambos usan el mencionado blanco como símbolo en el marco de un rito de iniciación infantil. Hasta el siglo XX no se promueve la comunión temprana de los niños y niñas, así se consolida la costumbre de vestir a las niñas con trajes blancos largos y velos, similares a los de una novia, en alusión a la “unión espiritual con Cristo”. Si observamos a la propia Alicia Tofé que luce por primera vez el vestido, responde a ese modelo.
Los niños por su parte, por influencia inglesa se vestían de militares o marineros, estos a raíz de que lo hicieran vestidos así en retratos muy populares Eduardo VIII junto a su hijo Jorge V. También el vestirse de marinero tiene una connotación bíblica, ya que parte de los apóstoles eran pescadores, y Jesús los hizo “pescadores de hombres” (Mateo 4,19).
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Si repasamos siglos de historia, llegamos a los primeros siglos del cristianismo, los niños no comulgaban en ceremonia aparte; la Primera Comunión no era un rito separado, y no existía una vestimenta específica. Será a partir del siglo XIII, con la consolidación de la teología eucarística en el Concilio de Letrán IV (1215), cuando se comienza a subrayar la necesidad de una edad mínima para la comunión, pero aún sin una liturgia específica, ni atuendo propio.
En el Concilio de Trento (1545-1563) y la Contrarreforma refuerzan la centralidad de la Eucaristía, y con ello se empieza a dar más importancia al acto de la primera recepción del sacramento. En siglos posteriores, se desarrolló la práctica de vestir a los niños de manera especial para las ceremonias religiosas. Las niñas usaban vestidos formales. Pero no será hasta el siglo XIX en que se popularice el uso sistemático del vestido blanco, en parte influido por la moda burguesa y el modelo de la novia cristiana.
Será el Papa Pío X, en 1910, con su decreto Quam singulari, quien permitiera que los niños comulgaran desde los 7 años, lo que universalizó la práctica de las primeras comuniones infantiles y consolidó también su iconografía, incluido el vestido. A comienzos del siglo XX, los vestidos de comunión para niñas reflejaban las normas sociales y religiosas de la época, eran largos hasta los tobillos, con mangas abullonadas y cuello cerrado. Los accesorios incluían velo o mantilla, guantes, medias blancas y un crucifijo.
Mientras las clases altas encargaban los trajes a modistas, las familias humildes recurrían a vestidos sencillos, heredados o adaptados. Tras la Guerra Civil, el modelo se estandarizó y en los años 40 y 50 se consolidó la imagen “clásica”: vestido largo, velo y encajes discretos, reflejo de la austeridad y del nacionalcatolicismo, que imponía recato y obediencia.
En los 60 y 70, la apertura social trajo diseños más ligeros, con cuellos abiertos, mangas cortas y tocados de flores. La democratización del consumo permitió el acceso a tiendas especializadas. En los 80 y 90, la comunión adquirió tintes más ostentosos: faldas amplias, volantes, mangas globo, adornos de perlas y un marcado componente de estatus. Ya en el siglo XXI, la tendencia se diversifica: conviven el estilo clásico junto a los modelos más sencillos y cómodos. Predomina aún el blanco, pero aparecen tonos pastel y marfil, coronas de flores naturales, alpargatas y bailarinas.
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La comunión se reafirma como rito religioso, pero también como evento social y comercial, con un peso creciente de las firmas de moda infantil y la personalización de cada vestido. Puede verse toda esta singular historia de manera documentada en “Historia de la primera comunión en España” (2015) de Pablo González Tornel y la parte que se dedica en el Museo del Traje de Madrid.
Modas Tofé: Un Ejemplo de Alta Costura
Modas Tofé era una importante firma comercial y por tanto, el hecho de que su hija fuese vestida en la primera comunión con un vestido acorde con esa circunstancia llevó a la elaboración de un cuidado modelo que nos descrito de manera técnica el artista Paco Tamajón.
El vestido lo conforman dos piezas bien diferenciadas entre sí; vestido y enagua. Está realizado en su totalidad por organza de seda natural, tanto el cuerpo como las mangas se realizaron mediante pequeñísimas jaretas verticales. Por su gran parecido visualmente hablando, cabe reseñar que su efecto recuerda mucho al famoso tejido “Delphos” inventado por el artista Mariano Fortuny.
La parte de la falda está realizada de la misma seda menos en el tercer tramo del alto de la falda, que está compuesto de siete jaretas horizontales de triple ancho con respecto a las del cuero y mangas. Todo el proceso de confección podemos denominarlo de alta costura. Tanto el cuello como los puños están rematados por finísimos encajes denominados de Bruselas. Abotonado en la parte trasera del cuerpo mediante pequeñísimos botones de nácar y finísimos ojales.
Las dos partes del vestido van ceñidas por un lazo denominado “de Sisí”, en organza y la parte que recorre la cintura, también está realizado mediante jaretas del mismo tamaño de la falda. La enagua está realizada en popelín de algodón, bordado en color blanco realizando una gran cenefa con símbolos como margaritas y greca de corazones, todo ello realizado a mano bajo la técnica de bastidor. La Enagua está rizada en la cintura mediante cinta elástica.
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De la calidad de las creaciones y estilo de Modas Tofé puede dar fe el hecho de que algunas de ellas, realizadas hace más de un siglo, han seguido utilizándose por la familia como vestidos de fiesta, sin haber pasado “de moda”. Y entre ellos el más singular lo representa el vestido de comunión.
La joven Alicia (1) parece en la fotografía de comunión sobre un reclinatorio con flores, un libro y un largo velo que se llevaría durante décadas por cinco niñas de la familia. Alicia, de mayor, era una mujer muy avanzada a su tiempo y llamaba la atención por la ropa que vestía, su desenfado e incluso porque al visitar Priego en los años treinta, fumaba. Algunos de sus vestidos exclusivos los regalaba a sus primas del pueblo y así lucían trajes de gala inspirados en la moda parisina.
Y uno de ellos fue el vestido de comunión que utilizó su prima hermana Mª de los Ángeles Sánchez Tofé (2), en 1925, que reproduce casi de forma calcada de la anterior una fotografía de ese evento. Apenas hay cambios en el modelo. Sería la primera de las hermanas que celebró la comunión con aquel vestido. La siguiente en edad era Conchita, destinada también a lucirlo, pero el luto familiar, por el fallecimiento del abuelo, provocó que no lo celebrase y por desgracia, no pudo vestirse con él. Ya en 1938 la que sí pudo vestirse y celebrar la comunión fue la tercera de las hermanas, Carolina (3), que repetiría casi sin cambiar nada del original, con las mismas capas del vestido y el mismo velo.
Unos años después, en 1940, la menor de las hermanas, Isabel (4), volvería a lucir el mismo vestido que su prima y hermanas, era la cuarta que lo llevaría en tres lustros. La fotografía de esta nos permite apreciar que permanecía sin cambios la tipología con el mismo velo. De la dificultad de la época nos sirve el testimonio de una mujer egabrense, Encarna Arroyo, que realizó su comunión en 1940: “En Cabra no había tela para el vestido. En un mulo, mi padre se fue a Priego para adquirir una pieza de tela.
Pasarán veinte años hasta que otra familiar utilice el vestido en su celebración de la comunión. Conchi Linares Sánchez (5), hija de Conchita, la única hermana que no pudo vestirse con él, tenía la oportunidad de volver a recuperar la indumentaria y así esta pudo disfrutar que su hija mayor sí lo hiciese. Fue en el año 1961 y aunque habían pasado muchos años, casi cuarenta, desde los originarios años veinte se mantuvo el vestido tal cual y el mismo velo. Resistía aquella creación la moda y el paso del tiempo.
En 1963 vuelve el traje a ser llevado por otra hermana, en este caso Mª del Carmen Linares Sánchez (6), recuperando el ornato floral del original. La siguiente en lucir el vestido fue Maruja Molina Sánchez, hija de Mª de los Ángeles (7), la primera de las familiares de Priego que lo llevara en su celebración. Lo hizo también, un mes después que su prima, en el mismo 1983, una en abril y otra en mayo. Por primera vez aparece un cambio considerable ya que la decoración floral que acompañaba al velo se elimina y queda tan solo una capota que sustenta este.
Ya en el año 1970 el turno fue para su prima hermana, Juana Linares Sánchez (8), octava familiar que lo luciría, con el modelo y tocado originales. Unos cincuenta años desde su creación tocaría el turno para llevarlo a la menor de las hermanas, Carolina Linares Sánchez (9), que 1974 celebró su comunión con el traje, pero ya sin velo, con un ligero gorro abrochado. Más sencillo aún sería el de Pilar Sánchez Sánchez (10), hija de Maruja y nieta de Mª Ángeles, es decir tercera generación que se vestía con el traje, ya que tan solo utilizaría el traje y se desprendería de la parte alta de accesorios, dejando el pelo al descubierto.
Un dato curioso es que al ser mayor de estatura que las anteriores familiares hubo que añadirle en el bajo un trozo de tela para compensar. Era el año 1984, sesenta años después de que se creara el traje. Y así hemos llegado al año 2025, cuando el vestido ha cumplido cien años desde su creación y once niñas de la misma familia lo han lucido en el día de su Primera Comunión. No sabremos si habrá una décimo segunda dispuesta a llevarlo. Lo que sí es cierto es que ha resistido el paso del tiempo y perdura dispuesto a ello. Una prueba evidente de que lo bien hecho, perdura.
Decía Coco Chanel, que la moda pasa de moda y el estilo jamás. Tal vez la calidad de una prenda ayude a ello, y sobre todo, la unión que ejerce con otras personas en el tiempo, que lo cargan de valor emocional, más allá de una prenda para una celebración. Ahora también se puede encontrar un vestido de comunión ofertado como segunda mano en ventas a través de plataformas digitales, pero esa ya es otra historia.
En los fondos de ABC existe un amplio repertorio gráfico con imágenes para poder seguir la evolución mencionada y en la página cabraenelrecuerdo.com existe un curioso y amplio repertorio de fotografías documentadas desde principios del siglo XX de niños y niñas vestidas de comunión. Como documentos gráficos ilustrativos para realizar un recorrido histórico tenemos las interesantes páginas en la red de la localidad vecina “Cabra en el recuerdo” y el Archivo de Chinchón (Madrid).
La Nena Modas: Una Visión Moderna
La Nena Modas somos una empresa con más de 8 años en el sector de la moda, tanto femenina como masculina, comenzamos nuestra andadura en España y ya nos hemos expandido a Portugal. Asistimos a los principales eventos relacionados con la moda para poder ofrecerle a nuestras clientas y clientes la últimas novedades del mercado y trabajamos con los principales mayoristas para poder tener unos precios sin competencia, siendo la relación calidad-precio-novedad la mejor del mercado. Con el desarrollo de nuestra Tienda Online queremos abarcar un mercado sin límites de fronteras ni horarios, facilitándole las compras a nuestras clientas y clientes con total garantía de satisfacción.
Estereotipos y Moda
Los estereotipos son imágenes o ideas que se refieren a un determinado grupo o una sociedad en su conjunto aunque sus destinatarios no se vean reflejados. De los británicos, por ejemplo, se suele destacar que beben té durante todo el día, se ponen calcetines con sandalias o que las mujeres visten unos estampados que se cuestionan por su buen gusto, o que todas las profesoras de inglés se visten de la manera.
Eso es lo que ha debido pensar la influencer sevillana Elena Gortari, que asegura haber encontrado "en un pueblo perdido de Canarias" la tienda donde visten las profesoras de inglés en España. "Vienen aquí todos los veranos y se compran como treinta vestidos. Son todas iguales. La Villa de Teguise es desde noviembre de 2021 uno de los pueblos más bonitos de España."
"Acabo de encontrarme el proveedor de las profesoras de inglés de España", afirma Gortari en la grabación que realizó durante unas recientes vacaciones en Lanzarote. "Si lo piensas es como si la gente de Inglaterra se ríe de los profesores de español, de que van todos iguales vestidos", según la comparación que establece. "En Inglaterra no visten así, solo las profesoras".
Las reacciones a los comentarios de la conocida influencer no se han hecho esperar. A los usuarios no les ha gustado nada que hable de Teguise como "un pueblo perdido de Canarias". "Menos un pueblo perdido!!!!... la Villa de Teguise... pleno casco", "Un pueblo perdido: el pueblo que fue capital de la isla", "¿Un pueblo perdido? "Me quedo a vivir aquí", comentó a su vez.
La canción con la que acompaña su vídeo es Mi nena, del rapero tinerfeño Maikel Delacalle y el grancanario Quevedo. "El acento de Badajoz es muy bonito también", le espeta un usuario a la influencer.
La Moda y el Amor: Historias de Badajoz
Los bailes eran los espacios a los que la juventud acudía a buscar pareja hace algo más de medio siglo. Así se desprende de los relatos de los siete matrimonios que este domingo celebran sus bodas de oro con la Asociación de xubilados e pensionistas Avoa, el acto social más esperado del año en la parroquia de Coruxo. Recuerda la directiva de que, en dos décadas, solo han faltado una vez a la cita.
De camino al baile de Redondela con amigas en un Seat 600, Rosa Cristina Fernández Areses recuerda que les empezaron a pitar unos chicos que circulaban en un coupé. Uno de ellos, Cesáreo Domínguez, la invitó a bailar. Ellas habían acordado que les concederían el primer tema. Le gustó su forma de expresarse, zalamero. Y hasta hoy. Tienen dos hijos y dos nietos. Él, jubilado de Citroën, cree que la fórmula para medio siglo de felicidad en pareja es saber «transigir también». Ella, que trabajó en Carnaud, asegura que jamás tuvieron «una discusión fuerte».
Josefina Costas y Eugenio Otero se conocieron el día de Reyes en el salón de baile de La Palmera, en Barreiro. Le enamoró lo bien que bailaba. Cinco años después, también el día de Reyes, se casaron. Y el útimo 6 enero, sus dos hijos les dieron una sorpresa repitiendo el enlace en San Lorenzo, donde él preside la comisión de fiestas. «Fue un baño de lágrimas. No quería bajar del coche», cuenta ella sobre él. Visiblemente emocionado, Eugenio explica que relaciones así se construyen «con repeto y cariño». Lo que nunca logró fue que ella se subiera a una moto, pese a que compraron el taller de Moto Manía de A Florida.
También en el salón presidido por la palmera se conocieron Maximino Fernández e Irene Rodríguez. «Arrimeime a ela e caeu algo», cuenta él con gracia. Con la mayor de sus tres nietos ya con 20 años, comparan los noviazgos de antes y de ahora. «Eran tempos máis complicados que agora, pero moi bonitos», destacan. Él de Coruxo y ella de Valadares, iba a visitarlas por una «carretera difícil» llevando viandas para la familia. A ella, peluquera y modista, le encandiló lo buena persona que es y el sentido del humor de este jubilado de Volkswagen. «É un payaso; para a festa vale moito». En invierno se pasan cuatro meses en Tenerife. «Alí estamos un para o outro é onde facemos máis matrimonio», cuentan.
Un baile en Bolero fue el escenario del enamoramiento de Luís Fernández y Felisa Costas, que ya se conocían de verse en las fiestas. Tres años después, se casaron en la iglesia de San Salvador de Coruxo y recuerdan entre risas cómo entraron sin preguntar en una casa con un precioso jardín lleno de flores para hacerse las fotos. Él originario de Ourense, trabajaba en Citroën y ella, vecina de Coruxo, trabajó en un supermercado en Ferrosa y de peluquera. Con varias operaciones encima -alguna con serias complicaciones- la cadera de Luís les está dando la lata a esta pareja con una hija. El domingo volverán a ratificar su amor ante el altar en el que enlazaron sus vidas.
Fue en las fiestas del Carmen, en O Vao, en las que Bernardo Gallego sacó a bailar a Rosa Pérez. Casi recién llegado de la mili, fue un compañero del servicio el que les presentó. «Pode que fora amor a primeira vista. Pasamos toda a noite xuntos», recuerda esta pareja en la que él trabajaba también en Citroën y ella, en Inoxidables Fegosan. También se casaron en Coruxo, en una ceremonia «bonita». Se acuerdan «perfectamente» del día. Ella tenía 19 años. «Era unha nena», señala él. Ahora ven a su nieta de 22 años y opinan: «De casarse nada, que disfrute».
«Comprensión, respecto, confianza e saber perdoar», es la fórmula que recomiendan para matrimonios largos. «O máis bonito do amor é mantelo», defiende este matrimonio, con dos hijos y tres nietos.
Elisa Pereira recuerda que era muy selectiva a la hora de aceptar las invitaciones a bailar. Se acuerda perfectamente de cómo conectó con Cándido Lago, que ya conocía desde hacía 13 años. «Eso non se olvida», sostiene. Fue en las fiestas de Sabarís, cerca de Belesar, donde vivía con su familia. «Este me lo pido», se dijo. Desde entonces, no se dejaron de ver. Él iba a visitarla en bicicleta o se colgaba del tranvía, que por aquel entonces llegaba a Baiona. La boda fue en la parroquia de ella -es coincidió el mismo día del entierro de Fernando Franco-. La vida la instalaron en la de él, en Coruxo, donde criaron dos hijos
Rosa Costas y Manuel Novoa son la excepción a la norma. No necesitaron un baile. Él de San Andrés y ella de Matamá, se conocían desde pequeño por la cercanía de sus parroquias. A los 16 años se paraban en el camino a hablar. Les gustaba «todo» del otro y confiesan que siguen «namorados». Se casaron pronto, como se hacía antes, «para ter liberdade». Aunque pronto llegaron los hijos, cuatro. Ella trabajaba en una matricería y él era mecánico industrial. Acabó montando su propia empresa en el sector del motor. Son «de ir de furancho» y, sobre todo, «de amigos». Él, fundador de Os Ventos de Comesaña, creó los primeros festivales folclóricos de Vigo. Juntos han recorrido medio mundo.
El domingo, a las 11, celebrarán las bodas de oro, con el obispo emérito, Luis Quinteiro Fiuza, en una ceremonia en la que cantará Nuria Lorenzo.
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