Leyendas Populares para Niños Curiosos en Toledo
Todo aquel que se acerque a visitar la ciudad de Toledo, aparte del patrimonio monumental que atesora la ciudad y de la belleza en sí que luce el casco antiguo, no podrá decir que ha visitado Toledo si no ha escuchado, al menos, alguna de sus cientos de leyendas que esconden las calles y monumentos.
Muchas son famosas, o pertenecen a literatos mundialmente reconocidos que pasearon en algún momento por esta ciudad, quedando hechizados por sus secretos y misterios. Otras leyendas, no tanto, pero igual de importantes e interesantes de conocer. Y es que las leyendas también nos ayudan a comprender la historia de un lugar, sus tradiciones…, y más en una ciudad crisol de las tres culturas, como es Toledo.
Aunque todas las leyendas acaban siendo fabuladas, engrandecidas haciendo que tengan ese toque de irrealidad, en su trasfondo encierran historias reales que bien pudo vivir la propia ciudad. Haremos un repaso, para aquel viajero que se adentra unos días a conocer esta maravillosa ciudad, de sus diez leyendas más importantes. Diez leyendas que no puedes dejar de conocer. Diez leyendas que no puedes irte sin, al menos, haber pasado por esos lugares donde están ubicadas y haberlas leído (o escuchado en alguna ruta de leyendas toledanas) bajo el tenue farol de una calle empedrada, bajo los cobertizos de la ciudad, o bajo la cruz de la fachada de un convento con el silencio que en ese lugar se respira como testigo.
1. La Ajorca de Oro
Empezamos en uno de los edificios más emblemáticos de Toledo y de su skyline: la Catedral de Toledo. Este inmenso monumento está cargado de historias y de leyendas. Pero si tuviéramos que destacar una, sería “La ajorca de oro”, de Gustavo Adolfo Bécquer.
La leyenda nos narra la historia de María Antúnez, mujer que el escritor describe como caprichosa y que siempre deseaba llevar las mejores prendas y joyas para llamar la atención entre los vecinos de la ciudad de Toledo. Cuentan que su enamorado, Don Pedro Alfonso de Orellana, se la encontró llorando una tarde.
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Ella le confesó que, habiendo estado en el templo, donde se celebraba la festividad de la Virgen, se había enamorado, más que de la belleza que la imagen desprendía, de la ajorca que la Virgen lucía en su brazo. Ante esto, y para complacer a su enamorada, Don Pedro no tuvo más remedio que ceder a la petición de su enamorada, de que entrara en la catedral a robar tan preciada joya y se la regalara.
Cuenta Bécquer que, cuando aprovechando el silencio y la oscuridad que le regalaba la ciudad, se adentró entre los muros del edificio. Caminando por las inmensas naves, temeroso de las sombras que proyectaban los pocos cirios encendidos y que parecían seguirle, al fin llegó ante la imagen de la Virgen del Sagrario.
Valiéndose de fuerza y valentía, pero al mismo tiempo temeroso por lo que iba a hacer, logró colocarse a su altura y, estirando el brazo, logró arrebatarla tan ansiado brazalete. El problema vino después. Cuando se giró para salir corriendo de la catedral con su objetivo cumplido, todas las estatuas, con sus ropajes, se habían bajado de sus peanas y lo rodeaban, junto con los esqueletos procedentes de la cripta. Todos querían evitar tan malvada fechoría.
A la mañana siguiente, cuando abrieron el templo, se encontraron a Don Pedro, tirado en el suelo, completamente enloquecido y gritando: ¡suya es!, al mismo tiempo que alzaba con la mano el brazalete de oro.
Ubicación: Catedral de Toledo.
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Leer versión completa: La Ajorca de Oro, Gustavo Adolfo Bécquer
2. El Pozo Amargo
El denominado “Pozo amargo” en Toledo no es el original que aparece en la leyenda… Una de las leyendas de amor más conocidas de la ciudad de Toledo y uno de los lugares más románticos de la ciudad.
Leyenda que nos habla de los amores clandestinos del cristiano Fernando y la judía Raquel. El pozo que había en el jardín de la judía Raquel fue testigo de este amor. Aunque otro testigo les observaba de las sombras: el padre de Raquel.
Una de esas noches, cuando ambos compartían gestos de cariño y animada conversación, el padre de la judía irrumpió en la escena de amor, clavando un afilado puñal por la espalda al cristiano, quien cayó a lo hondo del pozo sin apenas haberle dado tiempo a lanzar una última mirada a su amada.
Tantas lágrimas derramaba cada noche Raquel sobre las aguas del pozo, en recuerdo de ese amor, que las aguas empezaron a estar amargas, como si fueran cómplices de ese amargo recuerdo que en su día fue tan bonito y que ahora era el más fuerte de los dolores.
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De hecho, una de esas noches que fue a recordar a su enamorado, el dolor que sentía la hizo imaginar que su enamorado la llamaba desde el fondo, lo que hizo que fuera a ayudarle y se arrojara al fondo con él. Desde ese momento, se dice que ambos descansan juntos en el fondo de sus aguas.
Ubicación: Pozo Amargo.
Leer versión completa: El Pozo Amargo
3. El Cristo de las Cuchilladas
Torre de la Iglesia de los Santos Justo y Pastor de Toledo. Leyenda de amor, cuya ubicación la encontramos en la Plaza de San Justo, delante de la Iglesia de Santos Justo y Pastor, muy cerca de la Catedral en un momento convulso como fue el reinado de Enrique IV y donde las familias nobles luchaban por el poder real.
Cuenta la leyenda que una noche, Don Diego de Ayala iba de camino hacia la plaza de San Justo para encontrarse con su enamorada Doña Isabel, vecina de ese lugar. Don diego cuando llega a la plaza y, como buen cristiano, hizo una breve oración al Cristo de la Misericordia que se encontraba en la fachada del templo.
Justo en ese momento, empezó a escuchar unas voces de una mujer que parecía estar en peligro y que provenían de uno de los callejones aledaños a la iglesia. Raudo, salió en busca de esa dama. Cuando don Diego se metió por uno de los callejones cercanos, pudo contemplar una dama, que estaba siendo atacada por varios caballeros. Para su sorpresa, esa dama era Doña Isabel, su enamorada, y los que la atacaban, los Silva, enemigos acérrimos de su familia.
No tenía más remedio, aunque sabía que poco iba a poder hacer, tenía que salvar a su amada de manos de esos malvados. Enfrentándose a ellos y herido, consigue arrebatarles a la mujer, pero no llegaron lejos: quedaron rodeados en la esquina de la Iglesia, debajo del Cristo de la Misericordia al que antes le había dedicado una oración.
Dándose ya por muertos, pidió al Cristo que, si tenía que morir alguien, que fuera él, ya que su amada no tenía culpa de los enfrentamientos de sus familias. Y justo en ese momento, la pared sobre la que se apoyaban se abrieron como si fuera un cortinaje, y se tragó al interior del templo a la pareja de enamorados.
Los Silva no tuvieron la misma suerte: la pared volvió a hacerse piedra, y por más espadazos que dieron, no consiguieron nada. Así que, raudos, fueron a la puerta principal para intentar forzarla y darles caza. Pero las campanas de la iglesia empezaron a tañer con tal fuerza, que los vecinos salieron asustados por las horas, y por si se trabaja de algún incendio en una de las casas del barrio.
Los Silva, ante esto, salieron huyendo y los vecinos, queriendo comprobar que todo estaba correcto, acompañados del sacerdote entraron a la iglesia y, efectivamente, todo estaba intacto salvo un pequeño detalle: detrás del altar, agazapados, estaba esta pareja, y todos comprendieron que lo que allí había pasado había sido un milagro: fueron salvados por el Altísimo de una muerte segura. Todo fueron celebraciones.
Ubicación: Iglesia de los Santos Justo y Pastor.
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4. El Cristo de la Calavera
En un callejón típico Toledano con cierto encanto y cercano al Alcázar, encontramos otra de las leyendas más famosas de Toledo y de Bécquer: la calle del Cristo de la Calavera. En el centro de la misma, una placa de cerámica hace alusión a la extensa leyenda.
La leyenda podríamos resumirla en los amores de dos caballeros, don Lope y don Alonso de una dama, doña Inés de Tordesillas, dama principal de la corte. Cuentan que durante una celebración, a doña Inés se le cayó uno de sus guantes y ambos galanes, raudos, se lanzaron a recogerlo para devolvérselo.
El problema es que lo recogen a la vez, cada uno de un extremo. Ninguno quería soltar el guante. Devolver el guante a doña Inés sería como un acto galante mediante el cual poderle demostrar su amor, y demostrar así que era el elegido para terminar con ella la noche. Todos observaban la escena, paralizados. Ambos habían declarado su amor por una misma mujer.
Tuvo que intervenir una tercera mano, era la mano del Rey, quien les arrebata el guante y se lo devuelve a doña Inés, no sin antes presagiar lo que bien podía pasar: “Tened el guante, y guardarlo bien, no sea que algún día os lo devuelvan manchado de sangre”. Ambos amigos, don Lope y don Alonso, se habían dado cuenta de que sólo había una manera de discernir quién se quedaría con doña Inés: un duelo.
Así que sin más no volvieron a mirarse, y al terminar la celebración buscaron un lugar apartado donde poder llevarlo acabo, y que cumpliera con dos cosas: que fuera amplio para poderse batir en duelo (algo complicado en Toledo) y que tuviera algo de luz. Encontraron una calle con un pequeño ensanche, muy cerca de Zocodover, y que además tenía un cristo iluminado por un candil. Asi que, sin mediar palabra, comenzó el duelo.
El problema, cuenta Bécquer, que cuando los aceros chocaban la luz del candil se apagaba y volvía, al rato, a encenderse sola. Ellos extrañados, no comprendían el origen de ese misterio. Siguieron a lo suyo, pero la tercera vez que chocaron sus aceros, la luz de apagó bruscamente para no volverse a encender más y un fuerte viento les derribó al suelo.
Entonces cayeron en la cuenta que quizá era una señal divina que les estaba queriendo decir que arreglaran eso de otra manera. Por ello, acuerdan ir a casa de doña Inés, y que sea ella la que diga con quién de los dos quiere quedarse. Ya rozando el alba, cuando están llegando a casa de doña Inés, en su balcón pueden ver cómo un hombre se descolgaba por él y ella le despedía con frases cariñosas.
Los dos caballeros irrumpieron en una sonora carcajada, pues entendieron que ella se había reído de su verdadero amor. La joven escuchó las carcajadas y se metió rápidamente a su habitación, cerrando el balcón. A la mañana siguiente, un entarimado en Zocodover para despedir a las tropas que partían a la batalla contra los moros.
A la cabeza del entarimado la reina y, junto a ella, dona Inés por ser una de las damas principales. Esperaba ver al vencedor del duelo, pero cual no sería su sorpresa cuando, detrás del Rey, iban estos dos amigos y, al pasar por delante de ella, irrumpieron en la misma carcajada que la noche anterior al mismo tiempo que la miraban. Ella entendió todo, y calló turbada a los pies de la reina.
Ubicación: Calle Cristo de la Calavera.
Leer versión completa: El Cristo de la Calavera, Gustavo Adolfo Bécquer
5. El Callejón del Infierno
Ahora vamos con una de misterio… Aunque con solo ver el nombre del callejón del Infierno o el callejón del Diablo ya se nos ponen los pelos de punta, y más si paseamos por la noche por estas dos calles. Todo el mundo se pregunta al pasar por aquí, el por qué de esos nombres.
Cuenta la leyenda que un cristiano noble toledano, Felipe Pantoja se encontró con una bruja toledana, conocida como “la Diablesa”. Su objetivo: necesitaba un conjuro para acabar con un competidor: Samuel, el pretendiente de Rebeca y con el que Felipe Pantoja quería acabar, terminó muriendo a causa del conjuro preparado por “la Diablesa” y Felipe consigue casarse con la ya conversa Rebeca con la iglesia de San Torcuato como testigo.
Tras esto, Felipe Pantoja tuvo que pagar un alto precio en monedas de oro a la bruja toledana. Pero cuando las monedas tocaron las viejas manos de la bruja, llamas blancas y azules empezaron a surgir de su mano y del resto del cuerpo y un fuerte chillido inundó la habitación donde se encontraban y que acabaron consumiendo su desgastado cuerpo. Al mismo tiempo. Felipe Pantoja fue empujado por una fuerza sobrenatural al suelo, fuera de la casa de la bruja.
Creyéndose muerto, vio su aterrado reflejo en un charco y salió huyendo de ese espantoso lugar, dejando allí tiradas sus cincuenta monedas de oro. Por este extraño y misterioso suceso, se decidieron dar ambos nombres a las dos calles próximas: el callejón del infierno, donde se cuenta que estuvo la casa de la bruja y el callejón del diablo.
Ubicación: callejón del Infierno.
Leer versión completa: El Callejón del Infierno
6. El Beso
La estatua de Garcilaso de la Vega, mirando hacia el Convento de San Pedro Mártir. Otra de las leyendas famosas que encontramos en la ciudad y que escribió Gustavo Adolfo Bécquer. Ubicada en el convento de San Pedro Mártir, hoy en día facultad de Derecho y Empresas, perteneciente a la Universidad de Castilla-La Mancha. También nos gusta destacar que, en su interior, tenemos enterrado a otro importante literato: Garcilaso de la Vega. Se encuentra en la iglesia del convento, lugar donde encontramos otros enterramientos y donde se ubica la leyenda que pasamos a narrar.
Cuando el ejército francés de Napoleón invadió la ciudad de Toledo (1808-1812), empezaron a ocupar lugares donde acomodarse en la ciudad, entre ellos, conventos e iglesias. Un grupo numeroso de soldados fue alojado en el Convento de San Pedro Mártir, uno de los edificios más grandes de la ciudad, ubicado en pleno centro, no muy lejado de la Catedral. Allí pasaron la primera noche.
A la mañana siguiente, el capital de esta tropa que se alojaba en este convento, se citó en la plaza de Zocodover para encontrarse con otros compañeros de promoción, que sabían que se encontraba en Toledo. Al preguntarles estos qué tal había pasado la noche, el capitán les dijo que había sido larga, que no había podido dormir por culta de estar al lado de una bella dama, una mujer que se encontraba inmóvil ante el durante toda la noche y que ni veía, ni hablaba ni escuchaba. Estaba claro, que se refería a una escultura de mármol pero que, debido a la perfección de su escultor a la hora de tallarla, parecía que cobraba vida. Las carcajadas resonaron en toda la plaza de Zocodover, y todos quedaron en ir esa noche a que les presentara a esa bella dama.
Llegado el momento del encuentro, todos fueron a la iglesia del convento donde se alojaba el capitán y el resto de la tropa. Encendieron fuego en el centro, pues la noche era bastante fría y, abriendo unas cuantas botellas de vino, se disponían a pasar la noche. Cuando el vino hizo sus efectos el capitán, medio tambaleándose, se dirigió al sepulcro de piedra de su amada, doña Elvira. Bebió un sorbo más del vino y, sin pensárselo, acercó sus labios a los fríos labios pétreos de doña Elvira. Sus compañeros le avisaron que dejara de jugar con los muertos y les dejara descansar. Justo en el momento que sus labios se rozaron, la mano pétrea de la estatua del guerrero que había al lado le golpeó tan fuerte que salió dis...
Las leyendas de Toledo nos invitan a descubrir los secretos que esconden sus calles y monumentos. Cada rincón de esta ciudad milenaria tiene una historia que contar, desde amores trágicos hasta pactos misteriosos.
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