¿Los Niños Nacidos en Ciertos Meses Son Más Inteligentes?

02.11.2025

Hay una pregunta que ha circulado durante años entre padres, docentes y curiosos: ¿qué relación existe entre el mes de nacimiento y la inteligencia de un niño? Esta cuestión es una mezcla de intuiciones y anécdotas sin una cierta lógica aparente.

El anhelo de todo padre y madre es ofrecer a sus hijos las mejores herramientas para un futuro brillante, y la ciencia no deja de explorar las variables que influyen en el desarrollo humano.

Más allá de la genética o la educación, un estudio de la prestigiosa Universidad de Harvard ha arrojado luz sobre un factor tan inesperado como el mes de nacimiento. Según esta investigación, los niños nacidos en los últimos meses del año -específicamente en octubre, noviembre y diciembre- tienden a mostrar mayores capacidades cognitivas a largo plazo.

Sin embargo, la razón detrás de este fenómeno no tiene nada que ver con la astrología o una predisposición biológica, sino con el complejo entorno social y académico al que se enfrentan desde sus primeros años de escolarización. Este descubrimiento revela cómo un aparente desafío inicial puede convertirse en el motor de un desarrollo intelectual y emocional superior.

El Estudio de Harvard y los "Meses Inteligentes"

Una reciente investigación realizada por la Universidad de Harvard y difundida por el portal tailandés Sanook ha revelado un curioso hallazgo: los niños nacidos entre los meses de octubre y diciembre tienden a desarrollar niveles de inteligencia superiores en comparación con los nacidos en otras épocas del año.

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Para poder llegar a esta conclusión, los expertos han seguido el desarrollo de un amplio número de niños y de niñas desde que eran bebés hasta pasados los siete años, recoge el sitio web originario de Tailandia Sanook.

El estudio ha seguido de cerca el desarrollo de un amplio grupo de niños y niñas desde su nacimiento hasta pasados los siete años, analizando su evolución en distintas áreas cognitivas. Los resultados han sido claros. Aquellos pequeños nacidos en el último trimestre del año obtuvieron mejores calificaciones en pruebas de capacidad cognitiva, pensamiento analítico y resolución de problemas.

Debido a esto, los investigadores han bautizado esta tendencia como los “meses inteligentes”, haciendo referencia al aparente vínculo entre la fecha de nacimiento y ciertas habilidades destacadas en la infancia. Sanook recoge que los investigadores han decidido llamar a este fenómeno "meses inteligentes". El motivo no es otro que los bebés que nacen en ese momento del año suelen presentar, apunta en portal habilidades "excepcionales" en áreas como la resolución de problemas, aprendizaje o pensamiento analítico.

Es más, los niños nacidos entre octubre y diciembre, consiguieron obtener calificaciones más elevadas en pruebas de inteligencia y capacidad de resolución de problemas que los nacidos en otros meses del año.

El Desafío de Ser el Más Joven de la Clase

La clave de la investigación de Harvard reside en el contexto académico en el que se desarrollan los niños. En la mayoría de los sistemas educativos, el corte de edad para iniciar el año escolar se sitúa a finales de año o principios del siguiente. Esto significa que un niño nacido en diciembre compartirá aula con compañeros que nacieron en enero del mismo año, siendo casi doce meses más joven. Esta diferencia de edad, que en la vida adulta es insignificante, en la infancia es abismal. Un niño de casi seis años tiene una madurez neurológica, una capacidad de atención y unas habilidades motoras mucho más desarrolladas que uno que acaba de cumplir cinco.

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Este desajuste inicial coloca a los nacidos a finales de año en una situación de desventaja comparativa. Se enfrentan a desafíos académicos más grandes, ya que deben asimilar conceptos y seguir un ritmo pensado para niños ligeramente más maduros.

Según estos investigadores de Harvard, la clave está en las diferencias de edad y madurez dentro de una misma clase. Los niños que han nacido de octubre a diciembre son más jóvenes en comparación con sus compañeros nacidos en los primeros meses del año, lo que hace que los nacidos a final de año tengan que enfrentarse a desafíos adicionales.

Lejos de ser perjudicial, el estudio sugiere que esta situación les "obliga" a realizar un esfuerzo adicional constante para mantenerse al nivel de sus compañeros. Este sobreesfuerzo continuado actúa como un entrenamiento intensivo para su cerebro, estimulando su desarrollo cognitivo, su capacidad de resolución de problemas y su creatividad de una manera que los niños mayores de la clase no experimentan con la misma intensidad.

Estos desafíos repercuten de manera positiva, puesto que les "obliga" a esforzarse mucho más que el resto, logrando desarrollar mayores habilidades académicas, sociales y emocionales, estimulando así el desarrollo cognitivo y emocional, así como la creatividad.

Sanook precisa que los pequeños de la clase, por tanto, se ven obligados a desarrollar su capacidad de adaptación, la perseverancia y la creatividad.

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Un Impulso para las Habilidades Sociales y la Resiliencia

El impacto de ser el más joven del grupo no se limita al rendimiento académico. El estudio también destaca notables efectos positivos en el terreno de las habilidades sociales y emocionales.

Otro aspecto importante de este estudio es la relación existente entre el mes de nacimiento y las habilidades sociales de los niños. Los niños nacidos en los últimos tres meses del año parecen tener una mayor facilidad para establecer relaciones sociales y tienen mayor capacidad para adaptarse a nuevos entornos.

Conscientes de su diferencia de madurez, estos niños deben esforzarse más para "encajar", para comunicarse eficazmente con sus pares y para adaptarse a las dinámicas sociales del aula. Este proceso fomenta un desarrollo acelerado de la inteligencia emocional, la empatía y la capacidad de adaptación. Aprenden a negociar, a observar y a comprender las reglas sociales de una forma más activa, lo que les proporciona una mayor facilidad para adaptarse a nuevos entornos y cambios en el futuro.

Según estos expertos, la razón es que cuando los niños más pequeños empiezan el colegio, tienen que trabajar más en la construcción de amistades y en la integración social, ya que son conscientes de que deben ganarse el respeto y la aceptación de sus compañeros “mayores”. Esto puede ayudarles a que desarrollen una mayor empatía, mejor comunicación y habilidades de resolución de conflictos, cualidades fundamentales para el éxito social y académico a largo plazo.

Debido a esto, los niños nacidos en los últimos tres meses del año tienen una ligera ventaja, ya que, el hecho de tener que esforzarse más para encajar socialmente hace que deban adoptar un comportamiento más maduro y equilibrado.

Este constante desafío también forja un carácter más resiliente y un comportamiento más maduro y equilibrado. Al enfrentarse a dificultades y superarlas desde una edad temprana, desarrollan una mayor tolerancia a la frustración y una confianza en su capacidad para superar obstáculos. Estas competencias socioemocionales son fundamentales para el éxito en la vida adulta, tanto en el ámbito personal como en el éxito profesional, donde la capacidad de adaptación y las habilidades de comunicación son a menudo más determinantes que el puro conocimiento técnico.

Esto implica que los niños que se sienten más cómodos interactuando con sus compañeros y superando retos de manera más efectiva estarán mejor preparados para enfrentar los desafíos de la vida adulta, ya que el desarrollo social y emocional en estas fases es fundamental.

El Mes de Nacimiento: Solo una Pieza del Gran Rompecabezas

Es fundamental subrayar que los investigadores de Harvard no presentan el mes de nacimiento como un factor determinante e inamovible. La inteligencia es un rasgo multifactorial, una compleja interacción entre factores genéticos y ambientales.

El estudio simplemente identifica una correlación interesante que pone de relieve la importancia del entorno en el desarrollo temprano. Otros elementos como el entorno familiar, el tipo de crianza recibida, la calidad de la educación, la disponibilidad de recursos de aprendizaje, la nutrición y un estilo de vida saludable siguen siendo los pilares fundamentales sobre los que se construye el potencial de un niño.

Por tanto, los padres deben ver este estudio no como una sentencia, sino como una perspectiva fascinante sobre cómo los retos pueden moldear el carácter y la mente. El estudio del ser humano y su complejidad es algo que continúa haciéndose año tras año por parte de investigadores y expertos, con el fin de encontrar soluciones o respuestas a muchos de los problemas de hoy en día. Esta diferencia más allá de un factor genético, se debe a un tema de combinación de diferentes factores.

Este estudio les ofrece una perspectiva interesante sobre cómo las diferentes etapas de desarrollo pueden afectar a sus hijos. Los padres deben animar a sus hijos a enfrentar retos, tanto en el ámbito académico como en el social, y asegurarse de que tengan un entorno que invite a la exploración y el aprendizaje.

También es esencial que los padres reconozcan que, a pesar de que el mes de nacimiento puede influir en ciertos aspectos del desarrollo de sus hijos, no es un factor determinante: cada niño es único y con su propio ritmo. Lo más importante para los niños es darles el apoyo necesario para que puedan crecer en un entorno enriquecedor y estimulante.

A pesar de que lo pueda parecer por el titular, no hablamos de astrología, sino, en efecto de ciencia.

El Caso de Septiembre: Otro Estudio a Considerar

En concreto, de un estudio realizado por un equipo del investigadores del National Bureau of Economic Research, de Massachusetts (Estados Unidos) analizando el rendimiento académico y las condiciones socioeconómicas de estudiantes de entre seis y 15 años. Y su conclusión principal es que los nacidos en septiembre (el mes en el que más nacimientos se producen y, en concreto, el día 16) son los más inteligentes que el resto de los niños.

Para hacer esta investigación, los expertos cruzaron los nacimientos entre 1994 y 2000 que se habían registrado en el Departamento de Salud de Florida, con los del rendimiento académico de niños de entre seis y 15 años. El resultado, según los autores, es, en concreto, que aquellos nacidos en septiembre obtuvieron un 0,2 más de media que el resto de estudiantes. En el estudio, también se tuvieron en cuenta los factores socio-económicos en el que vivía cada sujeto, puesto que influyen en el desarrollo de sus capacidades. Y también resalta que los niños con familias con problemas económicos presentaban mayores dificultades de aprendizaje, cosa probada ya en numerosos estudios.

Claro que este estudio ha sido realizado en un lugar y país muy concreto, entre una población que es discutible que represente a la generalidad de las personas. Es decir, en las clases, los alumnos más mayores son los que cumplen años en septiembre, al contrario de lo que ocurre en España ya que, aunque las clases se inician en el noveno mes del año, los más mayores de cada clase son los que cumplen años en enero.

Según un estudio realizado por el National Bureau of Economic Research sobre niños norteamericanos, la razón no tendría tanto que ver con el mes en que nacen, sino con que el curso escolar empiece en septiembre (en Japón, por ejemplo, comienzan en abril). Cuando comienzan el curso, los niños más mayores son los que cumplen años en septiembre, y según el estudio, esto puede ser determinante en su desarrollo a nivel cognitivo. Hay que tener en cuenta que en el sistema educativo de los Estados Unidos, los cursos no siguen el orden natural de los años, sino que cada curso comienza con los niños que cumplen años en septiembre.

No solo en cuestión de notas. Los investigadores analizaron todo tipo de datos socio-económicos, llegando a la conclusión de que el éxito del niño en el colegio tendría mucho que ver con su raza, educación recibida por sus padres y el poder adquisitivo de la familia. El haber nacido en septiembre y ser, por tanto, más mayor; no solo los situaría como más inteligentes, sino que también tendrían mayores probabilidades de acceder a mejores instituciones de educación superior o ser menos propensos a tener problemas con la justicia.

Pero, ¿tiene solución este problema? Parece ser que no, porque en cada curso escolar, se tome la fecha que se tome como límite de ingreso, siempre habrá unos niños mayores que otros.

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