Mari Trini: Vida Personal e Íntima de una Estrella de la Canción Española
Mari Trini, cuyo nombre completo era María Trinidad Pérez de Miravete Mille, fue una figura icónica de la música española. Una reciente biografía busca reparar el olvido artístico que la célebre cantante y compositora murciana padeció en el último tramo de su vida, y que se mantiene hasta hoy.
Inicios Inesperados y Ascenso a la Fama
Los orígenes artísticos de Mari Trini, perteneciente a una familia murciana con posibles, de raíces aristocráticas, tuvieron un rasgo insólito: el actor y cineasta Nicholas Ray -director, entre otras, de «Johnny Guitar», «Rebelde sin causa» y «55 días en Pekín»-, tras verla cantar en un pub que tenía en Madrid, se la llevó a Londres, le financió estudios de interpretación y ejerció de mánager. Lo que cuenta es que ese gringo de inobjetable genio detectó en aquel cuerpo menudo a una estrella en potencia, y no se equivocó.
Siete años más tarde de ese descubrimiento, en 1970, tras una estancia de tres años en París que terminó de forjar su educación sentimental, aquella muchacha, ya de nombre Mari Trini, besó la gloria con su primer elepé, «Amores», que se vendió como el pan de la mañana: permaneció más de un año entre los diez discos más vendidos, tan sólo superado por Serrat y su «Mediterráneo». En la España de esa década, la de los setenta, esta cantante y compositora fue igual de popular que la gaseosa, y a lo largo de su carrera vendió la barbaridad de diez millones de discos, una cifra al alcance de sólo un puñado de sus colegas.
Pero con el paso de los años su figura se desdoró, hasta diluirse y desaparecer de la primera división. Tres lustros después de su muerte ve la luz «Mari Trini. Retrato de una mujer libre» (Efe Eme), una biografía, escrita por la cantautora segoviana Esther Zecco, en cuyas páginas late un homenaje nítido y, también, el aliento de una reparación: arrancar de las garras del olvido a una de nuestras artistas musicales de mayor talento, y de la que muchas cantantes posteriores han bebido.
Su segundo disco largo, «Escúchame» (1971), incluía una de sus canciones más populares, «Yo no soy esa», hoy considerada un himno feminista: «Yo no soy esa que tú imaginas. / Una señorita tranquila y sencilla / que un día abandonas y siempre perdona». La autora de esta biografía reivindica el carácter feminista de sus páginas desde la misma introducción: «No debemos dejar que los hombres sigan contando nuestra historia. Nosotras somos perfectamente capaces de hacerlo, porque somos las protagonistas».
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Feminismo y Rebeldía
La autora de esta biografía reivindica el carácter feminista de sus páginas desde la misma introducción: «No debemos dejar que los hombres sigan contando nuestra historia. Nosotras somos perfectamente capaces de hacerlo, porque somos las protagonistas». Fue de las primeras mujeres en lucir unos pantalones vaqueros en Televisión Española, algo que le hizo cargar con el baldón de «marimacho». Una imagen que se dinamitó cuando, en 1984, fue portada de «Interviú» con un titular carente de equívocos: «Mari Trini, desnuda».
¿Se vio en la necesidad de cruzar ese umbral tras un varapalo económico, como se dijo entonces, o se trató de un rasgo de justificada coquetería? El deseo de mostrar que bajo sus vestidos largos y negros habitaba una mujer como cualquier otra: «Hubo gente que opinó que fue por apuros económicos -admite Zecco-, pero ella lo negó y dijo que se quería mostrar tal y como era, y yo me remito a sus palabras. Dijeron de ella que tenía una pata de palo, que era una cosa bastante surrealista, porque siempre se ponía vestidos largos, y entonces ella quiso salir desnuda en esa portada».
Su Relación con Claudette Lanza
Zecco apunta en su libro que la discreción fue uno de sus grandes valores, pues es una forma de rebeldía. Mari Trini era lesbiana, y estuvo unida sentimentalmente a Claudette Lanza, una francesa, fallecida el año pasado, que abandonó por ella a su marido y a su hijo y fue su secretaria hasta el día de su muerte. Aunque la biógrafa sí señala la existencia de esa relación -«Claudette acabaría siendo su compañera y secretaria personal durante toda su vida», escribe-, se aleja de esos rincones «por respeto -dice- a personas que podrían sentirse heridas» y porque cree que a la protagonista «no le hubiera gustado que indagase en según qué cosas».
Claudette Loetitia Lanza fue oficialmente la secretaria personal de Mari Trini durante más de 40 años; de puertas para dentro fue su compañera sentimental durante toda una vida. Claudette era francesa, tenía 13 años más que la cantante y se conocieron en Madrid. Casada, madre de un hijo, dejó su hogar para permanecer constantemente junto a Mari Trini. Eran uña y carne. Oficialmente, Claudette ejercía de representante de la artista. De puertas para dentro era algo más: la compañera fiel, a veces celosa. Quien la aconsejaba cómo vestirse, qué lugares frecuentar; su sombra siempre. La mujer de sus sueños.
Mari Trini vivió con naturalidad y, como tanta gente, no tuvo más remedio que ser discreta para evitarse problemas. Mari Trini tuvo la suerte de convivir en el seno de una familia muy educada y respetuosa. Ellos han jugado un papel absolutamente neutral en esta historia normalizadora. Están más preocupados por preservar su legado artístico, que es lo verdaderamente importante.
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En los créditos de los discos, Claudette, que siempre estuvo con ella, aparece como asesora o como diseñadora de la portada. Hay fotos en las revistas de los años 70 donde se dice 'Mari Trini escucha las explicaciones que dan su secretaria’ o se retratan juntas en alguna gira por América.
Infancia y Juventud
A principios de los años cincuenta, Mari Trini -cuyo verdadero nombre era María Trinidad Pérez de Miravete Mille- se instaló en Madrid porque el cabeza de familia era un abogado que recibió una oferta para dirigir una empresa en la capital española. En el libro se cuenta que, con solo siete años, compuso su primera canción, Pía Pía Pajarito, inspirada en un jilguero que le había regalado un peón de la finca familiar en Murcia, que nunca llegó a interpretar en público, y que creció debilucha.
“Antes de alcanzar la adolescencia los médicos le diagnostican glomerulonefritis, una inflamación de los filtros pequeños de los riñones que la obligará a guardar reposo absoluto durante casi siete años. Más adelante, ya de mayor, sabrá que se trata de una dolencia autoinmune. El organismo genera anticuerpos que llegan a dañar el tejido renal. Ni en aquella época ni hasta mucho después hay un tratamiento eficaz”.
A los catorce, la artista experimentó una progresiva mejoría y volvió al colegio, aunque la larga convalecencia dejaría algunas secuelas en su personalidad. “Mari Trini era la reina de la casa, eso marcó mucho su carácter toda su vida”, comenta su hermana Miryam Pérez-Miravete Mille.
“Luego, ya de adulta, cuando le tocó pelear duro, de repente sacaba un pronto muy fuerte, de niña mimada, pero, a la vez, era tremendamente sensible. A la gente, esa forma de ser le chocaba. Por un lado, la sensibilidad y, por otro, el genio que la empujaba a decir barbaridades, aunque después se arrepintiera. En su carácter tuvo mucho que ver la manera en la que había sido criada”.
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Éxito y Reconocimiento
Un momento clave en su carrera fue su encuentro con el orquestador argentino Waldo de los Ríos, que estaba detrás de muchos de los éxitos del momento y, en verano de 1969, la llevó a Hispavox, el sello más importante de España en aquellos días. Enseguida grabó Amores, con Rafael Trabucchelli en la producción y De los Ríos en los arreglos junto con un gran equipo de músicos. Fue el disco que la convirtió en la número uno y en un objeto de admiración para varias generaciones.
“Con Amores”, señala en el ensayo el escritor y catedrático universitario Octavio Salazar Benítez, ”Mari Trini se convierte en el eslabón entre los años cuarenta, cincuenta o sesenta, y todos los cambios que llegaron con los setenta y ochenta; engarza la copla, Concha Piquer, Lola Flores con la Movida. Pertenece a una generación puente de muchas mujeres cuya memoria todavía no se ha escrito del todo, no está bien contada”.
Gracias a ese disco, que permaneció más de un año en las listas de los más vendidos y se editó en distintos países del mundo, se desató alrededor de la cantante una ola de admiración que excedía de los gustos musicales. No en vano, Mari Trini empezó a recorrer España de cabo a rabo, ofreciendo galas con un caché que se acercaba a las 170 mil pesetas (algo más de 1.000 euros actuales, una barbaridad para la época), lo que la convertía en la cantante mejor pagada, y rara era la semana en la que no aparecía en una revista, un periódico o un programa de televisión.
Liberada de la falsa imagen que siempre la presentó como solitaria, arisca y triste, la intérprete de Una estrella en mi jardín se nos muestra en el libro como una mujer luchadora y valiente, capaz de plantar cara a la censura y al machismo, y de mantenerse siempre fiel a sus ideas.
Decadencia y Resiliencia
Sin embargo, sus actuaciones cayeron en picado a partir de 1986 y, al año siguiente, Hispavox rescindió su contrato sin que ninguna discográfica mostrara interés por ficharla. “Mari Trini consiguió sobrevivir a esa circunstancia con mucha dignidad, porque toda esa etapa de su vida me parece un ejemplo de resiliencia”, comenta Fernández.
“Cuando has sido la número uno y, de pronto, te las ves y te las deseas para conseguir que te hagan un disco… Esto no es algo fácil de gestionar a nivel emocional. Pero se adaptó a las exigencias de la industria, que cambió por completo y le decía ‘Vale, puedes grabar siete canciones nuevas, pero tres tienen que ser versiones de tus grandes éxitos para que podamos vender el álbum en formato cassette en las gasolineras’. Aceptó esas nuevas reglas y siguió haciendo galas. Fue adaptando su vida personal a esta nueva situación.
Tabla Resumen de Datos Clave
| Aspecto | Detalle |
|---|---|
| Nombre Completo | María Trinidad Pérez de Miravete Mille |
| Profesión | Cantante, compositora |
| Pareja | Claudette Lanza |
| Éxito Principal | Álbum "Amores" |
| Canciones Emblemáticas | "Yo no soy esa", "Amores" |
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