María José Alfonso: Una vida dedicada a la interpretación
Evocar el nombre de María José Alfonso (81) significa adentrarse en un universo onírico por el que han pululado desde Alberto Closas a Esmeralda Moya, pasando por José Isbert, Pilar Bardem, María Luisa Ponte, Manuel Alexandre, Imperio Argentina, Alfredo Landa, José Luis López Vázquez, Luchy Soto... ¡La realeza del cine español!.
Su pasión por subirse a los escenarios e interpretar papeles cuajó pronto en tantos y tantos personajes que hoy le resulta casi imposible recordarlos todos.
Inicios en la televisión y el teatro
Más de mil apariciones en televisión, aquella televisión minúscula, en solitario y en blanco y negro, esa pantalla de culo de vaso embutida en aquellos inefables muebles de madera, una televisión diminuta, casi familiar. Esa fue la televisión que conoció María José Alfonso, para la que el teatro es “la cartilla del que empieza” y el lugar donde mejor se aprende a ser actor.
En televisión comenzó en el Paseo de la Habana, que tenía un plató muy pequeño, casi como el salón de una casa. De pronto, en mitad de una escena, notabas unas manos que te estaban llevando para otro sitio porque te estabas metiendo en otro decorado. Pero todo era muy entrañable, como una gran familia, y todo muy chiquito. Allí todo se hacía deprisa y corriendo, y todos nos conocíamos.
Después de aquellos Estudio 1 y otros programas dramáticos, continuó haciendo series como Hostal Royal Manzanares, Ana y los siete, Géminis, Planta 25…
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La actriz podía cantar una zarzuela en playback en Escala en Hi-Fi, o presentar un coñac en un spot televisivo.
Éxito en el cine: "La niña de luto" y "La gran familia"
Pronto llegaron sus primeros papeles importantes en el cine: “Vuelve san Valentín” y “La gran familia”, le dan oportunidad de algo que siempre ha sido su gran valor y de lo que ella ha presumido: trabajar con muchos de los grandes, de los que iría aprendiendo desde el principio: Pepe Isbert, Jorge Rigaud, Amparo Soler Leal, Cassen, Manolo Gómez Bur, José Luis López Vazquez, Gracita Morales, Mari Carmen Prendes, José Orjas, Alberto Closas, Julia Gutiérrez Caba, María Isbert, Jesús Guzmán…
Y poco después llegó “La niña de luto”, una película de humor negrísimo que supuso el primer papel como protagonistas de María José Alfonso y un joven y prometedor actor llamado Alfredo Landa, con el que siempre se llevó a las mil maravillas. Aquella película consiguió el primer premio de interpretación de carácter nacional para María José, que se alzaría con la Medalla del Círculo de Escritores Cinematográficos.
Hace justamente seis décadas que el rostro de María José Alfonso se hizo enormemente popular al ser una de las hijas de Alberto Closas y Amparo Soler Leal en el clásico La gran familia (1962), en cuya trama su novio era el apuesto Paco Valladares. "Siempre me emociona mucho ver esa película que es una de mis favoritas, ver a don José (Isbert) y a todas esas gentecillas, es muy entrañable. Mantuve el contacto con todos porque nos hicimos amigos para siempre. Fernando Palacios la dirigió divinamente. Con los más pequeñajos lo acabé perdiendo, pero con Chencho (el niño a quien interpreta Alfredo Garrido) sigo teniendo una relación estupenda", admite a LOC con cierta nostalgia.
Con apenas 25 años se convirtió usted en una de las actrices de más éxito, una auténtica promesa. Lo asumí con bastante claridad de mente.
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Recuerdos y reflexiones sobre su carrera
Desde su hogar madrileño, la protagonista de La niña de luto (1964) atiende muy sonriente a la llamada de LOC que desea felicitarla porque este miércoles por la noche el escritor José Aguilar le ha entregado la Medalla de Honor del Círculo de Escritores Cinematográficos (CEC), la institución más antigua de nuestro cine.
Una actriz versátil que recibe tan prestigioso galardón, ¿cómo se siente? Al principio me quedé sorprendida de que fuera yo, pero luego estuve encantada de haberme conocido (carcajadas). Hay gente que dice que no les importa no recibir un galardón, pero en el fondo sí. Es un reconocimiento muy agradable.
Usted forma parte de ese clasicismo más puro. ¿Qué sensación le produjo siendo tan jovencita trabajar con auténticos monstruos sagrados? Pensé: "¿Estoy al lado de ellos? ¿Estoy trabajando?". No me lo creía (risas). Luego te vas acostumbrando y vas llamando de tú a Alberto (Closas) o José Luis (López Vázquez), lo que era impensable en un momento dado. Los grandes me han enseñado y, sobre todo, me han respetado. Eso es muy importante. Yo respeto al que empieza porque también puedo aprender.
La riqueza está en esa mescolanza entre veteranos y noveles... Exactamente. Si de pronto los más jóvenes te dicen "dime" y si se dejan decir pues se les aconseja. Aquí estamos para aprender de los mayores, los niños, las plantas, de la tierra... Deberíamos ser más conscientes y tener la mente más amplia, vivir la vida en su plenitud, hay mucho por disfrutar y aunque no sea todo un camino de rosas porque alguna espina hay se ha de ver lo positivo.
¡Qué bello cuando dice don José Isbert! Todos le llamábamos así y porque no se le podían poner más 'dones' porque vamos... Es una institución y un referente de actores para toda la vida. Y como ser humano era maravilloso, angelical y adorable. Igual que su hija María. Era adorable. Como actor no se le puede decir nada porque era inconmensurable. Era para comérselo.
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Siempre. Lo quería todo el mundo, era un ser adorable, angelical, maravilloso. Y era tan grande que, si él participaba en una película mediocre, hacía que se disparara su calidad. Era un grandísimo actor y una grandísima persona. Y aprendí mucho con él. La pena que tengo es no haber podido registrar sus palabras y sus consejos en una casette.
Menos el telediario, que también estuve a punto de hacerlo, he hecho de todo. Hice hasta una presentación de un spot televisivo mientras estaba haciendo una obra de teatro de un espacio dramático.
Sí, me echen lo que me echen. Y aquí estoy, con más fuerza que nunca. En mi generación hemos trabajado siempre mucho. Hemos hecho dos funciones al día en el teatro, hacíamos televisión por las mañanas, ensayábamos antes y después de las funciones… la vida familiar la teníamos en el teatro.
Cantar con la voz de una señora que cantaba divinamente era una gozada. Cuando hacíamos en directo las zarzuelas teníamos un disco para casi todo el mundo, los compañeros lo pedían, “ahora me toca a mí”, y escuchábamos aquel disco varios compañeros al mismo tiempo.
Ha protagonizado muchas obras de teatro durante más de medio siglo. La gente que quiera dedicarse a la interpretación, sin duda debe hacer teatro, porque el teatro es la auténtica madre del cordero. Y después puede venir la televisión, el cine… pero el teatro es la cartilla del que empieza. Yo estoy muy agradecida a la televisión, porque me ha ayudado a tener retentiva, a salir de apuros, a salir cosas insólitas, como que se caiga un foco y seguir trabajando como si nada hubiera sucedido.
Para mí siempre ha sido horroroso. Quizás antes tenía menos miedo, pero conforme he ido cumpliendo años, se ha hecho más difícil para mí. Aunque parezca que no, los actores somos conscientes de lo que tenemos enfrente, de todo lo que sucede en el patio de butacas.
En Televisión Española debutó en 1961, casi en los comienzos, en los tiempos heroicos ¿qué recuerda de aquella televisión, con aquellos Estudio 1, Novela, Teatro de siempre, en la que usted se convirtió en una asidua? En televisión comencé en el Paseo de la Habana, que tenía un plató muy pequeño, casi como el salón de una casa. De pronto, en mitad de una escena, notabas unas manos que te estaban llevando para otro sitio porque te estabas metiendo en otro decorado. Pero todo era muy entrañable, como una gran familia, y todo muy chiquito. Allí todo se hacía deprisa y corriendo, y todos nos conocíamos. A veces los trajes no nos quedaban bien y recuerdo que vi a un señor con sotana, una sotana que le caía divinamente, y le comenté: “Qué bien te cae la sotana, chico”, y él me dijo: “María José, es que soy cura de verdad”.
Televisión Española es una casa mía, de la que no me desprenderé nunca, le tengo mucho cariño. Ahora los medios son muy superiores, desde luego, las cámaras son distintas, más pequeñas.
A veces me ocurre que me dicen que tal o cual película es mía y yo pienso que no, y resulta que sí lo es. O programas de televisión que algunas veces me ponen, y no los recuerdo en absoluto.
Nuestro cine es un cine estupendo, aunque haya gente que no piense así. Hay películas maravillosas desde los años 40 hasta ahora. Ha habido varias generaciones de directores estupendos. Se pueden ver películas de los años 40, sonorizadas en directo, y a los actores se les entiende divinamente. Eso es muy importante, porque la interpretación es la palabra, y la palabra hay que entenderla. Y no quiero decir más, pero hay que ver lo que se oye de vez en cuando. Todos tenemos que ser profesionales: un director de banco, un médico, y por supuesto, un actor.
Ha sido un golpe horroroso, porque es parte de mi vida, ha sido bastante duro lo de su desaparición. Mario era un hombre que siempre sabía lo que quería, y no se apeaba del burro nunca. Si le planteabas una cosa distinta, él decía: “Bueno, hazlo como te digo y luego hazlo como quieras. Era una persona educada, entrañable, cariñosa.
Quiero esta profesión, disfruto con ella y lo paso bien ejerciéndola. Lo que peor llevo es estudiar, sobre todo cuando nos dan poco tiempo. Una de las últimas series para televisión que hice nos daban el guión por la mañana para hacerlo por la tarde, y así es complicado hacerlo bien, es como una fábrica de salchichas, pero como profesión es algo precioso.
El otro día una conocida actriz me confesaba que muchos compañeros jóvenes no sabían quién era Julia Gutiérrez Caba... Pero es que ni saben quiénes son José Bódalo, Irene Gutiérrez Caba o algunos más recientes como Alfredo Landa o José Sacristán. Yo no sé si esto es debido a las nuevas tecnologías o al desinterés absoluto. No lo entiendo. Nosotros en nuestra época no conocimos a María Guerrero, pero sabíamos quién era, al igual que Margarita Xirgu o Loreto Chicote. Y no nos olvidemos de doña Amelia de la Torre, una señora estupenda de la que tampoco nadie se acuerda ya. Ocurre lo mismo con los científicos de este país que están tan ignorados.
Penélope Cruz y Javier Bardem acaban de hacer historia al ser la primera pareja en estar nominada al Oscar a la mejor interpretación principal... ¡Lo he escuchado! ¡Pero qué maravilla! Es para sentirse emocionados y más que orgullosos, pero estamos en un país en el que no nos sentimos justamente muy orgulloso por lo que les pasa a los demás. España es maravillosa, pero un desastre a veces. Es una contradicción, pero es así.
Bien lo sabe usted que empezó tan jovencita. Primero hice cuentos para niños en la radio, luego doblaje, teatro, cine... He hecho de todo menos el telediario, pero si me dejaran, también daría las noticias. Pero solo noticias alegres porque actualmente no se puede ver la tele porque no hay una noticia buena. Todo es siniestro. En realidad veo bastante poca, algunas series, cine... ¿Qué tipo de series suele ver? Me encanta El ministerio del tiempo. Me gustan las series inteligentes de las que puedo aprender y disfrutar. Aquí la gente se cree que la cultura es un plomo, pero también puede ser divertida. También veo películas de ciencia ficción, Sherlock Holmes y películas antiguas de nuestro cine que son auténticas joyas.
Y de retirarse nada de nada. ¿Perdón? ¿Qué es esa palabra? (carcajadas). Si me retiran estaré retirada, pero aunque no quiero morirme en un escenario con las botas puestas espero hacer muchas cosas todavía.
Alfonso Isbert: Siguiendo la tradición familiar
Conocida saga de actores y actrices de Albacete. José Isbert, conocido como Pepe Isbert, fue uno de los actores más emblemáticos del cine español, destacándose en papeles de taxista en varias películas. En la vida real, su nieto, Alfonso Isbert, ha seguido una trayectoria diversa que también incluye la profesión de taxista, aunque no en la pantalla grande.
Alfonso Isbert, nacido el 28 de julio de 1961 en Madrid, es el menor de los siete hijos de María Isbert, hija de Don José y reconocida actriz. A lo largo de su vida, Alfonso ha trabajado en diversas profesiones, incluyendo la organización de viajes, conducción de autobuses y, finalmente, como taxista en Albacete. Disfruta de su trabajo actual, donde interactúa con los clientes y comparte anécdotas y chistes para alegrar sus días. Además, tiene planes de retirarse en un par de años para dedicarse a la horticultura en El Provencio.
Su abuelo, Pepe Isbert, es recordado por sus numerosas interpretaciones, especialmente como taxista en películas como Los ángeles al volante (1957). Alfonso Isbert tiene un gran aprecio por el legado cinematográfico de su abuelo.
Alfonso ha tenido una vida marcada por la reinvención constante y el trabajo en diversas áreas. Desde su juventud, ha estado vinculado al teatro, acompañando a su madre en giras y participando en diferentes obras. Su incursión en el cine fue accidental pero significativa, participando en películas como Locas vacaciones y ¡Qué tía la de la C.I.A.! con Fernando Esteso.
Después de varios años dedicados a la agricultura en Tarazona de la Mancha, Alfonso decidió cambiar de rumbo nuevamente, esta vez hacia la hostelería y finalmente el transporte en taxi.
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