Desprendimiento Prematuro de la Placenta: Causas, Síntomas y Tratamientos

03.11.2025

El desprendimiento prematuro de placenta, también conocido como abruptio placentae, es una complicación obstétrica grave que ocurre cuando la placenta se separa parcial o totalmente del útero antes del parto. Esta condición, que puede presentarse en cualquier momento del embarazo, pero es más común en el tercer trimestre, interrumpe el suministro de oxígeno y nutrientes al feto, poniendo en riesgo tanto la vida de la madre como la del bebé.

¿Qué es el Desprendimiento de Placenta?

El desprendimiento de placenta, también conocido como abruptio placentae o separación de la placenta, consiste en un despegamiento de esta estructura de su lugar normal de implantación en la pared uterina antes de que se haya producido el parto. De forma normal, la placenta se expulsa después de que lo haya hecho el feto durante el alumbramiento.

La incidencia del desprendimiento de placenta es de 1 de cada 100 embarazos y lo habitual es que ocurra en el tercer trimestre de gestación, aunque puede darse en cualquier momento después de la semana número 20 de embarazo aproximadamente. Se trata, por tanto, de una complicación gestacional poco frecuente.

Puesto que la placenta es la responsable de conducir al feto el alimento que le proporciona la madre, si ésta empieza a desprenderse puede suponer un cuadro grave tanto para la vida de la madre como la del feto. El bebé puede dejar de recibir el oxígeno y los nutrientes necesarios; mientras que la madre puede sufrir una hemorragia que puede poner en peligro su vida.

El desprendimiento prematuro de placenta se produce debido a la separación del tejido placentario de la decidua basal, lo que genera hemorragia entre la placenta y la pared uterina. Esta hemorragia puede ser evidente (sangrado vaginal) o estar contenida dentro del útero (hemorragia oculta).

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La placenta es un órgano fundamental en el embarazo, ya que constituye la conexión vital del bebé con la madre. La formación de la placenta comienza en el mismo momento en el que se produce la implantación del embrión en la pared uterina. Cuando ocurre una separación, total o parcial, de la placenta antes del parto es lo que se conoce como desprendimiento prematuro de la placenta. Esta complicación gestacional suele tener lugar al final del tercer trimestre de gestación.

Síntomas del Abruptio Placentae

Las principales señales del desprendimiento de placenta son la hemorragia vaginal y contracciones uterinas de gran intensidad. La cantidad de sangrado variará según la magnitud de placenta desprendida. Por ejemplo, si se produce un desprendimiento de placenta leve, el sangrado será ligero. En cambio, si se produce un desprendimiento de placenta elevado, el sangrado será abundante.

A continuación, se enumeran otros síntomas que se asocian al desprendimiento de la placenta en el embarazo:

  • Dolor abdominal.
  • Caída de la presión arterial.
  • Sensibilidad uterina.
  • Dolor de espalda.
  • Sentir menos los movimientos del bebé.

En ocasiones, las embarazadas no sienten molestias pese a estar sufriendo un desprendimiento de la placenta. En estos casos, la separación placentaria se detecta casualmente cuando se realiza una ecografía.

Causas del Desprendimiento de Placenta

Las causas por las que se puede producir el desprendimiento de placenta no son bien conocidas, pero se suele asociar a varios factores tales como: la hipertensión materna gravídica o previa al embarazo, rotura prematura de ciertas membranas de sujeción, traumatismos externos, consumo de cocaína o la presencia de miomas uterinos.

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Otros factores de riesgo para esta complicación gestacional son los siguientes:

  • Desprendimiento de placenta previo.
  • Infección dentro del útero.
  • Edad de la mujer superior a los 40 años.
  • Tabaquismo.
  • Falta de oxígeno a la placenta.

Además, las anomalías en útero, los trastornos en la coagulación sanguínea y un elevado número de partos previos también incrementan el riesgo de que ocurra un desprendimiento prematuro de la placenta.

La causa inmediata del desprendimiento prematuro de placenta, es la rotura de los vasos sanguíneos de la madre en la zona en la que se unen a los vasos sanguíneos del feto. El acúmulo de sangre que se produce en el lugar de la rotura (hematoma), va despegando la zona de unión entre el útero y la placenta. La porción de placenta despegada no puede realizar el intercambio de nutrientes y oxígeno entre madre e hijo; así, cuando la porción de placenta todavía unida al útero es incapaz de compensar la funcionalidad perdida, se pone en peligro la vida del feto. El sangrado puede ser escaso y autolimitado cuando la separación es pequeña, o abundante si se despega más de la mitad de la placenta. La causa del sangrado sigue sin poderse determinar en la mayoría de los casos.

Clasificación del Desprendimiento de Placenta

Según la magnitud y la severidad del desprendimiento placentario, existen tres grados para esta complicación en el embarazo, siendo el desprendimiento de placenta de grado 1 el más frecuente.

El desprendimiento de la placenta puede ser total o parcial, en función de si la placenta se separa de la pared uterina en toda su base de implantación o sólo por una parte. Ante este hecho, el espacio que queda hueco es ocupado por un hematoma o acúmulo de sangre que puede quedar retenido sin generar hemorragia o salir a través del cuello uterino y dando lugar a un sangrado vaginal. Generalmente, el sangrado vaginal que se produce por el desprendimiento de la placenta suele ser de color muy oscuro.

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Con todo ello, es obvio que el mayor riesgo para el feto que comporta este incidente es que con el desprendimiento placentario se interrumpa el intercambio sanguíneo con la madre, mediante el cual le llegan los nutrientes al pequeño. Por tanto, cuando el desprendimiento placenta es total se produce inevitablemente la muerte del feto.

Por el contrario, el mayor riesgo para la madre es que se produzca una gran hemorragia intrauterina que tarde en ser diagnosticada y tratada y si, además, se alteran los mecanismos de coagulación sanguínea el riego es grave.

En cuando a los tipos de desprendimientos de placenta según la severidad de los síntomas se encuentran:

  • Desprendimiento de placenta de grado 0: embarazadas asintomáticas cuyo diagnóstico se produce tras el parto.
  • Desprendimiento de placenta de grado 1: caracterizado por un leve sangrado, pero sin suponer peligro ni para la vida de la madre ni del bebé.
  • Desprendimiento de placenta de grado 2: se produce sangrado, pero no hay choque de presión arterial. Además, la frecuencia cardíaca del feto aumenta.
  • Desprendimiento de placenta de grado 3: ocurre una hemorragia de gran intensidad, además de una caída de la presión arterial intensa y termina con la muerte fetal.

Sin embargo, el desprendimiento de placenta más habitual es el de grado 1; mientras que el menos común y que solo ocurre raras veces es el de grado 3. En cualquier caso, si la embarazada siente cambios o algún sangrado, deberá comunicarlo al especialista médico de manera inmediata.

Diagnóstico y Tratamiento

El desprendimiento prematuro de la placenta se diagnostica mediante diferentes pruebas de imagen y análisis de sangre, aunque el principal signo de esta condición es sufrir una hemorragia.

La ecografía es poco sensible y específica en el desprendimiento prematuro de placenta, habitualmente los signos ecográficos aparecen tarde. El hallazgo ecográfico más característico es la observación de una colección de sangre (hematoma) entre el útero y la placenta, aunque su ausencia no excluye el diagnóstico. La ecografía también permite valorar si el feto está vivo o no y diferenciar el desprendimiento de otras causas de hemorragia (placenta previa, rotura uterina, vasa previa).

Una vez que se ha producido y diagnosticado la separación de la placenta, no se puede volver a adherir a la pared uterina. Sin embargo, existen algunas formas de tratamiento para esta complicación gestacional dependiendo de las circunstancias de cada embarazo.

Cuando el desprendimiento de la placenta ocurre hacia el final del embarazo y la fecha probable de parto está cerca, se inducirá el parto. En el caso de que sea un desprendimiento de placenta leve, se podrá llevar a cabo un parto natural. De lo contrario, el especialista realizará una cesárea.

En cambio, si el desprendimiento de la placenta no sucede hacia el final de la gestación, será necesario valorar su severidad. Si la separación placentaria es leve, la frecuencia cardíaca fetal no aumenta y el sangrado se detiene, la embarazada deberá hacer reposo. Sin embargo, si fuera necesario el nacimiento del bebé de manera prematuro, la mujer deberá tomar ciertos medicamentos para ayudar a la maduración del bebé.

Por último, cuando el sangrado es de gran intensidad y no cesa, la mujer será hospitalizada y probablemente requiera una transfusión sanguínea. No obstante, cada embarazo y cada situación es diferente, por lo que se deben seguir las recomendaciones médicas en todo momento.

Ante cualquier sangrado vaginal causado por un desprendimiento de placenta, aunque sea muy leve, está indicada la hospitalización para monitorizar tanto a la madre como al feto ya que siempre existe el riesgo de un desprendimiento súbito.

Después de una valoración y estabilización (si se precisa) iniciales, el manejo depende de si el feto vive o si ha fallecido, y del estado de la madre. Si el feto vive, se debe tener en cuenta su estado y la edad gestacional. En estos casos está indicada la inducción del parto. Cuando la madre no está en buenas condiciones, la monitorización indica sufrimiento fetal, o el parto por vía vaginal no está indicado, se debe realizar una cesárea urgente, ya que la muerte del feto suele ser súbita.

Se puede intentar la vía vaginal si la madre ha tenido más hijos y su estado es bueno, si las condiciones del cuello del útero son adecuadas y no hay signos de sufrimiento fetal. El riesgo materno aumenta mucho cuando, además, aparecen alteraciones en la coagulación de la sangre. En general se recomienda no realizar una cesárea hasta que no se hayan corregido las alteraciones de la coagulación sanguínea. En la práctica no siempre se puede esperar, por lo que siempre se debe tener en el quirófano todo el material necesario para realizar una transfusión si fuera preciso. En general, el estado de la madre mejora tras el parto debido al tratamiento de mantenimiento y al de las complicaciones.

A esta edad gestacional se recomienda inducir el parto debido al riesgo de un empeoramiento súbito. En estos embarazos parece razonable esperar hasta la semana 37-38 para inducir el parto siempre que la madre esté estable y la monitorización fetal sea adecuada. Ante cualquier complicación (retraso del crecimiento fetal, preeclampsia, rotura prematura de membranas, monitorización fetal no aceptable, inestabilidad materna, etc.) se debe inducir el parto, independientemente de la edad gestacional. En embarazos entre 23 y 34 semanas se deben administrar corticoides para acelerar la maduración de los pulmones fetales.

El feto debe ser evaluado mediante monitorización y ecografía para valorar su crecimiento ya que puede sufrir retraso del crecimiento intrauterino. La madre debe permanecer ingresada en el hospital hasta que el sangrado se haya detenido durante 48 horas, la monitorización fetal sea adecuada y la paciente esté sin síntomas. En este momento puede ser dada de alta indicándole que debe guardar reposo absoluto en cama en su domicilio y que debe volver inmediatamente si vuelve a sangrar, aparecen contracciones o dolor abdominal o si percibe disminución del movimiento fetal.

Si el feto ha fallecido, el parto debe realizarse por la vía que suponga menor riesgo para la madre. En general es preferible intentar el parto vaginal rompiendo la bolsa de las aguas y administrando medicación para contraer el útero. Estos casos se deben valorar y manejar de forma individualizada, teniendo en cuenta los factores de riesgo existentes. Si el embarazo ha llegado a término, se induce el parto para evitar posibles complicaciones. En embarazos pretérmino se suele esperar, administrando corticoides para acelerar la maduración pulmonar del feto si el embarazo es de menos de 34 semanas de gestación.

Las mujeres que han tenido un desprendimiento prematuro de placenta tienen mayor riesgo (5% - 15%) de que se repita en embarazos posteriores que las que tienen embarazos normales (0,4% - 1,3%). El riesgo es más alto cuanto más grave haya sido el desprendimiento sufrido. Las hermanas de las mujeres que han sufrido un desprendimiento prematuro de placenta también tienen más riesgo de padecerlo en sus embarazos. Cuando el desprendimiento ha sido lo suficientemente grave como para que el feto haya muerto, la probabilidad de que vuelva a repetir es del 7%.

Preguntas Frecuentes

¿Cuánto dura el sangrado por un desprendimiento de placenta?

La cantidad de sangrado, así como la duración del mismo, dependerá del grado de desprendimiento placentario.

¿Se pueden mantener relaciones sexuales si existe desprendimiento de placenta?

Lo recomendable es evitar las relaciones sexuales si se produce esta complicación gestacional, especialmente relaciones sexuales con penetración vaginal. Del mismo modo, si hubiera un hematoma en la placenta, una rotura de la bolsa amniótica u otros factores de riesgo de aborto, tampoco estarían indicadas las relaciones sexuales.

¿Se puede prevenir el desprendimiento de placenta?

La respuesta es no. Sin embargo, sí que se pueden prevenir algunos factores que incrementan el riesgo de que ocurra el desprendimiento prematuro de la placenta. Por ejemplo, se debe controla la tensión arterial durante el embarazo, evitar el tabaco y otras drogas, ir a los controles gestacionales con regularidad y tomar ácido fólico si lo recomienda el especialista médico.

¿Qué consecuencias tiene el desprendimiento prematuro de la placenta?

Cuando se produce una separación prematura de la placenta antes del parto es posible que no le llegue oxigeno y nutrientes necesarios al bebé, lo que podría poner en peligro su vida. Además, la embarazada presentará sangrado que, si fuera de gran intensidad, también supondría un peligro para su salud.

Otras complicaciones en la madre asociadas al desprendimiento de placenta son los problemas de coagulación, la necesidad de transfusión sanguínea, la insuficiencia renal y, en raras ocasiones, la extirpación del útero o histerectomía.

¿Cómo se trata el desprendimiento de la placenta antes de la semana 34 de embarazo?

Si la embarazada y el bebé están estables, lo ideal sería esperar hasta la semana 37-38 de gestación para inducir el parto.

En caso contrario, si se detectara cualquier complicaciones gestacional adyacente al desprendimiento de la placenta como retraso en el crecimiento fetal, preeclampsia, alteración en la mujer, etc. entonces lo recomendable sería inducir el parto.

Si ocurriera esta situación entre la semana 23 y 34, se le administrará a la embarazada corticoides para ayudar a la maduración de los pulmones del bebé. Además, es recomendable que la mujer se mantenga en reposo absoluto.

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