Desarrollo de la Memoria en Niños de 6 a 12 Años: Estrategias y Estimulación
La memoria es una capacidad cognitiva superior que supone la habilidad para almacenar y recuperar información. La capacidad de memorizar tiene relación con el desarrollo de la observación y la atención, por lo que los sentidos de la vista y el oído cobran especial importancia en la infancia. La memoria se desarrolla progresivamente desde el nacimiento.
Desarrollo de la Memoria en la Infancia
Cuando el bebé nace ya posee una memoria incipiente porque las neuronas encargadas para este fin inician su desarrollo en el tercer trimestre de gestación. Puede empezar recordando olores.
- De 0 a tres meses: Está presente la memoria implícita, es decir, aquella que registra y almacena la información de un modo no consciente (memoria inconsciente), y que será́ la responsable de la formación en el niño de ‘modelos mentales’ posteriores, que podrá utilizar más adelante. Se trata de una memoria de reconocimiento (sonidos, olores…).
- Alrededor de los seis meses: Es cuando ya tiene en pleno desarrollo la memoria a corto plazo. Reconoce completamente a las personas más cercanas y las recuerdan bien (abuelos, hermanos, padres, cuidadoras), por lo que ya empieza a extrañar a la gente que no conoce, y también comprende la relación que existe entre algunas acciones (rutinas), porque las recuerda. Ejemplo de ello es que cuando le quitan ropa sabe que le van a bañar. También puede recordar y señalar en un cuento las imágenes y caras de los personajes, etc.
- De los 8 a los 12 meses: Ya se reconoce a sí mismo frente al espejo, y lo mismo con fotos de familia. Ya está avanzando en la permanencia del objeto, con la representación de que los objetos existen aunque no los vea, es por lo que ya busca un objeto escondido delante de él, hecho que constituye la base de la memoria de trabajo, pues ya puede retener información y compararla con la información nueva, por lo que sabe lo que es diferente. Empieza a desarrollar la capacidad de resolución de problemas cuando utiliza medios para alcanzar fines. Es el caso de utilizar un rastrillo para acercar un juguete motivante para él. Ya es capaz de imitar gestos del adulto cuando lo tiene delante e incluso retener e imitar recordando gestos que no tiene delante. Por los avances que va experimentando su memoria progresa en la anticipación y la relación causa-efecto basándose en experiencias del pasado reciente.
- A partir de los 12 meses: Comienza desarrollo de la memoria semántica, refiriéndose a la memoria de los hechos sobre el mundo y la experimentación adquirida, teniendo un papel fundamental en la adquisición del lenguaje. Recuerda mucho más debido a que ya tiene cierta expresión lingüística, y aparece la memoria explicita porque ya puede comunicarse. Sabe que si aprieta un botón el gato maúlla, o si da la vuelta a una tarjeta vera una imagen. Retiene y relaciona algunos sonidos con situaciones.
- A partir de los 24 meses: Es cuando el lenguaje empieza a emerger con fuerza y con ello la memoria a largo plazo. Recuerda nombres de personas, objetos, colores, etc. Puede seguir el hilo al contarle un cuento, porque recuerda la historia.
- A partir de los 3 años: Su memoria es buena identificando, (pan, coche, casa, gato, etc.), y cuenta con una memoria consciente que le permite recordar muchas cosas y situaciones importantes que recordará hasta la edad adulta. No es raro que los primeros recuerdos que tenemos de nuestra infancia se remonten a cuando teníamos tres años. En esta edad preescolar el desarrollo del lenguaje permite el desarrollo de la memoria autobiográfica, y recuerda aquello de lo cual tiene una experiencia directa y será el recuerdo de sus primeras experiencias el que configure muchas de sus actitudes ante la vida.
- Desde los 6-7 años: Ya emplean las estrategias de la memoria con mayor habilidad y flexibilidad, viéndose por ejemplo que si el niño de 5 años tras ser entrenado podía usar la repetición, ahora la usará de forma espontánea. Lo mismo sucederá con las estrategias de organización y agrupamiento, facilitando así el mantenimiento de la información a corto plazo, así como su almacenamiento en la de largo plazo, siendo permanente por tanto y accesible cuando lo requiera el niño/a.
Estrategias de Memoria en Niños
Todos utilizamos distintos tipos de estrategias que nos permiten almacenar o recuperar la información de la memoria. Tanto el tipo de estrategias como la efectividad en el uso de las mismas experimentan importantes cambios con la edad, asociados al desarrollo cognitivo de los niños.
Repetición
La repetición es una de las estrategias más simples para retener la información en la memoria: cuanto más lo repites, mejor lo recuerdas. Imaginemos una tarea en la que hay que recordar una determinada lista de palabras. Los niños de 7-8 años de edad se limitan a repetir cada elemento una sola vez, a medida que se van presentando las distintas palabras. Sin embargo, los niños mayores (a partir de los 12-14 años) repiten cada elemento acompañado de varios de los mostrados anteriormente, y además lo hacen varias veces. Se puede decir que el primer estilo de repetición es pasivo, mientras que el segundo es acumulativo o activo.
Organización
Muchas veces los elementos que necesitan ser recordados guardan algún tipo de relación entre ellos. Por eso, agruparlos según un criterio facilita el recuerdo de los mismos. Precisamente en esto consiste la estrategia de organización. A pesar de que a partir de los 7 años los niños son capaces de emplearla, no es hasta los 11-12 cuando establecen relaciones entre cualquier tipo de materiales, incluso entre aquellos que poseen pocas conexiones entre sí.
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Poco a poco los niños se van volviendo conscientes de los límites de la memoria y de la necesidad de aplicar distintos tipos de estrategias para almacenar y recuperar la información. A medida que van ganando en capacidad de control y autorregulación, desarrollan estrategias cada vez más eficaces, adaptadas a las características particulares de cada tarea.
Desarrollo Intelectual y Cognitivo en la Etapa Escolar (6-12 años)
En esta etapa, que abarca toda la educación primaria, el niño crece en autonomía y potencial, empezando a definir su carácter. Se observan cambios físicos, psicológicos, cognitivos y sociales que conducen a la pubertad.
Los cambios en órganos tan importantes como el cerebro son clave para su desarrollo intelectual y cognitivo. Entre los 7 y 8 años el prosencéfalo crece significativamente, así como los lóbulos frontales y también madura el cuerpo calloso. Estos cambios permitirán al niño mejorar su capacidad de aprendizaje, ser más creativo y entender cada vez conceptos más complejos.
En la etapa escolar empiezan a leer y a escribir ya que tienen, no sólo todas las herramientas físicas y cognitiva necesarias para hacerlo, sino que también los acompaña el interés por estas áreas del aprendizaje. Es por este motivo que muchos países del mundo no empiezan a enseñar a leer y a escribir hasta los seis años.
La curiosidad es su motor de aprendizaje y motivación por lo que aprenden muy rápido conceptos cada vez más complejos y abstractos. La capacidad lógica y el reconocimiento de símbolos para resolver problemas se va acrecentando durante toda la etapa escolar. Esta capacidad de razonamiento lógico los capacita para salir de esa realidad mágica de etapas anteriores y para emitir juicios de causalidad.
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Es muy habitual que en esta época el niño empiece a desarrollar los primeros hobbies, colecciones o pasatiempos en función de sus gustos e intereses. También son capaces de establecer y alcanzar objetivos. A pesar de entender las reglas, los matices son difíciles de apreciar, por lo que esta etapa se caracteriza en que las cosas son “blancas o negras” sin mucho margen a apreciar matices al inicio de esta etapa.
A nivel de conceptos complejos comienzan a entender la intencionalidad de las acciones y la muerte.
Estimulación del Aprendizaje
Es importante conocer los aspectos del desarrollo a cada edad para poder acompañar a nuestros hijos y entender los cambios que se producen.
Hay muchos factores que influyen en el aprendizaje en esta fase. Nos vamos a centrar sólo en los factores personales más importantes:
- El desarrollo del lenguaje. Una buena consolidación del lenguaje es necesario para tener éxito en el aprendizaje escolar. Por un lado, la forma de transmitir conocimientos en la escuela es a través del lenguaje. El lenguaje es también la herramienta básica para la socialización. Problemas de articulación, de riqueza de vocabulario o de comprensión y expresión van a dificultar la adaptación en la escuela.
- El desarrollo cognitivo. El aprendizaje escolar está relacionado con el desarrollo de las funciones ejecutivas (FE). Estas son actividades mentales complejas que se ponen en marcha cuando queremos hacer algo nuevo que no conocemos (como por ejemplo, aprender en la escuela). Para ello hay que tener habilidades cognitivas que implican iniciativa, motivación, formulación de nuevas metas, planes de acción y autocontrol de la conducta. Las FE también tienen relación con funciones cognitivas básicas, como la atención y la memoria. A medida que el niño o niña crece, el cerebro va madurando y permite adquirir poco a poco estas habilidades. En esta maduración intervienen factores genéticos pero también factores sociales y culturales.
- La motivación. Es un elemento básico a la hora de aprender. Se sabe que en ella influyen variables del entorno (el profesor/a, los compañeros/as o el tema a tratar) y también variables personales. Para aprender hay que “poder” hacerlo (desarrollo cognitivo, capacidades, conocimientos…) pero además es necesario “querer” hacerlo. En este “querer” hacerlo interviene el estado emocional. Una buena autoestima y la capacidad de reconocer y regular las emociones (inteligencia emocional) son necesarias para tener motivación por aprender.
Estrategias para Estimular el Aprendizaje en Casa
El núcleo familiar es el lugar ideal para potenciar los factores de los que hemos hablado:
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- Habla con tus hijos. Gracias a la interacción adulto-niño el niño adquiere el lenguaje y demás habilidades sociales.
- Leed juntos. A medida que crecen se pierde el hábito de leer al niño/a un cuento antes de ir a dormir. Este buen hábito se puede sustituir por el de leer juntos a la hora de ir a dormir o bien en otro momento del día. Es muy importante el ejemplo. Leer enriquece el vocabulario.
- Mirad juntos una película y después comentadla. De este modo se trabajará la comprensión y expresión de una forma diferente y divertida.
- Jugad juntos a juegos de mesa. Los hay adaptados a cada edad. Los recomiendan muchos psicopedagogos cuando hay problemas de aprendizaje. Es importante jugar con ellos antes de que se establezcan estos problemas.
- Conoced el mundo que os rodea. Haced excursiones a la montaña. Pasead por la ciudad. Id a museos… Todo esto les enriquece cognitivo, social y emocionalmente.
- Entrenad su atención y concentración. La meditación sirve para entrenar la atención. Existen meditaciones adaptadas a cada edad. La pueden practicar con sus hijos. Así todos se beneficiarán. Otra forma de entrenarlas es a través de ejercicios específicos como caminar sobre una línea, llevar un libro sobre la cabeza…
- Entrenad la inteligencia emocional. Aprender a reconocer sus emociones y a hacer un control consciente de ellas es muy importante a la hora de aprender en la escuela. También hay que fomentar el desarrollo de la empatía, la tolerancia a la frustración y enriquecer su autoestima.
- Practicad deporte. En la edad escolar tiene mucha importancia. Tiene beneficios físicos sobre el metabolismo, el bienestar, la autoestima… Pero también se entrenan funciones ejecutivas como el comportamiento estratégico y dirigido a un objetivo. Una vez más el ejemplo que se da en la familia es esencial.
- Cread un buen ambiente familiar.
Nosotros los adultos podemos contribuir de forma muy importante a que esta capacidad se potencie al máximo y a que madure correctamente. Sin olvidar una tarea muy importante: y es que debemos hacer lo posible por llenar la infancia del niño de buenos recuerdos, pues esto supone un crédito de confianza para toda la vida.
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