Métodos de Reconocimiento de la Fertilidad: Una Guía Completa

30.10.2025

Las señales de fertilidad femenina son indicadores que nos pueden ayudar a determinar el momento en que se produce la ovulación. Identificar cuándo ovula una mujer adquiere importancia cuando se está buscando una gestación, ya que los días próximos a ella hay más probabilidades de que óvulo y espermatozoide se encuentren y se produzca la fecundación. Estos días son, por tanto, los días más fértiles de la mujer.

En un ciclo menstrual regular, la ovulación se produce 14 días después del inicio de la última menstruación. Basándose en esto, existen calendarios que permiten calcular los días más fértiles para intentar conseguir un embarazo. No obstante, los ciclos menstruales no son siempre regulares, por lo que el momento de la ovulación puede cambiar de un ciclo a otro incluso en una misma mujer. Es por ello que aprender a reconocer estas otras señales de fertilidad femenina puede ser muy útil.

Cada ciclo menstrual comienza el primer día de sangrado y concluye el día anterior a la menstruación siguiente. Durante este período - más o menos largo, pero casi nunca constante en la misma mujer - en el ovario se van produciendo una serie de cambios, cuyas repercusiones son observables. El sangrado menstrual o regla es el más ostensible. Sólo se produce una ovulación por cada ciclo menstrual.

Sin embargo, es muy recomendable no obsesionarse con planificar las relaciones sexuales solo en estos días más fértiles. Esa planificación y control podría causar un estrés que, al contrario de lo que se desea, podría ser contraproducente en la búsqueda de la gestación.

¿Cuáles son los signos y síntomas de fertilidad?

Finalizado el sangrado menstrual, la mujer notará que su área genital se encuentra más seca - si se extrae un tampón de la vagina notará cómo esta se queda “raspada” -, para después pasar a notarse más húmeda o más lubricada. Estos cambios en la sensación se deben a la ausencia o presencia de moco procedente del cuello del útero, y algunas incluso podrán observarlo en sus prendas íntimas, durante el aseo cotidiano, la micción o la defecación. Después de un determinado número de días - no constante - la mujer volverá a sentirse menos húmeda o lubricada, más seca. El último día de sensación de lubricación o de presencia de moco con características fértiles - claro, abundante, transparente, como clara de huevo - se llama día pico de moco.

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Todos los cambios en el moco se registrarán en un gráfico, diseñado al efecto o aprovechando alguno de los que aparecen disponibles en el espacio web.

Moco Cervical

El moco cervical es uno de los indicadores que nos permite conocer el momento del ciclo menstrual en el que se encuentra una mujer. Se trata de una secreción del cuello uterino o cérvix que durante el periodo pre y post ovulatorio es escasa, opaca y viscosa.

Sin embargo, cuando la ovulación se aproxima (y por acción de los estrógenos) el moco cervical se vuelve más abundante, transparente, elástico, filante. El moco cervical cerca de la ovulación se puede estirar entre los dedos unos 10 cm aproximadamente. Por ello, es habitual decir que el moco cervical tiene aspecto de clara de huevo cruda cuando se acerca el perido ovulatorio. Además, la mujer puede notar sensación de humedad.

Gracias a las características que adquiere el moco cervical en el momento de la ovulación, el ascenso de los espermatozoides hacia el útero es más fácil. En cambio, las propiedades del moco cervical durante el resto del ciclo menstrual suponen una barrera y dificultan el movimiento de los espermatozoides. Por tanto, saber reconocer el aspecto que presenta el moco cervical en el periodo ovulatorio permitirá a la mujer estimar sus días más fértiles.

Posición del Cérvix

La posición en la que se encuentra el cuello uterino también puede ser un indicador de la fertilidad femenina. En la primera mitad del ciclo menstrual, antes de la ovulación, el cérvix se encuentra firme, cerrado, seco y relativamente bajo. Cerca de la ovulación, el cérvix se ablanda, se abre y se eleva facilitando el camino de los espermatozoides. A los pocos días, el cuello uterino se vuelve otra vez firme y cerrado.

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Estos cambios del cérvix se pueden autoevaluar por palpación, tras un cuidadoso lavado de manos, para determinar los días cercanos a la ovulación. El cuello uterino también cambia a lo largo del ciclo, ascendiendo hasta colocarse alto, entreabierto y blando, durante la fase ovulatoria.

Temperatura Basal Corporal

La temperatura basal en la mujer varía a lo largo del ciclo menstrual. Cuando se ha producido la ovulación, la temperatura de la mujer suele ser de 0,5 grados superior a la normal debido al incremento en los niveles de progesterona.

Por este motivo, es posible determinar si la mujer ha ovulado realizando mediciones diarias de la temperatura basal para detectar dicho aumento. Para poner en práctica este método correctamente, pueden ser útiles estas recomendaciones:

  • Tomar la temperatura en reposo, cada mañana nada más despertar.
  • Utilizar siempre el mismo termómetro.
  • Anotar la temperatura, así como cualquier motivo que pudiera explicar una variación.

El principal inconveniente de este método es que detecta la ovulación a posteriori, es decir, cuando ya se ha producido y, además, puede ser impreciso.

Detección de Hormona LH

En un ciclo menstrual normal, se produce un acusado aumento de los niveles de hormona luteinizante (LH) en la mujer unas 36 horas antes de la ovulación. Basándose en esto, actualmente existen métodos que se pueden utilizar en casa para detectar la hormona LH en la orina y, por tanto, permiten estimar cuándo va a ocurrir la ovulación y conocer los días más fértiles.

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La principal ventaja de este tipo de test de hormona LH es que detectan el momento de la ovulación antes de que se haya producido, por lo que puede ser de gran utilidad cuando se planea buscar un embarazo.

Otras señales de fertilidad en la mujer

Además de todo lo anterior, pueden existir otras señales más sutiles de que la mujer se encuentra en sus días más fértiles. Por ejemplo, las mujeres suelen tener un aumento en la libido cuando se encuentran en sus días más fértiles.

Por otro lado, también hay mujeres que padecen cierto tipo de dolor ocasionado por el propio proceso de la ovulación, por lo que también son capaces de identificar cuándo se está produciendo. Los cambios y las molestias en los pechos puede ser un síntoma de la ovulación. Además, las emociones se encuentran a flor de piel debido a las alteraciones hormonales. Quizás la mujer se sienta más irascible de lo normal o más sensible, por ejemplo.

Método de Ovulación Billings (MOB)

A partir de este problema y siguiendo el pedido del sacerdote católico Maurice Catarinich, en los años 50, John Billings y, más tarde, su esposa Evelyn Billings, de Melbourne, Australia, trabajaron en un simple descubrimiento: la presencia y las características del moco en el orificio vaginal indicarían los períodos de fertilidad. James Brown, en la década de 1960, y Erik Odeblad, a fines de la década de 1970, de la Universidad de Umea, Suecia, validaron científicamente este hallazgo.

Desde el principio, John Billings ayudó a idear el “método de ovulación de planificación familiar”, que desde la década de 1970 se ha llamado el “Método de Ovulación Billings” (MOB), en reconocimiento a su descubrimiento científico. Por tanto, se trata de un método natural de planificación familiar, con orientación científica y eficacia probada.

El 27 de enero de 1977 se fundó la Organización Mundial del Método de Ovulación Billings (Woomb - World Organisation of The Ovulation Method Billings) con el fin de propagar las informaciones ya conocidas. En Brasil, el MOB comenzó a ser difundido en 1975, por Martha Sílvia Bhering, religiosa y enfermera obstétrica. Un año después, otra monja se unió al trabajo de Bhering, la hermana María José Torres, una doctora que estudió el MOB en Roma con Anna Capella.

El MOB se basa en el significado del moco cervical - secreción que contiene agua, sales minerales inorgánicas, células epiteliales, leucocitos y una mezcla de glicoproteínas (mucina) (…) producida por las células que recubren el cérvix (cuello del útero) . Este moco no fue comprendido por el mundo científico hasta el siglo XX (aunque las tribus africanas lo habían interpretado durante generaciones). Él hace que la vagina sea menos ácida y crea una especie de conducto para el paso de los espermatozoides al útero.

Estudios como el de Odeblad demostraron que la presencia de moco es esencial para la concepción. De hecho, en el transcurso de los días fértiles, la mujer produce una secreción mucosa de las glándulas del cuello uterino. En este caso, el moco anuncia la proximidad de la ovulación. Por lo tanto, si se le orienta la mujer es posible para ella reconocer este indicio de fertilidad y, de acuerdo con la pareja, decidir tener relaciones o abstenerse de ellas, según el deseo de embarazo o no.

Un estudio realizado con mujeres para determinar si eran capaces de predecir e identificar sintomáticamente su ovulación demostró -a partir del análisis de laboratorio de la hormona luteinizante del plasma, los estrógenos y el pregnandiol urinarios- que la ovulación se producía en promedio 0,9 días después de la aparición del pico sintomático (día cúspide) del moco señalado por las usuarias. Los primeros síntomas de mucosidad comienzan a aparecer de media entre seis y dos días antes de la ovulación.

Así, la investigación ha demostrado que las observaciones del moco proporcionan una base fiable para el método de planificación familiar. La Organización Mundial de la Salud (OMS) realizó una evaluación clínica multicéntrica en India, Filipinas, Nueva Zelanda, Irlanda y El Salvador. Entre los hallazgos, se observó que el 93% de las mujeres encontraron un patrón de moco reconocible ya en el primer ciclo observado. De este conocimiento se puede deducir, en términos generales, el principio para evitar un embarazo: la presencia de moco es un indicio de posible fertilidad, por lo que hay que evitar las relaciones sexuales, completas o incompletas.

Inicialmente, el moco se caracteriza por ser pegajoso y filamentoso. Otro indicio es la presencia de un coágulo de moco oscuro (una especie de tapón del cuello uterino que se desprende al principio del periodo fértil y abre el paso al útero). Además de la observación ocular, este fluido puede ser percibido por la sensación de humedad en el canal vaginal2. Esta evolución del moco fértil se produce cuando se acerca la ovulación.

Comienza en poca cantidad, espeso, de color blanquecino, viscoso y con la cualidad de mantener su forma (sin elasticidad); a medida que avanza, presenta moco de transición, en mayor cantidad, que comienza a tornarse más líquido y se vuelve más translúcido, ligeramente elástico; en el pico de fertilidad, el moco es profuso, más líquido, transparente y elástico. A pesar de esta descripción, la mujer no necesita manipular el moco, ya que, para las observaciones diarias, basta con prestar atención a la sensación de lubricación en el canal vaginal y/o identificar la presencia de moco en la ropa íntima o en el momento de la higiene personal. Es importante señalar que no todas las mujeres tienen mocos visibles, por lo que deben ser entrenadas para percibir su evolución a través de la sensación vulvar.

Fases del Ciclo Menstrual y el MOB

Para entender el MOB, es necesario conocer bien el ciclo menstrual femenino, que se puede dividir, básicamente, en cuatro periodos: menstrual, infértil, fértil y estéril.

  • Periodo Menstrual: Dura una media de cinco días, con un flujo variable.
  • Periodo Infértil: Marcada por el patrón básico de infertilidad (PBI), si es que lo hay (no todas las mujeres cuentan con este periodo).
  • Periodo Fértil: Tiene un patrón marcado por la presencia de moco fértil. La ovulación se identifica con el día cúspide, seguido de tres días de posible fertilidad.
  • Periodo Infértil Postovulatorio: Suele durar de 11 a 16 días (invariable para una misma mujer).

En la adolescencia o en la premenopausia, al destetar o dejar la píldora, las mujeres pueden tener ciclos irregulares y ser normalmente fértiles. El sangrado vaginal marca el inicio del ciclo menstrual, que persiste durante unos cuatro o cinco días (con posibles variaciones). Durante esta fase, los ovarios no son muy activos y, en consecuencia, hay una baja cantidad de hormonas femeninas (estrógeno y progesterona) circulando en la sangre. A pesar de ello, en los ciclos menstruales muy cortos, la menstruación y el periodo fértil pueden coincidir simultáneamente.

Después del período menstrual, puede aparecer el primer indicio de infertilidad, que es ciertamente identificable ya en el primer mes de observación. Es la sensación de sequedad en el canal vaginal, que caracteriza al PBI de tipo seco. Sin embargo, si en lugar de sequedad hay una pequeña cantidad de moco espeso, a veces pegajoso y continuo, sin cambios, se trata de PBI de flujo. En este último caso, puede ser necesario más de un ciclo para distinguir el cambio de moco infértil a fértil.

En los ciclos típicos de 28 días, ambos patrones, PBI seco o de flujo, persisten, en promedio, de dos a tres días después de la menstruación. Por otra parte, en algunos ciclos largos (…) puede haber moco todos los días o una sucesión de 3, 4 o incluso más días en los que hay moco, separados por días en los que no hay moco. Cuando hay moco todos los días, ese moco que se mantiene igual, día tras día, es un patrón básico de infertilidad (…) .Cuando los días secos y los días con moco se producen de forma intermitente, y el moco es igual siempre que está presente, durante 2 semanas de observaciones, (…) se tiene un patrón básico de infertilidad combinado de días secos y días con moco.

El final del PBI de tipo seco o de flujo y la entrada en el periodo fértil son identificables por la aparición de moco fértil en la región de la vulva. En el momento adecuado, todavía en la fase preovulatoria, el hipotálamo se comunica con la glándula pituitaria, encargada de producir las hormonas que actúan sobre los ovarios. Los folículos, presentes en los ovarios y portadores de un óvulo primitivo, se desarrollan y producen otra hormona parecida al estrógeno, el estradiol, que activará el cérvix (cuello del útero) para producir moco.

Es en este periodo cuando el aumento de las hormonas lleva a la producción del moco más fértil, esencial para la concepción porque ayuda a los espermatozoides, manteniéndolos en condiciones de fecundar, facilitando su movimiento y formando canales protectores y nutritivos para que suban a las trompas uterinas. Además, el moco obstruye los espermatozoides defectuosos. Los otros procesos de la ovulación cambian significativamente las características del moco y aumentan la temperatura corporal. Ambos cambios se pueden observar.

Según McKay, las características del moco cervical cambian visiblemente con los cambios en los niveles de estrógeno y progesterona en el ciclo, y esto ayuda a la mujer a darse cuenta de cuándo puede estar fértil y cuándo no. Esta progresión del moco es observable hasta que se produce un cambio brusco en las características que lo definen como fértil. Este cambio tiene un significado importante, ya que indica que la ovulación se produjo el día anterior, llamado “día cúspide” o “pico de fertilidad”. Odeblad añade que en el 80% de los ciclos este es el día de la ovulación. Bhering y Kajiyama comentan otras investigaciones que debaten sobre la ovulación: partiendo del supuesto de que la mujer...

Pruebas de Fertilidad Femenina

Después de un año manteniendo relaciones sexuales sin conseguir el embarazo, es posible que la pareja tenga problemas de esterilidad y, por ello, tanto el hombre como la mujer deberían hacerse las pruebas de fertilidad necesarias. En el caso de la mujer, un estudio de fertilidad femenino consiste básicamente en un análisis hormonal y una ecografía. También es posible hacer otras pruebas complementarias, como la histerosalpingografía y el cariotipo.

Una vez averiguada la causa de la infertilidad, será posible aplicar un tratamiento de reproducción asistida adecuado para conseguir el embarazo.

¿Cuándo acudir al especialista?

Ante un problema para concebir, ambos miembros de la pareja deben plantearse hacer pruebas de fertilidad para averiguar la causa que les impide ser padres. En general, se considera que existe infertilidad cuando la pareja lleva al menos un año manteniendo relaciones sexuales sin protección y, aún así, no ha conseguido el embarazo. Sin embargo, este tiempo se reduce a los 6 meses si la mujer tiene más de 35-36 años. En este momento, la pareja debe acudir a un especialista para hacer un estudio de fertilidad femenino y masculino.

Además, las mujeres solteras o parejas lesbianas que deseen ser madres, también tendrán que someterse a estas pruebas antes de hacer un tratamiento de reproducción asistida.

En concreto, para el diagnóstico de la infertilidad femenina, el ginecólogo abre una historia clínica y pregunta a la mujer sobre aspectos de su vida reproductiva: si tiene hijos previos, si ha tenido algún aborto, si ha tomado anticonceptivos, si le han hecho alguna cirugía, etc. A continuación, el médico mandará las pruebas diagnósticas habituales, que suelen ser las siguientes:

  • Análisis hormonal: Nivel de las hormonas sexuales y otras hormonas que actúan en el ciclo menstrual.
  • Ecografía: Valoración de la anatomía uterina y el estado de los ovarios.
  • Histerosalpingografía: Valoración de las trompas de Falopio y su permeabilidad.
  • Estudio del cariotipo: Para ver si hay alguna alteración cromosómica.

Si el resultado de alguna de estas pruebas está alterado, el médico puede solicitar más pruebas complementarias, como una biopsia endometrial o una histeroscopia, de las cuales hablaremos más adelante.

Análisis Hormonal

Esta es una de las primeras pruebas que se hace con el fin de comprobar que no existen problemas endocrinos que afecten al ciclo menstrual. Además, los valores hormonales también aportan información sobre la reserva ovárica, la funcionalidad de los ovarios y de la hipófisis de la mujer.

Las principales hormonas que se evalúan son las siguientes:

  • FSH: Es una gonadotropina secretada por la hipófisis que ayuda a determinar la reserva ovárica.
  • LH: También es una gonadotropina hipofisiaria que aporta información sobre el funcionamiento de los ovarios y la ovulación.
  • Prolactina: Es una hormona secretada por el cerebro que ayuda a valorar el funcionamiento del ciclo menstrual y de la hipófisis.
  • Estradiol: Es una hormona ovárica que sirve para valorar el desarrollo folicular, la reserva ovárica y el endometrio.
  • Progesterona: Es secretada por el ovario después de la ovulación. Por tanto, la progesterona indica si el óvulo ha sido liberado o si hay problemas de anovulación.
  • Hormona antimulleriana (AMH): Es proporcional a la cantidad de óvulos disponibles en el ovario, por lo que sirve para medir la reserva ovárica de una manera más exacta.

El análisis de FSH, LH, estradiol y prolactina consiste en un perfil de hormonas basales y, por tanto, la extracción de sangre debe hacerse entre los días 3 y 5 del ciclo menstrual, cuando los ovarios aún están en reposo.

El análisis de la AMH también suele hacerse junto a este perfil basal, aunque podría cuantificarse en cualquier momento del ciclo, ya que sus niveles no varían. En cuanto a la progesterona, este análisis debe hacerse sobre el día 20 del ciclo menstrual para saber si ha tenido lugar la ovulación.

Ecografía

En un estudio de fertilidad femenina, se realiza una ecografía transvaginal a la mujer para observar el útero y los ovarios con dos objetivos claros:

  • Comprobar si existe alguna malformación uterina u otra complicación anatómica.
  • Hacer un recuento de folículos antrales (RFA) en los primeros días del ciclo para valorar la reserva ovárica.

Para hacer la ecografía, el ginecólogo introduce a través de la vagina una sonda cubierta por un preservativo y con gel lubricante. Esta sonda envía ondas sonoras que permiten visualizar en una pantalla la estructura del útero y los ovarios al rebotar contra estos órganos. La mujer puede notar una leve molestia por la presión de la sonda, pero la prueba es indolora.

En esta misma consulta del ginecólogo, también suele hacerse una citología vaginal o test de Papanicolaou para ver si existe algún tipo de infección o alteración en el cérvix que esté afectando a la fertilidad. Para ello, se obtiene una pequeña cantidad de células del cuello uterino a través de un suave raspado y se mandan a analizar.

Histerosalpingografía (HSG)

La histerosalpingografía o uterosalpingografía es una prueba diagnóstica que se utiliza para ver la estructura del útero y las trompas de Falopio mediante rayos X y un medio de contraste. Además, esta prueba también aporta información sobre la permeabilidad de las trompas.

Esto es muy importante a la hora de determinar la técnica de reproducción asistida más adecuada, ya que si las trompas no son permeables, la fecundación natural no podrá tener lugar y será necesario recurrir a una fecundación in vitro (FIV). Para hacer la HSG, la mujer se coloca en una camilla en posición ginecológica y se introduce un catéter en el cérvix. A través de este catéter pasará un contraste líquido radiopaco que circulará por el cuello uterino, el útero y las trompas, lo que permitirá tomar diferentes imágenes con radiografía. Finalmente, el contraste saldrá a la cavidad pélvica si no existe ninguna obstrucción en las trompas.

El estudio de la histerosalpingografía ayuda diagnosticar alteraciones como las siguientes:

  • Malformaciones uterinas estructurales: útero unicorne, septos, etc.
  • Formaciones anormales en el útero: miomas, pólipos o adherencias.
  • Patologías que inflaman las trompas, como la salpingitis.
  • Patologías que obstruyen las trompas, como el hidrosalpinx.

Asimismo, puede ocurrir que la histerosalpingografía abra las trompas de Falopio gracias a la presión del paso del contraste líquido. Por ello, hay mujeres que logran el embarazo natural después de realizar esta prueba.

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