Mi hijo de 2 años no obedece y pega: Consejos efectivos
Es una inquietud común entre las familias que sus hijos no obedezcan ni hagan caso. Si eres como la mayoría de los padres, probablemente hayas experimentado la frustración de que tu hijo no te haga caso y no sepas qué hacer.
La gran queja que tienen los padres es “mi hijo no me escucha” y, si somos sinceros, lo que pasa es que tu hijo no hace lo que tú quieres.
Entre los 3 y 5 años, muchos niños suelen reaccionar pegando o mordiendo cuando se enfrentan a situaciones de frustración o conflictos con otros niños o adultos. Este comportamiento es común en lugares como la escuela, el hogar o incluso en el parque.
Es importante entender que estas reacciones forman parte de una etapa normal en el desarrollo infantil. Los niños cometen errores, muchos. Los adultos también y los padres, también. Además, sabemos que esto de ser padres no es fácil porque, a nuestro ritmo de vida ya vertiginoso le añadimos el cuidado y la atención a un pequeño que dependerá de nosotros las 24 horas del día durante muchos años y eso es, sin duda, agotador.
Entendiendo por qué los niños pegan
Los niños de dos años no saben hacerlo de otra manera. Quieren mostrarte su enfado, su deseo de venganza, su frustración o deseo de atención por su parte y no sabe hacerlo de otra manera.
Lea también: Agresividad infantil: causas y soluciones
A nivel verbal, los niños pequeños aún están desarrollando sus habilidades de comunicación verbal y pueden tener dificultades para expresar sus necesidades, intereses o frustraciones. A edades tempranas, los niños aún están desarrollando sus habilidades de comunicación verbal, lo que puede dificultarles expresar lo que sienten o necesitan.
A nivel emocional, aún se encuentran en pleno aprendizaje de regulación y expresión de sus emociones, por lo que cuando se sienten frustrados, estresados, enojados o temerosos, pueden recurrir a la agresión física como una forma de comunicar su malestar.
Esta falta de habilidades de comunicación puede llevar a la frustración y, en consecuencia, a comportamientos agresivos como pegar. Los niños pueden recurrir a la agresión física como una forma de expresar su descontento o como un intento de comunicarse cuando las palabras no son suficientes.
Por ello, es esencial que los padres y cuidadores ayuden a los niños a desarrollar su vocabulario emocional y les enseñen a identificar y nombrar sus sentimientos. Para fomentar el desarrollo de habilidades de comunicación, los padres pueden utilizar juegos y actividades que involucren el uso del lenguaje, como leer cuentos, cantar canciones o jugar a juegos de rol.
Imitación de comportamientos agresivos
Los niños son grandes observadores y tienden a imitar los comportamientos que ven a su alrededor. Si un niño ha sido testigo de comportamientos agresivos, ya sea en casa, en la escuela o en los medios de comunicación, es posible que imite estas conductas en sus propias interacciones. Es fundamental que los padres y adultos en el entorno del niño sean conscientes del impacto que sus propias acciones y palabras pueden tener en el comportamiento del niño.
Lea también: Chaplin, Marilyn y un rumor persistente
Para contrarrestar la imitación de comportamientos agresivos, los padres pueden fomentar la empatía y la resolución pacífica de conflictos. Enseñar a los niños a ponerse en el lugar del otro y a considerar cómo se sentirían si estuvieran en su situación puede ayudar a reducir las reacciones agresivas.
Cómo enseñar a los niños a no pegar
Ante todo, es necesario tener paciencia ante la situación. Nunca le pegues tú a él. Los niños aprenden por imitación y los padres son su mejor espejo. Si el niño ve que lo solucionas pegando y gritando, ese será su aprendizaje.
Comienza por tu autorregulación
Uno de los aspectos más importantes para enseñar a los niños a no pegar es que los padres y cuidadores practiquen la autorregulación emocional. Los niños aprenden observando a los adultos, por lo que es esencial que los padres mantengan la calma y gestionen sus propias emociones de manera efectiva.
La autorregulación comienza con el reconocimiento de las propias emociones y la adopción de estrategias para manejarlas de manera saludable. Al modelar estas estrategias, los padres no solo enseñan a los niños a manejar sus emociones, sino que también crean un ambiente más tranquilo y seguro para todos.
Da el ejemplo: gestionando tus propias emociones
"Para que los niños no peguen, no hay que pegar, jamás", así de contundente es la experta en Educación Respetuosa Tania García. Cuando los padres enfrentan situaciones de conflicto, es importante que modelen comportamientos que promuevan la resolución pacífica de problemas.
Lea también: Inspiración para expresar tu amor paternal
Al ver a sus padres manejar conflictos de manera constructiva, los niños aprenden que hay alternativas a la agresión. Además, los padres deben ser conscientes de cómo sus propias emociones pueden influir en el comportamiento de sus hijos.
Enséñale alternativas
Una medida que podemos adoptar cuando nuestro hijo pega o muerde a otro niño es enseñar alternativas a esa conducta. Proporciónale estrategias para resolver problemas y lidiar con la frustración. De una manera tranquila, puedes enseñarle cómo debe reaccionar a las situaciones en las que suele morder.
Por ejemplo: “si quieres montarte en el columpio, dile al niño que un ratito cada uno. Si no quiere se lo dices a mamá/papá”. Además, los padres pueden utilizar cuentos y libros que aborden temas de resolución de conflictos y empatía. Estos recursos pueden proporcionar ejemplos concretos de cómo los personajes manejan situaciones similares, ofreciendo a los niños modelos a seguir.
Acompáñalo a reflexionar sobre su comportamiento
Para facilitar esta reflexión, los padres pueden sentarse con el niño en un momento tranquilo y preguntar sobre sus sentimientos y pensamientos en el momento del incidente. Preguntas como "¿Cómo te sentiste cuando eso ocurrió?" o "¿Qué podrías hacer la próxima vez que te sientas así?" pueden guiar al niño en el proceso de autocomprensión. Es importante que los padres mantengan un tono calmado y empático durante estas conversaciones, evitando el juicio o la crítica.
Reconoce positivamente un buen comportamiento
El reconocimiento positivo es una estrategia eficaz para motivar a los niños a adoptar comportamientos saludables y adecuados. Cuando los niños reciben elogios y reconocimiento por manejar situaciones de manera positiva, se sienten valorados y motivados a repetir esos comportamientos.
Es importante que el reconocimiento sea específico y sincero. En lugar de decir simplemente "buen trabajo", los padres pueden decir "me gustó mucho cómo compartiste tus juguetes con tu amigo" o "fue muy amable de tu parte preguntar cómo se sentía tu hermana".
Ambiente y estrategias para evitar que los niños peguen
Serena el ambiente en casa
Crear un ambiente sereno y tranquilo en el hogar es fundamental para ayudar a los niños a regular sus emociones y evitar comportamientos agresivos. Los niños son sensibles al entorno que les rodea, y un ambiente estresante o caótico puede aumentar la probabilidad de reacciones agresivas. Una forma de lograr un ambiente sereno es establecer rutinas consistentes que proporcionen seguridad y previsibilidad a los niños.
Proporciona herramientas para la regulación emocional
Ayudar a los niños a desarrollar habilidades de regulación emocional es esencial para prevenir comportamientos agresivos. Los padres pueden proporcionar herramientas y estrategias que ayuden a los niños a identificar, comprender y gestionar sus emociones de manera efectiva. Una herramienta útil para la regulación emocional es el uso de un "rincón de la calma" en el hogar, donde los niños puedan retirarse cuando se sientan abrumados.
Planificación de situaciones difíciles y límites claros
Anticipar y planificar situaciones difíciles es una estrategia efectiva para prevenir problemas de comportamiento. Al identificar situaciones que suelen desencadenar comportamientos no deseados, los padres pueden prepararse con anticipación y establecer límites claros. Las órdenes deben ser concretas y sencillas. El niño debe aprender a interpretar el “no”. El tono y la cara deben acompañar la situación, no puedes decirle que no haga algo mientras te ríes. Para no repetir el “no” todo el día, es mejor dar las órdenes en positivo.
Establecer límites claros y sólidos
Se trata de que el niño sepa, de forma fácil, qué es lo que se espera que haga y lo que no. Los padres deben saber que establecer una disciplina básica no es maltrato, es educar. Es importante que papá y mamá actúen como un bloque único y en su rol de adultos.
Ellos intentarán saltar ese límite y probar hasta dónde pueden llegar. En ese instante, hay que cambiar la actitud previa. Si se cree oportuno, se aplicará un castigo proporcionado. A partir de ese momento, se les debe prestar más atención cuando se porte bien que cuando lo haga mal.
Un decálogo básico
- Establece NORMAS y LIMITES claros, razonables y adaptadas a su edad. Por ejemplo: comer sentado a los 2 años, apagar la tele cuando se le pide a los 6 años, hacer los deberes a los 8 años, ordenar el cuarto con 11 o volver a la hora pactada con 14.
- Hacerle ver cuáles son las CONSECUENCIAS DE SUS ACTOS.
- RACIONA EL USO DEL “NO”. No te sientas culpable cuando lo utilices. Si te excedes en su uso, ... no le dará importancia.
- MOTÍVALE. Resalta o refuerza todo lo que hace bien. PREMIA EL BUEN COMPORTAMIENTO. No tiene que ser algo material. Es ante todo mostrar satisfacción, alegría y ¡un buen abrazo!… De vez en cuando, un regalo proporcionado al comportamiento que se elogia.
- NO PERDER LOS NERVIOS. Debes tener contacto visual directo con él. Ármate de paciencia y, con calma, intenta entenderlo. El descontrol y vuestra “duda” es justo lo que busca conseguir.
- ESTABLECER RUTINAS: horario de comida, baño, juego, cuento, etc. A ser posible, acompañada de rituales. Por ejemplo: "cuando cenes, te bañes y estés metido en la cama voy a contarte el cuento".
- Dejar puerta abierta a la FLEXIBILIDAD: en vacaciones, cuando vienen los primos, verano, etc.
- Realizar REGISTROS DE CONDUCTA(*). Muy útil cuando las personas que cuidan del menor difieren (o no se ponen de acuerdo) en cuanto a lo acertado de la actitud tomada y el resultado.
- Si no obedece.... ACTUAR DE INMEDIATO. No caer en su provocación. No razonar lo ya pactado previamente. No entrar en discusión, mostrar indiferencia.
- En el ADOLESCENTE la conducta más común es la ACTITUD PASIVA. Es muy importante “no comparar”. Evitad decirle continuamente las consecuencias de su comportamiento. Solo se consigue saturarle y que nos ignore.
Rabietas: una parte normal del desarrollo
Tu hijo experimentará rabietas en algún momento de su vida, incluso podríamos decir que con bastante frecuencia. No te preocupes, ya que forman parte del crecimiento. Al principio, puede ser difícil predecir cuándo van a ocurrir, pero con el tiempo las anticiparás sin problema.
Las rabietas son una parte normal del desarrollo emocional de los niños. Suelen ser la respuesta que tienen al hacer frente a un conflicto. De hecho, aunque solo estés intentando cumplir una regla o proteger a tu hijo, este puede tomárselo como un ataque y enfadarse.
Dado que los niños tienen problemas para expresarse verbalmente, la salida más fácil para la frustración o la decepción es iniciar una rabieta. Estos arrebatos no suelen ser peligrosos, aunque sí desagradables para los padres, especialmente cuando ocurren en público.
Casi todos los niños experimentan rabietas de vez en cuando, sobre todo entre los dos y los tres años. De hecho, este período se conoce como los «terribles dos años».
¿Cómo se anticipan las rabietas?
Dado que conoces a tu hijo mejor que nadie, podrás anticipar las rabietas cuando estén a punto de comenzar. A continuación, te mostramos algunas situaciones que suelen derivar en enfado en los niños:
- Parecen inquietos o están más irritables de lo normal.
- Están cansados, se sienten solos o tienen hambre.
- Cuando intentan hacer algo que no está permitido o no puede lograrlo porque sus capacidades son limitadas, comienzan a llorar, gimotear o exigir.
- Empiezan a llorar y nada de lo que hagas puede consolarlos.
- El llanto se convierte en patadas y puñetazos. Es posible que se tiren al suelo e incluso intenten aguantar la respiración.
¿Cuándo y por qué suelen ocurrir las rabietas?
Puede que tu hijo comience a tener una rabieta solo cuando tú u otros miembros de la familia estéis cerca. Sin embargo, es raro que demuestre este comportamiento con desconocidos. Aunque te parezca irónico, los niños solo se enfadan a estos niveles con la gente con la que tienen mucha confianza.
La causa principal de las rabietas es que tu hijo esté probando sus límites para ver hasta dónde puede llegar. Si dices «no» a algunos de sus deseos, estallará en una rabieta.
Las rabietas tienden a ocurrir con más frecuencia cuando los niños pequeños están:
- Ansiosos.
- Enfermos.
- Cansados.
- Enfadados.
- Estresados por ciertas situaciones en casa.
¿Cómo puedes lidiar con las rabietas de tu hijo?
Independientemente de dónde sucedan o cuánto duren, las rabietas de los dos años son todo un desafío para los padres. A continuación, te mostramos una serie de estrategias que puedes seguir, aunque deberás tener mucha paciencia y perspectiva.
Una forma de lidiar con este comportamiento en casa es pensar que las rabietas son como actuaciones. Básicamente, tu hijo está montando un espectáculo delante de ti. ¿Cómo detenerlo? Basta con irte.
Las rabietas pueden ser bastante difíciles de gestionar en casa, ¿pero qué pasa cuando tienen lugar en público? Obviamente, no puedes dejar a tu hijo solo en el pasillo del supermercado o en el parque.
La mejor solución es sacarle de la situación con calma. Llévalo al baño, a tu coche o a otro lugar alejado de la gente para que el enfado pueda terminar en privado. Otra opción es darle un gran abrazo para detenerlo. Sigue hablando con él en un tono tranquilo y relajado.
Fin de la rabieta
Una vez que termine la rabieta, sigue adelante. Si se desencadenó tras pedirle a tu hijo que hiciera algo, repítelo con calma y firmeza. Con el tiempo, se dará cuenta de que enfadarse de nuevo no tendrá ningún efecto.
Si un niño tiende a aguantar la respiración y se desmaya al final del episodio, protégelo hasta que se despierte entre 30 y 60 segundos después. No reacciones de forma exagerada, ya que esa respuesta reforzará el problema. Actúa como si no fuera gran cosa; dejará de hacerlo con el tiempo.
12 formas de gestionar y evitar las rabietas de los dos años
Conoces a tu pequeño mejor que nadie, por lo que sabes lo que desencadena sus berrinches. Esto te permite predecir la situación antes de que suceda. Establece una estrategia de antemano para prevenir las rabietas.
A continuación, te mostramos algunas pautas para saber qué hacer cuando un niño tiene una rabieta. Comprueba qué os funciona mejor a ti y a tu hijo. Cuando lo sepas, comparte la estrategia con el resto de personas que lo cuiden, como la niñera o los abuelos:
- Anticípate a las situaciones que desencadenan las rabietas.
- Presta atención al estado de ánimo y el nivel de energía de tu hijo.
- Aplica disciplina de forma moderada.
- Usa un tono cálido y acogedor.
- Evita reaccionar de forma exagerada.
- Piensa con cabeza antes de contestar.
- Evita los sobornos y los tratos.
- Limita las opciones.
- Intenta abrazar o distraer a tu hijo.
- Haz que el momento sea más divertido.
- Márchate un tiempo.
- Elogia el buen comportamiento.
¿Cuándo debes consultar al médico por las rabietas?
Las rabietas son comunes durante los dos y tres años, y suelen reducirse a mediados de los cuatro años. Sin embargo, hay algunas señales que sugieren que un niño puede necesitar la intervención de un médico.
Si observas alguno de los siguientes problemas, consulta al pediatra:
- Las rabietas continúan o empeoran después de los cuatro años.
- Tu hijo intenta autolesionarse, hace daño a otras personas o rompe cosas en medio del episodio.
- Tiene pesadillas frecuentes o se vuelve muy desobediente.
- Da un paso atrás en el entrenamiento para ir al baño solo.
- Se niega a comer o dormir.
- Tiene dolor de estómago o cabeza.
- Muestra ansiedad, agresividad o apego extremo.
- Aguanta la respiración y se desmaya durante el episodio.
¿Por qué quieren hacerlo todo solos?
Entre los dos y los tres años los niños comienzan a desarrollar su individualidad. Esto quiere decir que comienzan a reconocerse como seres independientes de papá y mamá, ya pueden desplazarse solos, pueden comunicarse con su entorno y ese “Yo” comienza a tener más sentido que nunca.
Por si fuera poco, las rabietas también hacen su aparición. En gran medida por la frustración que sienten cuando no pueden hacer lo que desean o cuando las cosas no les salen como esperaban ya que sus habilidades son todavía limitadas y su capacidad de gestionar las emociones también.
“¿Por qué irnos del parque ya si me lo estoy pasando genial y aún es de día?”, “¿Por qué dejarle a la niña el juguete si lo tengo yo?”, “Me frustra y enfada que no me compres el juguete y sólo se expresarlo llorando”.
Rotundamente NO. Significa que, como padres, nos adentramos en una nueva fase en la que tenemos que empezar a explicarles las cosas razonadamente y con paciencia, a poner ciertos límites y ayudarles a gestionar la frustración que supone no poder hacer lo que desean en cada momento.
Herramientas para gestionar esta etapa
Aquí van algunos consejos que pueden serte de utilidad:
- Interiorizar muy bien lo que te acabo de explicar y tenerlo presente. Comprender a nuestros hijos es la mejor forma de ayudarles.
- Tener confianza en ellos. Muchas veces infravaloramos sus capacidades. Nos hemos acostumbrado a hacer todo por ellos y nos cuesta darnos cuenta de que hay muchas cosas que con dos y tres años pueden empezar a hacer.
- Adaptar el entorno a sus necesidades. No hace falta tener una casa Montessori, unos cuantos cambios serán suficientes para favorecer la autonomía de los niños.
- Déjale equivocarse: Ver el error como la única forma de aprender es la clave en estas edades.
- Paciencia y rebaja tus expectativas: Las prisas, nuestra necesidad de que las cosas se hagan bien y rápido, las ganas de ayudarles…hacen que pierdan oportunidades de aprender y desarrollar esa autonomía que tanto desean en esta etapa.
- Ayúdale a gestionar sus emociones: La frustración, la ira, la tristeza… son emociones que tratamos de evitar y, sin embargo, reconocerlas y poder expresarlas es igual de necesario que mostrarse alegre.
- Comienza a marcar límites adecuados a su edad. Aunque nos sigan pareciendo pequeñitos, a partir de los dos años los niños deben ir conociendo las reglas que rigen en casa y fuera de ella.
tags: #mi #hijo #de #2 #años #no