¿Por qué mi hijo siempre tiene algo en las manos? Causas y qué hacer

29.10.2025

Es común que los padres se preocupen cuando observan comportamientos repetitivos o inusuales en sus hijos. Una de estas preocupaciones puede surgir cuando un niño parece necesitar tener siempre algo en las manos. Hoy quiero dedicaros un momento a hablar de algo que veo con frecuencia en consulta y que suele preocupar mucho a las familias: el aleteo de los bebés.

¿Qué son las estereotipias?

Las estereotipias son movimientos o vocalizaciones repetitivos, involuntarios y rítmicos. Se realizan sin ningún propósito y siguen una pauta fija. Las estereotipias abarcan múltiples comportamientos (a veces de gran complejidad), algunos de los cuales son frecuentes en la infancia: succionar objetos o el pulgar, rechinar los dientes (bruxismo), sacudir la cabeza, enrollar un mechón de cabello, balancearse, palmear o retorcerse las manos, frotarse los ojos, comerse las uñas, protruir la lengua, andar de puntillas y un largo etcétera.

Se dividen en dos grandes grupos: motoras (movimientos) o fónicas (vocalizaciones y sonidos). El aleteo infantil pertenece a la primera categoría.

Tipos de estereotipias

  • Primarias: se observan en niños con un desarrollo psicomotor normal. Suelen aparecer antes de los tres años y son frecuentes en el lactante. De naturaleza generalmente transitoria, desaparecen sin necesidad de intervención aunque, en algunos casos, pueden persistir durante años. Su prevalencia entre niños de cinco a ocho años se estima entre un 3 y un 9 %.
  • Secundarias: están asociadas con alteraciones neuroconductuales (déficits neurosensoriales, TEA, TDAH, TOC…). Su frecuencia e intensidad están relacionadas con la gravedad del trastorno y pueden llegar a ocupar gran parte de la vida de la persona. Tienden a persistir en la edad adulta o son reemplazadas por otras.

Los niños suelen aletear las manos en circunstancias concretas: cuando tienen sueño, están concentrados o se sienten nerviosos, cansados, aburridos, inquietos o excitados.

¿Cuándo preocuparse por el aleteo de manos?

El hecho de que el aleteo, como muchas otras estereotipias, sea un rasgo característico de algunos trastornos del neurodesarrollo, dispara la preocupación de los padres ante este tipo de comportamientos. Sin embargo, no son más que una expresión del desarrollo evolutivo normal a la que no hemos de dar mayor relevancia salvo que se acompañe de otras manifestaciones inhabituales en un niño de esa edad (no señala con el dedo en torno a los 12 meses, no fija la mirada, no responde a su nombre después de cumplir el año…).

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El aleteo de manos es un movimiento repetitivo e involuntario en el que el niño agita las manos de forma rápida, generalmente como respuesta a una emoción intensa (de excitación, nerviosismo o cansancio). Sí, es relativamente común durante ciertas etapas del desarrollo infantil, especialmente en niños menores de tres años.

Debes prestar especial atención si el aleteo es muy frecuente o intenso, si persiste más allá de los 5-6 años sin tendencia a reducirse, o si se acompaña de otras señales como falta de contacto visual, retraso en el lenguaje o comportamientos repetitivos más complejos. Puede estar presente en niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA), pero no siempre indica la existencia de este diagnóstico. También puede observarse en niños con desarrollo típico o con otros trastornos neuroconductuales.

¿Cómo ayudar a tu hijo?

Podemos explicarle -por ejemplo- que es mejor que no mueva las manos de esa manera porque podría hacerse daño en las muñecas. Pero no olvidemos que se trata de un acto involuntario o semivoluntario. Esto significa que probablemente entenderá lo que le explicamos y que incluso nos dirá que no volverá a hacerlo; sin embargo, ante el estímulo desencadenante, aleteará las manos de nuevo.

Si sabemos cuándo y por qué nuestro hijo aletea las manos estaremos preparados para intervenir en el momento oportuno. Podemos recurrir a múltiples estrategias: pedirle que nos de un abrazo, ofrecerle juguetes moldeables o con texturas y densidades diferentes, formularle preguntas concretas para que exprese por qué no se encuentran bien… Es importante tener presente que no lo hace a propósito y cargarnos de paciencia; modificar un hábito necesita tiempo y constancia.

Lo más importante es no regañarlo ni presionarlo. Por lo general no, pero si el movimiento es muy intenso o frecuente, podría generar molestias en muñecas o brazos.

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¿Qué son las manías en los niños?

Cuando hablamos de manías en los niños nos referimos a comportamientos raros o injustificados que realiza una persona de manera repetitiva. Puede sonar parecido a los tics, de los que ya hemos hablado en otro artículo. Sin embargo, las manías son movimientos más complejos y menos automáticos.

Muchas veces las manías nos ayudan a crear hábitos con el tema de la higiene, el vestido o irse a dormir. Son el reflejo del razonamiento lógico que se establece en el pensamiento del niño y aportan tranquilidad y estabilidad. A nuestros hijos, les da la sensación de que controlan algo cuando llevan a cabo este tipo de rutinas.

La mejor manera de que el niño deje de hacer estos comportamientos es no prestándoles atención y tratando de dirigir la atención hacia otra cosa. Muchas veces no hay por qué no respetar el órden que le gusta llevar a nuestro hijo. No son comportamientos que deban alarmarnos, pero en algunas ocasiones resultan molestos o lesivos para el niño ya que se muerde en exceso las uñas, se arranca el pelo o despelleja los labios.

¿Cómo actuar ante una manía lesiva?

  • Desviar la atención y proponer alguna actividad que sea incompatible con su manía. Si se muerde las uñas, podemos proponerle hacer juegos de manos o alguna manualidad cuando le veamos haciéndolo.
  • Disminuir la ansiedad o el aburrimiento que pueden estar provocando un aumento en la frecuencia de la manía.

¿Qué son los tics nerviosos?

El guiño de un ojo, movimientos repetitivos en brazos, en manos, gesticular con la cara... son solo algunos ejemplos de tics nerviosos que, en la infancia, suelen aparecer entre los 5 y los 12 años aunque suelen desaparecer por sí solos, en la mayoría de los casos a partir de los 15 años.

Asimismo, “la fatiga, el estrés, la sobreestimulación, la ansiedad, la excitación o incluso, el aburrimiento pueden intervenir en la presencia e intensidad de estos tics.

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Es importante que familia y escuela estén al tanto sobre las características de los tics nerviosos y que ambos sean conscientes de que son involuntarios”, advierte la psicóloga. Como decíamos, en ningún momento el niño lo hará para molestar o llamar la atención. Por ello, debemos tratarlo con normalidad, sin poner nuestro foco de atención en el tic en cuestión.

Los tics son involuntarios y aunque se pueden trabajar, añadir más carga a la situación no ayuda nada; les frustra y les hace sentir peor.

¿Qué hacer si tu hijo tiene tics?

  • Antes de nada, tranquilizarte. Son muy frecuentes y la mayoría de ellos tienen una evolución benigna y limitada.
  • Descartar que no tenga un problema de visión, por lo que conviene acudir al oftalmólogo infantil.
  • Eliminar la sobrexposición a las pantallas, videojuegos, estrés…
  • Enseñarle técnicas de relajación, controlar la respiración.
  • Identificar qué le producen los tics para intentar hacer maniobras de distracción.
  • No recriminarle, ni castigarle, ni reñirle. ¡Él no tiene la culpa!
  • Mucho refuerzo positivo cuando consiguen controlar los tics o sustituirlos por otras actividades. Para estos niños, ese pequeño avance le ha supuesto un gran esfuerzo, y por ello debe ser reconocido.

¿Cuándo consultar con un especialista?

  • Duran más de un año.
  • Interfiere con su vida normal, en el colegio, con sus amigos, en casa.
  • Tiene excesivas manías o es muy rígido.
  • Si además presenta otros síntomas: fracaso escolar, cefaleas frecuentes, trastornos del sueño, problemas de visión, cambios en su comportamiento…

Y no olvides que la mayoría de los niños que ven afectada su calidad de vida por esta causa, se benefician tanto ellos como sus padres, de terapia psicológica.

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