Mi Pareja Me Grita Delante de Mis Hijos: Consecuencias y Soluciones

02.11.2025

Discutir delante de los hijos nunca es recomendable, sobre todo cuando las discusiones son muy fuertes y se dan muchos gritos, insultos o reproches. Ver discutir a dos personas nunca es agradable y menos aún si son nuestros padres. Al discutir delante de los hijos, les creamos sentimientos de desprotección y preocupación.

Consecuencias en los Hijos Según su Edad

Discutir delante de los hijos no es beneficioso para ellos. La estabilidad familiar es fundamental para la estabilidad emocional de los hijos. Los padres que se gritan entre sí con sus hijos delante, deben saber que pueden herir gravemente el alma de los hijos que les están escuchando. Vivir en primera persona esta situación entre sus padres, puede dejarles gravemente heridos y con secuelas psicológicas de por vida.

  • Menores de 18 meses: El pequeño se muestra irritable, nervioso y puede manifestar problemas para dormir o comer.
  • De 18 meses a 3 años: A esta edad los niños reaccionan llorando y gritando para llamar la atención de sus padres y, así, lograr que paren.

Cómo Gestionar las Discusiones para No Afectar a los Hijos

La clave es saber cómo gestionar la discusión de las diferencias de manera que no afecte a los niños.

  1. Buscar un momento en que los niños no estén cerca y puedan oírnos.
  2. Si por un casual empezamos a discutir delante de los hijos, debemos mantener la calma y no perdernos el respeto.
  3. Intentar mantener un diálogo constructivo que aporte soluciones al problema.
  4. Tras solucionar la desavenencia, si la discusión ha sucedido ante los hijos, es importante explicarles que en ningún caso ha sido culpa suya.

Es importante distinguir entre discusión y pelea. Una disconformidad resuelta de manera constructiva con respeto, y moderación puede resultar un aprendizaje de control emocional y resolución de conflictos para el niño. Saber debatir es fundamental para solucionar un conflicto, sobre todo si éste surge delante de los niños.

Razones por las que Tu Pareja Puede Gritarte

Existen diversos motivos por los que tu pareja puede alzar la voz contigo. Gritar a menudo sirve para exteriorizar emociones intensas, como la ira, el miedo o la sorpresa. También puede surgir de la frustración, de dificultades en la comunicación o de la acumulación de tensión.

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Cómo Afecta el Mal Humor de Tu Pareja a la Relación

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¿Qué Hacer Cuando Tu Pareja Está Constantemente de Mal Humor y Te Grita?

Es normal que las parejas pasen por momentos de tensión y estrés, lo que puede provocar que uno de los miembros de la relación reaccione con mal humor o hable mal. Sin embargo, cuando este comportamiento se vuelve recurrente, es importante entender las causas subyacentes para abordarlo de manera adecuada. Uno de los factores más comunes detrás del mal humor y las palabras hirientes es el estrés acumulado. Las preocupaciones cotidianas, el trabajo, las responsabilidades familiares y las tensiones financieras pueden afectar el bienestar emocional de tu pareja. Cuando una persona se siente abrumada, es más probable que reaccione de manera irritable o agresiva, incluso si no es intencionado.

A veces, el mal humor de tu pareja no está relacionado directamente con la relación en sí, sino con factores externos que afectan su bienestar emocional. Estos pueden incluir problemas laborales, conflictos familiares o crisis personales que no se han gestionado de manera adecuada. Es posible que el mal humor o las palabras hirientes de tu pareja estén relacionadas con dificultades emocionales internas, como la ansiedad, la depresión o una baja autoestima. Estos problemas pueden manifestarse a través de comportamientos irascibles o despectivos, ya que la persona no sabe cómo lidiar con sus emociones.

Hay que recordar insistentemente que los gestos desagradables no siempre están destinados a nuestra persona. Si bien somos receptores finales de críticas, argumentos, mal humor u hostilidad podemos sentir como si las emociones negativas estuvieran dirigidas a nosotros, pero la mayoría de las veces no lo están.

  1. Ignorar el comentario subido de tono y responder con actitud calmada. Se trata de simplemente ignorar la explosión.
  2. Respuesta con gratificación positiva. Este método resulta útil cuando nos enfrentamos a las primeras señales de la irritabilidad de nuestra pareja.
  3. Cambiar el tema hacia una gratificación mutua.
  4. Humor.
  5. Asertividad repetida. Hay que tener cuidado con este método y ver cómo afecta a nuestra pareja.
  6. Empatía. Esta técnica requiere mucha práctica y paciencia.
  7. Asertividad empática. Se trata de juntar las dos técnicas anteriores. Se empieza por empatizar con el otro poniéndose en su lugar, después una frase que indique claramente que no queremos que lo pague con nosotros.
  8. Time-out o tiempo fuera. Sin embargo, a menudo está técnica que hace de forma incorrecta, puesto que para que podamos llevarla a cabo de una manera que nos permita obtener mejores resultados, debemos seguir una serie de pasos:
    • Es importante que el esposo que se someta al time-out no se despida enojado.
    • Especificar la conducta del otro que está causando un problema.
    • Expresarle nuestros sentimientos en relación con la hostilidad o el mal temperamento.
    • Explicar la razón del time-out.
    • Decir por qué te vas.
    • Indicar cuánto tiempo durará el time-out.
    • Decir dónde se va a estar.
    • Plantear que se alegrará de hablar de la situación a la vuelta.

Tolerancia Cero a Gritar y Discutir Delante de los Hijos

Cuando uno grita a segundas personas y delante de terceras personas, ya no puede controlar el daño que puede hacer a quien le esté escuchando. Cada grito para él es como si le hicieran daño y sangre. Esta comunicación afectiva y familiar, tan negativa como hábito hace que los hijos empiecen a vivir sentimientos de agresividad de manera indirecta que les excita, les bloquea al hablar y les impide dormir. Hay otros que empatizan tanto con los efectos negativos que le producen las discusiones y gritos de sus padres, que terminan por no querer ir a celebraciones sociales y familiares.

¿Por Qué Recomiendo Discutir Delante de los Hijos?

En este artículo, Leticia Garcés nos explica por qué discutir delante de los hijos, sin gritos, se convierte en una estrategia útil para que ellos también se entiendan. Porque entiendo que cuando dos adultos discuten, se esfuerzan por entenderse, intentan escucharse y ponen de su parte para llegar a un acuerdo donde a veces cede uno y otras veces el otro, incluso según el tema, toma la decisión uno de los dos confiando en su buen criterio. ¿Qué mal le puede hacer a un hijo ver cómo dos personas practican las distintas competencias emocionales cuando surge un problema de comunicación? Está claro que, si esto te parece una utopía y en tu caso no se cumple, el problema no es que a tus hijos les puede hacer daño verte discutir, sino que a ti te hace daño discutir sin competencias emocionales, dejándote llevar por tu enfado sin poder gestionar tu rabia para poder explicar realmente lo que te preocupa. Discutir delante de los hijos no es malo.

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Soy consciente de que no es fácil discutir bien cuando te sientes mal, pero muchas veces les exigimos a los hijos que no se peleen ni se griten incluso aplicando castigos cuando riñen por el mando de la televisión y lo cierto es que si aplicáramos el mismo criterio entre los padres muchos no saldrían de su habitación como consecuencia de su mal comportamiento. ¿Te imaginas? “¿Dónde está papá o mamá? Castigado en la habitación por haber gritado”. Lo sé, suena ridículo pensar en castigarnos como padres por no saber comunicarnos con respeto, pero a veces ayuda mucho poner ejemplos absurdos para entender que si bien de esta manera es difícil mejorar las competencias emocionales, nuestros hijos tampoco lograrán gestionar mejor su frustración porque apliquemos este tipo de consecuencias sin lógica ninguna.

Muchos padres me dicen, “me gustaría no llegar a gritar a mis hijos así” o “me gustaría no enfadarme tanto con mi pareja cuando les corrige de una manera con la que no estoy de acuerdo”. Ante esto tengo que decir que valoro mucho el deseo de mejorar las competencias parentales pero la actitud es una cosa y la aptitud otra, esto segundo se entrena y en la medida que se actualizan los conocimientos sobre lo que sí beneficia a la crianza podemos mejorarla. Y sí se puede, primero se desea, hay que tener la intención de mejorar y luego nos ponemos manos a la obra.

Cinco Formas de Mejorar la Comunicación con la Pareja

  1. No intentes no gritar: Tus emociones son como una olla a presión, todo lo que intentas que no salga se acumula y cuando ya no puedes contener más presión por algún lado tiene que salir. Cuando intentas no gritar acumulas sensaciones desagradables que se suman a otras que puede que no hayan salido antes, por eso surgen los reproches, porque no se han dicho muchas cosas y cuando se dicen ya huelen a podrido. Por lo tanto, es mejor que grites no que le grites, pero pon palabras conscientes y da media vuelta. “Ahora estoy muy enfadada con la situación, no voy a seguir hablando de esto porque no voy a lograr decirte bien lo que siento”.
  2. No saques trapos sucios: Frases que hacen alusión a experiencias pasadas unidas a temas actuales hace insoportable el ambiente e imposible la conversación. Si hay un tema del que no has hablado, que no le quite protagonismo al que acabas de sacar porque seguramente no atiendas bien ninguno de los dos. Habla de lo que acaba de suceder y expresa tu intención de hablar de lo que tienes pendiente “me gustaría hablar contigo también sobre algo que sucedió el martes que necesito resolver…”.
  3. No le digas lo que hace mal: Muchas veces tendemos a juzgar la conducta de la pareja desde nuestro punto de vista, por ejemplo, si yo estoy tranquila y veo como mi pareja grita a nuestra hija quizás le diga, “no le grites así a la cría” y quizás me toque escuchar “si te pones de su lado me quitas autoridad”. Realmente esto no sería un problema porque la autoridad es difícil quitarla, más bien se pierde cuando uno no actúa desde el respeto, pero lo cierto es que cuando se hacen este tipo de comentarios no tenemos en cuenta el estado emocional de la pareja y que en ese momento cualquier comentario que se le haga puede aumentar su malestar, por lo tanto, más que calificar su comportamiento, ayúdale a apagar el fuego que está sintiendo, échale un cable, quizás si siente que tu intención es ayudarle a manejar la situación no reaccione así.
  4. No regañes a tu pareja: Parece surrealista, pero es muy habitual, lo he visto varias veces “parece que tengo tres hijos, mi marido se comporta como un crío más” o “su madre no hace más que consentirlo”. Este tipo de comentarios hace que actuemos por libre, sin coordinarnos ni intentar entendernos. Lo queramos o no, vamos en el mismo barco, a veces uno lleva el timón y cuando uno descansa delega la navegación en el otro desde la confianza de que todo irá bien, vamos juntos, hacia un mismo destino, un mismo objetivo y cuando las aguas están turbulentas tenemos que ponernos de acuerdo porque nuestros hijos navegan con nosotros y este barco no se puede hundir.
  5. No tires la toalla, a ser pareja también se aprende: La separación no es un problema cuando la relación de pareja es inexistente, pero hay relaciones que funcionaban muy bien hasta experimentar la paternidad, ahí empezaron las discusiones porque se conocían de muchas maneras pero la faceta de madre y padre es nueva para todos, por lo tanto puede que de repente convivas con un desconocido, tu pareja actúa diferente como padre y quizás jamás imaginaste que actuara así. Es normal, estáis adquiriendo un nuevo rol y además nada fácil por todas las emociones que se van despertando. Pero creedme a ser pareja también se aprende y a ser equipo educativo ni te cuento. Quizás hay que pedir ayuda y dejarse ayudar por un profesional porque crear una familia juntos es un gran reto para el que a veces, cuatro manos no son suficientes.

Relaciones con Personas con Trastornos Narcisistas o Psicopatía

Las rupturas con personas con trastornos del espectro narcisista o psicopatía son profundamente conflictivas. Cuando la relación ha sido con una persona con rasgos narcisistas o psicopáticos, la ruptura no supone un alivio inmediato. Las personas afectadas de alguno de los trastornos del espectro narcisista y en particular las personas con psicopatía la ruptura no es un cierre ni una liberación, la viven como un rechazo intolerable.

Desde su forma de entender, desde la perspectiva de la cosificación de la pareja que les debe atención y dedicación plena, para la persona con psicopatía está más que justificado y además es responsabilidad de la pareja que «tenga que» buscar a otra persona que le otorgue la atención y adulación que necesita, cuando no la obtiene. Todas las personas tenemos derecho a buscar lo que necesitamos y a ir a por ello. Hasta ahí bien, pero sin hacer daño a los demás, es decir, la solución es bien fácil, busca lo que necesitas, quieres o te apetece, sin juzgar, con plena libertad, pero respeta y suelta lo que ya no te sirve, te es suficiente o ya no te gusta.

La destrucción de la pareja no empieza en la ruptura, sino que comenzó mucho antes. Todo esto comenzó a fraguarse cuando percibió que dejaste de considerarle como un dios o una diosa, cuando ya no aprobabas ni tolerabas todos sus comportamientos y, a pesar de que no supieras muy bien lo que estaba ocurriendo en realidad ya no lo era todo para ti y tu pareja ya lo estaba percibiendo. La relación había cambiado su forma de tratarte, el tiempo y la calidad de la dedicación que te brindaba ya no eran los mismos que antes y todo esto empezaba a afectarte el estado de ánimo e incluso tu salud, enfermando constantemente. La mirada de idealización hacia la pareja había cambiado por una mirada de desconfianza y duda y su mirada hacia ti mayoritariamente era de desprecio y odio.

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Comienza la etapa en que las peleas son continua, las discusiones, acusaciones en falso, y el acoso, Un acoso que lo que pretende es desestabilizarte hasta tal punto que cedas a todas sus demandas, a lo que le viene a la cabeza en cada momento, sin criterio, sin lógica, sin coherencia hoy blanco y al minuto después negro. Si lo que has vivido durante la relación te ha parecido duro, lo que viene lo es más, pero tienes que aguantar, es el último esfuerzo para conseguir salir lo menos afectado posible.

La ruptura en sí tan solo representa el momento en que expresan abiertamente lo que ya habían planificado con anterioridad, cuando se producen las amenazas directas «Te voy a quitar a tus hijos», «Prepárate, para sufrir», » Si quieres guerra es lo que vas a tener». Todo como una respuesta reflejo al insoportable trance que es para los/as psicópatas el rechazo desde el apego. Es el principio de la guerra con el o la psicópata, la persona que ha sido parte de tu vida, de tus intimidades y tus proyectos durante tanto tiempo.

En estos momentos de la relación es el sentimiento de soledad con el que vive la víctima. Nadie sabe lo que pasa, nadie se lo imagina, pocas o ninguna persona ven lo que la víctima ve, y no pueden ni imaginar el sentimiento de bloqueo con el que vive, y es que la indefensión aprendida a empezado a hacer su efecto. Las personas que «no tragan» a la persona con psicopatía ya se han alejado y las que no han visto su forma de actuar y tratar y se han creído su falsa corrección no te comprenderán jamás si les cuentas lo que estás viviendo.

Psicópatas como Progenitores

Muy alejado de la creencia popular de que los menores tienen que relacionarse con los dos progenitores, que es lo más beneficioso para los niños, y que tanto como el padre como la madre son importantes para una crianza sana, está esta realidad, los psicópatas no son buenos progenitores, un padre psicópata es un gran problema para los menores, pero no hay que obviar que las consecuencias no las viven sólo los hijos, los efectos que tiene sobre la madre afectan directamente sobre los hijos, si una madre está siendo despreciada o no valorada, si está siendo humillada, si vive para agradar al psicópata.

El o la psicópata te ha ido metiendo en una red que cada día que pasa te atrapa más y no sabes que hacer para poder escapar. Cuando una persona con psicopatía tiene hijos, rara vez lo hace por amor o entrega emocional.

  1. La figura de progenitor aporta estabilidad social y una imagen respetable.
  2. Los hijos son usados como una fuente de suministro emocional y como extensiones del propio ego del psicópata.

Mientras la familia permanece unida, el psicópata adopta un rol de espectador pasivo en la crianza. No asume responsabilidades reales en la educación y cuidado de los hijos ni se involucra en las actividades propias de la paternidad, pero finge interés mediante gestos puntuales y calculados: una salida especial, un regalo inesperado, una broma.

Lejos de implicarse en el día a día, el psicópata se reserva para aparecer únicamente en contextos positivos, por lo que termina siendo percibido como el progenitor divertido, generoso o idealizado. Esta fachada, sin embargo, encubre una profunda falta de empatía y un desinterés genuino por las necesidades emocionales y evolutivas de los menores. No hay acompañamiento afectivo, ni límites coherentes, ni una conexión real con los hijos.

Esta distribución desequilibrada de roles no es casual: el psicópata necesita que la otra persona quede agotada, confundida y sin espacio para desarrollarse personal o profesionalmente. Esta estrategia genera una distorsión emocional en los menores, que acaban idealizando al progenitor que solo aparece en los buenos momentos, sin ver que esa ausencia o falta de implicación también es una forma de abandono emocional.

Por su parte, el otro progenitor -que suele ser la víctima del abuso narcisista o psicopático- sobrecargada de tareas y responsabilidad y sin conciencia de ello favorece la buena imagen del narcisista como progenitor. Este es el caldo de cultivo perfecto para la gaslighting parental: una dinámica donde el psicópata queda como el “buen padre/madre” y la víctima aparece como emocionalmente inestable o demasiado exigente.

Durante la infancia de los hijos, la pareja del psicópata aún no suele ser consciente del abuso psicológico al que está siendo sometida. Y es que el interés real de un progenitor con psicopatía no es el bienestar de sus hijos sino el suyo propio: el castigo a la expareja por la ruptura de la relación. Demuestran que el objetivo de la custodia es destruir emocionalmente a la víctima.

El amor real implica empatía, presencia, interés, comprensión y compromiso. Lo que sí ofrecen es una relación sin límites claros en algunas áreas y una disciplina absurda y violenta en otras, guiada por sus propias carencias y no por las necesidades del menor. Justificaciones de su conducta con «A mí me educaron así y no salí tan mal” o “Un poco de disciplina no viene mal” revelan no solo una gran inflexibilidad cognitiva, sino también una falta total de voluntad para aprender nuevas formas de crianza más respetuosas y sanas.

Como suele suceder aprovechan estas circunstancias para crear un vínculo de dependencia emocional con los hijos desde bien pequeños que le ayudará a demostrar la buena relación existente y la adecuación de la custodia compartida o total a su favor, en el que sutilmente van implantado rutinas como frases, expresiones, opiniones y conductas que van calando en la mente de los menores y se van instaurando como propios.

Es común oír que “los niños necesitan a los dos progenitores”, como si esta afirmación fuera universal y aplicable a todos los casos. Lo beneficioso para un menor no es la presencia de ambos progenitores sin más, sino que cada uno aporte vivencias distintas, pero emocionalmente sanas y seguras. Las secuelas que dejan estas dinámicas no se compensan con momentos agradables o esporádicos.

En los tribunales, todo debe ser demostrado. Pero el maltrato psicológico, a diferencia del físico, no deja marcas visibles ni fechas claras. Durante ese tiempo, el psicópata se mueve con libertad. Planea, oculta, manipula, cambia documentos, tergiversa situaciones y prepara su “estrategia judicial” sin que la otra persona lo sepa. Cuando por fin se produce la ruptura y el proceso llega a los tribunales, la persona psicópata ya tiene ventaja. Ha mentido a su pareja, ha sembrado pruebas a su favor, sabe sus derechos y ha previsto cómo contrarrestar cualquier acusación. Y ahora la víctima debe demostrarlo todo. Su palabra vale lo mismo que la del agresor.

Porque una parte ha vivido en modo supervivencia, confiando en la buena fe de su pareja, sin recabar pruebas, sin grabar, sin prever el alcance de la traición. Y la otra parte lleva años construyendo su coartada, perfeccionando su imagen pública, aprendiendo cómo fingir. Desde la psicología, a veces se pueden aportar informes periciales que muestren las secuelas del abuso. Estos documentos pueden ser clave, pero no siempre bastan. Es posible que mida cada palabra ante los profesionales, que oculte su verdadera cara bajo un barniz de encanto superficial o de falsa victimización.

Uno de los golpes más duros es comprobar que la persona con la que compartiste tu vida ha estado planificando tu ruina mientras tú intentabas salvar la relación. Es difícil describir el impacto emocional de esa revelación.

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