Niños Aislados en Oviedo: Un Caso de Abandono y Aislamiento Infantil

19.09.2025

Los agentes de policía irrumpieron en una vivienda de Fitoria, en el concejo de Oviedo, Asturias, encontrando a tres niños que corrían a refugiarse entre los brazos de su madre, mientras el padre se mantenía distante.

Tras casi cuatro años de encierro, los niños - dos gemelos de ocho años y un hermano de diez - salían por primera vez al exterior desde diciembre de 2021, como recogen las imágenes cedidas en exclusiva al programa Mañaneros de TVE. Durante este tiempo, ni siquiera habían pisado el jardín.

Las únicas dos ventanas desde las que podían recibir algo de luz natural solo se podían abrir hasta la mitad y, cada día, a las 17.30 horas, el padre ordenaba cerrarlas.

Los pequeños hablan en inglés y se asombraron al ver el exterior tanto tiempo después.

Así fue la liberación de la ‘casa de los horrores’ de Oviedo: llena de basura y medicamentos

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Los agentes de la Policía Local ovetense no sólo vieron la casa "bastante llena" de basura -pese a que el padre sacaba residuos habitualmente-, sino también atestada de medicamentos: "Había cajas por todas partes".

Llamó la atención de los agentes la nula resistencia del padre, de 53 años y nacionalidad alemana, a la intervención, pero fue la madre, de 48 y estadounidense nacionalizada alemana, quien pidió a los policías y miembros de los Servicios Sociales del Ayuntamiento el máximo cuidado con los niños, dos gemelos de ocho años y otro de 10. "Nos dijo: 'Tengan mucho cuidado por favor, están muy enfermos'".

Los policías y trabajadores sociales sólo pudieron acceder a los menores, sin escolarizar al menos desde octubre de 2021, una vez estos se hubieron puesto tres mascarillas cada uno.

El progenitor, profesor de filosofía pero cuya actividad laboral es desconocida para los agentes investigadores, siempre salía a la puerta de la finca con mascarilla, tanto a recoger los pedidos de comida que realizaban por internet, como el correo.

El alquiler de la vivienda, un enorme chalet de bajo y dos plantas con una finca que ha terminado siendo agreste por lo descuidado, con una impresionante palmera, fue pagado religiosamente desde que la familia la alquiló en octubre de 2021.

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El padre, quien según las primeras pesquisas ejercía cierto ascendiente sobre la madre, fue la única de las cinco personas que se empadronó en el lugar.

En realidad, la casa, en que los niños dormían en cunas en que los agentes descubrieron pintarrajeados monstruos y muñecos, sólo era visible desde otras tres viviendas cercanas, desde una de las cuales se dio la voz de alarma.

"No vimos nada jamás, claro que tampoco salimos mucho", comentó una de las religiosas a este diario.

Los padres, tras declarar en Instrucción 3 de Oviedo, fueron enviados a prisión provisional sin fianza por presuntos delitos de violencia doméstica con maltrato psicológico habitual y abandono de menores. También se les suspendió la patria potestad.

Según explican fuentes conocedoras del proceso, han mostrado su disposición total a asumir la tutela y ofrecerles un entorno seguro, lejos del encierro y la negligencia que sufrieron.

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El expediente de traslado a Estados Unidos se tramita con carácter prioritario y podría resolverse en cuestión de semanas.

Mientras, la Guardia Civil continúa investigando los antecedentes familiares en Alemania, así como el historial médico real de los menores. A día de hoy, no se ha encontrado ni un solo documento sanitario válido.

Si la justicia no encuentra obstáculos, la historia de terror que comenzó en una casa cerrada a cal y canto en Fitoria, podría terminar con una nueva vida al otro lado del Atlántico.

Algo que les ha dejado secuelas. Secuelas tanto emocionales como físicas. Porque, después de un examen, se les ha detectado tras un primer informe médico de un pediatra un "estreñimiento severo". Además, también han detectado la presencia de "heces en los intestinos". La causa, la restricción para ir al aseo.

Porque no podían ir libremente ni tan siquiera al baño. Tenían un horario, y podían acudir al mismo un número limitado de veces por día. Por ello llevaban pañales. Por eso tenían que aguantarse sus necesidades. Por eso, en ese examen médico, se les ha detectado los problemas anteriormente mencionados.

Fue en Alemania, hace ya seis años. De un país del que sus padres tuvieron que huir por el temor de que les quitaran su custodia. Todo, por querer educarles a distancia.

En Asturias, en Oviedo, desde hace al menos cuatro años, los menores estuvieron totalmente encerrados.

"Fue dantesco, nadie está acostumbrado a ver lo que se vio allí. Los niños hacía tiempo que no salían a la calle, las condiciones eran insalubres a todas luces y lo peor es que ellos lo consideraban normal", explica Juan Ramón Losa, de la Policía Local.

La familia, descalza. Su ropa, vieja y sucia. El padre, avergonzado por los agujeros que sus calcetines tenían en dedos y talón. En la casa, además, muchos medicamentos. Algunos de ellos, para el TDA. Y papeles. Mapas del mundo. Material de estudio para las enseñanzas de los niños.

Unos niños que, como describen los agentes en su atestado policial, sentían "miedo". "En cuanto los sacamos, se pusieron a respirar profundamente. Como si no hubieran estado nunca al aire libre", cuenta un investigador que participó en la operación.

Van, incluso, más allá: "Cuando iban en el coche policial estaban sorprendidos por todo lo que veían".

Desde el propio césped hasta un simple caracol. Todo les sorprendía. Todo era, para ellos, prácticamente nuevo o incluso totalmente nuevo a tenor de los recuerdos que tuviesen con 3 y 5 años. Los menores, según su madre, tenían "graves patologías". Por ello les hacían llevar tres mascarillas.

Porque es algo que está bajo investigación. Porque se analiza si podían estar obsesionados con las enfermedades. Por ello ese hogar parecía un búnker en el que incluso había máquinas de ozono para purificar el aire. Uno, eso sí, lleno de basura con residuos incluso acumulados en la cama de matrimonio de la pareja.

El padre es el único que salía por esa puerta. El único en traspasar esa barrera infranqueable para los niños. La gran mayoría de veces, para recoger los pedidos de la compra. Era su principal contacto con el exterior. Eran de más de 300 euros, y siempre cargadas de garrafas de agua y de pañales. Demasiado para una sola persona.

Uno de los repartidores habituales detalla cómo eran las entradas: "Entraba con la furgoneta y me abría la cortina pequeña. Debía dejarle la compra detrás de esa puerta grande. Él tenía cerrado arriba. Subía y bajaba a por lo demás".

"Me decía 'déjamelo aquí'. Bajaba y seguía subiendo. Yo alguna vez subía hasta mitad de la cuesta y alguna vez vi al crío asomado a la ventana. Yo decía... joder, tantos pañales, tendrá a alguien con discapacidad", relata.

Tanto el padre, de 53 años, filósofo y de nacionalidad alemana, como la madre, de 48 años, estadounidense pero también de nacionalidad alemana, han ingresado en el centro penitenciario de Asturias; los menores, en régimen de acogida residencial por el Principado.

¿Qué secuelas psicológicas puede haber dejado en los menores?

Ahora queda por ver cómo les ha afectado el encierro a nivel psicológico. Las secuelas pueden ser, como ha contado Estefanía Igartua Escolar, terapeuta, importantes: "Hay que trabajar con ellos las habilidades sociales. Se han perdido años muy importantes de la edad temprana, en la que debían relacionarse con otros adultos que no fueran sus padres y con otros niños de su edad".

"El haber convivido con heces y en esas condiciones tan negligentes hace que tengan que empezar de cero. Si tienen entre ocho y diez años puede ser que tengan una edad inferior", expresa la psicóloga.

En estos primeros días, los menores se muestran tímidos y cariñosos con las cuidadoras, relacionándose solo con adultos, al ser lo que han hecho durante la mitad de sus vidas.

Marta del Arco, consejera de Derechos Sociales y Bienestar del Principado de Asturias, afirma que los niños están "físicamente bien": "Han pasado un reconocimiento médico y están bien. Próximamente se les hará una valoración psicológica".

Gimena Llamedo, vicepresidenta del Principado de Asturias. "Se están realizando las evaluaciones y se está trabajando con los menores, acompañándoles en este duro momento para ellos", informa, a la par que confirma que los niños están "en custodia del Gobierno de Asturias".

En «la casa de los horrores» de Oviedo, unos padres mantuvieron encerrados a sus tres hijos, dos gemelos de 8 años y un niño de 10, durante cuatro años en un intento por evitar que se contagiaran de Covid-19.

Este caso de aislamiento salía a la luz a finales de abril cuando las autoridades, alertadas por la sospecha de una vecina de que en una casa de Toleo había niños sin escolarizar, lograron rescatar a los menores, que vivían en condiciones precarias, sin acceso a una educación adecuada ni atención sanitaria.

Investigaciones en marcha y separación de sus padres

En el caso de los niños de Oviedo, el juzgado de Instrucción que llevó el caso dictó para los progenitores prisión provisional comunicada y sin fianza por mantener presuntamente encerrados a sus tres hijos menores desde el año 2021, una medida preventiva que confirmaba la Audiencia Provincial a mediados del pasado mes de junio, desestimando así el recurso de apelación interpuesto por la representación de la madre.

El alemán Christian Stephan, de 53 años, encontró en Asturias el aislamiento que buscaba para autoconfinarse junto a su mujer, la norteamericana M.A.S., de 48 años, y sus tres hijos menores de edad: dos gemelos de ocho años y un niño de 10.

Llegaron en octubre de 2021 a Toleo (Fitoria), una parroquia de la zona rural de Oviedo, a las faldas del monte Naranco, donde además de una vista espectacular la familia podía encontrar la tranquilidad a la que aspiraba.

El matrimonio alquiló un chalé individual a escasos metros del convento de las Carmelitas Descalzas, donde viven monjas de clausura. Apenas una decena de casas más en los alrededores completan la estampa perfecta si uno quiere pasar desapercibido.

Intramuros del domicilio familiar, unos niños apegados a su madre, sin escolarizar, sin salir al patio, ni a la calle y rodeados de excrementos, basura, medicamentos y animales enfermos. Todos llevan triple mascarilla.

Un autoconfinamiento que se cree que es consecuencia del miedo que ha dejado la pandemia.

Los menores, pese a su edad, aún llevan pañales, los gemelos duermen en cunas y el niño en una cama “pequeña”.

Una situación que se ha prolongado durante casi cuatro años y de la que nadie se dio cuenta. Ni los servicios sociales municipales, ni el Principado.

Solo el padre tenía una mínima relación con el mundo exterior durante el escaso tiempo que transcurría desde que abría la puerta a los repartidores de comida y al cartero, Julio Luque, cada vez que llevaban el abastecimiento de los productos alimenticios y el correo hasta el chalé 15A, hasta que se cerraba una vez recogidos los pedidos.

Tras dormir en los calabozos del acuartelamiento de la Guardia Civil de Asturias, la pareja pasó este miércoles a disposición del Juzgado de Instrucción número 3 de Oviedo.

Entre tanto, los vecinos de Toleo conocían anoche entre “sorprendidos” y “perplejos” la noticia del arresto del matrimonio y reconocían que estaban “escandalizados” ante las condiciones de insalubridad en la que vivían los padres y los menores.

El acceso al “chalé de los horrores”, como fue definido por los mandos policiales, está ahora acotado a los numerosos periodistas concentrados en las inmediaciones.

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