Niños Malcriados: Causas y Soluciones

28.10.2025

Los “problemas de conducta” en la infancia son un fenómeno extendido. ¿Cuantas veces hemos escuchado o ha salido de nosotros el “¡qué niño tan maleducado!”, pero… ¿qué significa ser maleducado o un niño malcriado? Y ¿a quién corresponde la responsabilidad de criar y educar a las nuevas generaciones? Criar y educar a un niño es, probablemente, uno de los mayores desafíos a los que nos podemos enfrentar.

¿Por qué se comporta así? Causas del comportamiento desafiante

Puede haber muchas causas detrás del comportamiento desafiante y disruptivo de nuestro hijo. Por lo general, habrá más de una causa, ya que en psicología rara vez una única causa explica un comportamiento. Es posible que tenga un temperamento difícil, un carácter fuerte, o que tenga unos rasgos de personalidad determinados que favorecen este tipo de comportamientos. Esto es algo con lo que el niño ‘nace’, son factores hereditarios.

Por otro lado, está el estilo educativo de los padres. Generalmente, detrás de estas conductas hay un estilo educativo parental demasiado permisivo. Papás a los que les cuesta hacer cumplir las normas, que tienen dificultades para manejar los retos y desafíos de los hijos o que sucumben a menudo a sus peticiones “por no oírlos”. Los niños tienen una capacidad especial para llevar la perseverancia a su máxima expresión, y lo difícil es mantenernos firmes y ser más constantes aún que ellos.

Con los ‘niños rebeldes’ también hay que tener si existe algún trastorno que pueda estar influyendo en su conducta. Por ejemplo, los menores con TDHA, en un alto porcentaje, presentan problemas de conducta. Los depresivos también pueden exhibir este tipo de comportamientos, ya que la depresión en niños no tiene los mismos síntomas que en el adulto.

Por otro lado, una baja autoestima o inseguridad pueden expresarse de esta manera, así como tener conflictos con sus relaciones: sufrir bullying en el colegio, celos de algún hermanito, necesidad de más atención por parte de los padres. A veces, estas malas conductas son la manera en que ellos expresan la rabia que sienten por otras cosas que están sucediendo en su vida y sobre las que no tienen control.

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Es importante pedir ayuda de un profesional si sospechamos que nuestro hijo pueda presentar cualquiera de estas circunstancias. Por lo general, como decíamos, la causa suele ser la suma de varias.

Si hemos descartado que el niño necesite intervención psicológica, y consideramos que se trata más bien de una cuestión relacionada con su temperamento y nuestro estilo de crianza, es el momento de ver qué podemos hacer.

¿Qué estoy haciendo mal? Asumiendo responsabilidades

Debemos analizar la situación para buscar soluciones. No se trata de buscar culpables, pero sí de asumir responsabilidades. Como padres tenemos que ser conscientes de esa responsabilidad. Hay una parte que no depende de nosotros y que, como decíamos, puede estar relacionada con el carácter del niño o con circunstancias por las que atraviesa, pero hay otra parte que depende directamente de nosotros. De si conocemos bien a nuestro hijo, del tiempo y la dedicación que le brindamos, de nuestra capacidad para informarnos y ‘aprender’ a educar a nuestros hijos. De nuestro estilo educativo y nuestra disponibilidad emocional.

Empezar a educar desde que nacen. A veces escucho a los papás decir que no ponen límites a sus hijos, o no les dicen cómo deben comportarse, o no les enseñan normas básicas de educación, “porque son demasiado pequeños” (y no se están refiriendo a un niño de un año). Los niños están aprendiendo SIEMPRE. Son pequeñas esponjas con una capacidad grandísima de aprendizaje, de observación, de ensayo y error. Habrá muchas cosas que las aprenderán simplemente de vernos a nosotros. Otras irán asimilándolas por la vía de experimentar las consecuencias de sus actos. Otras por ensayo y error. Y muchas otras, porque nosotros se las enseñamos directamente.

La frustración: Un gran desafío

La frustración es el sentimiento desagradable que se experimenta cuando no se consigue lo que uno quiere. Aprender a tolerarla es muy importante, porque en la vida son muchísimas las ocasiones en que es necesario aguantar lo que no nos gusta, que las cosas no salgan como esperamos, etc. ¿Y cómo se aprende? Poco a poco, desde pequeños. En primer lugar, experimentándola.

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Los padres a veces no permitimos que eso suceda. Nos anticipamos a las consecuencias negativas de las cosas, sobreprotegemos. Damos a los niños todo lo que piden. Consentimos sus conductas inapropiadas. Así que no les estamos permitiendo experimentar la frustración. Y aprender a manejarla. Este es el segundo aprendizaje que deben hacer nuestros hijos. Aprender a tolerar las emociones negativas que acompañan a la frustración, y saber qué hacer con ellas, cómo expresarlas.

La rabia es la emoción que suele aparecer. La rabia se puede expresar de muchas maneras, algunas mejores para nosotros que otras. Puede aparecer en forma de violencia (pegar, insultar, golpear objetos), en forma de llanto y de gritos.

Como padres debemos favorecer una expresión adecuada de la ira, enseñando al niño a ir controlándola y manejándola, y permitiendo que esa emoción se exprese, pero en formas más adaptativas. Se trata de dar salida a la ira, no se trata de evitarla o de anularla. Pero de la manera adecuada.

Estrategias para abordar el comportamiento infantil

Estos son algunos consejos que pueden ayudarte a lidiar con la desobediencia de tu hijo de tres años:

  • Comunicación afirmativa: Si queremos educar a nuestros hijos de esta edad y hacer que nos comprendan, las frases deben estar enfocadas de manera afirmativa, ya que esto les permite comprender mejor los acontecimientos. Por ejemplo: en vez de decir “no tires tus juguetes”, es mejor decirle “deja los juguetes en la caja” o “dáselos a mamá”. Cuando el niño hace lo que le pedimos, siempre hay que acabar con un elogio, como “lo has hecho muy bien” o “estoy muy orgullosa de ti”.
  • Establecimiento de expectativas claras: Es importante establecer reglas y límites claros para que sepan qué se espera de ellos. Así, comprenderá que, con un comportamiento adecuado, ha dado alegría a mamá y a papá, se sentirá feliz y querrá volver a lograr ese momento, y por ende, tenderá a repetir la acción.

Obligaciones según su edad

Debemos tener en cuenta la edad cronológica y madurativa de nuestros peques a la hora de tener expectativas sobre sus acciones. Un niño de esta edad debe ser capaz de:

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  • Recoger sus juguetes solo o con muy poca ayuda
  • Comer solo
  • No interrumpir a los adultos
  • Ir al baño con ayuda
  • Ir de la mano por la calle
  • Lavarse los dientes
  • Vestirse solo
  • Responder a la primera en instrucciones como irse a la cama, dejar de ver la televisión, ir a ducharse
  • Ayudar a poner y recoger la mesa
  • Ayudar a hacer su cama
  • No pegar, no gritar al hablar
  • Escuchar mientras le hablan, entre otros.

Al asignarles estas tareas, los padres pueden fomentar un sentido de logro y autonomía en sus hijos. Eso sí, hay que estar ahí como apoyo y guía mientras los niños aprenden a asumir estas responsabilidades. Al proporcionar instrucciones claras y ofrecer ayuda cuando sea necesario, los peques fortalecen su confianza en sí mismos.

Normas y rutinas en el hogar

Para poder establecer rutinas y hábitos se recomienda que ambos padres diseñen un listado con actividades y normas a seguir en la casa. Estas deben incluir horarios de baños, alimentación, juegos en solitario del niño y juegos de los padres con ellos, de las comidas, de ir a dormir, de salir de paseo, de cuentos, etc. Es importante que las normas sean pocas y ajustadas a cada edad.

Lo ideal es acompañar estas rutinas con símbolos o rituales, por ejemplo: para leer el cuento, el niño tiene que estar bañado, con pijama y metido en la cama, si no es así…no hay cuento, aunque llore, patalee y os de tristeza, este es el punto que nos ayudará a transmitir los límites y el encuadre de seguridad a los niños.

Consejos adicionales para padres

  • Poner límites claros, normas claras: Y hacerlas cumplir. Hay muchas formas. No es necesario ni mucho menos estar todo el día castigando. Hay que saber motivar, hay que hacer entender las consecuencias de sus actos, también permitir que las experimenten, hay que ofrecer consecuencias positivas a su buen comportamiento, y hay que predicar con el ejemplo.
  • Ser consecuente y perseverante: No vale castigar y levantar el castigo a la media hora. No vale permitir hoy una conducta y mañana no. No vale educar según tenga yo el día ni según mi grado de cansancio.
  • Elegir las batallas: Pocas pero con paso firme. No tolerar lo intolerable. Y dejar pasar lo intrascendente. A veces nos desfondamos en cosas sin importancia “lávate los dientes”, ” no pongas los pies en el sofá”, pero permitimos insultos, agresiones y faltas de respeto.
  • Si ves que no sabes cómo hacerlo, pide ayuda: A veces los padres necesitan unas pocas sesiones de asesoramiento con un psicólogo para que les dé pautas. Otras veces es preciso también intervenir con el niño, pero no siempre. Ante la duda, hay que consultar. También son muy importantes las escuelas de padres y los libros sobre educación.

“Cuando nace un niño, nacen un padre y una madre”. Y no, no traen manual de instrucciones. Así que tomémonos nuestro tiempo en aprender a ser buenos padres y madres, porque es de las tareas más bonitas y, a la vez, más difíciles que vamos a hacer en nuestra vida.

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