Pantalón Bombacho: Historia y Origen
Veamos el origen de la palabra “pantalón” es reciente. Viene del apodo que recibían los venecianos, adeptos a unos calzones largos y angostos llamados ‘pantalone’ en honor al santo que veneraban, Pantaleón.
En la Comedia del Arte, el personaje conocido como Pantaleone o Pantaleón es el viejo mercader tacaño, unas veces rico y apreciado por la nobleza, y otras veces arruinado, pero siempre muy particular.
Para ocultar su edad, en su afán de atraer a las mujeres, Pantaleone lleva una extraña indumentaria turca, que consiste en un calzón ajustado a las piernas y ceñido hasta las rodillas. Otro universo original del pantalón fue la marina: a partir del siglo XVII, la prenda fue adoptada por los marineros.
Los pescadores, por su parte, usaban un pantalón que variaba en largo y ancho, según la localidad donde habían nacido. Fue justamente el pantalón marinero el que inspiró, a fines del siglo XVII, la moda para los niños de la aristocracia y la nobleza.
Cerca de 1790, relata Bard, el delfín de la corona de Francia posó con ese tipo de pantalón, levemente ajustado en los tobillos con una cinta azul.
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Sucesor de las llamadas bragas, que las clases populares utilizaron hasta fines del siglo XVII, el pantalón simboliza la masculinidad y, sobre todo, el poder, como lo demuestra la expresión “llevar los pantalones”.
Desde fines de la Edad Media, los hombres de las clases superiores llevaban un calzón ajustado hasta la rodilla. Esa culotte dejaba a la vista la pantorrilla, cubierta con una media sujeta por una liga.
Al igual que su ancestro el ‘haut-de-chausse’ (bombacho), la culotte contribuía a erotizar el cuerpo masculino.
Los sans-culottes fueron, precisamente, quienes derrocaron a la monarquía francesa en 1789. De la mano de esos desheredados, el pantalón consiguió encaramarse hasta lo alto de la escala social con la Revolución.
Además, rompiendo con el aspecto frívolo de las aristócratas, los hombres permitieron a las ciudadanas revolucionarias reivindicar el uso del uniforme y, sobre todo, parecérseles, al punto de atemorizarlos. A cambio, ellos renunciaron a los colores vivos y a mostrar sus piernas.
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Esa ruptura política dejó de manifiesto una aspiración a la libertad y a la igualdad. Libertad de movimientos e igualdad de sexos. Aunque… si cada cuerpo era un ciudadano, el masculino lo fue siempre un poco más.
Con el retorno del lujo durante el Directorio (de 1795 a 1799), una ordenanza prohibió a las mujeres el uso de “prendas de otro sexo” y el Código Napoleónico (1804) reforzó el poder masculino.
Una mujer obtuvo, sin embargo, en 1806 “el permiso de travestirse” para montar a caballo. La diferenciación según el sexo es una ley fundamental que tanto las autoridades políticas como religiosas hicieron respetar desde la Antigüedad.
Pero volviendo al tema del pantalón, evoquemos a las figuras que más hicieron por la libertad y la igualdad de la mujer y cómo la vestimenta comenzó a ser un instrumento de lucha.
A lo largo de toda su vida, desde que tenía apenas cuatro años, la célebre escritora pasaba de un sexo al otro sin problema y sin solicitar autorización.
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Otro elemento más: la democratización de la bicicleta. “Es verdad que el desarrollo de ese deporte ha hecho dar al sexo femenino un paso importante en el camino de su emancipación, de la afirmación de su personalidad.
Y por fin, el portentoso terremoto social que provocaron las dos guerras. La utilización del pantalón se extendió a todos los sectores de la sociedad por razones prácticas: a las fábricas, a las fuerzas armadas y a la calle.
En Estados Unidos, Alemania, Inglaterra o Francia, las mujeres lo usaban y las revistas lo mostraban. Marlene Dietrich vestía diferentes uniformes en cada uno de sus viajes y en escena, durante sus giras patrióticas.
A pesar de esos avances, el pantalón siguió contando con acérrimos enemigos a lo largo del siglo XX.
Todavía hoy, hay mujeres en ciertos países de Europa y Estados Unidos que son despedidas por vestirse con pantalón. Y no hay duda de que la apreciación de lo que podría llamarse “una vestimenta apropiada” es uno de los terrenos donde el abuso de poder del empleador puede ejercerse con más facilidad.
En 1976, Alice Saunier-Seïté provocó un escándalo de proporciones cuando asistió a su presentación oficial como secretaria de Estado de Enseñanza Universitaria y el entonces primer ministro galo Jacques Chirac, estupefacto, descubrió que llevaba pantalones.
Hubo un tiempo en el que a las mujeres que jugaban el fútbol en España, las llamaban «marimachos». En el que las crónicas deportivas podían ir así: «A las descendientes de la madre Eva, [el fútbol] les obliga a adoptar tan poco adecuadas como inestéticas posiciones, que eliminan la gracia feminil».
Ellas eran las Spanish Girl's, el primer equipo femenino español de la historia. Originario de Barcelona, jugaron su primer partido el 4 de junio de 1914.
Ellas lucían pantalones bombacho, polos, medias altas y la mayoría tenía el pelo no más largo de la base del cuello.
Tras 105 años, después de la desazón por la derrota del equipo masculino del Barcelona ante el Liverpool, apenas se repara que, por el lado femenino, se ha producido un hito.
El Barcelona Femenino ha roto los esquemas y sí cumplió, días antes, ante el temible Bayern de Múnich. De modo que ellas sí jugarán -contra el todopoderoso Lyon francés- la final de la Champions.
Mundo Deportivo: «Por segunda vez las niñas futbolísticas no convencieron a las personas amantes de lo bello, en todos sus aspectos». Era falso. Ya tenían una decena de partidos contratados después.
El 23 de julio estalla la Gran Guerra. No jugarían más. El historiador catalán Joan García Castell, en su monumental Historia del Fútbol Catalán, les rinde homenaje. Un triste elogio: «Después de Bélgica [el primer país en ser derrotado por las tropas alemanas en la I GM, las Spanish Girl's], fueron las primeras víctimas de la guerra».
Así, llegarían dos íconos, dos futbolistas que sorprendieron por jugar con hombres. Más pioneras: La malagueña Nita, Ana Carmona Ruiz, nacida en 1908. E Irene González Basanta, de 1909. Historias asombrosas de sur a norte.
El entrenador de las Spanish Girl's las inspiró a su manera. El país vivió la euforia por las Olimpiadas de Amberes. La Furia deslumbró y consiguió una excelsa medalla de plata.
En los registros de jugadores sólo aparecía su sobrenombre. Se le llamó así por aquello de ir dirección del viento y por la transformación que tenía que experimentar en cada partido para parecer un chico.
En el norte, la guardameta se convirtió en capitán y leyenda. Sus forofos le dedicaron una canción: «Mamá,/ futbolista que quiero ser,/ jugar como Irene,/ que juega muy bien./ Mamá,/ cuando sea mayor,/ ganaré mucho dinero/ jugando al fútbol».
Etimología: La palabra pololo, de origen incierto, es definida por la RAE como un tipo de pantalón corto bombacho. En origen entró en España al empezar el s. XX como unos pantaloncitos semicortos muy amplios que podían ser usados por niños que aún llevan pañal.
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