Mandarina y Lactancia Materna: Beneficios y Cómo Introducirla en la Dieta del Bebé
La lactancia materna plantea necesidades nutricionales especiales debido a la pérdida de nutrientes a través de la leche materna, por lo que es necesario aumentar la ingesta de estos a través de la alimentación. La leche materna tiene una composición bastante constante y la dieta de la madre solo afecta a algunos nutrientes.
A pesar de que pueda existir una nutrición inadecuada en la madre, la leche materna posee un excelente valor nutricional e inmunológico y constituye el mejor alimento para los recién nacidos y los lactantes. La energía, las proteínas y todos los nutrientes de la leche provienen tanto de la dieta como de las propias reservas maternas, por lo que las mujeres que no obtienen suficientes nutrientes a través de la alimentación pueden estar en riesgo de presentar alguna deficiencia de vitaminas y minerales que cumplen funciones importantes en su salud.
La ingesta adecuada de energía y una dieta equilibrada que incluya frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, alimentos de origen animal y grasas saludables, ayudan a garantizar que las mujeres afronten esta etapa sin presentar deficiencias.
Beneficios de la Mandarina para la Madre y el Bebé
El consumo de mandarina resulta adecuado o interesante para las mujeres embarazadas para prevenir la espina bífida, alteración en el desarrollo del sistema nervioso (tubo neural) del feto, por su abundancia de ácido fólico o folatos, vitamina imprescindible en los procesos de división y multiplicación celular que tienen lugar en los primeros meses de gestación.
La mandarina es fuente natural de fibra, esencial para combatir el estreñimiento ya que estimula la motilidad intestinal; la mayor parte de la cual se encuentra en la pulpa blanca que hay debajo de la piel y entre los gajos y que no conviene desechar. Esta sustancia, asimismo favorece el tránsito del contenido fecal a lo largo del colon, disminuyendo el tiempo de contacto entre sustancias nocivas y la pared del aparato digestivo, ayuda a disminuir la absorción de grasa y colesterol, al buen control de la glucemia (niveles de azúcar en sangre) y tiene un efecto saciante, por lo que resultan frutas indicadas para las personas con hipercolesterolemia, diabetes y exceso de peso.
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Por el elevado contenido en potasio y bajo en sodio en las mandarinas, resultan muy recomendables para aquellas personas que sufren hipertensión arterial o afecciones de vasos sanguíneos y corazón. No obstante, el consumo de estas deberán tenerlo en cuenta las personas que padecen de insuficiencia renal y que requieren de dietas especiales controladas en este mineral. Sin embargo, a quienes toman diuréticos que eliminan potasio y a las personas con bulimia, debido a los episodios de vómitos autoinducidos que provocan grandes pérdidas de dicho mineral, les conviene el consumo de esta fruta.
El elevado contenido en agua, potasio y ácido cítrico (alcaliniza la orina), convierten a las mandarinas, naranjas y pomelos en frutas con efecto diurético, beneficioso en caso de hiperuricemia o gota y litiasis renal (favorece la eliminación de ácido úrico y sus sales), hipertensión arterial u otras enfermedades asociadas a retención de líquidos.
La riqueza en vitamina C y ácido cítrico del limón ayuda a prevenir enfermedades infecciosas, estimulando el sistema inmunitario y creando defensas contra virus y bacterias. Por ello, se recomienda su consumo especialmente a quienes tienen un mayor riesgo de sufrir carencias de dicha vitamina. Algunas de estas situaciones son: periodos de crecimiento, embarazo y lactancia materna.
Además, los antioxidantes pueden bloquear los radicales libres que modifican el llamado mal colesterol, contribuyendo a reducir el riesgo cardiovascular y cerebrovascular. Por otro lado, los bajos niveles de antioxidantes constituyen un factor de riesgo para ciertos tipos de cáncer y de enfermedades degenerativas.
La relación entre antioxidantes y enfermedades cardiovasculares, es hoy una afirmación bien sustentada. Se sabe que es la modificación del llamado "mal colesterol" (LDL-c) la que desempeña un papel fundamental tanto en la iniciación como en el desarrollo de la aterosclerosis (enfermedad que consiste en un engrosamiento y dureza anormal de las cubiertas internas de los vasos sanguíneos, debido a un depósito de material graso y células, que impide o dificulta el paso de la sangre).
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Existen determinadas situaciones que aumentan la producción de radicales libres, entre ellos: el ejercicio físico intenso, la contaminación ambiental, el tabaquismo, las infecciones, situaciones de estrés, dietas ricas en grasas y la sobre exposición a las radiaciones solares.
Introducción de la Mandarina en la Alimentación Complementaria del Bebé
Y llega un día que tu bebé empieza a probar alimentos nuevos y comienza tu preocupación por su alimentación complementaria. El momento de comenzar a darle fruta a tu bebé llegará, pero ¿sabes cuándo y cuál es la mejor forma de hacerlo? Tras las dudas sobre la lactancia materna empiezan a surgir las dudas sobre cuándo debemos darle fruta a nuestro bebé. Y debes saber que si el bebé toma lactancia materna es aconsejable introducirle la fruta a partir de los 6 meses.
¿Qué tan seguro sería hacerlo? ¿Desde cuándo podría probarla? La mandarina puede ofrecerse desde el inicio de la alimentación complementaria, a los 6-7 meses aproximadamente.
Las características de la mandarina la convierten en un alimento que requiere de cierta destreza para poder comerse, ya que la pulpa se encuentra envuelta en una membrana que puede aumentar el riesgo de ahogamiento. Para ofrecerla desde los 6 meses, retiraríamos esta membrana y dejaríamos la pulpa que contienen los gajos a modo de puré que podemos ofrecer con una precuchara o cuchara pequeña o mezclada con otros alimentos (por ej.
Alrededor de los 9 meses ya podría ofrecerse cortando los gajos a la mitad o en trozos pequeños y retirando las membranas para que solo quede la pulpa (sin semillas) y tras los 18 meses o más, de modo que haya ido desarrollando sus habilidades para manejar ciertos alimentos más retadores, se podrían empezar a ofrecer trozos de mandarina cortados por la mitad que aún conserven la membrana.
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Si optas por dárselo en zumo -ideal con frutas de verano-, intenta hacerlo a cucharadas. Si lo añades a la fruta triturada pon poca cantidad y si la naranja está muy ácida, prueba con la mandarina, pero nunca añadas azúcar ni otros edulcorantes.
Si tu bebé rechaza la fruta no te preocupes, se trata de un sabor y una textura completamente nuevos y necesitará tiempo para adaptarse. Prueba a darle trozos de fruta enteros para que pueda chuparlos, tocarlos y experimentar con ellos, siguiendo las pautas del método Baby Led Weaning -donde se confía en la capacidad de autorregulación de los niños para alimentarse-.
Si prefieres la fruta triturada dásela de una en una y comienza por frutas suaves como pera o plátano. Prueba a mezclar la fruta con la leche que tome habitualmente ya sea materna o artificial.
Cuando comienzas a introducir a tu bebé los primeros alimentos, lo aconsejable es que sea con papillas, y pueden ser papillas de frutas y papillas de verduras. Las frutas más recomendables para empezar a introducir en la alimentación de los niños suelen ser las manzanas, peras y plátanos. A partir de los 5 meses puede comenzar a introducirle a tu bebé frutas como el plátano, pera, manzana, naranja y mandarina. Suelen ser los alimentos de las primeras papillas de frutas. Además, tanto si optar por dárselas en pure o zumo, puedes combinarlas ya sea manzana con pera o plátano, pera y naranja.
Cuando ya ha cumplido los 9 meses pueden introducir otras frutas como la uva, sandía, mango, kiwi, melón e incluso la ciruela. Ya son frutas que pueden ser más ácidas y por eso se comienzan a incorporar en las papillas cuando el bebé ha crecido más. Cuando tu bebé se haya acostumbrado al sabor de estas primeras frutas puedes probar a darle más variedad, ya sea de una en una, en puré o en trozos.
Como has visto, es mejor evita en los primeros meses el melocotón, el albaricoque, el kiwi o frutas tropicales como la piña, el mango o la papaya pues son más propensas a causar alergias.
Recomendaciones Adicionales para la Alimentación del Bebé
- La introducción de nuevos alimentos debe complementar la lactancia, no sustituirla.
- El orden en la introducción de los alimentos no es importante.
- Para el bebé será un cúmulo de experiencias nuevas (cuchara, consistencia, sabores...).
Ejemplo de Menú para Bebés (a partir de los 6 meses)
- CEREALES: A los 6 meses. Se pueden añadir progresivamente a la leche, la fruta o hacer una papilla con agua, zumo o caldo. Los cereales con gluten deben introducirse antes de los 7 meses.
- PURÉ DE VERDURAS: A los 6 meses. Podéis hacer un puré utilizando las siguientes verduras: patata, puerro, zanahoria, guisante, judía, calabacín o tomate. Empezad haciendo un puré sencillo con dos o tres verduras e id añadiendo otras nuevas para hacerlo más variado. Conviene cocerlas al vapor o con poca agua y durante poco tiempo. Después de batirlas, añadir una cucharadita de aceite de oliva crudo. Introducir las verduras de hoja verde a partir del año de vida.
- FRUTAS: A los 6 meses. Se preparan batiendo fruta madura, pelada y del tiempo, excepto la fresa, el kiwi y el melocotón que se introducirán más tarde. También pueden ofrecerse aplastadas, en puré.
Consideraciones Finales
Esperamos que esta información te ayude a incluir la mandarina en la dieta de tu peque y despeje tus dudas sobre cómo ofrecerla.
Recuerda siempre consultar con tu pediatra o nutricionista para obtener recomendaciones personalizadas sobre la alimentación de tu bebé durante la lactancia y la introducción de alimentos complementarios.
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