Unidad Fetoplacentaria: Definición e Importancia en el Desarrollo Materno-Fetal
La unidad fetoplacentaria es un término crucial en obstetricia y ginecología que describe la relación funcional entre el feto y la placenta durante el embarazo.
¿Qué es la Unidad Fetoplacentaria?
La placenta es un órgano especializado que se forma a partir del tejido fetal (trofoblasto) y del tejido materno (decidua) en el útero durante el embarazo. Su función principal es servir de intermediario entre la madre y el feto, permitiendo el intercambio de nutrientes, gases y productos de desecho a través de la circulación materna y fetal.
El feto, por otro lado, es el ser en desarrollo dentro del útero materno, desde la etapa embrionaria hasta el momento del nacimiento.
Importancia de la Unidad Fetoplacentaria
La unidad fetoplacentaria es crucial para mantener un ambiente intrauterino saludable y garantizar un embarazo exitoso. Por esta razón, la monitorización y evaluación del funcionamiento de la unidad fetoplacentaria es una parte integral del cuidado prenatal.
En resumen, la unidad fetoplacentaria es una relación funcional esencial entre el feto y la placenta durante el embarazo, responsable de proporcionar nutrientes, oxígeno y eliminar productos de desecho del feto, así como de producir hormonas importantes para el mantenimiento del embarazo y el desarrollo fetal.
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Vínculo Materno-Fetal: Implicaciones en el Desarrollo Psicológico
Investigaciones en el campo de la salud identifican el vínculo materno-fetal como un precedente significativo de la vinculación post-natal entre la madre y su bebé. El vínculo materno-fetal se asocia con aspectos emocionales y cognitivos que permiten recrear al feto como otro ser humano. Este vínculo se expresa, a través de prácticas de salud dirigidas a buscar la protección y el bienestar del feto.
Se constata que el estado psicológico de la madre influye en el feto, tanto a nivel neurocomportamental como en las alteraciones en el desarrollo que se manifiestan así mismo en el periodo post-natal, afectando significativamente la relación madre-bebé.
Definición del Vínculo Materno-Fetal
El vínculo de apego que establece una madre con su hijo, reconocido por su relevancia en el desarrollo psicológico infantil, ha constituido un terreno fértil donde diversos estudios e intervenciones se han centrado en establecer los factores relevantes en el origen y desarrollo del mismo, así como en las estrategias para su promoción en la primera infancia.
Sin embargo, investigaciones provenientes de diferentes ramas de la salud señalan desde hace más de 20 años, que este vínculo no surge en el período posterior al nacimiento sino que tiene su origen en la etapa prenatal.
Los primeros datos acerca de la existencia del llamado vínculo materno-fetal -de carácter unidireccional desde la madre hacia el feto, frente al carácter bidireccional del vínculo de apego- provienen de investigaciones clásicas acerca de la pérdida perinatal y el dolor asociado a la misma.
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Provienen también del estudio de la relación existente entre la madre y el bebé en el post-parto temprano y del trabajo de Rubin (1967) en el cual, buscando definir la importancia y los factores que intervienen en el inicio del rol materno, postula que la relación existente entre una madre y su hijo recién nacido es consecuencia de un proceso de vinculación prenatal.
Sobre esta base, Condon y Dunn (1988) rescatan la hipótesis de Caplan (1961), que afirma que si se conoce la calidad de vinculación de la madre con el feto, es posible predecir la calidad de la vinculación en el post-parto temprano, ya que en la mayoría de los casos ambas vinculaciones son idénticas, constituyendo el parto un episodio de transición entre ellas.
Otra fuente de resultados significativos relativos a la construcción teórica del concepto de vínculo materno-fetal, proviene del ámbito empírico de la enfermería.
Siguiendo esta línea investigadora, Muller (1992) redefine el concepto introduciendo una nueva visión, según la cual el vínculo materno-fetal es una relación única de la madre hacia el feto y es independiente de los sentimientos que ésta tiene acerca de sí misma como madre o como mujer embarazada. La primera definición procedente del campo de la salud mental, se origina en la investigación acerca del vínculo en el post-parto temprano del psiquiatra australiano John Condon (1988) que plantea que este vínculo es predecible con un alto grado de certeza si se presta atención a la calidad del vínculo de la madre hacia su hijo no nacido.
Posteriormente Condon y su equipo, definen el vínculo materno-fetal como "el lazo emocional que normalmente se desarrolla entre una mujer embarazada y su hijo no nacido".
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Los avances tecnológicos en el campo del diagnóstico prenatal han aumentado el interés de la comunidad científica acerca del vínculo materno-fetal. La posibilidad de acceder a técnicas de ultrasonido que permiten ver más claramente al feto en etapas tempranas de su desarrollo y en tiempo real, han facilitado que los futuros padres imaginen y representen al feto como un ser independiente.
Lumley (1982) sugiere que esta visión permite a las madres pensarlo como una persona real y diferente de sí misma estableciendo una primera relación afectiva.
Si bien existe un consenso entre los investigadores de diferentes disciplinas, acerca de la existencia e importancia del lazo emocional que una mujer establece con su bebé no nacido, no lo hay en cuanto a la terminología utilizada.
Partiendo de esta premisa, algunos autores exponen que las representaciones que activan el lazo emocional de la madre hacia el feto tienen más que ver con un sistema de cuidado, que con uno de apego; debido a que la función de los sistemas de cuidado es la disponibilidad y cercanía afectiva de la madre para proveer la atención y protección necesarias para el óptimo desarrollo.
Otros autores sugieren que el sistema de cuidados concebido como la necesidad y deseo de protección al feto, es parte de una relación más amplia que incluye cognición, emoción y comportamientos y donde se experimentan y expresan afectos de modo estable.
Siguiendo la línea de estos trabajos, definir el vínculo materno-fetal es una tarea compleja; el mismo, podría ser definido como la filiación de la madre hacia el feto asociada con los aspectos emocionales y cognitivos necesarios para recrearlo como otro ser humano.
Como síntesis de los argumentos expuestos hasta ahora, parece oportuno distinguir entre apego como un conjunto de sistemas e interacciones bi-direccionales y el vínculo materno-fetal como un sistema unidireccional con diversas manifestaciones cognitivas, afectivas y comportamentales. Dichas manifestaciones permiten el desarrollo habilidades propias de la función materna, como la protección y la búsqueda de contacto, las cuales se expresan también, en el periodo posterior al nacimiento.
En lo referente al estudio de las variables influyentes en el origen y desarrollo del vínculo materno-fetal, autores como Doan y Zimerman (2008) han señalado los cambios en el bienestar psicológico de la madre, diferentes aspectos de la historia personal y múltiples variables psicosociales.
De igual manera estos autores indican, que la presencia de habilidades cognitivas y emocionales para recrear al feto como un individuo diferenciado, así como el propio estilo de apego seguro en la infancia o una relación positiva actual con los padres, establecen las bases para un desarrollo positivo del vínculo materno-fetal; dicho vínculo experimenta un incremento exponencial a partir de la percepción de los movimientos fetales y en las últimas semanas de gestación de cara al parto.
Dentro de las variables psicosociales se encuentran las características de personalidad de la madre como la empatía, las características específicas del embarazo como la planificación del mismo, el control de la ansiedad y el estrés en los procesos de fertilización asistida, el manejo del impacto emocional de las pérdidas perinatales anteriores, un buen perfil socio-demográfico y un buen apoyo social percibido.
De la misma forma que las habilidades cognitivas y emocionales son necesarias en el inicio y fortalecimiento del vínculo, su expresión tiene que ver con componentes cognitivos y afectivos. Dentro de los elementos cognitivos se encuentran los pensamientos o representaciones mentales acerca del feto, que permiten a las madres realizar incluso, atribuciones de personalidad y comportamiento; por otra parte, los elementos afectivos hacen referencia a la empatía y el placer en la interacción.
Finalmente un último elemento de la expresión del vínculo materno-fetal, se relaciona con comportamientos asociados a las prácticas de salud en función del bienestar del feto, por ejemplo el seguimiento obstétrico, la intención de no hacerle daño y la reducción o finalización del consumo de tabaco, alcohol y otras drogas.
Estas prácticas dirigidas a la búsqueda de bienestar en el embarazo y a la protección del óptimo desarrollo fetal constituyen además un fértil campo de estudio; así lo demuestran diversas investigaciones actuales enfocadas en el campo de la salud primal, el cual reúne la vida fetal, parto, post-parto y primer año de vida.
Estas investigaciones permiten aumentar el entendimiento y la importancia de la relación materno-fetal, como variable indiscutible en la prevención y en el fortalecimiento y promoción de las prácticas de parentalidad positiva.
Vínculo Materno-Fetal, Estado Emocional Materno y Desarrollo Psicológico
El estudio acerca de la importancia de factores emocionales, ambientales y sociales en el periodo gestacional, ha permitido detallar la influencia del estado psíquico materno tanto en variaciones en tiempo real del comportamiento fetal; como en algunas alteraciones fetales del desarrollo, las cuales presentan un correlato en el periodo post-natal. Así mismo se ha descrito su repercusión en el vínculo materno-fetal y posteriormente en el comportamiento, desarrollo y vinculación neonatal.
Una considerable cantidad de literatura científica ha permitido detallar y conocer entre otras, cómo el grado de ansiedad materna , el estrés percibido, la presencia de depresión y los factores socio-económicos poco favorables, se relacionan con el grado de vinculación materno-fetal y con las prácticas de salud o comportamientos que pueden afectar el desarrollo del embarazo y el bienestar fetal.
Dentro de estos comportamientos y prácticas de salud se encuentran la abstinencia o reducción del consumo de alcohol, del tabaco y de otras drogas, así como los efectos positivos del descanso, la alimentación adecuada y la atención prenatal.
Estudios realizados tradicionalmente desde la medicina materno-fetal y la psicobiología han descrito dos tipos de cambios relacionados con la influencia del estado psicológico de la madre durante el embarazo (Tabla 2). Los primeros inducidos por medio de la manipulación experimental de dicho estado, indican variaciones en tiempo real de la dinámica del comportamiento fetal, principalmente aspectos medibles que se expresan así mismo en el recién nacido tales como los patrones de frecuencia cardiaca, su variabilidad o estabilidad y la actividad motora; este comportamiento refleja además, los procesos de desarrollo y maduración del sistema nervioso central.
Medicina Materno-Fetal
Se define Obstetricia como la especialidad médico-quirúrgica que trata sobre el embarazo, parto y puerperio, tanto en la normalidad como en la patología. Actualmente, en función de los importantes avances de las últimas décadas, tanto en el diagnóstico como en la fisiopatología materna y fetal, nos referimos también a la medicina de la mujer gestante y de su hijo/a, es decir, hablamos de medicina materno-fetal.
La medicina materno-fetal es un área relativamente nueva alrededor del mundo. Surge de la obstetricia en un proceso natural, al no poder abarcar la primera todas las complicaciones que pueden derivarse del embarazo, tanto desde los aspectos maternos como los fetales. Sus áreas de impacto han crecido de forma exponencial durante los últimos 30 años; pasando de la promoción y la integración de las pruebas de vigilancia fetal, a la práctica clínica, con la aplicación de pruebas de detección ultrasonográfica cada vez más especializadas, así como por la ejecución de procedimientos diagnósticos y terapéuticos invasivos, que nos permitieron considerar al feto como un paciente susceptible de ser diagnosticado y tratado.
En la primera década del siglo xxi surge el «boom» de las pruebas de tamizaje tan tempranamente como en el primer trimestre de gestación, inicialmente para detectar cromosomopatías, y posteriormente para predecir complicaciones obstétricas consideradas como un problema de salud pública, que incluyen la preeclampsia, el bajo peso al nacer y el parto pretérmino entre otras.
Por otro lado, la medicina materno-fetal propone la aplicación de un nuevo planteamiento de lo que debería considerarse un control prenatal efectivo, con un enfoque preventivo a través de la «inversión de la pirámide» difundido por el Dr. Kypros Nicolaides, quien sugiere una identificación temprana de los factores de riesgo individuales de la embarazada y las intervenciones que puedan prevenir los desenlaces adversos.
La Placenta
La placenta es un órgano temporal que se desarrolla en el útero durante el embarazo. Esta estructura brinda oxígeno y nutrientes al embrión y posteriormente al feto y a través de ella se eliminan los productos de desecho. Ahora bien, la placenta permanece en el cuerpo de la madre tan solo unos minutos más que su hijo, un rasgo que hace que su estudio resulte fascinante. La placenta es un órgano materno-fetal efímero que desempeña un papel fundamental en el desarrollo del embarazo en mamíferos del clado Placentalia.
¿Dónde se encuentra la placenta?
Se forma en interior del útero y está unida a la pared uterina, brindando oxígeno y nutrientes al feto en crecimiento y eliminando los productos de desecho de su sangre. Surge a partir de las mismas células que dieron origen al embrión, y está compuesta por una porción fetal, el corion frondoso, y una porción materna o decidua basal. La placenta se expulsa después del nacimiento del bebé, en el periodo llamado 'alumbramiento'.
La placenta se desprende de la pared uterina y es expulsada junto con las membranas amnióticas. Este proceso puede ocurrir entre 10 y 30 minutos después del parto, aunque en algunos casos puede tardar hasta una hora o más. Para facilitar la expulsión de la placenta se hace un alumbramiento dirigido, que consiste en la administración de oxitocina una vez se ha desprendido el hombro anterior del feto.
Posteriormente a la expulsión fetal, el ginecólogo realiza una suave tracción del cordón umbilical para comprobar el desprendimiento de la placenta. Es fundamental asegurar que la placenta se expulse completamente para evitar posibles complicaciones.
¿Para qué sirve la placenta? Funciones que cumple
La placenta tiene múltiples funciones vitales durante el embarazo. Se trata de un órgano esencial para el correcto desarrollo del embrión, ya que a través de ella y del cordón umbilical, el feto mantiene la conexión con la madre, de la que recibe todos los nutrientes, sangre y oxígeno necesarios para su crecimiento y desarrollo.
Además de su papel en la nutrición, la placenta también se encarga de eliminar los catabolitos procedentes del feto, como dióxido de carbono, urea y bilirrubina. El intercambio de sustancias entre madre y feto ocurre mediante las vellosidades coriales, que son parte de la placenta y están en contacto con la sangre materna alojada en las lagunas o espacios intervellosos.
Otra importante función de la placenta es la secreción de hormonas que afectan tanto a la madre como al feto. A nivel endocrino, la placenta elabora dos tipos de hormonas, las hormonas polipeptídicas y las hormonas esteroideas.
Estas hormonas desempeñan un papel crucial en el mantenimiento del embarazo y en la preparación del cuerpo materno para el parto.
La placenta también actúa como una barrera protectora, impidiendo el paso de moléculas de gran tamaño, como proteínas, virus y bacterias. Esto contribuye a mantener el ambiente intrauterino libre de infecciones, aunque, en casos excepcionales, si el virus o bacteria logra dañar atravesar la barrera placentaria podría provocar una infección en el feto.
¿De qué está compuesta la placenta?
La placenta está compuesta por dos componentes principales: la parte fetal y la parte materna.
La parte fetal, conocida como corion frondoso, está formada por una multitud de vellosidades coriales y es responsable de la nutrición y el intercambio de sustancias con la sangre materna.
La parte materna, denominada decidua basal, procede de la transformación de la mucosa uterina y es responsable de proporcionar un sitio de implantación para la vesícula gestacional y el desarrollo de la placenta.
La placenta alcanza su máximo desarrollo cuando tiene una forma de disco con aproximadamente 15 cm de diámetro y un peso de alrededor de 500 g. Está dividida en cotiledones por tabiques placentarios y contiene unos 150 ml de sangre. La superficie de contacto entre la sangre materna y las vellosidades coriales es considerable, lo que favorece el intercambio de sustancias entre madre y feto.
La placenta, junto con el cordón umbilical, establece el sistema de transporte que permite el intercambio de sustancias entre la madre y el feto durante el embarazo. Así, la placenta es un órgano esencial para la nutrición, respiración, protección y producción hormonal durante el desarrollo del feto. Su correcta formación y funcionamiento son fundamentales para asegurar un embarazo saludable y el adecuado crecimiento del bebé en gestación.
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