El pasado monfortino de los hijos de Largo Caballero

30.10.2025

Si nombramos a Francisco Largo Caballero, quien más quien menos sabrá de quién hablamos. Pero si decimos que dos de sus hijos tuvieron pasado monfortino, la inmensa mayoría de los vecinos de esta localidad se verán sorprendidos aunque que conozcan detalles de la vida del dirigente socialista.

Ricardo Largo Álvarez

Este histórico personaje español del siglo XX se casó en dos ocasiones. Del primer matrimonio, con Isabel Álvarez Fernández, nació un hijo de nombre Ricardo Largo Álvarez. Poco se conoce de su primera mujer y de ese hijo del primer matrimonio, ya que Largo Caballero no solía hablar de ellos. Largo Caballero no tuvo especial relación con él a partir de su niñez.

Ricardo Largo Álvarez nace en 1891, un año después de casarse sus padres. Ferroviario de profesión, es trasladado a la estación de ferrocarril de Monforte de Lemos. A comienzos de los años veinte se casa con Antonia Rodríguez Álvarez, de cuyo matrimonio nacen varios hijos. Pero solo Manuel sobrevive. Dos fallecen siendo niños. Ricardo y su esposa se trasladarían tiempo después a Barcelona, donde falleció hace años.

Un repaso a las hemerotecas nos aporta noticias varias de la familia de Ricardo y Antonia en los años previos a la guerra civil. Ricardo sufre un accidente en el año 1945 del que se hace eco la prensa de la época.

«Cuando trataba de tomar el tren en la estación de Curtis, el vecino de Monforte don Ricardo Largo Álvarez, de 54 años, tropezó con unos bultos colocados en el andén y se produjo la fractura de la rótula derecha. Por el agente de policía de servicio en el convoy fue conducido el lesionado a la casa de socorro del hospital, donde se le prestó asistencia, pasando a ocupar una cama de dicho establecimiento», recoge una reseña.

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Francisco Largo Calvo

En Monforte coincidió con otro hijo de Largo Caballero durante varios años en la década de los cuarenta. Nos referimos a su hermanastro Francisco Largo Calvo.

Francisco Largo Calvo era hijo de Francisco Largo Caballero y de su segunda esposa, Concepción Calvo. Con 16 años se afilia a las Juventudes Socialistas. A los veinte participó activamente en la huelga general del 1934, junto a su padre. Fue detenido el 21 de octubre de ese año y trasladado a la cárcel Modelo de Madrid. En ese momento estaba estudiando Ingeniería Industrial. En julio de 1935, año de la muerte de su madre, sale de prisión.

Realizara el servicio militar en el reemplazo de julio del año 1936, en el regimiento de Transmisiones del Pardo. Con fecha de 21 de julio resulta de nuevo detenido, esta vez al sublevarse dicho acuartelamiento con motivo del levantamiento militar contra la segunda República. A Largo Calvo lo trasladan a la Granja de San Ildefonso, de donde pasa el mismo día a la Academia de Artillería de Segovia.

En octubre del 36 un grupo de falangistas encabezado por varios capitanes lo trasladan a Sevilla, en concreto, al Cuartel General de Falange en Andalucía. El interés por salvaguardar la integridad de ese hijo de Largo Caballero se debía a la posibilidad de canjearlo por José Antonio Primo de Rivera, preso en Alicante. De hecho, en alguna ocasión así se lo hicieron saber al propio Francisco.

Mauricio Carla Villa, inspector de policía de la Dirección General de Seguridad de Madrid, le comenta que estaba en calidad de rehén y que su vida dependía de la de Primo de Rivera. El fracaso del intento de utilizar a Largo Calvo como moneda de cambio parece que le valió un castigo severo. En el cuartel general de Falange en Andalucía estuvo hasta febrero de 1937, cuando es trasladado a la prisión provincial de Sevilla. Allí lo mantuvieron aislado hasta mediados de 1938. Ya en régimen normal en la prisión sevillana, estuvo así cinco años más. Seguía con vida por su valor como rehén, con vistas a un posible canje.

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Exilio en Monforte

En libertad condicionada, eligió para su exilio forzoso la ciudad de Monforte de Lemos, donde estaba destinado y trabajando, establecido con su familia, su hermanastro Ricardo Largo Álvarez. Nuria Franco Fernández, integrante de la Fundación Francisco Largo Caballero y amiga personal de Sonia Largo Valcarce, confirma que la presencia de su hermanastro fue determinante para que Francisco eligiese Monforte para su retiro obligado. Aquí lo volvieron a ingresar en la desaparecida cárcel de A Pinguela durante tres meses, sin que se sepa con certeza el motivo.

Francisco Largo Calvo vivió en Monforte su período de destierro político de Madrid. Tenía la prohibición de ausentarse de la capitalidad de las tierras de Lemos y debía presentarse todas las semanas en el cuartel de la Guardia Civil. El propio Francisco afirma en algunas crónicas que estaba realmente solo porque los de derechas lo odiaban y los de izquierdas tenían precaución y recelo de establecer amistad con él por ser quién era y por las posibles consecuencias.

El café bar Eulogio era toda una institución en la sociedad local monfortina. Estuvo regentado por una familia de afamados confiteros y pasteleros. En el propio establecimiento se podían degustar los dulces y mantecadas monfortinas salidas de los hornos de la familia De la Fuente. Otra confitería famosa de esta misma familia estaba en la calle del Comercio. Eulogio de la Fuente López, casado con Dolores Pérez Meira, era dueño del negocio de la calle del Cardenal, que luego pasaría a su hijo Eulogio de la Fuente Pérez. Eran conocidos con el apodo de «los Mermeladas», en clara alusión a sus reposterías. El local comercial solía estar repleto de clientes tanto dentro como en las terrazas, cuando el tiempo lo permitía.

Cuando no recalaba en el Eulogio, a Largo Calvo era fácil localizarlo en el café bar Lemos. El hijo del segundo matrimonio de Francisco Largo Caballero tenía especial afición al ajedrez, juego en el que dejó testimonio de haber alcanzado un buen nivel. Llama la atención que no trascendiesen detalles de su relación en Monforte con su hermanastro, aquí avecindado, el anteriormente nombrado Ricardo Largo Álvarez.

Francisco Largo Calvo entabló amistad en Monforte con un acaudalado vecino natural de Santa María de Tuiriz, Juan Valcarce, retornado de Sudamérica y de ideas liberales. Pronto se convierte en contertulio habitual del hijo de Largo Caballero. María de las Mercedes era hija de Juan Valcarce y Anuncia Espinosa Casanova. Otros hermanos de Maruja eran Arturo, Sara y Flora Valcarce Espinosa. Arturo ejerció como juez municipal. En los años veinte aspirara a ser nombrado juez municipal del término de Pantón. En los cincuenta fue vocal-vicepresidente segundo de la Junta Municipal del Censo. Arturo residía entre Pantón y Monforte, avecindado en esta última localidad en la hoy denominada Avenida de Galicia, por aquel entonces Avenida del Generalísimo Franco.

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Matrimonio y Exilio

Las personas que no se habían bautizado, como era el caso de Francisco Largo Calvo, se casaban fuera de la iglesia sin mayor obstáculo, Maruja Valcarce, por el contrario, estaba bautizada y por ello tuvo que renunciar de su religión católica para poder contraer matrimonio por lo civil. Encontrar un juzgado dispuesto a oficiar la ceremonia fue más complicado que obtener esa renuncia. Ningún juez de Monforte se atrevía a casarlos y Francisco Largo Calvo y Maruja Valcarce tuvieron que peregrinar por otros municipios de la zona para consolidar su enlace matrimonial.

En Monforte, Francisco Largo Calvo es informado del estado preocupante de salud de su padre, Francisco Largo Caballero. Su hermana Carmen Largo Calvo tenía al corriente del estado de salud de su padre a los hijos que por diferentes motivos habían venido a parar a esta localidad. Tras recibir un telegrama en el que se le comunicaba el agravamiento de la situación, Francisco decide desobedecer las órdenes sobre su confinamiento y toma un tren en la estación local con destino a Vigo.

En 1946 le conceden la libertad y viaja a Madrid para conseguir trabajo. Tras unas semanas de intentos infructuosos regresa a Monforte para casarse con Maruja. Residirían en la calle Doctor Casares, donde tenía el domicilio su esposa. Tras tomar la decisión de dejar Monforte, en 1947 salen para Francia y un año después toman rumbo a México.

Las fotos sobre la familia y el sepelio del histórico dirigente socialista que ilustran este reportaje forman parte del archivo gráfico de la Fundación Francisco Largo Caballero, a la que agradecemos su colaboración por la cesión de las imágenes y la aportación de otros datos biográficos.

El Regimiento de Transmisiones 21

El Regimiento de Transmisiones 21, con sede en la base General Almirante, ubicada en la localidad valenciana de Marines, cumple 150 años este mes de octubre. Esta efeméride superará los protocolarios actos castrenses debido a la recopilación de historias personales y a su divulgación llevada a cabo por el teniente coronel Juanjo Crespo Esbert.

Este militar nacido en Valencia y destinado en la actualidad en Bruselas, con varios años de servicio en el regimiento antes citado, ha realizado una profusa investigación con la finalidad de relatar la vida y peripecias de predecesores suyos en este cuerpo militar que, anteriormente, tenía su base en la población madrileña de El Pardo. Su objetivo, tanto desde sus inicios como en la actualidad, consiste en encargarse del servicio de transmisiones y comunicaciones entre unidades del Ejército.

Con la perseverancia de un orfebre literario, recopila, en su obra titulada ´El Alma del 21´, 33 historias. Cada una no corresponde exactamente con un personaje, ya que las secuencias de la vida del cabo Pedro Fernández-Mayoralas se suceden a lo largo de varios capítulos. De hecho, constituyen el armazón del libro y sirven casi de prólogo y epílogo. Siempre, en lo que se refiere a Fernández-Mayoralas, bajo el sobrenombre de ´El eterno´ por cómo aconteció su muerte.

Ese hecho, el de la defunción, supone otro nexo de unión entre todos los protagonistas. Han formado parte del regimiento a lo largo de sus 150 años de historia -antigüedad que data de la constitución de la Brigada Telegráfica, el 3 de octubre de 1872-, aunque ya ninguno puede contar su experiencia. Juanjo Crespo ejerce de portavoz. Lo hace tras una exhaustiva investigación en la que se ha zambullido en los archivos del Regimiento de Transmisiones, entre otras fuentes, y se ha explayado en conversaciones con familiares de los fallecidos.

De este modo ha recuperado historias como la del mismísimo padre del ex presidente del Gobierno José María Aznar, el alférez y locutor Manuel Aznar Acedo. “Un micrófono puede cambiar el mundo”, afirma Crespo en el cierre del capítulo. Antes explica cómo Aznar Acedo se inscribió en un curso de radiodifusión y propaganda durante la Guerra Civil o de qué modo su grupo tomó el control de la radio en Valencia un día antes de que la ciudad fuera conquistada.

Con en el paso de los años, y ya en su trayectoria de locutor civil, creó el célebre programa Carrusel Deportivo, con su inconfundible frase de “minuto y resultado” que Aznar invitaba a recitar en el programa que inauguró en 1952. El libro también recrea el padecimiento de Francisco Largo Calvo, miembro del regimiento y, sobre todo, hijo de Francisco Largo Caballero, primero líder de UGT y luego, en 1931, nombrado ministro de Trabajo durante la II República, para ascender hasta presidente del Gobierno.

Largo Calvo fue capturado por las tropas sublevadas con la intención de canjearlo por José Antonio Primo de Rivera. No obstante, su propio padre, fiel a sus convicciones hasta ese extremo, rechazó esa posibilidad al darse por enterado de la sentencia a fusilamiento de Primo de Rivera y, tácitamente, confirmándola de ese modo. El destino quiso que Largo Calvo no pereciera tras ese frustrado canje. Y Crespo continúa en este capítulo narrando en paralelo cómo iban sobreviviendo, tanto padre como hijo, a un destino que parecía de inminencia letal.

Entre las historias del Regimiento de Transmisiones también se halla la del ilustre segorbino Julio Cervera, considerado conquistador del desierto del Sáhara para España y eminencia de las transmisiones y comunicaciones. Llegó hasta el punto de convertir a su localidad en la primera en disponer de alumbrado eléctrico en la provincia de Castellón o de instalar el tendido del tren que cruzó inicialmente Tenerife. Cervera fue más allá al generar el primer sistema de telégrafo sin hilo del mundo.

“Soñó que España podía ser el templo de la palabra y no el reino de la guerra”. Con esta definición el autor de ´El Alma del 21’ evoca al alférez Joaquín Ruiz-Giménez, desconocido en su faceta militar y célebre en la historia de España por haberse convertido, después de ocupar otros cargos de relevancia, en el primer Defensor del Pueblo.

Unos lo hicieron en Cuba, otros en África, otros de forma natural. Pero en ese maremágnum de protagonistas asoman, con frecuencia, nombres que resultan conocidos. Esos son los casos de las familias Aznar y Largo Caballero: ninguna de las dos habría tenido la misma existencia de no ser por sus experiencias determinantes al servicio de dicha unidad militar del Ejército.

Los Largo Caballero

La ventana que el libro abre hacia la historia de los Largo Caballero arranca en los convulsos años treinta, con una descripción de la vida política -y sindical- de Francisco Largo Caballero (padre) y Francisco Largo Calvo (hijo). Ambos compartieron revolución, primero, y celda, después. Tras quedar en libertad, el joven Francisco Largo Calvo fue llamado a filas para cumplir en 1936 con el servicio militar. E ingresó como soldado de cuota, lo que se traducía en una reducción del tiempo de servicio y una proximidad con su lugar de origen, previo pago de una cantidad estipulada de dinero.

¿Su destino? El Regimiento de Transmisiones, en El Pardo. Era el 1 de julio de 1936 y el resto es Historia. Estalló la Guerra Civil y fue trasladado hasta Sevilla, donde permaneció recluido bajo fuerzas falangistas que trataron de usarlo -sin éxito- como moneda de cambio para la liberación de José Antonio Primo de Rivera, finalmente fusilado en Alicante.

Francisco Largo Calvo sobrevivió a la guerra y, tras la misma, se marchó a México, donde llegó a liderar la rama del Partido Comunista en el país centroamericano. Finalmente, regresó a Madrid tras la muerte de Franco. Murió en el año 2001.

Los Aznar

El Regimiento de Transmisiones también marcó de arriba abajo la existencia de la familia Aznar. Si antes el protagonista era el hijo de Largo Caballero, ahora lo es Manuel Aznar Acedo, padre de José María Aznar. Es el 14 de septiembre de 1916. El diplomático español Manuel Aznar Zubigaray tiene un hijo, Manuel Aznar Acedo. Seis años después, la familia al completo se traslada a Cuba por trabajo del diplomático. Allí, el pequeño Manuel Aznar se enamoró de la radio. Y en 1932, ya con el trabajo cumplido, regresaron todos a España.

Año 1936. Estalla la Guerra Civil. A los pocos meses, Franco ordena la creación de una compañía de propaganda con personal especializado para el frente. ¿Dónde la encuadró? En el Regimiento de Transmisiones del Ejército. Para incorporar a oficiales competentes en radiodifusión y propaganda se reclutó a personal no militar. Entre los pocos seleccionados -un total de siete- figuraba el periodista Manuel Aznar Acedo, como alférez honorario de ingenieros que, vinculado a Falange, fue destinado como locutor de radio al Ejército de Levante.

El alférez Aznar y sus compañeros tenían como misión tomar las estaciones y emisoras de radio de los pueblos y localidades que iban tomando para difundir los mensajes de propaganda. El 30 de marzo de 1939 trataron de hacer lo propio con Radio Alicante, antes incluso de que la ciudad se rindiera: tres miembros de la tercera Compañía de Radiodifusión y Propaganda resultaron muertos; los últimos fallecidos en combate de la Guerra Civil.

Manuel Aznar colgó el uniforme tras la guerra. Fundó varios periódicos, como Hoja Oficial de Alicante o Avance. Después dirigió la programación de la cadena SER, hasta que Manuel Fraga -ministro de Turismo con Franco- lo nombró director de Radio Nacional de España. “Fue el creador del Carrusel Deportivo. Sí, ese “minuto y resultado” de las rondas por los estadios de los domingos de la radio”, afirma el autor, Juan José Crespo, en su libro.

Los Largo Caballero y los Aznar, unidos en su pasado por el Regimiento de Transmisiones del Ejército. Y así hasta 25 vidas que discurren por la historia de la unidad militar, de 150 años de existencia. Protagonistas ya fallecidos, cuyo historial rescata el teniente coronel Crespo en El alma del 21.

El Intento de Canje

La Guerra civil española todavía guarda secretos poco conocidos por el gran público. Uno de los más sorprendentes es, sin duda, la negociación en plena contienda entre el bando nacional y el republicano para un intercambio entre nada menos que el hijo del dirigente socialista Francisco Largo Caballero y el líder del partido político Falange Española, José Antonio Primo de Rivera. El escritor Juanjo Crespo rescata en su obra El alma del 21 esta desconocida historia sobre este posible intercambio de presos.

En el caso de Francisco Largo Calvo, siempre tuvo una inclinación hacia las ideas revolucionarias propuestas por su padre, conocido como “el Lenin español”. A sus 21 años, el joven fue liberado de la prisión e ingresó en el Regimiento de Transmisiones, cuya sede se encontraba en El Pardo. Allí debió cumplir con el servicio militar que redujo a seis meses, debido a que pagó una cantidad de dinero para ser “soldado de cuota” y librarse de los 36 estipulados por la ley. Nunca llegó a completarlo, debido que el 17 de julio de 1936, la noticia de la sublevación del bando nacional liderado por el general Francisco Franco, la recibió en su reclutamiento.

Crespo ha consultado los archivos para conocer qué sucedió con este regimiento, de dónde extrajo la conclusión de que sus integrantes quisieron unirse al alzamiento. Por eso recoge una frase del capitán Luis de la Torre que seguro nunca olvidó Largo Calvo: “Nosotros no estamos dispuestos a luchar al lado de su padre y nos marchamos a Segovia a ponernos al lado del Ejército sublevado en contra de la República”.

Por otro lado, tenemos al fundador de Falange Española, José Antonio Primo de Rivera, quien ya llevaba cuatro meses detenido por el Frente Popular en la prisión de Alicante, acusado de conspiración y tenencia ilícita de armas. Sus seguidores lucharon por su liberación tratando de explorar todas las opciones posibles para rescatar a su líder. Por eso, en una intentona a la desperada, tres falangistas acudieron a la prisión de Largo Calvo y lo sacaron para llevarlo -otra vez en coche- rumbo a Sevilla, con el propósito de negociar un posible intercambio de rehenes.

Durante varias semanas, falangistas y socialistas se reunieron en París para encontrar una solución. Según recoge Juanjo Crespo, en estos días tan tensos, incluso unos carlistas trataron de irrumpir en el lugar donde estaba Largo Calvo para fusilarlo, cosa que no ocurrió debido a la defensa de sus protectores. Sin embargo, esta esperanza de canje se disipó el 20 de noviembre de 1936. Como es bien sabido, Primo de Rivera será al final fusilado por la República. Este intercambio, que tanta atención atrajo por los dirigentes de ambos bandos, pasó al olvido.

La realidad es que Francisco Largo Caballero no estuvo dispuesto a que se lo considerara un traidor a sus ideales por la vida de su hijo. Largo Calvo nunca fue ejecutado. Al contrario del otro protagonista, estuvo con vida en prisión hasta la victoria final de las tropas del general Franco. En 1943, obtuvo su libertad, aunque le costó mucho adaptarse a la nueva sociedad por la imagen negativa de su padre. Así que, años más tarde, recurrió forzado al exilio donde se afilió al Partido Comunista de España. En un futuro, regresará a la Península donde morirá en 2001, a sus 87 años.

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