Rafael Alkorta: Familia, Trayectoria y Posible Futuro en la Federación Española de Fútbol
Rafael Alcorta, ex jugador de fútbol, disfruta de momentos familiares y se proyecta en el ámbito deportivo. A continuación, exploraremos diversos aspectos de su vida personal y profesional.
Un Día de Esquí en Familia
Rafael Alcorta, su mujer e hijos disfrutaron de un día de esquí en la estación de Baqueira. El ex jugador de fútbol se mostró muy amable con la prensa y no dudó en posar junto a su familia, todos ellos equipados con ropa para la ocasión. Alcorta bromeó con la prensa comentando “van a creer que soy de la casa real o algo” mientras posaba para los periodistas. Segundos más tarde se unieron a él su mujer e hijos. Los cuatro posaron como una familia feliz equipados con ropa de nieve.
Legado y Valores Familiares
Rafa Alkorta es sinónimo de compromiso, liderazgo y constancia. Como jugador, defendió con orgullo la camiseta del Athletic Club y del Real Madrid, y representó a España en tres Copas del Mundo y una Eurocopa. Fue un defensa central con temple, carácter y una elegancia innata dentro y fuera del campo. Hoy, en un momento muy especial, comparte con su hijo Iker algo más que una visita a una sastrería. Comparten principios. Comparten un legado.
“Mi padre me enseñó que la imagen no es superficial. Iker, que comienza su carrera profesional en el mundo de la banca, entiende que esos mismos principios también aplican en los despachos. Porque en los entornos profesionales, como en el deporte, la disciplina, la precisión y la imagen marcan la diferencia.
Durante la sesión en Sastrería Foraster Bilbao, Rafa e Iker se probaron sus trajes a medida. No fue solo una cuestión de tallas o tejidos. El vídeo, muestra esa complicidad, ese respeto mutuo que no necesita artificios. No hay actores. No hay guion. “La elegancia verdadera no pasa de moda.
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Amama Lola: Un Pilar Fundamental
El que fuera defensa central del Athletic, club del que sigue formando parte como director deportivo, habla con auténtica pasión de su amama Lola, que cumplirá nada menos que 100 años el próximo 21 de mayo. Si su relación siempre ha sido muy estrecha, porque asegura que ella es un «encanto», los lazos se hicieron aún más intensos a partir de 1989. Ese año falleció su ama, hija de Lola, y ella pasó a formar parte de su día a día. «Venía a casa a hacernos la comida a mi padre, a mi hermano y a mi otra abuela. Es por ello que derrocha todo tipo de elogios cuando se trata de definir a su adorable amama Lola, como le gusta llamarla.
«Siempre ha estado ayudando a toda la familia», alaba el ex jugador rojiblanco. Desde que era bien pequeño, a Rafa le encantaba ir a visitarla a su casa, en la calle Doctor Areilza de Bilbao. Pasión que compartía con el resto de primos. «Iba mucho a verla. La misma añoranza que siente el ex jugador rojiblanco cuando evoca aquellos conciertos matinales de los domingos en el quiosco del Arenal a cargo de la Banda de Música de Bilbao, en la tocaba la tuba su aitite Luis.
«Era un día de fiesta», comenta. Sin embargo, él murió muy joven, cuando «yo era muy pequeño». Y su amama Lola afrontaba la viudedad como una más de las «muchas vicisitudes» que ha tenido que soportar a lo largo de su longeva vida, en la que le ha tocado «pasar frío y hambre durante la Guerra». De aquella época «nos nutre de información. Todas estas circunstancias han reforzado, en opinión de Rafa Alkorta, el fuerte carácter del que hace alarde su amama, a quien considera «muy dura y, mentalmente, muy fuerte».
A punto de cumplir un siglo de vida, su salud sigue siendo inmejorable. Entusiasta del deporte en general, a Lola le gusta «ver fútbol y traineras». Pero, por encima de todo, es «una futbolera y del Athletic hasta la médula», añade Alkorta, quien desea que su amama siga deleitando a la familia con sus historias del pasado. Elogia, además, las dotes que aún conserva a la hora de relatar cualquier tipo de acontecimientos de antaño. «Es una salada y tiene mucha gracia», por lo que en opinión del excentral rojiblanco, consigue siempre entretener a quienes la rodean. Estas cualidades la convierten en una compañía ideal.
Alkorta está deseando que concluya el estado de alerta para poder trasladarse de su residencia de Berango hasta Bilbao para poder ver y abrazar a querida amama Lola.
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Trayectoria Profesional
Rafael Alkorta Martínez (Bilbao, 1968) posee el liderazgo tranquilo que acarrea la seguridad en uno mismo. Criado en el barrio obrero de La Casilla, este cachorro de Lezama se fogueó entre los campeones del Athletic para, contra su voluntad, acabar viviendo la transición de la Quinta del Buitre al Real Madrid preSéptima de Capello, donde erigió una pareja icónica junto a Hierro y cosechó una Supercopa y dos Ligas. «Humanamente admirable», le definió una vez Valdano, quien subrayó asimismo su naturaleza ganadora y capacidad de mando. Regresó a casa en cuanto pudo ya transfigurado en león y, aunque el final fuera feo, en el interludio conquistó su singular Champions colándose en Europa con los leones.
Puntal de la controvertida selección de Clemente, no olvida la imagen de Luis Enrique sangrando en el vestuario de Foxboro; qué habría ocurrido si no se hubieran reído de nosotros, se pregunta todavía. De Hugo Sánchez a Ronaldo Nazario, este central raudo e intuitivo, con orígenes de extremo goleador, plantó cara a los delanteros más bestiales de los 90.
Alkorta reconoce que en sus quince años de carrera salió trasquilado alguna vez, pero sabe que venció muchas más batallas de las que perdió.
Inicios
Vivimos unos años fuera porque mi padre había sido futbolista profesional. Llegó a jugar en Segunda División, pero una lesión en el cruzado le dejó en el dique. Yo me llamo como él. Mi abuela América era profesora de piano y entonces mi padre se hizo pianista, trabajaba en Canarias y en Palma de Mallorca con su grupo. Así que realmente no viví en Bilbao hasta los siete años, cuando mi padre encontró trabajo en la ciudad. Se montó otra orquestilla para hacer las fiestas de los pueblos tocando, tenía un grupo con cantante y todo. Pero hay que decir que mi madre, estando embarazada de mí en Canarias, se desplazó hasta Bilbao para que yo naciera allí, e hizo lo mismo con mi hermano Oskar. O sea, que somos de Bilbao.
Éramos una familia muy futbolera porque Bilbao es una ciudad muy futbolera. Es complicado encontrar gente que no sea del Athletic y que no haya ido alguna vez a San Mamés. Mi padre, habiendo sido jugador profesional, lo tenía muy dentro y mi madre era su fan número uno. De pequeños jugábamos al lado del portal de casa, en nuestro barrio de La Casilla. El fin de semana saltábamos la valla del colegio que había a cien metros para jugar en el patio. Y así fue mi infancia.
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Mi hermano llegó a debutar con el primer equipo del Athletic en un duelo amistoso, pero sufrió una lesión gravísima con la selección sub-16 española, en Italia. Se rompió toda la rodilla, tuvo mala suerte. Había llegado con ocho años a Lezama y estaba en el Bilbao Athletic. Después jugó en Segunda B, en el Conquense o el Amurrio. Oskar no tiene nada que ver conmigo, jugaba mucho mejor que yo.
¡Qué va! Empecé de extremo con doce años. Y antes fui portero en el equipo de futbito del colegio, el Escolar Bilbao, pero en un torneo de Navidad faltó un compañero y el entrenador me puso de jugador de campo. «Estás loco, tú no puedes ser portero», me dijo más tarde. A mí me encantaba tirarme, iba al colegio con rodilleras, coderas y guantes. Así que empecé a jugar al fútbol por ese primer entrenador, Juan Félix. No jugué a fútbol once hasta los once años. Ya a los doce me ficharon y fui a Lezama siendo alevín.
Yo me desarrollé físicamente muy tarde. Era el más pequeño del equipo, hasta que con quince años pegué un estirón de catorce centímetros durante el verano. En ese momento me di cuenta de que los pasos iban bien, mis entrenadores me veían un jugador más completo. No solo era rápido, sino que podía jugar en diferentes demarcaciones: en el medio, de extremo… Era bastante regateador, no era el más habilidoso del mundo, pero tenía mucho arranque y me iba fácil. De crío hacía goles, ¿eh?
En juveniles Txetxu Rojo, que murió hace poco y fue el mayor mentor de mi carrera deportiva, me empezó a poner de central. Me fui quedando atrás porque, al ser rápido a campo abierto, estaba siempre atento a los cruces. Txetxu me dio esa característica. No me costó la adaptación porque me di cuenta de que era mi sitio, veía el fútbol muy bien y era intuitivo para adelantarme a las jugadas, con lo cual cortaba muchos balones. Eso también es talento para jugar al fútbol.
Pronto empecé a ir con la selección nacional sub-16 asiduamente y después con la sub-18. Fui buen estudiante hasta que jugué un Europeo con la sub-16 en Hungría, que acabamos terceros. Ahí se me fue un poco de las manos, el torneo duraba un mes y coincidía con los exámenes finales. Me llevé los apuntes y no estudié nada… Repetí tercero de BUP. y fue un palo, cuando se lo dije a mi madre, me quería morir. Después, tuve que hacer COU en dos años porque me pilló la mili, ya entrenaba también con el primer equipo y no tenía horas. En la selectividad hice el indio porque pensaba que eso era una chorrada; no la preparé y me quedé tan raspado que no me dio la media para hacer la carrera que quería. Aun así, estuve estudiando empresariales en Elcano, una universidad de Bilbao. Intenté tomármelo poco a poco, hice el primer curso, pero tuve una enganchada con el director de la universidad y lo dejé. Es cierto que me fui teniendo ya un contrato firmado con el primer equipo, pero no tenía que haberlo dejado nunca. Me he arrepentido toda mi vida. De hecho, mi consejo a los chicos es que no dejen de estudiar porque mantener la cabeza siempre ocupada te hace incluso mejor futbolista.
Era una época dura, pero ni en mi entorno de amigos, ni en mi familia, se hablaba demasiado de política, sino de fútbol y deporte. Estudiaba en el colegio y sacaba los cursos adelante. Y no había más.
Debut Profesional
No lo sabía entonces, pero fui el jugador más joven de la historia del Athletic en disputar un partido profesional. Fue por la famosa huelga de futbolistas y el entrenador era Iribar. Con diecisiete años ya jugaba en Segunda División con el Bilbao Athletic y con diecinueve debuté Primera. Fue en Valladolid y perdimos 1-0. Tenían algún lesionado y Howard Kendall bajó al campo del Bilbao Athletic para hacerme una prueba el día anterior al viaje a Zorrilla. Cuando me llamó con su acento anglo-español, estaba acojonado. Me tiró balones rápidos y yo tenía que devolvérselos. Al final, no podía ni respirar: «Mañana, al autobús con el primer equipo». ¡Madre mía!
En esa época no había uniforme para el primer equipo, pero solían ir bien vestidos, así que por la tarde fui a todo correr con mi difunta madre a comprarme unos pantalones de pinzas, una camisa de manga larga y unos zapatos, porque no tenía. Apenas dos meses después debuté en San Mamés. Imagínate. Toda la vida esperando a eso. Fue un sueño no solo por mí, sino por la familia, los amigos, los amigos de mis padres, mis vecinos, por todo el mundo. Conocer a alguien que juega en el Athletic es una bomba de relojería en Bilbao y para mí fue un shock, no me esperaba que podría conllevar tanto cariño a mi alrededor.
Cuando acaba la temporada el propio Athletic, que para eso siempre ha sido un club señor, me llamó a los despachos: «Te vamos a subir la ficha porque has debutado con el primer equipo». En el Bilbao Athletic se ganaba muy poquito, pero estaba tan contento que ni se me había pasado por la cabeza pedir más dinero. Hicimos un contrato de siete años. Salió de ellos, yo no pedí nada, y firmé sin representante, no era como ahora. Cuando le dije a mi padre que iba a ganar un millón de pesetas, no se lo podría creer porque él era un currela de la vida.
El primer día que subí con el primer equipo y entrené con Argote, Urtubi, Sarabia, Txetxu Gallego, Liceranzu… Solo estar con esos jugadores era un sueño tremendo. Y coincidí también con Miguel de Andrés, que era mi ídolo. Se estaba recuperando de la rodilla y al final se tuvo que retirar. No llegué a jugar con él un partido oficial, pero hoy en día seguimos manteniendo una gran relación, es un tío fantástico.
Ese primer año hicimos UEFA y lo que más me impresionó fue cómo se vivían las cosas siendo profesional. Cuando estás con gente que ha ganado la Liga y te entrena Howard Kendall, que era una eminencia en Inglaterra, te das cuenta de la dimensión que tienen el Athletic y la Primera División. Aquel fútbol era más tosco, no había tantas cámaras como ahora y te llevabas cada sopapo en los córneres que te dejaba la oreja roja durante tres días. Los jugadores nos quejábamos muchísimo menos, los partidos eran peleas. Había que ser duro para sobrevivir en esa categoría a finales de los 80. Los veteranos no nos intimidaban, pero había un respeto absoluto hacia ellos. Nosotros en el vestuario era ver, oír y callar. Intentabas aprender de ellos, porque te imponían incluso sin querer. Cuando en un entrenamiento chocabas con uno de los veteranos, le pedías perdón porque igual habías hecho daño a un tipo que había ganado una Liga cuatro años antes y tú acababas de llegar. Esa dicotomía entre veteranos y noveles se fue perdiendo con el paso del tiempo, también te digo.
En la tercera temporada ya estaba en la Comisión del equipo, que se formaba por votación popular, para negociar los premios. Después de los veteranos, tampoco había gente tan mayor en la plantilla. Recuerdo que el Barcelona nos metió cinco en el Camp Nou. A mí me tocó jugar ese día de lateral izquierdo y a Lineker, no sé por qué narices, le pusieron de extremo derecha. Mira que yo era rápido, pero no le vi en todo el partido. Cuando acabó, Howard Kendall me dijo que fuera al hotel a ver si encontraba a Gary Lineker.
Paulo Futre era otra locura. Un día contra el Atleti en San Mamés me hizo correr una barbaridad, era impresionante. Hugo Sánchez igual tocaba tres balones en todo el partido, pero tocaba el que te hacía ganar. Una vez nos vencieron 0-1 en San Mamés, le estuve marcando gran parte del encuentro y al final la clavó él. Fue un rematador increíble. Con todos he tenido buena relación, sobre todo con esos tres que has mencionado porque eran también gente de la casa y ya les conocía, obviamente. Cuando entré en el Athletic, el director deportivo era Iñaki Sáez, toda una institución por lo bien que trabajaba la cantera. Había respeto, no, lo siguiente.
Con el único que tuve una enganchada fuerte en esa época fue con Heynckes. Los dos teníamos mucho carácter. Fue un gran entrenador, de los mejores que he tenido, pero a mí personalmente no me gustaba cómo era. En quince años de carrera solo he tenido un problema con él, no está mal, ¿eh?
Mundial de Italia 90
¿Te esperabas tu convocatoria para Italia’90? El Mundial es lo máximo a lo que puede aspirar un futbolista. Me llamó Luis Suárez, increíblemente, después de disputar en Canarias un partido no oficial entre la selección española y un equipo de extranjeros de la Liga. Fue una sorpresa porque tampoco tuve una buena actuación. Jolín. Se había terminado la temporada y nosotros íbamos a Alcázar de San Juan a disputar un partido homenaje a Manolo Delgado, preparador físico de la selección y del Athletic. Escuchamos la lista a través de la radio del autobús y cuando salió mi nombre hubo cachondeo, algún cabrón dijo: «Cómo está la selección para que vayas tú…». Yo preguntaba si realmente habían dicho mi nombre. «Madre mía, la que he liado», pensé.
Luis Suárez era un tío muy cariñoso e inteligente, olía a fútbol. En algunos comentarios que igual no venían a cuento te dabas cuenta de que Luis estaba atento siempre a todo. Tenía un instinto tremendo y era un conversador divertidísimo, me gustaba escucharle hablar y contar anécdotas. A los jóvenes nos ayudó y fue muy valiente llamándonos en lugar de a otros que ya habían estado. Todos nos acogieron muy bien. Compartí habitación con Genar Andrinua, mi compañero y capitán en el Athletic, toda una institución en el vestuario. Era un tío responsable, serio y trabajador.
Ahí conocí a los de la Quinta del Buitre. Había un equipazo: José Mari Bakero, Txiki, Julito Salinas… La concentración fue divertida, pero también había mucho cabrón. Hacían bromas muy pesadas que no se pueden contar. Una vez dos jugadores desmantelaron una habitación pensando que era la de otro futbolista y resultó que era de un directivo. Cuando entró a la habitación, estaban el colchón por un lado, las sábanas por otro, todo lo del baño tirado por el suelo.
Al final, debuté contra Bélgica sustituyendo al Buitre. Estaba preparado, había entrenado bien para meterme en ese lío y tener una buena actuación. Lo primero que quería era no meter la pata, no liarla. No te complicas. [Risas]
Fichaje por el Real Madrid
Miguel Santos, mi representante, me había anunciado el año anterior que tenía ofertas de equipos importantes de la Liga. «Venga, Miguel, no me fastidies que no tengo ganas de marcharme», le contestaba. Había fallecido mi madre y en casa quedábamos mi padre, mi hermano y yo con mi abuela; no era el momento de irme, tenía que esperar a que en la familia retomáramos nuestras vidas, porque fue un palo muy duro y sabía que iba a ser pronto. Estando en Acapulco con Patxi Ferreira y unos cuantos amigos del Atlético de Madrid, llamé un día a mi aita para ver qué tal iba todo: «Oye, que dicen que te han vendido al Madrid». Y yo: «No te preocupes, que no pasa nada». Pero cuando volvimos al aeropuerto de Madrid eran las seis de la mañana y ya había fotógrafos esperándome. «Uy, esto huele mal».
Miguel Santos me contó entonces que la operación se había hecho, pero nadie del club me había comunicado nada. No podía ser. Lo más increíble es eso. Con los años he llegado a entender que se trataba de un tema económico, que el club necesitaba dinero y que había una gran oferta por mí, que esos 400 millones que pagó el Madrid le venían bien al Athletic. Pero sigo sin entender que me tuvieran dos días en mi casa sin decirme nada. A mí eso me molestó mucho. No supieron cómo decirme que me habían vendido, igual les daba hasta vergüenza. Más tarde me llamó el presidente Lertxundi para una reunión en Ibai-gane con Miguel Santos y mi difunto padre para contarnos que estaban con la soga al cuello económicamente. Les dije que eran unos mentirosos de mucho cuidado. Pero claro, la operación ya estaba hecha, con lo cual tenía que negociar con el Madrid sí o sí, no había otra. Sobre el tema económico, en cuanto cogieron los míos se gastaron 250 millones en Iñigo Larrainzar, de Osasuna.
Tuve tanta suerte que coincidí con Patxi Ferreira, que estaba en el Atlético de Madrid, y Andoni Ayarza, que jugaba en el Rayo Vallecano. Habíamos salido los tres de Lezama y éramos amigos, así que me fui a vivir con ellos a Las Rozas. Fue un año fantástico, lo pasamos muy bien. Además, ya conocía a la Quinta, porque había coincidido con ellos en la selección. Maqueda, por ejemplo, había estado conmigo desde la sub-16, con lo cual era muy amigo mío. A Benito Floro le quiero mucho, hemos tenido mucha relación. Era un adelantado a los entrenadores de fútbol. Vino una t...
Posible Futuro como Director Deportivo
Rafa Alkorta (Bilbao, 57 años) está cerca de convertirse en el próximo director deportivo de la Federación Española de Fútbol. Alkorta ha indicado a este periódico que el pasado miércoles se reunió con Louzán y ha admitido que las negociaciones están en marcha. Alkorta ha sido elegido finalmente entre una terna en la que se han colocado sobre la mesa el nombre de varios aspirantes. Las fuentes consultadas que, entre otros, se valoraron a los excampeones del mundo Andrés Iniesta -quien se quiso descolgar de inmediato- e Iker Casillas.
Este último ha sido el elegido. Entre otras cosas porque cuenta con el aval de Luis de la Fuente. De hecho, fue el propio seleccionador de España y gran amigo suyo desde que coincidieron en el Athletic, le telefoneó para comunicarle que se le ofrece el cargo. Alkorta fue el director deportivo del anterior presidente del Athletic, Aitor Elizegi. Las operaciones más importantes que llevó a cabo fueron el fichaje de Marcelino como entrenador tras cesar a Gaizka Garitano y la contratación de Álex Berenguer.
Luis de la Fuente coge peso en la Federación tras ser reforzado como seleccionador hasta 2028. Ya tiene un nuevo contrato, más largo que el habitual que se le firmó a los anteriores seleccionadores (Lopetegui y Luis Enrique), una subida de sueldo destacable (de 600.000 euros a dos millones de euros netos) y solo le falta un director deportivo o técnico que dé continuidad a su proyecto. Elige a Rafael Alkorta como persona de confianza.
El acuerdo todavía no está cerrado, pero Alkorta está en la pole position para ocupar el cargo de un puesto en el que han venido manejándose varios nombres (Mateu Alemany, Fran Garagarza, Iker Casillas, Aitor Karanka, Andrés Iniesta...). Alkorta tiene un estrecho vínculo con De la Fuente desde la etapa en la que coincidieron en el Athletic de Bilbao y su experiencia como director deportivo del club bilbaíno, durante cuatro años, con Aitor Elizegi como presidente, influye positivamente para el desempeño de un puesto que está vacante.
La figura de director deportivo o técnico quedó desierta en la Federación desde la destitución de Albert Luque en mayo del año pasado. Fue el profesional que apostó por Luis de la Fuente como relevo de Luis Enrique tras el fracaso del asturiano en el Mundial de Qatar, el que convenció a Rubiales de poner al frente de la absoluta a un técnico de la casa. Sin Luque y con la inestabilidad del proceso electoral, la Federación se quedó sin director técnico.
La prioridad de Rafael Louzán en el momento que fue elegido presidente de la Federación, a mediados de diciembre del año pasado, fue renovar y mejorar el contrato de Luis de la Fuente. Una vez conseguido, el técnico riojano pidió un director técnico para recuperar la normalidad en la estructura de trabajo.
Rafael Alkorta ha recibido la llamada de la Federación y está a la espera de que se concrete su nombramiento. "Estoy encantado, pero yo soy muy discreto y ni mis hijos sabían que estaba en una terna. Me hace ilusión porque es un sitio muy bonito para trabajar. Ha habido conversaciones, pero no hay nada cerrado", reconoce en el programa El Larguero de la Cadena Ser, donde ejerce como comentarista.
La elección de un director deportivo quedó pospuesta por el nuevo presidente hasta que no se confirmara la sentencia del Tribunal Supremo en referencia a la condena por un presunto delito por prevaricación administrativa a la que se enfrentaba Rafael Louzán. Una vez que ha sido absuelto, el presidente sigue su hoja de ruta y atiende a la petición del renovado Luis de la Fuente.
Alkorta es un hombre de confianza para De la Fuente, con una trayectoria larga como jugador del Real Madrid, Athletic y la Selección española. Jugó tres Mundiales (Italia 90, Estados Unidos 94 y Francia 98) y la Eurocopa del 96 en Inglaterra. Del césped pasó a los banquillos en una etapa donde fue ayudante de Míchel en el Olympiacos y el Olympique de Marsella. De ahí a la dirección deportiva del Athletic y ahora aspira a entrar en la Federación.
Luis de la Fuente coge peso en la Federación tras ser reforzado como seleccionador hasta 2028. Ya tiene un nuevo contrato, más largo que el habitual que se le firmó a los anteriores seleccionadores (Lopetegui y Luis Enrique), una subida de sueldo destacable (de 600.000 euros a dos millones de euros netos) y solo le falta un director deportivo o técnico que dé continuidad a su proyecto. Elige a Rafael Alkorta como persona de confianza.